Ahora sé cooperar en el deber

31 Ene 2022

Por Yiling, China

En noviembre de 2019 trabajaba en el deber de líder con la hermana Zhou. Para que realizáramos el trabajo mejor y más eficientemente, los líderes superiores dividieron las responsabilidades entre ambas. Yo me encargaba, sobre todo, de regar a los nuevos, y ella, de los trabajos en vídeo. Veía por entonces que no iba muy bien el riego a los nuevos, sentía mucha presión y temía no poder cargar con el trabajo. No obstante, luego recordaba que era un trabajo crucial y que, si podía hacer con cierto éxito esa tarea tan difícil, los líderes superiores reconocerían mi capacidad y los hermanos y hermanas también me considerarían con mayor respeto, así que acepté el trabajo. Luego solía reunirme con los que regaban a los nuevos, los ayudaba a resolver problemas en el cumplimiento del deber y me centraba en el riego y sustento de aquellos en quienes percibiera buenas cualidades. Con el tiempo empezó a mejorar la labor de riego. Un día, una hermana me informó de que no había bastante gente para producir vídeos, por lo que estaban teniendo un problema que necesitaba una solución inmediata. Pensé para mis adentros: “Hay que solucionar este problema cuanto antes, pero en este momento también hay que ocuparse de la labor de riego, y si me paso todo el tiempo con los trabajos en vídeo, no se resuelven a tiempo los problemas de los nuevos y estos se marchan, entonces se verá afectada la labor de riego. En tal caso, ¿dirían los líderes superiores que no soy capaz? Además, la hermana Zhou es la que debe ocuparse de los vídeos, por lo que, si la ayudo a lidiar con el asunto, ella se llevará el mérito y yo pasaría desapercibida”. Mientras lo pensaba, no atendía a los pormenores del trabajo, tan solo dije unas palabras precipitadas y me fui. Cuando volví, le saqué el asunto a la hermana Zhou, pero no se le ocurría nadie adecuado y era una decisión difícil para ella. El trabajo se retrasó por falta de personal. En aquel entonces aún no me preocupaba esta cuestión y creía que era responsabilidad de la hermana Zhou, sin relación directa conmigo. Un día me dijo la hermana Zhou: “He observado que solamente te centras en aquello de lo que te encargas y no te preocupa ningún otro trabajo”. Al oír su comentario, pensé para mis adentros: “Si hiciera el trabajo del que eres responsable, te llevarías todo el mérito, y solo se fijarían en ti, no en mí; entonces, ¿por qué debería dejarme tanto la piel?”. Cuando me lo planteó, no me lo tomé en serio.

No mucho después, nuestro líder me dijo: “Hay algunos problemas con los trabajos en vídeo y no se ha resuelto ninguno. Recuerdo que has hecho vídeos anteriormente y tienes algunos puntos fuertes en ello. Quiero que seas responsable de los trabajos en vídeo; la hermana Zhou asumirá la labor de riego”. Esto me molestó un poco: había puesto un montón de esfuerzo, reflexión y consideración en la labor de riego, no había sido fácil hacer mejoras. Ahora que iba a ser responsable de los trabajos en vídeo, ella disfrutaría del fruto de mi labor. Además, es bastante difícil hacer buenos vídeos. Si no lo hacía bien, ¿qué opinarían los demás de mí? ¿Me considerarían incapaz? Sin embargo, lo volví a pensar: “Tampoco la labor de riego daba buenos resultados al principio. Con mis incesantes esfuerzos, ¿no mejoraron los resultados? Si también mejoro los trabajos en vídeo, ¿no se demostrará mi capacidad de trabajo?”. Así pues, acepté la tarea. Entregué alma y corazón en los trabajos en vídeo, para los que busqué gente nueva. Cuando tenían problemas los hermanos y hermanas, dedicaba tiempo a enseñarles pacientemente las soluciones. Con el tiempo, también los trabajos en vídeo empezaron a mejorar y, asimismo, aumentó el entusiasmo de todos por el deber. En esta época, algunos hermanos me preguntaron sobre cómo regar a recién llegados. Para mí, este trabajo no se hallaba en mi ámbito de responsabilidad. Aunque resolviera estos asuntos, no me lo reconocería nadie, así que daba respuestas superficiales. Un día, la hermana Zhou me dijo que había unos problemas en la labor de riego que no sabía cómo resolver. Reparé en que me había topado con estos problemas anteriormente. Tuve intención de contarle cómo resolverlos, pero pensé que, si los resolvía ella, ella se llevaría el mérito, no yo. Le respondí que resolvería el asunto cuando tuviera tiempo, pero luego estuve ocupada y se me olvidó. El problema siguió sin resolverse y, por ello, se vio afectada la labor de riego.

