Los líderes no deben frenar el talento

15 Jul 2022

Por Xia Xin, España

En agosto de 2020 me eligieron líder y supervisaba los trabajos en video de la iglesia. Nueva en el trabajo, desconocía muchos de sus principios y me encontraba problemas y dificultades mientras trabajaba. Por ello, solía buscar el consejo y el asesoramiento de la líder del equipo, la hermana Zhang. La hermana Zhang estaba muy familiarizada con los principios y el trabajo. Me era de gran ayuda. Me fijé en que la hermana Zhang era meticulosa, se tomaba en serio el deber y tenía sentido de la responsabilidad. A veces, cuando me sobrecargaba, le pasaba parte de mi trabajo. Hacíamos buen equipo.

Luego, poco a poco descubrí que siempre que los hermanos y hermanas se encontraban un problema, buscaban a la hermana Zhang y hasta tomaban decisiones directamente tras verse con ella. Yo estaba bastante a disgusto con esa circunstancia. Pensaba: “Si esto se mantiene, ¿no perderé el puesto de líder? Así no puede ser. En lo sucesivo me ocuparé yo misma de todo el trabajo asignado a mí y no pediré ayuda a la hermana Zhang. Si no, el resto pensará que ella es una obrera buena y con talento”. Una vez, la hermana Zhang descubrió que un hermano avanzaba despacio en su trabajo de producción de video. Cuando lo investigó, descubrió que sus habilidades no estaban a la altura y él no buscaba los principios en el deber, con lo que a menudo había que repetir el trabajo. Asignó a otro hermano con más talento para que ayudara en ese proyecto. Yo no me enteré hasta más tarde. La hermana Zhang había tomado la decisión correcta, pese a lo cual me sentí un poco incómoda con la situación. Me pareció una señal de falta de respeto que tomara una decisión tan importante sin informarme. ¿Qué autoridad tenía yo si ella llevaba la batuta? Le pregunté después por qué no me había informado de esto. Para mi sorpresa, dijo: “Estaba ocupada y se me olvidó avisarte”. Ante esa respuesta, perdí la calma: “Cada vez estás adquiriendo más autoridad y tomando decisiones sin mi visto bueno. No me tienes ningún respeto. ¿Eso no hace que parezca que la iglesia no me necesita? De seguir así, ¿qué opinarán de mí los hermanos y hermanas? Naturalmente, me creerán una inútil. ¿Cómo podría ejercer de líder entonces?”. Al darme cuenta, sentí un pánico aún mayor.

En otra ocasión, la hermana Zhang me contó que había organizado unos materiales de estudio y planeaba reunir a todo el mundo para estudiar algunas habilidades. Pensé: “A veces soy yo la que te recuerda que trabajes en esto; sin embargo, cuando terminamos de hablar, eres tú la que se pone a enseñar y guiar a los demás. Nadie sabe el trabajo que invierto yo entre bastidores y todos deben de creer que tú llevas más carga que yo. Si esto continúa, ¿cómo se supone que conservaré mi posición de líder?”. En realidad, sabía que la hermana Zhang era responsable de dirigir a los hermanos y hermanas en los estudios y que este trabajo no podía demorarse, así que no debía hacer un drama de ello, pero no quería que la hermana Zhang gestionara esa labor. Pensé: “La hermana Zhang participa cada vez en más proyectos, incluido un poco del trabajo del que yo soy responsable. Los demás prefieren acudir a ella cuando tienen problemas. ¿Me van a sustituir pronto por ella?”. Me sentí bastante desgraciada al pensar en todo esto. Así pues, empecé a resaltar sus fallos y problemas en el trabajo. Quería mostrar a los demás que no era tan hábil en él y que yo tenía más talento aún.

