Una historia sobre denunciar un falso líder

10 Ene 2022

Por Liu Yang, Corea del Sur

En el año 2010, trabajaba en edición en mi iglesia. En mis interacciones con una de las líderes de la iglesia, la Sra. Li, supe que fue elegida líder meses después de creer en Dios. Ella nos decía a menudo: “Dios ha sido bueno conmigo. Mis líderes me envían a iglesias que tienen dificultades. A veces no quiero ir, pero es la comisión de Dios; no puedo considerar mis intereses sino ser leal a Él. Así que acepto. En cada iglesia a la que voy, hago mis rondas y las iglesias que son un caos vuelven a la normalidad y la vida de iglesia y la obra del evangelio son efectivas. A veces hay dificultades, pero le oro a Dios, y Él despeja el camino todo fluye de manera correcta. Veo lo hermosa que es la obra de Dios…”. En ese momento, oír su experiencia me hizo admirarla. Me pareció alguien capaz de soportar cargas. Recuerdo una vez, antes de una reunión, estaba conversando casualmente y la Sra. Li me interrumpió para decir: “El tiempo aquí vale oro, usemos el tiempo para enseñar la palabra de Dios”. Oírla decir eso me hizo avergonzarme, pero la admiré aún más Pensé: “He conocido a muchos líderes en estos años, pero la Sra. Li es la primera que es tan seria, y a la vez es piadosa, ella persigue la verdad”. La respetaba y la admiraba aún más. Pero, después de interactuar mucho con ella, me di cuenta de que, si bien su enseñanza fue razonable y que, parecía que perseguía la verdad, no compartía cómo reflexionaba sobre sí basado en la palabra de Dios ni sobre su experiencia práctica. La mayor parte de su enseñanza era exaltarse a sí misma y alardear para que pensaran que estaba capacitada y tenía roles importantes en la casa de Dios. Pero, lo más serio era que no practicaba la verdad para los intereses de la casa de Dios, y mentía y engañaba, abiertamente, y esquivaba responsabilidades. Una vez, el líder responsable de la Sra. Li, el Sr. Sun, cometió felonías en la iglesia. Se quedó con ofrendas de Dios. Dijeron que era un anticristo y lo expulsaron. La Sra. Li estaba al tanto del accionar del Sr. Sun y de hecho, participó en esas cosas. Pero, después de que lo expulsaran, conversamos sobre lo ocurrido y no solo la Sra. Li negó haber estado implicada en estas maldades, sino que no reflexionó sobre sí misma ni se arrepintió ante Dios, y se mostró ajena, como si no supiera nada, ni hubiera participado en nada de esto. Entonces, descubrí que ella decía una cosa y hacía todo lo contrario. Era una hipócrita. Como la Sra. Li sabía enmascararse y engañar con palabras, una expresión de admiración y alabanza surgía en los rostros de algunos hermanos al mencionar su nombre. Cuando mi compañera y yo vimos su conducta y las consecuencias de lo que hacía, aplicamos los principios de discernimiento de líderes falsos y anticristos y dijimos que era una líder falsa y escribimos una carta a nuestros líderes para denunciar el asunto.

Luego de enviar la carta, esperamos que nuestros líderes verificaran lo que habíamos dicho sobre ella, pero después de medio mes, aún no respondían nada. Nosotras no entendíamos por qué un día, la Sra. Li se reunió con nosotras de muy buena gana dijo que querían promoverla. No pude creerlo, pensé: “¿En lugar de despedir a la líder falsa, le darán roles importantes?. ¿Por no entender los principios de la verdad y carecer de discernimiento nos equivocamos?”. Pasó poco más de un mes y ella volvió dijo que elegirían nuevos líderes y que la mayoría de los hermanos la tenían en buena estima y querían elegirla como líder. Al oír esto, me quedé pasmada y pensé: “La Sra. Li es ladina y engañosa. No es apta para ser líder. Escribiré otra carta para denunciarla”. Pero, cuando me preparaba a hacerlo, dudé un poco. A esa altura, muchos carecían de discernimiento y se dejaban engañar por ella. Si escribía una carta para denunciarla y los líderes no entendían, ¿pensarían que yo le guardaba rencor a la Sra. Li? Además, si la Sra. Li descubría que yo había escrito la carta, ¿se molestaría conmigo e intentaría sabotearme? Además, los libros con la palabra de Dios, los sermones y la enseñanza pasaban por ella, así que, si la ofendíamos, no tendría que callarnos activamente, solo bastaba con ignorarnos para ponernos en apuros. Pensar en esto me hizo sentir muy conflictuada. ¿Debería denunciarla de nuevo o debería olvidar todo? Mientras sopesaba mis intereses, y mi destino, sentí como si me condicionara y limitara una invisible y oscura influencia. Para protegerme de ser callada luego de pensarlo, decidí hacer una excepción. Por el momento, decidí que no debía denunciarla. Me consolé diciéndome: “Al menos ahora tenemos discernimiento y ya no nos engañará, así que eso basta. Tal vez un día, Dios revelará a la Sra. Li y todos podrán discernir quién es. Cuando ese día llegue, será reemplazada”.

