Lo que aprendí a partir de la opresión de mi familia

1 Feb 2022

Por Wuwen, Canadá

Mi esposo no se interponía en mi camino cuando era nueva en la fe y le predicaba el evangelio también a él, pero se centraba demasiado en ganar dinero, por lo que no quería adherirse a la fe. Luego notó que había cambiado toda mi conducta y que estaba mucho más calmada, por lo que me apoyaba. Sin embargo, un año después, empezó a interponerse. Un día, cuando llegó a casa del trabajo, me preguntó: “¿Crees en el Relámpago Oriental, no? Hoy he llevado a Mike a casa, y me ha contado que el clero de su iglesia dice que no es el camino verdadero, que sus sermones son profundos y engañan fácilmente. Mike me ha advertido que no escuches sus sermones”. Mike era su jefe y creyente veterano en el Señor. Tenía gran talento; mi esposo lo respetaba mucho. Al ver que mi marido pensaba que Mike tenía razón, le dije que él no entendía de cuestiones de fe y no podía repetir como un loro las palabras de otros. Pareció dudar un instante y no dijo nada más.

En otra ocasión, me habló seriamente: “He investigado en internet y el Partido Comunista está reprimiendo a tu Dios Todopoderoso. Además, se dicen muchas cosas de Dios Todopoderoso: que es una persona, no Dios, y que la Iglesia de Dios Todopoderoso saca dinero a la gente. No puedo dejar que asistas a más reuniones con los de esa Iglesia. Me da miedo que te estafen”. Me enfadé mucho al oír esto, y respondí: “No has leído las palabras de Dios Todopoderoso y no comprendes la Iglesia. ¿Cómo puedes juzgarla arbitrariamente por unos rumores de internet? Sabes que todo cristiano cree en el Señor Jesús y sabe que es el Dios verdadero. Hace 2000 años, cuando estaba obrando el Señor Jesús, también lo condenaban y negaban muchos. Decían que era una persona normal, hijo de un carpintero. El Señor Jesús parecía una persona normal por fuera, pero tenía esencia divina y podía expresar la verdad y redimir a la humanidad. Era el Espíritu de Dios en la carne, el Redentor de la humanidad. Si escuchamos al Partido Comunista y alega que no es Dios nadie que parezca una persona normal por fuera, ¿no estamos negando también nosotros al Señor Jesucristo? Al igual que el Señor Jesús, Dios Todopoderoso parece corriente, pero puede expresar la verdad, expresar la voz de Dios. Ya he leído muchas de las palabras de Dios Todopoderoso. Revelan toda clase de misterios de la Biblia y nos cuentan cómo corrompe Satanás a la humanidad, cómo la salva Dios, la causa de toda la oscuridad y maldad de nuestro mundo y la verdad de la corrupción humana, aparte de la senda para librarnos de pecado, ser salvados por Dios y entrar en el reino de los cielos. Nadie podría expresar estas verdades por muy famoso o elevado que fuera. ¿Qué ser humano podría expresar la verdad? ¿Quién podría realizar la obra de redención y salvación? Nadie. Esto demuestra que, realmente, Dios Todopoderoso es Dios encarnado venido a la humanidad”. También le dije que la Iglesia de Dios Todopoderoso nunca ha pedido donativos. Todos los libros de las palabras de Dios se reparten gratis. La afirmación del PCCh de que la Iglesia solo quiere dinero de la gente es una mera calumnia. Le dije que de ninguna manera podía dejarse engañar por esas mentiras. Se fue sin pronunciar palabra.