Un día, debatiendo nuestro trabajo con una líder superior, esta comentó de pasada que un proyecto en video de la hermana Zhang progresaba lentamente. Era justo lo que quería oír, e inmediatamente respondí: “En efecto. Se le han asignado muchos proyectos, pero no puede abordarlos todos. Además, algunos proyectos suyos no han sido muy eficaces. Creo que es mejor no darle demasiado trabajo. No se le debería conceder tanta autoridad…”. Entonces me sentí algo culpable: ¿cómo pude decir algo así? Los deberes de los hermanos y hermanas vienen de Dios y son Su comisión. Hablaba como si yo le hubiera asignado esos deberes, como si le hubiera concedido la autoridad para hacer esas cosas y ahora se la estuviera quitando. ¿No estaba teniendo una postura equivocada? No podía creer que fuera capaz de decir algo así y me horroricé un poco de mí misma. Asimismo, parte de ese trabajo realmente formaba parte de los deberes de la hermana Zhang, pero yo trataba de impedir que lo hiciera y no dejaba de resaltar los fallos de su trabajo. Quería que todos vieran que no era una buena obrera y que era inferior a mí. Reflexioné sobre mi conducta: “¿Cómo pude ser tan despreciable?”.

Luego me puse a buscar pasajes pertinentes de las palabras de Dios para corregir mi estado. Encontré un pasaje, en el que Dios revela a los anticristos, que se hacía eco de mi estado. “Una de las características más obvias de la esencia de un anticristo es que son como déspotas dirigiendo su propia dictadura. No escuchan a nadie, desprecian a todos y, a pesar de los puntos fuertes de la gente, o de lo que dicen y hacen, o de las ideas y opiniones que tienen, no les prestan atención; es como si nadie estuviera cualificado para trabajar con ellos, o para participar en cualquier cosa que hagan. Ese es el tipo de carácter de un anticristo. Algunas personas dicen que esto es tener una humanidad pobre, pero ¿cómo va a ser eso sencillamente una humanidad pobre? Se trata de un carácter satánico absoluto; esta clase de carácter es sumamente feroz. ¿Por qué digo que su carácter es sumamente feroz? Los anticristos piensan en los intereses de la casa de Dios y de la iglesia como algo propio, como su propiedad personal que debe ser gestionada enteramente por ellos, sin que nadie interfiera. Lo único en lo que piensan cuando hacen el trabajo de la iglesia es en sus propios intereses, su propio estatus e imagen. No permiten que nadie perjudique sus intereses, y mucho menos dejan que cualquiera que tenga aptitud y sea capaz de hablar de sus experiencias y su testimonio amenace su estatus y prestigio. […] Cuando alguien se distingue con un pequeño trabajo, cuando alguien es capaz de hablar de experiencias y testimonios verdaderos para beneficiar, edificar y apoyar a los escogidos, y se gana grandes elogios de todos, la envidia y el odio crecen en los corazones de los anticristos, tratan de alienarlos y socavarlos, y bajo ninguna circunstancia permiten que tales personas emprendan ningún trabajo, para evitar que amenacen su estatus. […] Los anticristos piensan para sí: ‘De ninguna manera voy a soportar esto. Quieres desempeñar un papel en mi campo de acción, quieres competir conmigo. Eso es imposible, ni lo pienses. Eres más competente que yo, más elocuente, ilustrado y popular que yo. ¿Quieres que trabaje a tu lado? ¿Qué haría yo si me robaras el protagonismo?’. ¿Están considerando los intereses de la casa de Dios? No. ¿En qué piensan? Solo piensan en cómo mantener su propio estatus. Aunque se saben incapaces de hacer un trabajo real, no nutren ni promueven a las personas de buena aptitud que buscan la verdad; a las únicas que promueven son a las personas que los adulan, a las que son propensas a adorar a otros, a aquellos que los alaban y admiran en sus corazones, personas que se las saben todas, que no tienen comprensión de la verdad y son incapaces de notar la diferencia” (La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Querrían que se les obedeciera solo a ellos, no a la verdad ni a Dios (I)). Antes, siempre creía que este pasaje revelaba a los anticristos y no me concernía a mí, pero luego me di cuenta de que mi carácter de anticristo era bastante fuerte. Al principio, al ver lo responsable y trabajadora que era la hermana Zhang, le delegaba con mucho gusto parte de mi trabajo, pero cuando me percaté de que el resto la admiraba e iba a ella con muchas de sus preguntas y ella adelantó algunos proyectos sin preguntarme, me preocupó que me quitara protagonismo y amenazara mi estatus, por lo que traté de impedir que participara en más proyectos, incluidos algunos que, de hecho, formaban parte de sus deberes. Me preocupaba que, si ella lo hacía bien, los hermanos y hermanas la admiraran todavía más, y yo quedara peor en comparación e incluso podría perder el estatus de líder. Llegué a engañar a la líder superior para que no le diera más trabajo a la hermana Zhang… Al reflexionar sobre estas conductas, vi que me faltaba mucha humanidad y que era obvio que excluía a otras personas por preservar mi estatus. Los anticristos valoran la autoridad por encima de todo y jamás tienen en cuenta el trabajo de la casa de Dios ni los intereses de la iglesia. Hagan el trabajo que hagan, solo les importa su estatus, y cuando alguien tiene más talento que ellos y amenaza su estatus, hacen todo lo posible por reprimirlo y excluirlo e impiden que juegue un papel importante en cualquier deber del que sean responsables. ¿Era mi conducta distinta a la de un anticristo? Hacía como si el trabajo de la iglesia fuera propiedad privada mía. Al pensar en a quién asignar ciertos deberes y cuánto trabajo asignarle, siempre me preocupaba si suponía una amenaza a mi estatus y mi reputación. No pensaba lo más mínimo en cómo repercutiría esto sobre el trabajo de la iglesia. Llegué a reprimir y excluir a gente por preservar mi estatus. Mi carácter era tremendamente vil y horrendo.

