Crecer a través de los fracasos y reveses

23 Oct 2022

Por Zhenxin, Filipinas

Acepté la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días en diciembre de 2020. Unos meses más tarde me eligieron líder de la iglesia. Había mucho trabajo que hacer y problemas que resolver en la iglesia. Me dediqué a ello con entusiasmo. Tras un tiempo me familiaricé un poco más con la obra de la iglesia, pero seguía encontrándome con muchos problemas. Muchos recién llegados no asistían a las reuniones con regularidad. Algunos fueron afectados por rumores en línea, algunos no entendían realmente la verdad de las visiones y tenían nociones religiosas sin resolver, y algunos no podían asistir con regularidad a las reuniones porque tenían mucho trabajo. Al enfrentar estos problemas, me esforcé mucho por compartir la voluntad de Dios con ellos para ayudarles a superar sus dificultades, pero sus problemas seguían sin resolverse. Estaba muy frustrada. Me preguntaba constantemente por qué todos mis esfuerzos no habían dado fruto. ¿Por qué no bendecía Dios a nuestra Iglesia? Los hermanos y hermanas tenían muchos problemas y las múltiples veces que compartí con ellos fracasaron. ¿Quizás no servía para el liderazgo? Me culpaba a mí misma. Yo era la causa de todo esto. Si aceptaba la responsabilidad y dimitía, otro podría servir como líder, y entonces el trabajo tendría más éxito. Empecé a sentirme deprimida y me volví pasiva en mi deber, esperando a ser despedida. Incluso pensé que Dios establecía estas dificultades para exponerme, para hacerme fracasar, y probablemente ya me había abandonado. Eso me asustaba. ¿Me había abandonado Dios? Oraba y buscaba, pero seguía sin entender la voluntad de Dios. El pensamiento de que Dios me había abandonado seguía surgiendo de vez en cuando. Me sentía deprimida, fatigada y débil todo el tiempo. Tenía mucho miedo, y sentía que ya no tenía la obra del Espíritu Santo.

A la iglesia le faltaban unos líderes de equipo entonces, así que el supervisor recomendó a algunos recién llegados. Yo los designé sin investigar mucho. Al principio todos dijeron que querían encargarse de un deber, pero, cuando comenzaron oficialmente, uno dijo que tenía que trabajar y estaba muy ocupado, así que no podía hacer el trabajo, y otro llegaba tarde a las reuniones a causa de asuntos familiares y tampoco podía hacer el trabajo. Al final determiné que, por ese momento, no eran aptos para ser cultivados como líderes de equipo. Me esforcé mucho para resolver estas dificultades que me encontraba en el trabajo, pero, por algún tiempo, no obtenía resultados. Justo entonces, no era capaz de cargar con todos estos fracasos realmente. Era muy negativa e incluso tenía miedo de enfrentarme a cada día nuevo. No quería hacer la obra de la iglesia más porque había trabajado mucho, pero no había logrado nada. Pensé que estaba enfrentando esta situación porque Dios quería revelar que era incompetente, pero no quería dejarme caer en ese tipo de estado a mí misma. No quería que se me expusiera y descartara por no lograr resultados en mi deber.

Una vez, en mi devocional, me encontré con “Principios para admitir la responsabilidad y renuncia”: “Un falso líder u obrero que no acepte la verdad, que no pueda realizar obra práctica y que, durante algún tiempo, se haya visto privado de la obra del Espíritu Santo, debe admitir su responsabilidad y renunciar” (Los 170 principios de la práctica de la verdad). Al leer esto me sentí aun más negativa. ¿Qué debería hacer? No había resuelto ningún problema de la iglesia, así que era una líder falsa. ¿Debía admitir la responsabilidad y dimitir para dejar que una persona competente fuera líder? Ya llevaba tres meses haciendo la obra de la iglesia, pero seguía sin resolver los problemas que existían en ella. Y en esa situación, todavía no entendía la voluntad de Dios ni había logrado ningún progreso. Incluso malinterpretaba a Dios. Me preocupaba que los demás pensaran que era demasiado negativa y temía que me regañasen por pensar en dimitir.

Leí lo siguiente en las palabras de Dios en una reunión: “Eres una persona corriente. Has de pasar por muchos fracasos, muchos periodos de desconcierto, muchos errores de juicio y muchas distracciones. Esto puede exponer completamente tu carácter corrupto, tus debilidades y deficiencias, tu ignorancia e insensatez, permitiéndote reexaminar y conocerte a ti mismo, así como tener conocimiento de la omnipotencia y la plena sabiduría de Dios, de Su carácter. Obtendrás cosas positivas de Él, y llegarás a comprender la verdad y a entrar en la realidad. En medio de tu experiencia habrá muchas cosas que no salgan como deseas, ante las que te sentirás impotente. En este caso, debes buscar y esperar; debes obtener de Dios la respuesta a cada asunto, y comprender de Sus palabras la esencia que subyace en cada uno y en cada tipo de persona. Así es como se comporta una persona normal y corriente” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Atesorar las palabras de Dios es la base de la fe en Dios). Dios es increíblemente sabio. Gané un nuevo entendimiento de cómo Dios obra. Vi que todo el mundo pasa por algunos fracasos y reveses en su deber y que la voluntad de Dios era que yo buscase la verdad a través de todo esto para resolver mi corrupción. Había encarado algunas dificultades en mi deber y experimentado algunos fracasos, pero no había buscado la verdad ni la voluntad de Dios. Siempre pensaba en dimitir porque creía que no había tenido ningún éxito en mi deber ni había hecho lo que un líder debe hacer. Ni tan siquiera me atrevía a contarles a los demás mi estado real. Era muy ignorante. No entendía la voluntad de Dios ni por qué Dios dejaba que eso me ocurriese. Las palabras de Dios me mostraron que era solo una persona corriente, así que era normal encarar algunas dificultades y fracasos en mi deber. Ahí estaba la voluntad de Dios. Entonces, me sinceré ante los hermanos y hermanas acerca de mi estado reciente y busqué su ayuda. También les dije que había pensado en admitir la culpa y dimitir. No me despreciaron, sino que me ayudaron y me animaron, y compartieron las palabras de Dios. Me sentí muy conmovida.

Me leyeron algunas palabras de Dios Todopoderoso. Dios dice: “Mientras experimentas la obra de Dios, por más veces que hayas fallado, caído, sido podado, tratado o revelado, estas cosas no son malas. Independientemente de cómo hayas sido podado o tratado, o si ha sido por parte de los líderes, obreros o hermanos o hermanas, todo esto es bueno. Debes recordar que, por mucho que sufras, en realidad te estás beneficiando. Cualquier persona con experiencia puede dar fe de ello. Sí o sí, la poda, el trato o la revelación son siempre cosas buenas. No son una condena. Son la salvación de Dios y la mejor oportunidad para que llegues a conocerte. Puede traer un cambio de aires a tu experiencia de vida. Sin ello, no tendrás ni la oportunidad, ni la condición ni el contexto para poder alcanzar un entendimiento de la verdad de tu corrupción. Si entiendes realmente la verdad, y eres capaz de desenterrar las cosas corruptas ocultas en las profundidades de tu corazón, si puedes distinguirlas con claridad, entonces eso es bueno, esto ha resuelto un problema importante de entrada en la vida, y supone un gran beneficio para la transformación de carácter. Poder conocerte realmente es la mejor oportunidad para que enmiendes tus caminos y te conviertas en una nueva persona; es la mejor oportunidad de que obtengas nueva vida. Cuando realmente te conozcas, podrás ver que, cuando la verdad se convierte en la vida de alguien, es algo realmente precioso, y tendrás sed de la verdad, la practicarás y entrarás en su realidad. ¡Esto es algo verdaderamente grandioso! Si puedes aprovechar esta oportunidad y reflexionar sinceramente sobre ti mismo y obtener un conocimiento genuino de ti mismo cada vez que falles o caigas, entonces en medio de la negatividad y la debilidad, podrás levantarte. Cuando hayas cruzado este umbral, entonces podrás dar un gran paso adelante y entrar en la realidad de la verdad” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Para ganar la verdad, uno debe aprender de las personas, los asuntos y las cosas cercanas). “La salvación de Dios para la humanidad de aquellos que aman la verdad, de la parte de ellos con voluntad y determinación, y de la parte de ellos que es su anhelo por la verdad y justicia en sus corazones. La determinación de una persona se refiere a la parte de ellos dentro de su corazón que anhela la justicia, la bondad y la verdad, y que posee conciencia. Dios salva esta parte de la gente, y a través de ella Él cambia su carácter corrupto para que puedan comprender y obtener la verdad, para que su corrupción pueda ser purificada y su carácter de vida pueda transformarse. Si no posees estas cosas en ti, no puedes ser salvado. […] ¿Por qué se dice que Pedro es un fruto? Porque hay cosas de valor en él, cosas que merece la pena perfeccionar. Buscaba la verdad en todas las cosas, tenía determinación y era de una voluntad firme; tenía razón, estaba dispuesto a sufrir dificultades, amaba la verdad en su corazón, no se dejó ir pasara lo que pasara, y fue capaz de aprender lecciones de todas las cosas. Todos estos son puntos fuertes. Si no tienes ninguno de estos puntos fuertes, eso implica problemas. No te resultará fácil obtener la verdad ni ser salvado. Si no sabes experimentar o no tienes experiencia, no podrás resolver las dificultades de los demás. Como eres incapaz de practicar y experimentar las palabras de Dios, y no tienes idea de qué hacer cuando te sucede algo, y te alteras —rompes a llorar— cuando te encuentras con problemas, y te vuelves negativo y huyes cuando sufres algún pequeño contratiempo, y eres siempre incapaz de reaccionar de la manera correcta, por todo esto, no es posible que entres en la vida” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte). Tras leer esto, una hermana compartió conmigo: “Sea cual sea el tipo de reveses y fracasos que encaremos, debemos orar y buscar la voluntad de Dios, y no abandonar la verdad y nuestro deber. Abandonar nuestro deber no es la senda para resolver el problema. Solo a través de las dificultades y problemas que encontramos en nuestro deber se revelan nuestra corrupción y defectos y podemos conocernos a nosotros mismos de verdad. Sin esas experiencias, no podemos ver nuestra corrupción ni nuestras carencias de ninguna manera. ¿Cómo podemos cambiar entonces? Por esto, experimentar el fracaso y el tropiezo no es algo malo. Es entonces cuando debemos buscar la verdad y aprender una lección; no podemos malinterpretar a Dios. Si solo dimitimos, abandonamos nuestro deber cuando encaramos dificultades, ¿cómo experimentaremos la obra de Dios y perseguiremos la salvación? ¿Qué testimonio tendríamos? Dios no nos pide mucho. Si tenemos determinación cuando encaramos problemas y dificultades y oramos y buscamos la verdad sinceramente, Dios nos guiará y ayudará”. Escuchar esta comunión de la hermana me resultó muy esclarecedor. Me di cuenta de que experimentar fracasos y tropiezos es el amor de Dios y es una buena oportunidad para buscar la verdad y aprender una lección. Pensé en cómo Pedro experimentó muchas pruebas, refinamientos, reveses y fracasos durante toda su vida. A veces sufría debilidades carnales, pero nunca perdió su fe en Dios. Siguió persiguiendo la verdad y buscando la voluntad de Dios para compensar su carencia. Al final, entendió la verdad y conoció a Dios, y logró someterse y amar a Dios. Debo ser fuerte y decidida como Pedro, presentarme ante Dios en oración y buscar Su voluntad cuando encare reveses y fracasos, reflexionar sobre lo que me falta en vez de maltinterpretar y culpar a Dios.