Y una vez, cuando volví de compartir el evangelio, me comentó, muy irritado: “Acabo de ver en internet que el partido dice que los de tu Iglesia abandonan a sus familias. Últimamente sales mucho. ¿Te estás preparando para irte?”. Contesté: “Cuido mucho nuestro hogar. ¿Cómo puedes decir eso? Salgo a compartir el evangelio para que la gente sepa que ha venido el Salvador y pueda aceptar Su salvación. Ya ves que la gente es cada vez más corrupta, sigue tendencias malvadas y vive en pecado. Fíjate en tus amigos: o apuestan o se van con prostitutas. ¿Hay uno solo que tenga ética? El mundo se ha vuelto muy malvado. La gente niega y se opone a Dios y la corrupción está en su apogeo. La Biblia profetiza unos grandes desastres en los últimos días que aniquilarán a toda la humanidad corrupta. Ahora los desastres van en aumento. Solo si la gente acepta el juicio y castigo de Dios Todopoderoso y desecha el pecado y la corrupción podrá recibir la protección de Dios en los desastres y entrar en Su reino. Los creyentes en Dios Todopoderoso entendemos el apremio de Dios para salvar a la gente, y queremos renunciar a los placeres carnales y tratar de compartir y dar testimonio del evangelio del reino de Dios. Esto es hacer la voluntad de Dios; ¡es justo y supone hacer buenas obras! Pero el Partido Comunista no deja que el pueblo tenga fe, comparta el evangelio o dé testimonio de Dios, y detiene y persigue a los cristianos a lo loco. Eso ha obligado a muchos cristianos a alejarse de su familia sin poder regresar. A algunos incluso los detienen y encarcelan, o los persiguen a muerte. ¿Esto no nace de la persecución del Partido Comunista a los cristianos? Sin embargo, culpa a las víctimas diciendo que los creyentes abandonan a sus familias. ¿Eso no es distorsionar las cosas y tergiversar la verdad? Tener fe es justo y correcto. Hay muchísimos creyentes en todo el mundo. ¿Dónde destruye familias la fe? El PCCh es malvado, no hace más que mentir, pero tú no lo desprecias; hasta te crees sus mentiras. Le sigues la corriente al afirmar que abandonamos a la familia. Eso es confundir el bien y el mal”. Al haberse dejado engañar por las mentiras del PCCh, no me escuchaba. Me contestó airadamente: “Me da igual. Cree en lo que sea, pero no en Dios Todopoderoso”. Al verlo tan empeñado en esto, sentí un pánico repentino. Llevábamos casados más de una década y habíamos pasado mucho juntos. Siempre hablábamos de todo y nos apoyábamos, sin ningún conflicto importante. Era muy preocupante que se encolerizara tanto conmigo por mi fe en Dios Todopoderoso. Oré en silencio para pedir a Dios que me guiara para comprender Su voluntad. Tras mi oración recordé esta cita de las palabras de Dios: “En cada paso de la obra que Dios hace en las personas, externamente parece que se producen interacciones entre ellas, como nacidas de disposiciones humanas o de la interferencia humana. Sin embargo, detrás de bambalinas, cada etapa de la obra y todo lo que acontece es una apuesta hecha por Satanás ante Dios y exige que las personas se mantengan firmes en su testimonio para Dios” (‘Solo amar a Dios es realmente creer en Él’ en “La Palabra manifestada en carne”). Esto me ayudó a entender que, a simple vista, mi esposo parecía interponerse en mi camino de fe, pero, en realidad, era Satanás el que se entrometía. Satanás quiere dominar y poseer por siempre a la gente. No quería que me presentara ante Dios ni que lo adorara, así que probaba de todo para impedírmelo: las mentiras y los rumores de internet para engañar a mi marido, a quien trataba de utilizar para que me obstaculizara y para que yo renunciara al camino verdadero y traicionara a Dios por mis sentimientos por él. ¡Qué siniestro y malvado Satanás! Como lo sabía, resolví que, hiciera lo que hiciera Satanás, conservaría la fe, seguiría a Dios, ¡y no cedería a Satanás! Así pues, le dije a mi esposo: “Creo en Dios y lo sigo. Es la senda correcta. ¡Es mi decisión y no tienes derecho a entrometerte!”. Salió, enfurecido, sin pronunciar palabra.