Encontré este pasaje: “¿Qué tipo de carácter se presenta cuando una persona ve a alguien que es mejor que ella y trata de derribarla, difundiendo rumores sobre tal persona o empleando ciertos medios para denigrarla y socavar su reputación —incluso pisoteándola— con el fin de proteger su propio lugar en la mente de la gente? Esto no es solo arrogancia, es el carácter de los malvados. Que esta persona pueda atacar y alienar a personas que son mejores y más fuertes que ella es mezquino y malvado. Y que no se detengan ante nada para derribar a la gente muestra que hay mucho de diablo en ellos. Viviendo según el carácter de Satanás, son capaces de menospreciar a las personas, de intentar que las culpen de algo que no han hecho, de ponerles las cosas difíciles. ¿No es esto hacer el mal? Y viviendo así, siguen pensando que no hay problema en ellos, que son buenas personas; sin embargo, cuando ven a alguien más fuerte que ellos, son propensos a hacérselo pasar mal, a cometer maldades. ¿Qué problema hay aquí? ¿Dónde está el bien en esas personas? ¿No son alguien que podría cometer maldades en cualquier momento? Y al hacerlo, ¿no están actuando a su antojo? ¿Tienen alguna consideración hacia los intereses de la casa de Dios? Solo consideran sus propios sentimientos, solo consideran su estatus y reputación en la mente de otras personas, y solo quieren lograr sus propios objetivos. No les importa el daño que causan a la obra de la casa de Dios, y prefieren sacrificar los intereses de la casa de Dios para proteger su propio estatus y reputación en la mente de la gente. ¿Acaso no son las personas así arrogantes y santurronas, egoístas y viles? Estas personas no solo son arrogantes y santurronas, sino que también son extremadamente egoístas y viles. No tienen en cuenta la voluntad de Dios en absoluto. ¿Tienen estas personas algún temor de Dios? No tienen el más mínimo temor de Dios. Esa es la razón por la que actúan arbitrariamente y hacen lo que les place, sin ningún sentido de culpa, sin ninguna inquietud, sin ninguna aprensión o preocupación y sin considerar las consecuencias. Esto es lo que suelen hacer y el modo en que se han comportado siempre. ¿A qué consecuencias se enfrentan estas personas? Tendrán problemas, ¿no? Por decirlo suavemente, esas personas son demasiado envidiosas y tienen un deseo excesivo de reputación y estatus personales; son demasiado astutas y traicioneras. Dicho con mayor dureza, la esencia del problema es que en el corazón de esas personas no hay el más mínimo temor de Dios. No temen a Dios, creen que son sumamente importantes y consideran que cada aspecto de sí mismas es superior a Dios y a la verdad. En su corazón, Dios no merece mención y es insignificante, y Dios no tiene absolutamente ningún estatus en su corazón. ¿Acaso pueden aquellos que no tienen lugar para Dios en su corazón y no lo veneran poner la verdad en práctica? Por supuesto que no. Entonces, cuando habitualmente van alegres manteniéndose ocupados y gastando mucha energía, ¿qué están haciendo? Esa gente incluso asegura que lo ha abandonado todo para esforzarse por Dios y que han sufrido mucho, pero, en realidad, la motivación, el principio y el objetivo de todos sus actos es en aras de su propio estatus y prestigio, de proteger todos