Un mes después nos escribieron unas hermanas. Habían notado que la Sra. Li era una falsa líder y querían denunciarla. Nos pidieron nuestra opinión y algún consejo. Recordé que no recibimos respuesta cuando la denunciamos antes Si volvíamos a denunciarla, ¿dirían nuestros líderes que formamos una camarilla para atacar a la líder, alterando a la iglesia? Si eso sucedía, antes de que la Sra. Li fuera despedida, nosotras seríamos reemplazadas y enviadas a casa. Con esto en mente, mi compañera y yo les enviamos esta carta a las dos hermanas: “Pueden denunciarla. Nosotras ya la denunciamos una vez, no volveremos a hacerlo”. Luego de responder, me sentí demasiado arrepentida. Me di cuenta de que evitaba mi deber y me engañaba para protegerme. Era cobarde y huía frente a una influencia oscura. Para ahorrarme mi condena interna, recurrí a las mismas razones para consolarme: “Por ahora, muchos no saben lo de la Sra. Li. Si insistimos en denunciarla y proponemos su despido, los hermanos no lo permitirán. La protegerán. Deberíamos esperar a que los hermanos y hermanas tengan discernimiento. Cuando llegue el momento justo, será reemplazada”. Si bien eso pensaba, cuando leía la palabra de Dios sobre exponer líderes falsos y anticristos, me remordía la consciencia. No dejaba, de pensar que si no resolvía el problema, ¿acaso no estaba tolerando a Satanás, alterando la obra de la iglesia? Especialmente, los hermanos y hermanas que nos acogían, y que la admiraban apenas la expusiéramos como líder falsa, no solo no lo discernían sino que nos culparían y pensarían que era un ataque adrede. Al ver que ella había engañado tanto a la gente, sin saber cuántos hermanos y hermanas eran sus víctimas, sentí que los líderes falsos son obstáculos para la entrada en la vida de la gente. De momento, lo que más quería era que relevaran a la Sra. Li, pero no tuve el coraje para denunciarla. Para no ofender a los hermanos y hermanas, no me atreví a exponerla. Pero, en mi interior, me condené a mí misma. Pensaba cómo podía ser tan cobarde e inútil. La vi alterar la obra de la iglesia y no la denuncié. Ni siquiera pude ser sincera. ¿No era una esclava de Satanás? Pensé en la palabra de Dios: “Todos vosotros decís que tenéis consideración por la carga de Dios y defenderéis el testimonio de la Iglesia, pero ¿quién de vosotros ha considerado realmente la carga de Dios? Hazte esta pregunta: ¿Eres alguien que ha mostrado consideración por Su carga? ¿Puedes tú practicar la justicia por Él? ¿Puedes levantarte y hablar por Mí? ¿Puedes poner firmemente en práctica la verdad? ¿Eres lo bastante valiente para luchar contra todos los hechos de Satanás? ¿Serías capaz de dejar de lado tus emociones y dejar a Satanás al descubierto por causa de Mi verdad? ¿Puedes permitir que Mis intenciones se cumplan en ti? ¿Has ofrecido tu corazón en el momento más crucial? ¿Eres alguien que hace Mi voluntad? Hazte estas preguntas y piensa a menudo en ellas” (‘Capítulo 13’ de Declaraciones de Cristo en el principio en “La Palabra manifestada en carne”). Lo que reveló esta palabra me hizo sentir apenada. Normalmente, era buena lanzando eslóganes, decía que consideraba la voluntad de Dios y daría firme testimonio, y solía orar, diciendo que quería amar y satisfacer a Dios, pero apenas pasó algo y tuve que proteger los intereses de la casa de Dios, escondí la cabeza en mi caparazón. Tenía claro que Dios quería apartar a los líderes falsos y los anticristos y pude discernir sobre la Sra. Li, pero como temía que me acallaran y me echaran, permití que siguiera haciendo el mal, engañando a nuestros hermanos y hermanas y no la denuncié. Lo peor es el hecho de que cuando vi que los hermanos que me acogieron fueron engañados, no pensé en ayudarlos a discernir sobre la Sra Li. Al contrario, lo deje pasar. Por miedo a que exponerla los apenara y no quisieran acogernos, y me aseguré de no perjudicar mis intereses carnales, guardé silencio sobre la conducta de la líder falsa. Reflexioné sobre mi conducta y vi que era egoísta e incluso despreciable. Para protegerme, permití que una líder falsa conservara su poder y no actué al respecto. Yo disfrutaba todo lo que Dios me proveía y era acogida por hermanos y hermanas, pero yo no protegía la casa de Dios. Actuaba como si eso no importara. ¿Era eso conciencia o razón? Reflexioné sobre mi estado y mi conducta y me sentí muy culpable. Me vi egoísta, despreciable, maliciosa y deshonesta. ¡No merecía en absoluto vivir ante Dios!