Un día me pilló oyendo unos himnos de palabras de Dios. Con cara de pocos amigos, me habló, airado: “Te lo dije: no creas en Dios Todopoderoso. ¿Por qué no haces caso nunca? Mike cree desde hace mucho, es un cristiano muy devoto. Según él, el Relámpago Oriental no es el camino verdadero, por lo que, si has de creer en Dios, ve a la iglesia de Mike. Es grande y archiconocida. Asistiré contigo al culto cada semana y Mike puede hacer que su pastor hable contigo”. Le respondí: “¿Por qué estás tan seguro de lo que dice Mike? ¿Por qué hay que admirar a los pastores? Solamente ves que los pastores están cualificados y son conocidos, pero te da igual lo que prediquen en realidad. Si no aceptan a Dios Todopoderoso, no tendrán el sustento de la verdad. Solo hablan de conocimientos bíblicos, lo de siempre. No hablan de cómo poner en práctica las palabras del Señor ni de cómo corregir la pecaminosidad de la gente. No me servirá de nada asistir a esa iglesia. Disfruto en las reuniones de la Iglesia de Dios Todopoderoso, son de alimento. En cada reunión comprendo más verdades y aprendo a vivir con una humanidad normal. Tú mismo dijiste que me ves cambiada desde que tengo fe. Entonces, ¿por qué no juzgas según los hechos, y te empeñas en creer las mentiras del PCCh e interponerte?”. Como no pudo refutarlo, se limitó a amenazarme: “Te niegas a escucharme. Si te empeñas en esto, me tendrás que ceder todo tu dinero y tus cuentas bancarias, y tendrás que poner la casa a mi nombre”. Estas palabras suyas fueron una puñalada al corazón para mí. En nuestro matrimonio, yo había sido muy frugal y trabajado mucho para ganar dinero. No fue fácil conseguir juntos la entrada para comprar una casa. Ni siquiera me había permitido una sola prenda de ropa nueva. No escatimaba en nada para casa. Me sorprendió que me hablara de forma tan despiadada. ¿Cómo podía estar estancada nuestra relación únicamente por mi fe tras todos esos años? Si no tenía dinero ni bienes, ¿qué haría si él me echaba? Sentía que me retorcían un puñal en el corazón. Me metí en el dormitorio y me eché a llorar, orando a Dios entre lágrimas: “Dios mío, estoy sufriendo y realmente débil. No sé cómo superar algo así. Te ruego que me guíes para comprender Tu voluntad”.

Recordé entonces unas palabras de Dios: “Solía ocurrir que las personas tomaban todas sus determinaciones delante de Dios y decían: ‘No importa quién no ama a Dios; yo debo amarlo’. Pero ahora, te enfrentas al refinamiento. No está en línea con tus nociones, por lo que pierdes la fe en Dios. ¿Es esto amor genuino? Has leído muchas veces sobre los hechos de Job; ¿te has olvidado de ellos? El amor verdadero sólo puede tomar forma desde el interior de la fe. Desarrollas un amor real por Dios a través de tus refinamientos, en tus experiencias reales tienes en cuenta la voluntad de Dios a través de tu fe, y por medio de ella, abandonas tu propia carne y buscas la vida; esto es lo que deberían hacer las personas. Si haces esto serás capaz de ver las acciones de Dios, pero si careces de fe no serás capaz de hacerlo ni de experimentar Su obra” (‘Los que serán hechos perfectos deben someterse al refinamiento’ en “La Palabra manifestada en carne”). Las palabras de Dios me dieron fortaleza. Ante la opresión y la dificultad, lo que quiere Dios es una fe y un amor sinceros. Sin importar lo que pasemos ni cuánto suframos, no podemos apartarnos de Él. Me sabía muy afortunada por oír la voz de Dios en los últimos días. Poder recibir el regreso del Señor, presenciar la aparición de Dios y gozar del sustento de todas esas verdades expresadas por Él era todo Su amor hacia mí. Sufrir por seguir a Cristo tenía valor y sentido. Era por causa de la justicia. Me acordé de los apóstoles y discípulos del Señor Jesús, que seguían a Dios y daban testimonio de Él. El Gobierno romano los persiguió brutalmente y los líderes religiosos los condenaron y oprimieron. Algunos incluso fueron mártires por el Señor y dieron la vida. Lo poquito que yo sufría hoy día no era nada comparado con lo que habían pasado los santos durante siglos. No debía lamentarme, sino aprender de ellos. Tenía que seguir a Dios hasta el final a toda costa. Con esta idea, me sequé las lágrimas, salí del dormitorio y le anuncié a mi esposo: “Llevamos casados más de una década y he hecho mucho por nuestro hogar. Ahora quieres quitarme todo el dinero y mis bienes para controlarme económicamente y hacerme dejar el camino verdadero. No te voy a hacer caso. ¡Voy a seguir a Dios!”. Entró en cólera al oírme decir esto. Como si se hubiera trastornado, me arrebató el reproductor MP3 y me destrozó todas mis pertenencias personales. Me quitó todos los documentos de identidad, las joyas, las tarjetas bancarias y el efectivo. Luego me agarró el teléfono, lo tiró al suelo con mucha fuerza, tomó una banqueta y lo aplastó hasta hacerlo añicos. De ese modo, estaba tratando de cortarme todo contacto con el mundo exterior.