Un día vinieron los líderes superiores a conocer nuestra labor y descubrieron que solo me había centrado en mi trabajo, no en el de otros. Me trataron duramente, señalándome que un líder de iglesia al que solamente le preocuparan sus principales tareas y que ignorara el resto del trabajo de la iglesia iba a su aire, era egoísta, despreciable y tenía una mala humanidad. Al oír esto, me molesté mucho y me sentí perjudicada. Pensé para mis adentros: “He dedicado muchísimo tiempo y esfuerzo al deber a diario, he trabajado mucho y nunca he holgazaneado. Vale que no me elogiaran, ¿pero cómo han podido afirmar que soy egoísta, despreciable y de mala humanidad?”. Cuando llegué a casa, rompí a llorar. Dolida, oré a Dios: “¡Oh, Dios mío! Frente a semejante poda y trato, me siento molesta y mal, No entiendo Tus propósitos. Por favor, guíame para poder conocerme”.

Un día vi las palabras de Dios que decían: “Tanto la conciencia como la razón deben ser componentes de la humanidad de una persona. Ambas son las más fundamentales e importantes. ¿Qué clase de persona es la que carece de conciencia y no tiene la razón de la humanidad normal? Hablando en términos generales, es una persona que carece de humanidad, una persona de una humanidad extremadamente pobre. Entrando en más detalle, ¿qué manifestaciones de humanidad perdida exhibe esta persona para que los demás digan que no tiene humanidad? Prueba a analizar qué características se hallan en tales personas y qué manifestaciones específicas presentan. (Son egoístas y mezquinas). El egoísmo es una, y también lo es la mezquindad. ¿Qué se manifiesta, además, en lo que hacen? Tales personas son superficiales en sus acciones y se mantienen alejadas de las cosas que no les conciernen de manera personal. No consideran los intereses de la casa de Dios ni muestran consideración por la voluntad de Dios. No asumen ninguna carga de testificar por Dios o de desempeñar sus deberes y no poseen ningún sentido de responsabilidad. ¿Qué es lo que piensan cuando hacen algo? Su primera consideración es, ‘¿Sabrá Dios si hago esto? ¿Es visible a las otras personas? Si las otras personas no ven que dedico todo este esfuerzo y que trabajo arduamente y si Dios tampoco lo ve, entonces es inútil que dedique semejante esfuerzo o sufra por esto’. ¿No es esto egoísmo? Al mismo tiempo, también es un tipo de intención muy bajo. Cuando piensan y actúan de esta manera, ¿está la conciencia desempeñando algún papel? ¿Hay alguna parte de conciencia en esto? Incluso hay personas que, cuando ven un problema cuando cumplen con su deber, permanecen en silencio. Ven que otros están causando interrupciones y perturbaciones, pero no dicen ni hacen nada para detenerlos. No consideran en absoluto los intereses de la casa de Dios ni piensan en su propio deber ni en las responsabilidades. Hablan, actúan, sobresalen, se esfuerzan, y gastan energía sólo para su propia vanidad, prestigio, posición, intereses y honor. Las acciones e intenciones de alguien así son claras para todos: Salen de repente siempre que hay una oportunidad para el honor o para disfrutar alguna bendición. Pero, cuando no hay una oportunidad para el honor, o tan pronto hay un tiempo de sufrimiento, desaparecen de la vista como una tortuga que esconde su cabeza. ¿Tiene esta clase de persona