Luego, leí Su palabra. “La casa de Dios no permite que aquellos que no practican la verdad permanezcan y tampoco que lo hagan aquellos que deliberadamente desmantelan a la iglesia. Sin embargo, este no es el momento de llevar a cabo la obra de expulsión; esas personas simplemente serán expuestas y eliminadas al final. No debe gastarse más obra inútil en estas personas; aquellos que pertenecen a Satanás son incapaces de ponerse del lado de la verdad, mientras que aquellos que buscan la verdad sí pueden hacerlo. Las personas que no practican la verdad no son dignas de escuchar el camino de la verdad ni de dar testimonio de ella. La verdad simplemente no es para sus oídos; más bien, está dirigida a quienes la practican. Antes de que se revele el fin de cada persona, aquellos que perturban a la iglesia e interrumpen la obra de Dios serán hechos a un lado por ahora y se les tratará después. Una vez que la obra esté completa, cada una de estas personas será expuesta y, luego, serán eliminadas. Por ahora, mientras se está proveyendo la verdad, serán ignoradas. Cuando toda la verdad se revele a la humanidad, esas personas deberán ser eliminadas; ese será el momento en el que todas las personas serán clasificadas según su especie. Los engaños insignificantes de quienes no tienen discernimiento los llevarán a su destrucción a manos de los malvados, serán alejados por ellos para no regresar jamás. Y ese es el trato que merecen, porque no aman la verdad, porque son incapaces de ponerse del lado de la verdad, porque siguen a las personas malvadas y están del lado de las personas malvadas y porque se confabulan con personas malvadas y desafían a Dios. Saben perfectamente que lo que esas personas malvadas irradian es maldad, pero endurecen su corazón y le dan la espalda a la verdad para seguirlas. ¿Acaso no están haciendo el mal estas personas que no practican la verdad, pero que hacen cosas destructivas y abominables? Aunque hay entre ellos quienes se visten como reyes y otros que los siguen, ¿no son iguales sus naturalezas que desafían a Dios? ¿Qué excusa pueden tener para afirmar que Dios no los salva? ¿Qué excusa pueden tener para decir que Dios no es justo? ¿No es su propio mal el que los está destruyendo? ¿No es su propia rebeldía la que los está arrastrando al infierno? Las personas que practican la verdad, al final, serán salvas y perfeccionadas a causa de la verdad. Al final, aquellos que no practican la verdad causan su propia destrucción a causa de la verdad. Estos son los fines que esperan a los que practican la verdad y a los que no la practican” (‘Una advertencia a los que no practican la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”). Luego de leerlo, vi que era una persona que no practicaba la verdad. Él me despreciaba. Siempre intentaba preservarme y protegerme. No practiqué la verdad para denunciar a una falsa líder. ¿No estaba arrodillándome ante Satanás y conspirando con él para oponerme a Dios? Por fuera, no apoyaba ni defendía a la Sra. Li, pero vi una líder falsa y no la denuncié ni la expuse. Le permití que engañara a los hermanos y hermanas y que perturbara la obra de la iglesia. Con esto, me ponía del lado de Satanás y colaboraba con sus fuerzas malvadas. La palabra de Dios dice: “Saben perfectamente que lo que esas personas malvadas irradian es maldad, pero endurecen su corazón y le dan la espalda a la verdad para seguirlas. ¿Acaso no están haciendo el mal estas personas que no practican la verdad, pero que hacen cosas destructivas y abominables?” (‘Una advertencia a los que no practican la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”). La palabra de Dios revelaba precisamente lo que hice. Pensé en el Señor Jesús: “El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama” (Mateo 12:30). En la batalla entre Dios y Satanás, no estar del lado de Dios es estar del lado de Satanás. No hay punto medio. Pero estaba intentando ser lista, mantenerme neutral y protegerme. ¿Era esto diferente de estar con Satanás y traicionar a Dios? Antes pensaba que muchos no veían la realidad sobre la Sra. Li, pero, cuando Dios la revelara y fuera el momento, se le reemplazaría. Aparentemente, la idea parecía razonable, pero, yo evadía responsabilidades. Era solo una excusa para evitar practicar la verdad. La esencia de lo que había hecho fue aprobar que una falsa líder hiciera el mal. Entonces, vi que a todos los podían engañar los líderes falsos y anticristos y si vives influenciado por Satanás, no te liberas. El mal perpetrado por los líderes falsos y anticristos lo causamos quienes distinguimos un líder falso y un anticristo y no lo denunciamos ni lo exponemos. No sería errado llamarme cómplice de un líder falso. Pensar en todo esto me destrozó. Me odiaba por ser tan egoísta y despreciable. ¡Era una esclava inútil y mezquina! No tenía testimonio alguno en la guerra contra el mal. ¡Me volví lo que Dios odiaba! Oré a Dios para arrepentirme. Le pedí a Dios fuerzas para abrirme camino entre las fuerzas oscuras, y estar del lado de Dios y decir “no” a Satanás. Cuando, quise escribir la carta en su contra necesitaba más pruebas. Pero antes de hacerlo, la iglesia investigó y vio que era una líder falsa que tomo la senda de un anticristo y la reemplazó en su deber. Solo ahí supe que la carta anterior que la denunciaba fue interceptada por un lider falso. Y él fue reemplazado por no hacer obra práctica.. Esta noticia nos alegró mucho, a todos. pero yo me sentí culpable, y en deuda, porque no protegí la obra de la casa de Dios ni di firme testimonio.

Despues del despido de la Sra. Li, un nuevo líder asumió la obra de la iglesia. y creí que el problema ya estaba resuelto, pero no fue así, fue diferente. Después de poco más de un mes, Mi compañera volvió de afuera y me dijo que la Sra. Li no aceptaba su despido Continuaba divulgando conceptos a todos, para engañarlos y armaba una camarilla a su favor para que se fuera el nuevo y recuperar su puesto. Cuando me enteré, me quedé asombrada. ¿Qué podía hacer? Tenía que decirles a los líderes sobre la conducta de la Sra. Li, Luego, pudimos reunirnos con los nuevos líderes de la iglesia y ellos también pensaban escribir una carta para denunciar a la Sra. Li y decidían cómo explicar la situación. Les dije que a nosotras nos sería fácil escribirla y sugerí hacerlo, y estuvieron de acuerdo. Al día siguiente, luego de terminar el reporte con mi compañera y listas para enviarlo a los líderes para que lo revisaran, mi compañera dijo: “Firmemos la carta las dos”. Me quedé pasmada. Solo pensé que ayudaríamos a escribirla. No había pensado en incluir mi firma y nombre. Cuando dijo eso, pense de nuevo en protegerme. Pensé: “La Sra. Li y su camarilla son despiadados y engañosos. Si no los apartábamos a tiempo y Li recuperaba el puesto de líder de la iglesia, ¿qué nos pasaría? La Sra. Li tenía antecedentes de abuso de poder, y si recuperaba el poder, nos iba a reemplazar en el deber, nos mandaría a casa o nos expulsaría. Si eso sucedía, ¿mi fe no sería en vano? ¿Lograría la salvación? Si no firmábamos, no sería creíble, porque la habíamos escrito como suplentes”. Pensé un momento y le dije a mi compañera: “Firmemos la carta como suplentes”. La verdad es que quería mantener una cierta distancia de todo este asunto, porque si en algún punto sucedía lo que temía, podría protegerme. Si me acallaban, no sería tan duro. Entonces, mi compañera me trató. “¿Por qué te cuesta tanto incluir tu nombre? ¡Estás siendo muy artera!”. Ese comentario me dolió mucho. Noté que Dios usó a mi compañera para tratar conmigo y recordarme que no debía ser artera ni intentar protegerme, y que debía practicar la verdad.