Después, llamó a mis padres, a mis hermanas y a mi cuñado para que vinieran a casa y todos me atacaron. Mis hermanas habían visto toda clase de calumnias en internet, inventadas por el Partido Comunista, sobre la Iglesia de Dios Todopoderoso y me enseñaron cosas del caso de Zhaoyuan, un invento del PCCh. Les dije: “Me sé todo eso. El tribunal del PCCh juzgó el caso de Zhaoyuan y las investigadas no se declararon miembros de la Iglesia de Dios Todopoderoso. Dejaron claro ante el tribunal que jamás habían contactado con la Iglesia, pero el juez del Partido Comunista insistió en que pertenecían a ella. ¿Eso no es incriminar a la Iglesia? ¿No es evidente que es un caso falso inventado por ellos? Sabéis que el Partido Comunista es ateo y persigue los credos religiosos desde que llegó al poder. ¿Cómo podéis creeros lo que diga en contra de la Iglesia de Dios Todopoderoso?”. Pero mis dos hermanas se habían dejado engañar por sus mentiras y no pensaban de forma crítica sobre los rumores difundidos por el PCCh. Replicaron: “Eso dicen todos los grandes medios de comunicación, ¿cómo no va a ser cierto?”. Les contesté: “El Partido Comunista controla los medios de comunicación chinos, son los voceros del PCCh. Han de decir lo que les mande el PCCh y no se atreven a informar de la verdad. Muchos medios extranjeros también están comprados por el PCCh y dicen lo que este quiere. ¿No veis lo que ocurre? Los hechos son elocuentes y los prudentes no escuchan rumores. Os aconsejo que abráis los ojos y dejéis de escuchar esos rumores sin pensar”. No tuvieron respuesta para eso. Mi madre comentó airada: “No nos haces caso. ¿Realmente te cuesta tanto renunciar a Dios Todopoderoso? Toda la familia se preocupa por ti a causa de tu credo. ¿Por qué te niegas a escuchar nuestros consejos?”. Se puso entonces a llorar. Me resultó durísimo ver tan triste a mi madre. Nos había criado a las tres ella sola y no fue fácil para ella. Ahora que era mayor, no quería que se preocupara por mí. Al pensarlo, estuve al borde del llanto. Mi hermana menor comentó: “Mira lo que le estás haciendo a mamá. ¿La quieres a ella o a Dios Todopoderoso?”. Mi otra hermana dijo fríamente: “Si quieres conservar tu religión, no nos culpes por no considerarte familia. Te denunciaremos a la policía por un delito de fraude y te extraditarán a China. No olvides que yo te patrociné para que vinieras a Canadá”. Estaba sumamente enfadada por todo lo que estaba oyendo. Jamás imaginé que intentarían forzarme a renunciar a mi fe y llegarían a amenazarme con tácticas tan malévolas y despreciables. No podía caer en eso. Como ya estaba nacionalizada canadiense, no podían acusarme arbitrariamente para que me deportaran. Nunca imaginé que mi hermana de sangre me diría algo así. Me sentí fatal y no podía parar de llorar.

Luego recordé un himno de la iglesia, “Estás conmigo todo el camino”: “Tus palabras y Tu obra me guían, y Tu amor me arrastra a seguirte. Saboreo Tus palabras cada día. Tú eres mi compañía constante. Cuando estoy negativo y débil, Tus palabras son mi sustento y fortaleza. Cuando sufro reveses y fracasos, Tus palabras son la mano que me ayuda a levantarme. Cuando Satanás me asedia, Tus palabras me dan valentía y sabiduría. