Los principios también se aplican a la familia
Por Mike, Corea del SurEn octubre de 2004, mi esposa y yo aceptamos la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días, y nuestros dos hijos...
¡Damos la bienvenida a todos los buscadores que anhelan la aparición de Dios!
En el verano de 2020, la hermana Audrea y yo hacíamos videos en la iglesia. En ese momento, yo era responsable de asignar las tareas. Dispuse que Audrea se ocupara de tareas simples, mientras que yo iba a producir las importantes. Me creía capaz de ocuparme de ellas yo sola, ya que anteriormente siempre había hecho tareas importantes por mi cuenta. Yo tenía más práctica que Audrea, por lo que no me parecía necesario que ella participara en esas tareas. Además, si lo hacía por mi cuenta, me llevaría todo el mérito, lo que destacaría mejor mis habilidades y haría que mis hermanos y hermanas me admiraran. Luego mi carga de trabajo aumentó significativamente, por lo que tenía que hacer horas extras a diario. A veces Audrea se acostaba pronto mientras yo aún me quedaba hasta tarde. Por la mañana, madrugaba más que ella y me sentía muy cansada. Pero no quería que compartiera la carga conmigo. Siempre había realizado las tareas sola, así que si ella me ayudaba con mi carga de trabajo seguro que los hermanos y hermanas creerían que yo tenía pocas habilidades de trabajo, lo que sería vergonzoso. En ocasiones pensaba: “Si dejara que me ayudara Audrea, las cosas irían más rápido, yo no estaría tan ocupada y los resultados serían mejores que si lo hiciera yo sola”. Sin embargo, al pensar en compartir el mérito con ella, no me convencía. Por eso, ni más ni menos, nunca dejé a Audrea participar en mis tareas. Por entonces no hacía introspección, hasta que un día, cuando una hermana me dijo que Audrea no llevaba una carga en el deber y me pidió que hablara con ella, reflexioné: “¿Tiene algo que ver conmigo que Audrea no lleve una carga? Estoy ocupadísima todos los días y sé que ella tiene tiempo, pero no le asigno nuevas tareas, así que se queda sin nada que hacer”. Me di cuenta vagamente de que no estaba bien eso y de que, si yo hacía sola el trabajo, al final demoraría el trabajo de la iglesia. Pero luego pensé que podría ocuparme esforzándome un poco más, por lo que dejé las cosas como estaban. Aunque me daba cuenta de que mi intención era incorrecta, no podía renunciar, lo que me resultaba muy doloroso, así que oré a Dios para pedirle que me guiara para renunciar a mis intenciones equivocadas.
En mis devocionales, leí este pasaje de la palabra de Dios: “Aunque los líderes y obreros tienen compañeros y todo el mundo que realiza algún deber los tiene, los anticristos piensan que tienen buen calibre y son mejores que las personas corrientes, así que estas no son dignas de ser sus colaboradores y son todas inferiores a ellos. Por eso a los anticristos les gusta tomar las decisiones y no les gusta hablar las cosas con nadie más. Piensan que esto les haría parecer como unos incompetentes que no sirven para nada. ¿Qué clase de punto de vista es ese? ¿Qué clase de carácter es este? ¿Se trata de un carácter arrogante? Piensan que cooperar y discutir las cosas con los demás, hacerles preguntas y pedirles ayuda, es indigno y degradante, una afrenta a su autoestima. Y por eso, para proteger su autoestima, no permiten la transparencia en nada de lo que hacen, ni se lo cuentan a los demás, y mucho menos lo discuten con ellos. Piensan que discutir con otros es mostrarse como incompetentes; que pedir siempre la opinión de otros equivale a ser estúpidos e incapaces de pensar por sí mismos; que cooperar con los demás para completar una tarea o resolver algún problema les hace parecer inútiles. ¿Acaso no es esta su mentalidad arrogante y absurda? ¿Acaso no es este su carácter corrupto? Es sumamente obvio que son arrogantes y sentenciosos; han perdido toda su razón humana normal y no están bien de la cabeza del todo. Siempre se piensan que tienen habilidades, que pueden terminar las cosas ellos solos y que no necesitan colaborar con los demás. Como tienen esas actitudes corruptas, son incapaces de alcanzar una cooperación armoniosa. Creen que colaborar con otros es diluir y fragmentar su poder, que cuando el trabajo se comparte con otros, su propio poder disminuye y no pueden decidirlo todo ellos mismos, con lo que carecen de poder real, lo que a ellos les supone una tremenda pérdida. Y así, no importa lo que les ocurra, si creen que lo entienden y que saben la forma apropiada de manejarlo, entonces no lo discutirán con nadie y seguirán queriendo estar al mando de todo. Preferirán equivocarse a informar a los demás, preferirán estar en un error a compartir el poder con alguien, y preferirán la destitución a dejar que otras personas intervengan en su trabajo. Eso es un anticristo. Prefieren dañar y poner en peligro los intereses de la casa de Dios que compartir su poder con nadie. Creen que cuando están haciendo un trabajo o encargándose de algún asunto, eso no es el cumplimiento de un deber, sino una oportunidad de lucirse y destacar sobre los demás, y una ocasión para ejercer su poder. Por tanto, aunque dicen que van a cooperar armoniosamente con los demás y van a discutir con ellos cualquier tema que surja, la verdad es que en el fondo de su corazón no están dispuestos a renunciar a su poder o estatus. Les parece que mientras entiendan algunas doctrinas y sean capaces de hacerlo por su cuenta, no les hace falta colaborar con nadie más. Creen que lo deben desempeñar y completar solos, y que solo eso los hace competentes. ¿Es esta idea correcta? No saben que, si violan los principios, no están realizando su deber, no pueden llevar a cabo la comisión de Dios, y simplemente contribuyen con su mano de obra. En vez de buscar los principios-verdad cuando realizan su deber, ejercen poder según sus pensamientos e intenciones, alardean y se jactan. Sin importar quién sea su compañero o lo que hagan, nunca quieren hablar las cosas, siempre quieren actuar por su cuenta y siempre quieren tener la última palabra. Obviamente juegan con el poder y lo utilizan para hacer las cosas. Todos los anticristos aman el poder, y cuando tienen estatus, quieren más poder. Cuando tienen poder, los anticristos tienden a utilizar su estatus para alardear y jactarse, para hacer que los estimen y conseguir su objetivo de destacar entre los demás. Así, los anticristos se obsesionan con el poder y el estatus, y nunca jamás abandonarán su poder” (La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 8: Quieren que los demás se sometan solo a ellos, no a la verdad ni a Dios (I)). En la palabra de Dios descubrí que los anticristos tienen un carácter muy arrogante y no cooperan con nadie. Creen que, si comparten el trabajo con otros, parecerán incompetentes, se disgregará el poder y no los admirarán. Por eso prefieren afectar la obra de la iglesia a compartir el trabajo con los demás. Reflexioné y me di cuenta de que yo era igual. No quería que Audrea participara en mis tareas porque temía que su participación me hiciera parecer incompetente y dañara mi imagen, así que lo hacía yo sola. En consecuencia, estaba agotada y el trabajo se demoraba. Realmente era demasiado arrogante e irracional. Haya el trabajo que haya en la iglesia, nadie lo puede hacer él solo. Todo el mundo necesita compañeros y ayuda, y es preciso que los hermanos y hermanas cooperen en armonía para hacer el trabajo, ya que nadie es perfecto. Sin importar la aptitud, los dones y los talentos de una persona, todo el mundo tiene fallos y defectos, y es necesario que aprendamos a renunciar a nosotros mismos y a cooperar con los compañeros para cumplir bien con el deber. Sin embargo, yo tenía un carácter arrogante. Era demasiado ambiciosa en el deber, quería todo el mérito y que me admiraran. Prefería demorar el trabajo de la iglesia a permitir que alguien se uniera o entrometiera en el mío. Con esta forma de cumplir con el deber, no acumulaba buenas acciones y hacía el mal. Al darme cuenta, me sentí muy triste, por lo que me presenté ante Dios a orar: “Dios mío, soy demasiado arrogante y carezco de toda humanidad y razón. Deseo arrepentirme. Por favor, guíame para conocerme a mí misma”.