conciencia y razón? ¿Siente remordimiento una persona sin conciencia ni razón que se comporta de esta manera? (No). Tales personas no tienen sentido del reproche; la conciencia de esta clase de persona no sirve para nada. Nunca han sentido remordimiento. Así que, ¿pueden sentir el reproche o la disciplina del Espíritu Santo? No, no pueden” (‘Entrega tu verdadero corazón a Dios y podrás obtener la verdad’ en “Discursos de Cristo de los últimos días”). “En el terreno de Satanás, ya se trate de una pequeña oficina o de una gran organización, ya sea entre las masas o en los poderes gubernamentales, ¿en qué atmósfera actúan? ¿Qué principios y directrices siguen para sus acciones? Cada uno tiene su propia ley, van a su aire. Actúan en su propio interés y se valen por sí mismos. Quien tiene la autoridad tiene la última palabra. No les importan los demás, hacen lo que les viene en gana, luchan por la fama, la fortuna y el estatus. Si no entendéis la verdad ni la ponéis en práctica, ¿Seríais diferentes a ellos en una situación en la que no se os ha provisto de las palabras de Dios? Claro que no, seríais iguales. Lucharíais de la misma manera que los incrédulos. Batallaríais como ellos. De la mañana a la noche, envidiaríais y disputaríais, conspirando y maquinando. ¿Cuál es la raíz de este problema? Todo se debe a que la gente está controlada por el carácter corrupto. Que reine el carácter corrupto es que reine Satanás; la humanidad corrupta, sin excepción, habita en un carácter satánico” (‘Los principios que deben guiar el comportamiento de una persona’ en “Discursos de Cristo de los últimos días”). En las palabras de Dios descubrí que era egoísta e interesada. Sabía que se había dividido el trabajo por motivos de eficiencia, no para hacernos independientes. Si hay problemas con mi colaboradora, es mi deber ayudar a resolverlos, pero a mí solo me había preocupado el trabajo que tenía entre manos y hacía las cosas por mi reputación y estatus. No había prestado atención a otros trabajos aunque detectara problemas. Era muy egoísta y despreciable. Cuando era responsable de la labor de riego, sabía que costaba encontrar gente para los trabajos en vídeo, pero creía que, si resolvía estas dificultades, no se me reconocería. Solo indagaba superficialmente en ello y no me lo tomaba en serio. Por tanto, no había bastante gente en el equipo de vídeo y se resintió el trabajo. Cuando me ocupaba de los trabajos en vídeo, la hermana Zhou me comentó que había problemas en la labor de riego. Le podía haber dicho sin tapujos cómo abordarlos, pero me preocupaba que, si ella resolvía estos problemas, me robara el reconocimiento, así que no se lo enseñé. En consecuencia, los problemas siguieron sin resolverse y se demoró el trabajo. Recibiría la aprobación de todos si hacía bien mi trabajo, por lo que me esforzaba al máximo. La hermana Zhou se topó con problemas en el trabajo y necesitaba ayuda, pero a mí no me preocupaban, con lo que se resintió la labor de la casa de Dios. Era verdaderamente egoísta y carente de humanidad. Si los líderes superiores no me hubieran podado y tratado duramente, aún no habría reparado en mi conducta y habría seguido pensando que, mientras hiciera bien mi labor, estaría llevando mi carga y cumpliendo lealmente con el deber. No me conocería de verdad.

Luego leí un pasaje de la palabra de Dios que me hizo entender más a fondo mi problema: Las palabras de Dios dicen: “Independientemente del trabajo que lleven a cabo, las personas que son del tipo de un anticristo no consideran para nada los intereses de la casa de Dios. Solo consideran si los suyos propios van a verse afectados, solo piensan en las tareas que tienen delante de sus narices. La obra de la casa de Dios y la iglesia es solo algo a lo que dedican su tiempo libre, y hay que empujarlos a hacer todo. Su verdadera vocación es la protección de sus propios intereses, para ellos lo realmente importante es hacer lo que les gusta. A sus ojos, cualquier cosa organizada por la casa de Dios o relacionada con la entrada en la vida de los escogidos de Dios no tiene importancia. No importa qué dificultades tengan otras personas en su trabajo, qué cuestiones identifiquen o lo sinceras que sean sus palabras, los anticristos no prestan atención, no se involucran, es como si no tuviera nada que ver con ellos. Los asuntos de la iglesia les resultan totalmente indiferentes, por importantes que sean. Incluso cuando tienen el problema delante, solo lo abordan de mala gana y de manera superficial. Solo cuando lo alto los trata directamente y se les ordena que resuelvan un problema, hacen a regañadientes un poco de trabajo real y le muestran algo a lo alto. Poco después, siguen con sus propios asuntos. Con respecto al trabajo de la iglesia, a las cosas importantes en el contexto más amplio, no están interesados, se muestran ajenos. Incluso ignoran los problemas que descubren, son evasivos cuando se les pregunta, y solo los abordan con gran reticencia. ¿Acaso no es esto la manifestación del egoísmo y la vileza? Es más, no importa el deber que estén cumpliendo, en lo único que piensan es en si van a elevar su perfil. Con tal de que aumente su reputación, se devanan los sesos para idear una manera de aprender a hacerlo, de llevarlo a cabo. Lo único que les importa es si los va a distinguir del resto. Da igual lo que hagan o piensen, solo se preocupan por sí mismos. En un grupo, sea cual sea la tarea que estén realizando, solo compiten por quién está más arriba o más abajo, quién gana y quién pierde, quién tiene mejor reputación. Solo se preocupan por cuántas personas les admiran, cuántas les obedecen y cuántos seguidores tienen. Nunca hablan con la verdad ni resuelven problemas reales, nunca hablan de cómo hacer las cosas según los principios al cumplir con el deber, si han sido fieles, si han cumplido con sus responsabilidades, si se han desviado. No prestan la más mínima atención a lo que pide la casa de Dios ni a Su voluntad. Solo actúan en aras de su propio estatus y prestigio” (‘Digresión cuatro: Resumen de la naturaleza humana de los anticristos y de la esencia de su carácter (I)’ en “Desenmascarar a los anticristos”). Dios revelaba que los anticristos son especialmente egoístas y despreciables. En el deber, solamente piensan en sus intereses y solo hablan y actúan en pro de su reputación y estatus. Nunca piensan en el conjunto del trabajo de la iglesia ni tienen la menor conciencia. Entendí que los principios de lo que había hecho y mi perspectiva eran los de un anticristo. Creía justificado hacer bien el trabajo del que era responsable y proteger mis propios intereses, y que implicarme en el trabajo de otros era hacerles favores. Consideraba de necios dejar de lado mi labor para ayudar a otro y hacer un trabajo sin reconocimiento. Así, cuando la hermana Zhou y yo nos repartimos los deberes, nunca pensaba en las dificultades que me comentaba ni en cómo resolverlas. Solo llegué a pensar en hacer bien mi trabajo y en recibir aprobación y reconocimiento. Echando la vista atrás, ¿realmente practicaba la verdad y cumplía con el deber? Simplemente me ocupaba de mi estatus e iba a mi aire. Había vivido según las filosofías satánicas de “cada hombre para sí mismo, y sálvese quien pueda” y “deja las cosas vagar si no te afectan personalmente”. Era muy egoísta y despreciable. Consideré la división del trabajo una oportunidad de mostrar mis puntos fuertes en la que no me ahorré ningún dolor ni esfuerzo en el trabajo del que me ocupaba, sin pensar en los intereses generales de la casa de Dios y sin considerarme parte de ella ni cooperar en armonía con mi hermana. Esto entorpeció e interrumpió la labor de la casa de Dios. ¡Vi que actuaba de forma satánica y que todo cuanto hacía carecía de humanidad! De hecho, en la casa de Dios no importa el reconocimiento en el cumplimiento del deber. Has de hacer bien aquello de lo que te encargues, es tu deber. Aunque no sea algo de lo que te encargues, debes estudiarlo y resolverlo cuando lo detectes, pues eres miembro de la casa de Dios. Soy líder de iglesia: todo el trabajo de la iglesia forma parte de mi labor, esta es mi responsabilidad y mi deber. El trabajo que no se haya hecho bien tiene que ver directamente conmigo. Sin embargo, yo solo había pensado en mi reputación y estatus y en ir a mi aire. Iba por una senda de anticristos, opuesta a Dios, que únicamente lleva al rechazo y a la eliminación por parte de Dios. Consciente de esto, sentí de todo corazón que Dios había usado a los líderes para señalar mis problemas; ¡esto fue Su amor y Su salvación!