sus intereses. ¿Diríais o no que esa clase de gente es terrible? ¿Qué clase de personas han creído en Dios durante muchos años y sin embargo no tienen temor de Él? ¿Acaso no son arrogantes? ¿No son Satanás? ¿Y cuáles son las cosas que más carecen del temor de Dios? Sin contar los animales, son los malvados, los anticristos, los demonios y Satanás. Tienen el descaro de enfrentarse a Dios, no le tienen ningún temor. Son capaces de cualquier maldad; son los enemigos de Dios, y los enemigos de Sus escogidos” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Los cinco estados necesarios para ir por el camino correcto en la fe propia). Al leer las palabras de Dios, me sentía como si Él estuviera allí mismo juzgándome y revelando mi naturaleza arrogante y siniestra. Era obvio que no había grandes problemas en el trabajo que supervisaba la hermana Zhang, pero como suponía una amenaza a mi estatus, busqué el modo de reprimirla y aproveché la ocasión para denigrarla delante de la líder superior, con la esperanza de inducirla a que le diera menos trabajo a la hermana Zhang y, así, esta no recibiera todavía más admiración de los demás y no me sustituyera en el puesto. Estaba dispuesta a cualquier maldad por asegurar mi estatus y no tenía el menor temor de Dios en mi corazón. Vivía de acuerdo con ponzoñas satánicas como “cada hombre para sí mismo, y sálvese quien pueda”, “no puede haber más que un macho alfa” y “yo soy mi propio señor en todo el cielo y la tierra”. Mi naturaleza era realmente egoísta, despreciable, arrogante y malvada. Me comportaba igual que el PCCh, tiránico y autoritario, al reprimir y excluir a cualquiera que supusiera una amenaza a mi autoridad y estatus. Reprimía especialmente a los hermanos y hermanas con talento y eficaces en el trabajo. Trataba de consolidar mi autoridad en la iglesia y de hacer que los hermanos y hermanas solo me admiraran y llevaran en el corazón a mí. ¿No estaba intentando instaurar mi propio reino y compitiendo con Dios? Iba por la senda de un anticristo, ¡cometiendo el mal y resistiéndome a Dios! Me acordé de aquellos anticristos que, por conservar el estatus, castigaban y maltrataban a otros por todos los medios posibles, que consideraban espinas en su carne a aquellos que amenazaban su estatus, acusándolos injustamente, castigándolos y no rindiéndose nunca hasta su expulsión, y que, tras cometer toda clase de maldad, terminaron expulsados de la casa de Dios. Si seguía así y no me arrepentía, ¿no afrontaría el mismo destino al final? En estos dos años, Dios nos ha enseñado a discernir a los anticristos y a no caminar por la senda de un anticristo. Dios ha enseñado muy claramente este aspecto de la verdad para que sepamos discernir a los anticristos, reflexionemos sobre nuestras conductas similares a las suyas y busquemos la verdad, el arrepentimiento y la transformación. Sin embargo, yo no me centraba en corregir mi carácter de anticristo en mi trabajo, no meditaba la mejor manera de cumplir con el deber y proteger el trabajo de la iglesia. Por el contrario, competía por el estatus, consideraba el deber mi empresa personal, un medio de alcanzar estatus y asegurarme la admiración de mis hermanos y hermanas, y quería toda la autoridad en mi deber. Me dejaba llevar por mis deseos.

Una vez, en mis devociones, encontré dos pasajes muy útiles de la palabra de Dios. Las palabras de Dios dicen: “Como líder u obrero, si siempre te consideras por encima de los demás y te deleitas en tu deber como si fueras funcionario del gobierno, siempre dejándote enredar por las ventajas de tu puesto, siempre haciendo tus propios planes, considerando y disfrutando tu propia fama, fortuna y estatus, siempre ocupándote de tus propios asuntos, siempre buscando ganar estatus mayor, manejar y controlar a más personas y extender el ámbito de tu poder, esto es un problema. Es peligroso tratar un deber importante como una oportunidad para disfrutar de tu posición como si fueras un funcionario del gobierno. Si siempre actúas así, sin deseo de trabajar con otros, sin querer diluir tu poder y compartirlo con nadie, que ningún otro tenga la sartén por el mango ni te robe el protagonismo, si solo quieres disfrutar del poder por tu cuenta, entonces eres un anticristo. Pero si buscas a menudo la verdad, dejas de lado la carne, renuncias a tus propias motivaciones y designios, y eres capaz de asumir la colaboración con los demás, abres tu corazón para consultar y buscar con otros, escuchas atentamente sus ideas y sugerencias, y aceptas los consejos que son correctos y están en consonancia con la verdad, venga de quien venga, entonces estás practicando de forma sabia y correcta y eres capaz de evitar tomar la senda incorrecta, lo que te protege” (La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Querrían que se les obedeciera solo a ellos, no a la verdad ni a Dios (I)). “Hagas lo que hagas, ya sea importante o no, siempre debe haber personas ahí para ayudarte, para señalarte el camino, para darte consejo y para ayudarte con las cosas. De esta manera, harás las cosas de manera más correcta, será más difícil cometer errores y será menos probable que te desvíes, todo lo cual es para bien. Servir a Dios, en particular, es un asunto importante ¡y no resolver tu carácter corrupto puede ponerte en peligro! Cuando la gente tiene un carácter satánico, se rebela y resiste contra Dios en cualquier lugar y momento. La gente que vive por el carácter satánico puede negar, resistir y traicionar a Dios en cualquier momento. Los anticristos son estúpidos, no se dan cuenta de ello, piensan: ‘Ya he tenido bastantes problemas para hacerme con mi propio poder, ¿por qué iba a compartirlo con nadie? Dárselo a los demás significa que no tendré nada para mí, ¿verdad? ¿Cómo puedo demostrar mis talentos y habilidades sin poder?’. No saben que lo que Dios ha confiado a las personas no es poder o estatus, sino un deber. Solo aceptan el poder y el estatus, dejan de lado su deber y no hacen ninguna labor práctica. Por el contrario, buscan la fama, la fortuna y el estatus, y disfrutan de los beneficios del estatus. Hacer las cosas de esta manera es muy peligroso: ¡es resistirse a Dios! Cualquiera que busque la fama, la fortuna y el estatus en vez de cumplir con el deber adecuadamente está jugando con fuego y con su vida. Los que hacen esto se pueden destruir a sí mismos en cualquier momento. Hoy, como un líder u obrero, estás sirviendo a Dios, lo cual no es algo corriente. No estás haciendo cosas para una persona, y mucho menos trabajando para pagar las facturas y poner comida en la mesa; en cambio, estás cumpliendo con tu deber en la iglesia. Y dado, en particular, que este deber te fue confiado a ti por Dios, ¿qué significado tiene cumplirlo? Eres responsable ante Dios de tu deber, tanto si lo haces bien como si no; en última instancia, hay que rendir cuentas a Dios, tiene que haber un resultado. Lo que has aceptado es una comisión de Dios, una responsabilidad sagrada, así que da igual lo importante o lo insignificante que sea, es un asunto serio. ¿Cómo de serio es? Está directamente relacionado con tu futuro y tu destino, con tu fin; si cometes maldades y te opones a Dios, serás condenado y castigado. Todo lo que haces cuando cumples con tu deber es registrado por Dios, y Dios tiene Sus propios principios y normas para calificar y evaluar; Dios determina tu fin basándose en todo lo que manifiestas cuando cumples con tu deber” (La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Querrían que se les obedeciera solo a ellos, no a la verdad ni a Dios (I)). Antes consideraba mi puesto de líder un símbolo de estatus. Tras leer las palabras de Dios, fue cuando comprendí que mi deber es una comisión que Dios me ha concedido como ser creado. Es una responsabilidad otorgada por Dios y no tiene que ver con el estatus y la autoridad. Cumplir con el deber en la casa de Dios no es como tener una profesión en el mundo exterior. No hay competencia. Todo el mundo cumple sus responsabilidades en su puesto. Comprobé que Dios me había encumbrado para que me ocupara del trabajo de la iglesia y me había dado muchas ocasiones de practicar, para que aprendiera a actuar según los principios gracias al trabajo y llegara a comprender la verdad. Dios también asignó para que colaboraran conmigo a unos hermanos y hermanas con talento que comprendían los principios, a fin de que cumpliera con el deber lo mejor que pudiera e hiciera bien la labor de la iglesia. No obstante, yo no cumplía las expectativas de Dios, no me centraba en buscar la verdad y en trabajar en armonía con otros. En cambio, valoraba el estatus y hasta reprimía y excluía a otras personas por mantenerlo, con lo que arrebataba a los hermanos y hermanas la ocasión de practicar. No solo perjudicaba a mis hermanos y hermanas, sino que también saboteaba la labor de la casa de Dios. A tenor de todas mis conductas, la verdad, no era apta para ser líder… No quería continuar por este camino equivocado. Únicamente quería llevar a cabo de manera honesta y práctica mis responsabilidades, cumplir con el deber. Luego empecé a aplicarme más en el deber, y cuando otros acudían a la hermana Zhang con preguntas, ya no me sentía tan mal y dejó de preocuparme que la admiraran a ella en vez de a mí. Solamente pensaba en el mejor modo de colaborar con la hermana Zhang en el deber. Cuando advertía problemas en el trabajo de la hermana Zhang, me comunicaba con ella y la ayudaba a retomar el rumbo. Cuando ciertos proyectos avanzaban despacio, debatía con ella sobre cómo aumentar la eficacia. Si me faltaba perspicacia o no sabía manejar cierto asunto, también la buscaba para hablar con ella. Con el tiempo comenzamos a trabajar cada vez mejor juntas y me sentía muy asentada y libre.