Un día, buscando fragmentos de la palabra de Dios relativos a mi estado, encontré este pasaje: “¿Qué hay que hacer para realizar bien el deber? Uno debe llegar a realizarlo con todo el corazón y todas sus energías. Utilizar todo el corazón y todas las energías implica dedicar todos los pensamientos a la ejecución del deber y no dejar que otras cosas los ocupen, y luego aplicar la energía que uno tiene, ejerciendo la totalidad del poder propio, y aportando el calibre, los dones, las fortalezas y las cosas que ha comprendido a la tarea. Si tienes la capacidad de comprender y entender, y tienes una buena idea, debes comunicarla a los demás. Esto es lo que significa cooperar en armonía. Así es como realizarás bien tu deber, como lograrás hacerlo acorde al estándar. Si deseas asumirlo todo tú mismo siempre, si siempre quieres hacer grandes cosas en solitario, si siempre quieres ser el centro tú, y no otros, ¿estás realizando tu deber? Lo que estás haciendo se llama autocracia; es montar un espectáculo. Es un comportamiento satánico, no la ejecución del deber. Sin importar qué fortalezas, dones o talentos especiales tenga una persona, no puede asumir todo un aspecto del trabajo por sí misma; debe aprender a cooperar en armonía si quiere hacer bien el trabajo de la iglesia. Por eso, la cooperación armoniosa es un principio de práctica en la ejecución del deber. Mientras le dediques todo tu corazón y todo tu esfuerzo y tu devoción, y ofrezcas todo lo que puedes hacer, estarás realizando bien tu deber. Si tienes un pensamiento o una idea, cuéntaselo a los demás, no lo retengas ni lo guardes. Si tienes sugerencias, bríndalas: sea de quien sea una idea que concuerde con la verdad, hay que admitirla y obedecerla. Hazlo y habrás logrado la cooperación en armonía. Esto es lo que significa hacer el deber con devoción. Al realizar tu deber, no se te pide que lo asumas todo tú mismo, ni que trabajes sin descanso, ni que seas ‘la única flor en el tiesto’ o un heterodoxo; más bien, se te pide que aprendas a cooperar con los demás en armonía, y que hagas todo lo que puedas, que cumplas con tus responsabilidades, que le dediques todo tu esfuerzo. Eso es lo que significa hacer tu deber. Hacer tu deber es desplegar la cantidad de fuerza y la luz que posees y lograr resultados. Con eso es suficiente. No trates siempre de presumir, de decir cosas altisonantes, de hacer las cosas en solitario. Debes aprender a cooperar con otra gente y prestar más atención a escuchar las sugerencias de otros y a descubrir sus puntos fuertes. De este modo, cooperar en armonía resulta fácil. Si siempre intentas alardear y tener la última palabra, no estás cooperando en armonía. ¿Qué estás haciendo? Estás causando una perturbación y socavando a los demás. Eso es lo mismo que hacer el papel de Satanás; no es la ejecución del deber. Si siempre haces cosas que causan una perturbación y socavan a los demás, entonces no importa cuánto esfuerzo gastes o cuánto cuidado pongas, Dios no lo recordará” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. El correcto cumplimiento del deber requiere de una cooperación armoniosa). Mientras meditaba la palabra de Dios, sentí vergüenza. La palabra de Dios revelaba mi estado. Para lucirme, consolidarme y recibir admiración, quería asumir yo sola el trabajo de video sin dejar participar a Audrea. Creía que la participación de Audrea me robaría el mérito. De esa manera, no tendría capital del que presumir y no tendría manera de ganarme la admiración ajena. Pensaba que así tendría las de perder. Sabía que había mucha carga de trabajo, que provocaría demoras si lo hacía yo sola y que, si participaba Audrea, haríamos más rápido el trabajo y los resultados serían mejores. También sabía que la mayor parte del trabajo del equipo estaba en mis manos, que ella solía estar ociosa y no tenía trabajo, y su estado se veía afectado, pero seguí sin permitir que compartiera la carga conmigo. Quería hacer yo sola el trabajo para llevarme todo el mérito y, a la vez, para demostrar que tenía buenas competencias técnicas y profesionales. Lo único en lo que pensaba todo el tiempo era en mi estatus e imagen. No pensaba para nada en la labor de la iglesia ni me importaban los sentimientos de mi hermana. ¡En realidad no tenía conciencia ni humanidad! Aparentemente, madrugaba y trabajaba mucho cada día, como si fuera capaz de llevar una carga, sufrir y pagar un precio, pero, de hecho, me dedicaba a mis empeños personales y a satisfacer mis ambiciones y deseos. No cumplía para nada con mi deber de ser creado. Perturbaba el trabajo de la iglesia con el pretexto de cumplir con el deber, y cometía el mal. Además, iba por la senda de un anticristo.