Una vez, en mis devociones, leí un pasaje de las palabras de Dios, que me ayudó a comprender un poco la voluntad de Dios. Dios Todopoderoso dice: “La gente debe aprender a prestar atención a las palabras de Dios y a entender Su corazón. No debe malinterpretarlo. En realidad, en muchos casos, la preocupación de la gente proviene de sus propios intereses. En general, se trata del temor a no tener ningún desenlace. Siempre piensa: ‘¿Y si Dios me revela, descarta y rechaza?’. Se trata de tu mala interpretación de Dios; son solo tus pensamientos. Tienes que determinar cuál es la intención de Dios. Él no revela a la gente para descartarla. La revela para exponer sus defectos, sus errores y la esencia de su naturaleza, para que se conozca a sí misma y pueda arrepentirse sinceramente; la revelación propiamente dicha es para que la gente crezca en la vida. Sin un entendimiento puro, la gente suele malinterpretar a Dios y volverse negativa y débil. Puede que hasta sucumba a la desesperación. De hecho, la revelación por parte de Dios no implica necesariamente que vaya a descartar a la persona. Lo hace para aportarte conocimiento y lograr que te arrepientas. A menudo, como la gente es rebelde y no busca la verdad para encontrar una solución cuando manifiesta corrupción, Dios debe ejercer Su disciplina. Por ello, en ocasiones revela a la gente exponiendo sus bufonadas y su lamentable estado y permitiéndole conocerse a sí misma, lo que le ayuda a crecer en la vida. Revelar a la gente tiene dos implicaciones distintas: Para los malvados, ser revelados implica el descarte. Para los que son capaces de aceptar la verdad, es recordatorio y advertencia; les obliga a hacer introspección, a descubrir su verdadero estado y a dejar de ser díscolos e imprudentes, pues seguir así sería peligroso. Revelar de este modo a la gente es recordarle que, cuando cumpla con el deber, no sea atolondrada y descuidada, que no sea indiferente, que no se conforme con ser solo un poco eficaz creyendo haber cumplido con el deber a nivel aceptable, cuando, a decir verdad, en comparación con lo que pide Dios no llega ni de lejos y, sin embargo, sigue siendo autocomplaciente y cree que lo hace bien. En tales circunstancias, Dios disciplina, amonesta y advierte a la gente. Algunas veces, Dios revela sus bufonadas, lo que, evidentemente, sirve de recordatorio. En esos momentos has de hacer introspección: es insuficiente cumplir con el deber de esta forma, hay rebeldía de por medio, hay demasiadas cosas negativas en ello, es totalmente superficial y, si no te arrepientes, serás castigado. Cuando Dios te disciplina y revela, esto no implica necesariamente que te vaya a descartar. Hay que plantear correctamente esta cuestión. Incluso si eres descartado, debes aceptarlo y someterte a ello, y apresurarte a reflexionar y arrepentirte” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Solo a base de practicar la verdad y obedecer a Dios se puede lograr transformar el carácter). Las palabras de Dios me mostraron que Su propósito al exponer a la gente no es descartarla, sino hacer que reconozca su corrupción y defectos para que pueda perseguir la verdad y resolver sus problemas y progresar más rápido en la vida. Comencé a reflexionar sobre mí misma. Al encarar varias dificultades y problemas, no reflexionaba ni buscaba la voluntad de Dios auténticamente ni hacia instrospección para aprender acerca de mis propios problemas. Solo pensaba que Dios usaba estas situaciones para exponerme y descartarme, que no era apta para ser una líder y debía dimitir. No entendí bien a Dios. Entonces, me di cuenta de que había tantos problemas sin resolver en el trabajo principalmente porque no me entregaba de corazón a mi deber. Siempre sentía que tenía tanto que hacer, pero no tenía instrucciones ni metas cuando trabajaba. Hacía lo que me venía a la mente sin buscar resultados. Algunas personas se dejaron engañar por rumores y yo no busqué qué aspecto de la verdad compartir para resolver sus nociones para que pudieran discernir estos rumores y permanecer firmes en el camino verdadero. Al cultivar a la gente no buscaba los principios para ello ni obtenía un entendimiento claro de sus circunstancias reales, sino que lo hacía a ciegas. Como resultado, no logré nada en ese aspecto tampoco. Al regar a los recién llegados, no pensaba antes en qué aspectos de la verdad podía compartir para resolver sus problemas, así que no obtenía ningún resultado real. Aunque, superficialmente, parecía que me esforzaba mucho, no prestaba atención y no resumía los problemas en nuestro trabajo de manera oportuna, por lo que no se lograba nada. Y, no solo no reflexioné ni me entendí a mí misma, sino que no busqué las verdades en las que debía entrar. Mi primera respuesta fue echarle la culpa a Dios, ya que pensaba que me exponía a propósito y me hacía quedar mal. Siempre me quejaba y no quería encarar fracasos y reveses, sino tenerlo siempre fácil, que todo fuera como la seda. Malinterpreté y culpé a Dios a la mímina dificultad. ¿Cómo podía experimentar la obra de Dios y cumplir bien con mi deber? Era tan irracional. Así no es como un ser creado debe actuar. Tras darme cuenta de esto, sentí muchos remordimientos y oré a Dios: “Dios, Tú estableciste esta situación para formarme y permitirme crecer en la vida, pero yo no entendí Tu voluntad, te malinterpreté. Soy muy rebelde. Por favor, guíame y ayúdame a entender mi carácter corrupto”. Después leí un pasaje de las palabras de Dios Todopoderoso que me ayudó a entenderme a mí misma. Dios dice: “Valoro en gran manera a aquellos que no sospechan de los demás y me gustan los que aceptan de buena gana la verdad; a estas dos clases de personas les muestro gran cuidado, porque ante Mis ojos, son personas honestas. Si eres muy deshonesto, entonces te protegerás y sospecharás de todas las personas y asuntos y por esta razón, tu fe en Mí estará edificada sobre un cimiento de sospecha. Esta clase de fe es una que jamás podría reconocer. Al faltarte la fe verdadera, estarás incluso más lejos del verdadero amor. Y si puedes dudar de Dios y especular sobre Él a voluntad, entonces sin duda eres la persona más engañosa de todas. Especulas si Dios puede ser como el hombre: imperdonablemente pecaminoso, de temperamento mezquino, carente de imparcialidad y de razón, falto de un sentido de justicia, entregado a tácticas despiadadas, traicioneras y arteras, y que se deleita en la maldad y la oscuridad y ese tipo de cosas. ¿Acaso el hombre no tiene tales pensamientos porque no conoce a Dios en lo más mínimo? ¡Esta forma de fe no se diferencia del pecado! Es más, hay incluso quienes creen que los que me agradan son precisamente los más aduladores y lisonjeros, y que todo aquel que carezca de estas habilidades no será bienvenido y perderá su lugar en la casa de Dios. ¿Es este el único conocimiento que habéis cosechado en todos estos años? ¿Es esto lo que habéis obtenido? Y vuestro conocimiento de Mí no termina en estas malas interpretaciones; peor aún es vuestra blasfemia contra el Espíritu de Dios y la calumnia sobre el Cielo. Por eso afirmo que esta fe como la vuestra solo hará que os alejéis cada vez más de Mí y que os opongáis cada vez más a Mí” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Cómo conocer al Dios en la tierra). Estaba muy avergonzada de mí misma ante lo que revelan las palabras de Dios. Sospechaba de Dios y lo malinterpretaba cuando encaraba fracasos y reveses porque pensaba que Él era tan frío y cruel como la gente. Pensaba que, cuando Dios quiere usar a alguien, le permite disfrutar de Su gracia pero, de lo contrario, lo descarta, lo echa a un lado y lo ignora. Cuestioné a Dios y sospeché de Él según la psicología de los injustos. ¡Cuán astuta era! No llevaba mucho tiempo siendo creyente, las verdades que entendía eran limitadas y tenía muchos fallos, pero los hermanos y hermanas aun así me escogieron como líder y me dieron la oportunidad de practicar para que pudiese aprender la verdad más rápidamente y entrar en la realidad de la verdad. Aunque no haber sido suficientemente atenta en mi deber me llevó a veces a una falta de logros, la iglesia no me despidió. Los demás todavía me ayudaban y animaban y compartían las palabras de Dios, me guiaban a comprender la voluntad de Dios y reconocer mi corrupción y defectos. Todo lo que Dios hacía por mí era cultivarme y salvarme auténticamente. ¡Cuán amable y amoroso es! Pero estaba en guardia contra Dios y sospechaba de Él. ¿Cómo era eso tener verdadera fe en Dios? Había sido profundamente envenenada por Satanás, siempre siguiendo sus mentiras, como: “No confíes en nadie porque incluso tu sombrea te dejará en la oscuridad” y “no puedes ser maliciosa, pero debes estar en guardia”. Estaba en guardia contra todos, incluso Dios. Esto me mostró que mi carácter engañoso era muy grave, y de ahí venían completamente mis sospechas y malentendidos. Al encarar dificultades, cuestioné y malinterpreté a Dios, pero Dios me seguía guiando para entender la verdad, y me hacía ver mis propios problemas. Podía sentir el amor de Dios y lo real que es Su salvación para mí. Fui ante Dios y oré, dispuesta a arrepentirme ante Él y dejar de vivir con mi carácter engañoso que sospechaba y malinterpretaba a Dios.