También me acordé de este pasaje de las palabras de Dios. “Ser líder de la iglesia no es solo aprender a usar la verdad para resolver los problemas, sino también descubrir y cultivar a la gente de talento, a quienes de ninguna manera debes envidiar ni reprimir. Practicar de esta manera es beneficioso para la obra de la iglesia. Si puedes formar a algunos buscadores de la verdad para que cooperen bien contigo en toda la labor que realizas y, al final, todos vosotros tenéis testimonios basados en la experiencia, serás un líder cualificado. Si llegáis a ser capaces de actuar en todas las cosas según los principios, entonces estaréis viviendo a la altura de vuestra lealtad. Algunos siempre tienen miedo de que otros sean mejores y más elevados que ellos, que otros obtengan reconocimiento mientras ellos son ignorados. Esto lleva a que ataquen y excluyan a los demás. ¿Acaso no están celosas de las personas más capaces que ellas? ¿No es egoísta y despreciable este comportamiento? ¿Qué tipo de carácter es este? ¡Es malicioso! Pensar solo en los intereses propios, satisfacer solo los deseos propios, sin mostrar consideración por los demás o los intereses de la casa de Dios: las personas así tienen mal carácter y Dios no las ama. Si realmente puedes ser considerado con la voluntad de Dios, entonces podrás tratar a otras personas de manera justa. Si recomiendas a una buena persona y dejas que reciba formación y cumpla un deber, con lo que la casa de Dios gana así una persona talentosa, entonces ¿no será más sencillo tu trabajo? ¿No habrás estado entonces a la altura de tu lealtad en este deber? Se trata de una buena obra ante Dios, es el mínimo de conciencia y sentido que debe poseer un líder” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Entrega tu verdadero corazón a Dios y podrás obtener la verdad). Con las palabras de Dios supe que promover el talento es responsabilidad de un líder y lo que necesita el trabajo de la casa de Dios. Esta experiencia me ayudó a comprender cuánto sentido tiene realmente este trabajo. Por un lado, es beneficioso para la labor global de la casa de Dios al permitir que más gente aplique su talento para cumplir con del deber e impulsar aún más el trabajo de la casa de Dios. Por otro lado, también les da a los hermanos y hermanas una oportunidad de practicar que favorece su entrada en la vida. Todas estas son buenas acciones y Dios las recordará. La hermana Zhang me había sido de gran ayuda en la época en que colaboramos. Me ayudó a captar algunos principios y a progresar un poco y el trabajo avanzaba con mucha más facilidad. Me di cuenta de lo crucial que es obedecer las exigencias de Dios y aprender a colaborar con otros en el deber. Es el único camino para hacer el trabajo de la iglesia y cumplir bien con el deber.

Con esta experiencia logré entender un poco mi carácter satánico y mis opiniones absurdas, y poco a poco pude renunciar a la preocupación con el estatus y cumplir con el deber. Así me salvó Dios. ¡Demos gracias a Dios!

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