Luego descubrí dos pasajes más de las palabras de Dios: “Cuando Dios requiere que las personas cumplan con su deber, no les está pidiendo completar cierto número de tareas o realizar alguna gran empresa, ni lograr ninguna proeza revolucionaria. Lo que Dios quiere es que la gente sea capaz de hacer todo lo que esté a su alcance con los pies en la tierra y que viva según Sus palabras. Dios no necesita que seas grande o noble ni que hagas ningún milagro, ni tampoco quiere ver ninguna sorpresa agradable en ti. Dios no necesita estas cosas. Lo único que Dios necesita es que practiques de acuerdo con Sus palabras con los pies en la tierra. Tras entender las palabras de Dios, actúa conforme a ellas y llévalas a cabo, o tras escuchar Sus palabras, recuérdalas bien y, cuando llegue el momento de practicar, hazlo según las palabras de Dios. Deja que se conviertan en tu vida, en tus realidades y en lo que vives. Así Dios estará satisfecho. Tú siempre persigues la grandeza, la nobleza y el estatus; siempre persigues ser superior a los demás. ¿Cómo se siente Dios cuando ve esto? Lo detesta y se distanciará de ti. Cuanto más persigues la grandeza y la nobleza y buscas sobresalir del resto, elevarte por encima de la multitud y ser excepcional y sobresaliente, más aversión siente Dios por ti. Si no reflexionas sobre ti mismo y te arrepientes, Dios te aborrecerá y te rechazará. No debes ser en absoluto alguien por quien Dios sienta aversión; debes ser una persona a la que Dios ame. Entonces, ¿cómo puedes convertirte en una persona a la que Dios ame? Acepta la verdad con obediencia, ocupa el lugar que te corresponde como ser creado, actúa según las palabras de Dios con los pies en la tierra, realiza tu deber adecuadamente, sé una persona honesta y vive la semejanza humana. Esto es suficiente y satisfará a Dios. Las personas no deben en absoluto albergar ambiciones ni sueños vanos, no deben perseguir la fama, el provecho y el estatus ni buscar sobresalir de entre la multitud. Menos aún deben buscar ser un superhombre o una gran figura, sobresalir del resto y que otros las idolatren. Esto es lo que anhelan los humanos corruptos y es la senda de Satanás; Dios no salva a tales personas. Si las personas persiguen incesantemente la fama, el provecho y el estatus y se niegan obstinadamente a arrepentirse, entonces son irredimibles y solo hay un desenlace para ellas: el descarte” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. El correcto cumplimiento del deber requiere de una cooperación armoniosa). “¿Cuál es el estándar según el cual las acciones y el comportamiento de una persona se juzgan como buenos o malvados? El de que en sus pensamientos, revelaciones y acciones posean o no el testimonio de poner la verdad en práctica y de vivir la realidad-verdad. Si no tienes esta realidad ni vives esto, sin duda, eres un malhechor. ¿Cómo considera Dios a los malhechores? Para Dios, tus pensamientos y tus acciones externas no dan testimonio por Él, no humillan a Satanás ni lo derrotan; en cambio, causan vergüenza a Dios, están llenos de las marcas de deshonrarlo. No estás dando testimonio de Dios, no te estás gastando para Él y no estás cumpliendo tus responsabilidades y obligaciones en aras de Dios, sino que más bien estás actuando para ti mismo. ¿Qué significa ‘para ti mismo’? Siendo precisos, significa ‘para Satanás’. Así que, al final, Dios dirá: ‘Apartaos de mí, los que practicáis la iniquidad’. A ojos de Dios, tus acciones no se verán como buenas obras, se considerarán hechos malvados. No solo no obtendrán la aprobación de Dios, además serán condenadas. ¿Qué espera obtener alguien con una fe así en Dios? ¿Acaso esta fe no se quedaría en nada al final?” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. La libertad y la liberación solo se obtienen desechando las actitudes corruptas). En las palabras de Dios entendí Su voluntad. En realidad, las exigencias de Dios al hombre son sencillas. Dios no requiere que la gente haga grandes cosas ni muchas acciones trascendentales, ni nos pide que seamos personas excepcionales ni grandes. Dios solo quiere que mantengamos la posición de un ser creado, busquemos la verdad de forma realista, cumplamos con el deber lo mejor que sepamos y vivamos según Su palabra. Dios evalúa si somos idóneos en el cumplimiento del deber, no en función de cuánto logremos ni de cuánto contribuyamos, sino de si nuestras motivaciones para hacer las cosas tienen en consideración Su voluntad y si nos esmeramos, o no. Cuando tenemos las motivaciones correctas y tomamos la senda correcta es cuando podemos tener testimonio en el deber. Si la gente cumple con el deber únicamente para satisfacer sus ambiciones y deseos, por más que se esfuerce o por mucho que contribuya, al final, Dios la despreciará y descartará. Comprobé que siempre quería conservar todo el mérito por mi deber. Por mi carácter arrogante, quería hacer todo el trabajo y no cooperar con mi compañera. Trabajaba mucho y me agotaba para que los demás tuvieran muy buen concepto de mí. Ninguno de mis esfuerzos era para satisfacer a Dios, todos eran para satisfacer mis deseos y ambiciones personales. Aunque lograra algunas cosas y me ganara la admiración y el visto bueno de otras personas, ¿qué sentido tenía eso? Nada de ello implicaba que cumpliera con el deber de manera hábil. Al contrario, actuaba de acuerdo con mis actitudes satánicas, asumía el trabajo yo sola, demoraba el progreso del trabajo de video y perturbaba la labor de la iglesia. Al final, habría terminado rechazada y descartada por Dios. En realidad, cooperar con Audrea compensaría mis fallos en el deber. Ella se concentraba en aprender, quería estudiar y sus competencias habían progresado rápido, pero yo no me centraba en aprender competencias y me apoyaba, sobre todo, en mi experiencia. Aunque llevaba mucho tiempo en este deber, mis competencias no habían mejorado mucho. Encima, las ideas de una persona son siempre subjetivas. La gente que se conoce sabe renunciar a sí misma en el deber y está dispuesta a cooperar con los demás para cumplir bien con él. Esta es la razón que debemos tener y el modo en que debemos practicar. Sin embargo, yo era arrogante y santurrona y deseaba estatus. No quería renunciar a mis intereses y cooperar con mi hermana. Todo esto repercutía en el progreso y en los resultados del trabajo. Si hubiera cooperado con ella antes y nos hubiéramos ayudado, los resultados del trabajo habrían sido mucho mejores. Cuanto más reflexionaba, más apreciaba que era muy arrogante y que no tenía humanidad, y más me odiaba y me arrepentía de mis actos. No quería cumplir con el deber con estas intenciones. Me presenté ante Dios a orar: “Dios mío, siempre quiero cumplir con el deber con ambición, haciendo las cosas por mi reputación y mi estatus personales. Ya no quiero buscar más de esta forma. Deseo arrepentirme, renunciar a mis intenciones incorrectas y trabajar con mi hermana para cumplir bien con el deber”.