Más adelante, leí este pasaje de las palabras de Dios: “Aunque ahora cumplas con el deber, te sacrifiques y te esfuerces de buena gana, si sigues teniendo malentendidos, especulaciones, dudas o agravios respecto a Dios, o incluso rebeldía y resistencia hacia Él, o si usas diversos métodos y técnicas con los que te resistes a Él y rechazas Su soberanía sobre ti, si no resuelves estas cosas, será casi imposible que la verdad sea dueña de tu persona y tu vida será agotadora. La gente a menudo pasa apuros y se atormenta en estos estados negativos, como si se hubiera hundido en un cenagal, viviendo siempre entre verdades y falsedades, cosas buenas y malas. ¿Cómo pueden descubrir y entender la verdad? Para buscar la verdad, primero hay que someterse. Luego, pasado un tiempo de experiencia, podrán obtener algo de esclarecimiento, llegando al punto en que será fácil comprender la verdad. Si uno siempre trata de descifrar qué está bien y qué está mal y está absorto en qué es verdadero y qué falso, no tiene modo de descubrir ni de comprender la verdad. Y qué pasará si no comprende nunca la verdad. No comprender la verdad da lugar a nociones y malentendidos sobre Dios; con los malentendidos es fácil sentirse agraviado; cuando brotan los agravios, se convierten en oposición; la oposición a Dios es resistencia contra Él, y una grave transgresión, y muchas transgresiones se convierten en múltiples males, con lo cual uno debe ser castigado. Esta es la clase de cosa que surge de ser siempre incapaces de entender la verdad” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Solo con la búsqueda de la verdad se pueden corregir las nociones y los malentendidos propios acerca de Dios). Leer esto me hizo temer lo que había ocurrido. Si hubiese seguido viviendo en un estado de negatividad, sin buscar la verdad ni sincerarme con los hermanos y hermanas, habría continuado viviendo por mi carácter engañoso, malinterpretando a Dios. Entonces podría culpar fácilmente a Dios y oponerme a Él, lo que constituiría una trasgresión. Incluso podría hacer el mal e iría contra Dios. ¡Eso es peligroso! En aquel entonces maltinterpretaba y cuestionaba a Dios, mi estado negativo practicamente me controlaba. Siempre me preocupaba ser expuesta y descartada. No tenía sentido de la libertad; era muy agotador. En mi deber solo gastaba esfuerzo y completaba tareas. En cuanto aparecían problemas, no podía evitar malinterpretar a Dios y quería abandonar. Fueron las palabras de Dios las que me guiaron a sincerarme con los demás y buscar la verdad y aprender acerca de mi carácter corrupto. De lo contrario, habría continuado malinterpretando a Dios y decidido abandonar mi deber. Las consecuencias habrían sido atteradoras.