Luego, pensé en mí Cada vez que sucedía algo con la casa de Dios, y debía dar mi opinión, me daba miedo y me echaba atrás. ¿Qué naturaleza estaba controlándome? Dios Todopoderoso dice: “Satanás corrompe a las personas mediante la educación y la influencia de gobiernos nacionales, de los famosos y los grandes. Sus palabras demoníacas se han convertido en la naturaleza-vida del hombre. ‘Cada hombre por sí mismo y sálvese quien pueda’ es un conocido dicho satánico que ha sido infundido en todos y que se ha convertido en la vida del hombre. Hay otras palabras de la filosofía de vida que también son así. Satanás utiliza la cultura tradicional de cada nación para educar, engañar y corromper a las personas, provocando que la humanidad caiga y sea envuelta en un abismo infinito de destrucción, y al final Dios destruye a las personas porque sirven a Satanás y se resisten a Dios. Imagina que le preguntas a alguien que ha estado activo en la sociedad durante décadas: ‘Dado que has vivido en el mundo durante mucho tiempo y has conseguido mucho; ¿cuáles son los principales dichos famosos por los que te riges?’. Podría decir, ‘El más importante es “Los oficiales facilitan las cosas a quienes traen obsequios, los que no adulan ni halagan no consiguen nada”’. ¿Acaso estas palabras no son representativas de su naturaleza? No escatimar ningún medio para obtener posición se ha convertido en su naturaleza; el funcionariado y el éxito profesional son su vida. Sigue habiendo muchos venenos satánicos en la vida de las personas, en su conducta y comportamiento; apenas poseen verdad alguna. Por ejemplo, sus filosofías de vida, sus formas de hacer las cosas y sus máximas están todas llenas de los venenos del gran dragón rojo, y todas proceden de Satanás. Así pues, todas las cosas que fluyen a través de los huesos y la sangre de las personas son cosas de Satanás. […] Satanás ha corrompido profundamente a la humanidad. El veneno de Satanás fluye por la sangre de todas las personas, y se puede ver que la naturaleza del hombre es corrupta, malvada y reaccionaria, llena de las filosofías de Satanás e inmersa en ellas; es por entero una naturaleza que traiciona a Dios. Por este motivo la gente se resiste y se opone a Dios” (‘Cómo conocer la naturaleza del hombre’ en “Registro de las charlas de Cristo de los últimos días”). Al ver esto, noté que no osaba confrontar a los líderes falsos y anticristos porque mi naturaleza estaba llena de leyes satánicas y filosofías mundanas como “Cada hombre para sí, y sálvese quien pueda”, “Cuantos menos problemas, mejor” y “Guarda silencio y sólo escapa de la culpa”. También estaba “Cada cual barre para adentro y el que venga detrás, que arree”. Vivía de acuerdo a estos venenos satánicos, era especialmente egoísta, y deshonesta. En todo momento, lo que primero que tenía en cuenta era lo que perdía o ganaba. Recordé la primera vez que quise denunciar a la Sra. Li, no lo hice por protegerme. Ahora, la Sra. Li armó un grupo para competir por el poder y alteraba la obra de la iglesia y yo seguía sin practicar la verdad. Escondí la cabeza en mi caparazón, aterrada de asomarme, sería castigada si ellos llegaban a descubrirme. La voluntad de Dios era que esta calaña de Satanás y demonios que en busca de fama perturbaban la obra de la iglesia fueran expulsados de ella. para que los demás no fueran engañados y no se perturbara la obra de la iglesia. Y yo siempre demasiado preocupada. Yo no consideré la voluntad de Dios. Solo evitaba que mis intereses fueran perjudicados. ¡Era egoísta y despreciable! En teoría, creía en Dios y lo seguía, pero en mi corazón no había lugar para Él. Incluso, veía la casa de Dios como una sociedad, sin imparcialidad ni justicia, donde tenía que tener cuidado y protegerme o si no corría el riesgo de ser castigada, por eso me protegía con la filosofía de Satanás. ¡Pero ese punto de vista no es más que una blasfemia! La palabra de Dios dice: “Los malvados deben ser castigados” (‘Los malvados deben ser castigados’ en “La Palabra manifestada en carne”). Su palabra es la verdad y evidencia de Su obra. Pensé en esto durante meses, y sabía de líderes falsos y anticristos reemplazados y expulsados. ¿No era esto la justicia de Dios? Pero, en ese entonces, estaba cegada. Y solo pensaba en mi. Creía en Dios, pero no en Su palabra, en Su fidelidad ni en Su justicia. Veía a Dios como una incrédula. Noté que yo era una incrédula. y que había ofendido el carácter de Dios. Si yo vivía según esas filosofías y leyes satánicas, no buscaba cambiar de carácter o practicar la verdad, al final sería condenada y eliminada. Al pensar esto, supe que debía cumplir con mi deber y responsabilidad, e incluso si un día los líderes falsos y anticristos me silenciaban o expulsaban, aprendería lecciones con la voluntad de Dios. Una vez que entendí esto, siendo franca, firmé el reporte. En ese momento, me sentí a salvo y en paz y también muy orgullosa. Sentí que por fin era una persona decente.