A la mañana siguiente, en mis devociones, leí estas palabras de Dios: “Aquellos capaces de poner en práctica la verdad pueden aceptar el escrutinio de Dios en las cosas que hacen. Cuando aceptes el escrutinio de Dios, tu corazón se enderezará. Si solo haces las cosas para que otros las vean, siempre quieres ganarte los elogios y la admiración de los demás y no aceptas el escrutinio de Dios, ¿sigue estando Dios en tu corazón? Estas personas no tienen un corazón temeroso de Dios. No hagas siempre las cosas para tu propio beneficio y no consideres constantemente tus propios intereses; no tengas en cuenta tu orgullo, reputación y estatus, y no consideres tus intereses personales. Ante todo, debes considerar los intereses de la casa de Dios y hacer de ellos tu prioridad. Debes ser considerado con las intenciones de Dios y, sobre todo, contemplar si ha habido impurezas en la ejecución de tu deber, si has sido devoto, has realizado tus responsabilidades y lo has dado todo, y si has estado pensando de todo corazón en tu deber y en la obra de la iglesia. Debes meditar sobre estas cosas. Si piensas en ellas con frecuencia y logras comprenderlas, te será más fácil cumplir bien con el deber. Si tu calibre es bajo, si tu experiencia es superficial, o si no eres experto en tu ocupación profesional, puede haber algunos errores o deficiencias en tu labor y puede que no consigas buenos resultados, pero habrás hecho todo lo posible. No satisfaces tus propios deseos egoístas ni preferencias. Por el contrario, consideras de forma constante la obra de la iglesia y los intereses de la casa de Dios. Aunque puede que no logres buenos resultados con tu deber, se habrá enderezado tu corazón; si además puedes buscar la verdad para resolver los problemas en tu deber, entonces cumplirás con el estándar al hacerlo y, al mismo tiempo, podrás entrar en la realidad-verdad. Eso es lo que significa poseer testimonio” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. La libertad y la liberación solo se obtienen desechando las actitudes corruptas). Tras meditar las palabras de Dios, hallé una senda de práctica. Para cumplir con un deber, debes renunciar a tus intereses y pensar en los de la iglesia. Independientemente de si se resienten tu imagen o tu estatus, lo importante es proteger el trabajo de la iglesia y cumplir con el deber. Una vez entendida la voluntad de Dios, ya no pensaba en lo que opinaran los demás de mí. Solo pensaba en cómo cumplir bien con el deber y satisfacer a Dios. Así pues, compartí algunas de mis tareas con Audrea y ella accedió enseguida. Pronto se revirtió el estado de Audrea, ya no estaba tan ociosa, y logramos liquidar el trabajo acumulado. Después me sentí muy en paz. También comprendí de veras lo bueno que es practicar la verdad y cooperar en armonía en el deber.
Con el tiempo, recibimos una nueva tarea. Pensé sin querer: “Si la hago por mi cuenta, no tendré que compartir el mérito. Con mis habilidades, puedo hacerlo yo sola. No necesito implicar a Audrea. Parecería una incompetente si ella también participara en esta tarea. Todos mis hermanos y hermanas se reirían de mí”. Ahora que lo pienso, quería ocuparme yo sola. En ese momento me di cuenta de que mis intenciones eran incorrectas. Aún actuaba para satisfacer mis intereses personales. Recordé unas palabras de Dios: “Si en el fondo sigues obsesionado con el prestigio y el estatus, sigues preocupado por alardear y hacer que los demás te admiren, no eres alguien que persiga la verdad, y vas por la senda equivocada. Lo que persigues no es la verdad ni la vida, sino las cosas que amas, es la fama, la ganancia y el estatus; en cuyo caso, nada de lo que haces se relaciona con la verdad, todo cuenta como un acto de maldad y como contribuir con mano de obra” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. La buena conducta no implica que se haya transformado el carácter). La palabra de Dios me despertó. Sin querer, siempre hago cosas egoístas. Soy muy mezquina e interesada. Me odié por ser demasiado corrupta y deseaba renunciar a mis intenciones equivocadas y practicar la verdad. Por ello, le pedí a Audrea que participara conmigo en la nueva tarea. Desde entonces, a la hora de asignar tareas, siempre le consulto y le pido opinión a Audrea, y cuando quiero asumir todo el trabajo para tener todo el mérito, renuncio conscientemente a mí misma y, según las necesidades del deber, le asigno tareas a Audrea. Con esta práctica siento paz y tranquilidad.
Tras atravesar esta experiencia, ahora comprendo un poco mi carácter satánico. También me doy cuenta de que es clave cooperar en armonía para cumplir bien con mi deber. Sencillamente, es imposible cumplir bien con él en solitario. Solo si cooperamos en armonía podemos obtener la guía del Espíritu Santo.
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