Después leí otro pasaje de las palabras de Dios que me dio una senda de práctica cuando encaro problemas en la obra de la iglesia. Dios dice: “Respecto a los problemas que surgen en la iglesia, no os llenéis de dudas tan grandes. En el proceso de edificación la iglesia, los errores son inevitables, pero no entréis en pánico cuando os enfrentéis a los problemas; tened calma y estad sosegados. ¿Acaso no os lo he dicho ya? Ven delante de Mí con frecuencia y ora, y Yo te mostraré claramente Mis intenciones” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Declaraciones de Cristo en el principio, Capítulo 41). Las palabras de Dios me enseñaron que encarar varias dificultades en la obra de la iglesia es inevitable. Es perfectamente normal y Dios lo permite. Cuando encaramos dificultades, siempre que oremos y confiemos en Dios auténticamente, Él nos guiará hacia delante. Algunos nuevos creyentes que acaban de aceptar la obra de Dios de los últimos días no comprenden por completo las verdades de las visiones y pueden dejarse engañar por los rumores. Tenía que confiar en Dios más y usar Sus palabras para exponer los trucos de Satanás y ayudar a los nuevos creyentes a echar raíces en el camino verdadero. Tras entender la voluntad de Dios, y después volver a la obra de la iglesia, resumí los errores y problemas que existían en nuestro trabajo anterior y me equipé con verdades relacionadas con los problemas que encaraban los nuevos creyentes, y después les ayudé a abordarlos con comunión. En cuanto a cultivar a la gente, primero busqué esos principios y oré de corazón, y en las reuniones me centraba en observar quién era adecuado a los principios para la cultivación. Seleccionar a la gente de esa manera era algo más preciso. A veces todavía me encuentro con fracasos y dificultades en mi deber, pero miro estos problemas desde una perspectiva diferente ahora. Me pregunto: ¿qué lección quiere Dios que aprenda de esta situación? Me aseguro de orar, leer las palabras de Dios y buscar una senda de práctica y he aprendido a buscar ayuda de los hermanos y hermanas. Otros señalan problemas en mi trabajo y puedo ver mis propios fallos y defectos. Ya no creo que Dios intente hacerme quedar mal. Por el contrario, siento que es una oportunidad de autorreflexión, de conocerme a mí misma y buscar crecimiento en la vida. Una vez, una hermana me dijo: “He notado que eres más paciente cuando riegas a los nuevos creyentes y cuando te encuentras con problemas sabes buscar la voluntad de Dios mejor que antes”. Esto me conmovió mucho. Aunque era tan solo un pequeño cambio por mi parte, tenía una experiencia personal y real de que el amor y la salvación de Dios por la humanidad son reales y puros. Dios siempre me guía, me dirige, está a mi lado. Tengo más determinación para cumplir con mi deber y satisfacer a Dios.

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