Después leí un pasaje de las palabras de Dios y descubrí una senda de práctica. Dios Todopoderoso dice: “Conseguir que la gente renuncie a sus intereses es lo más difícil. La mayoría no busca más que el beneficio; sus intereses son su vida y hacerle renunciar a esas cosas es tanto como obligarle a renunciar a su vida. Entonces, ¿qué debes hacer tú? Debes aprender a renunciar, a abandonar, a sufrir y a soportar el dolor de dejar ir los intereses que amas. Una vez que hayas soportado este dolor y renunciado a algunos intereses, te sentirás un poco aliviado y liberado y, así, vencerás la carne. Sin embargo, si te aferras a tus intereses y no los dejas de lado —alegando ‘He engañado, ¿y qué? Si Dios no me ha castigado, ¿qué puede hacerme la gente? ¡No renunciaré a nada!’—, cuando no renuncias a nada, nadie más pierde; eres tú quien al final sale perdiendo. Cuando reconoces tu carácter corrupto, esta es, en realidad, una oportunidad para que entres, progreses y te transformes, una oportunidad para que te presentes ante Dios y aceptes Su escrutinio, Su juicio y Su castigo. Es, además, una oportunidad para que alcances la salvación. Si desistes de buscar la verdad, eso equivale a desistir de la oportunidad de alcanzar la salvación y de aceptar el juicio y el castigo” (‘El conocimiento del propio carácter es la base de su transformación’ en “Discursos de Cristo de los últimos días”). “Cuando no estás pensando en tus propios deseos egoístas o considerando tus propios intereses en las cosas que haces, y en su lugar le estás dedicando una consideración constante a la obra de la casa de Dios, pensando en sus intereses, y llevando a cabo bien tu deber, entonces estarás acumulando buenas obras delante de Dios. La gente que hace estas buenas obras es la que posee la realidad de la verdad y, por tanto, ha dado testimonio” (‘Entrega tu verdadero corazón a Dios y podrás obtener la verdad’ en “Discursos de Cristo de los últimos días”). Tras leer las palabras de Dios, entendí que, si la gente se aferra exclusivamente a sus intereses y no practica para nada la verdad, al final perderá la oportunidad de recibirla y de ser salvada por Dios. Por otro lado, si puedes renunciar a tus intereses personales, ayudar al prójimo y brindar parte de tu fortaleza al conjunto del trabajo de la casa de Dios, eso no es una necedad, sino una buena acción elogiada por Dios. En lo sucesivo, se trate o no de mi trabajo principal, debo emplearme a fondo en el deber. Solo así mostraré consideración por la voluntad de Dios. Más adelante, cuando detectaba un problema en la labor de mi compañera, debatía con ella de forma práctica el modo de resolverlo, compartíamos buenas sugerencias y planes, y cada vez que tenía problemas la hermana con quien trabajaba, hacía lo imposible por enseñarle una solución y consideraba todo el trabajo de la casa de Dios responsabilidad y deber míos. Practicando así, tenía una sensación de paz y sosiego. A veces seguía exhibiendo egoísmo y quería pasarme más tiempo en mi trabajo y preocuparme menos del de mi compañera. Luego oraba a Dios y renunciaba a mis intenciones incorrectas. Después de todo, la casa de Dios es una y no puede dividirse. Cuando ayudo a mi hermana a resolver un problema en su deber, no es un trabajo extra, y menos aún ajeno a mi competencia, sino mi responsabilidad y mi deber. Teniéndolo presente, fui capaz de hacer de lado mis intereses y trabajar activamente con mi hermana. Luego pensábamos igual cuando trabajábamos juntas y todo el trabajo de la iglesia era eficaz. Cada vez había más recién llegados y fundamos dos iglesias más. Le di gracias a Dios de corazón por Su dirección.

Con esta experiencia, comprendí realmente que, al cooperar, si podemos dejar de lado nuestros deseos egoístas, ignorar nuestros intereses personales, actuar en equipo con un solo corazón y salvaguardar juntos la labor de la casa de Dios, obtendremos la guía y las bendiciones de Dios. Gracias al juicio y castigo de la palabra de Dios, puedo entender esto, cambiar, practicar la verdad ¡y vivir con cierta semejanza humana! ¡Demos gracias a Dios!

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