Casi un mes después, llegó la noticia tan esperada. Li había hecho cosas malas y no cambiaba fue declarada anticristo y la expulsaron de la iglesia. Los malvados que la seguían y apoyaban sus obras también fueron expulsados. Los que se arrepentieron no fueron clasificados como malvados y se les dejó seguir en la iglesia por eso. El caos que hubo por meses finalmente se terminaba y se retomaba la vida de iglesia. Este resultado me hizo feliz, pero también sentí remordimientos porque al no denunciar a la líder falsa y anticristo no di firme testimonio. Yo fui muy astuta y egoísta, y solamente quería protegerme. Incluso dudé de la justicia de Dios y que rigiera la verdad en Su casa. Una parte de mí seguía incrédula. Vi que era corrupta y que le debía a Dios, demasiado. Hice un juramento, que cuando algo así pasara, me pondría del lado de Dios.

Pocos, años después, sucedió algo similar. Los líderes de mi iglesia, el Sr. Wang y otros dos, hablaban de letras y doctrinas y no hacían obra práctica los despidieron por ser falsos líderes, y la casa de Dios envió dos líderes a nuestra iglesia temporalmente. Cuando llegaron, el Sr. Wang dijo que no queríamos “donaciones de caridad”. Quiso decir que no aceptaba a las dos hermanas de afuera como las líderes y quería retomar el poder. Él y varios diáconos de la iglesia buscaron excusas para atacar a las nuevas líderes y persuadieron a otros para ponerse de su lado y escribir para denunciarlas. Luego, también me pidieron que ayudara con eso. Entonces, cuando leí la carta que escribieron, vi que la supuesta evidencia sobre las acciones malvadas eran ejemplos normales de corrupción y no eran acciones malvadas, luego había cosas absolutamente exageradas acusaciones falsas y mentiras que, distorsionaban la verdad. Las condenas que había en esa carta eran exageradas, y muy despiadadas. Ahí fue que me di cuenta de que el propósito de la carta no era proteger la obra de la iglesia ni a los elegidos o apartar a falsos, sino recuperar el poder, de líderes de la iglesia, y controlar al pueblo elegido de Dios. En base a los principios de distinguir anticristos, supe que ellos lo eran. Al principio, no quise meterme en el asunto, porque además de los líderes reemplazados, los demás involucrados tenían puestos importantes actualmente, y yo era solo una creyente común sin estatus relevante, esta era gente que no podía permitirme ofender. Pero al recordar cómo, varios años atrás, la Sra. Li fue denunciada, y cómo yo no tuve un testimonio, decidí no esconderme ni echarme atrás. Así que lo compartí con los hermanos a mi alrededor para que entendieran el objetivo y la intención real de la gente que escribió la carta y para que vieran cómo eran. Luego, expuse las acciones malvadas que llevaron a cabo por el poder y los reporté ante la casa de Dios. La casa de Dios investigó la situación y determinó que eran anticristos y los expulsó de la iglesia. Cuando vi que la noticia sobre la expulsión incluía evidencia aportada por mí, me sentí feliz y reconfortada. Me sentí orgullosa de haber estado a la altura de mis responsabilidades.

Dios permite esto para que desarrollemos el entendimiento. Así sabemos cómo los líderes falsos y anticristos engañan para lograr el poder cómo arruinan la obra de la casa de Dios, y cómo, son revelados y expulsados llegamos a conocer el carácter justo de Dios, vemos que Su casa la gobiernan Cristo y la verdad, la justicia y santidad de Dios no tolera ofensas, y generamos corazones temerosos de Él. Su fracaso sirve de advertencia para que no sigamos esa senda, y más importante, cuando vengan los falsos líderes y anticristos, practicar la verdad y proteger la obra.

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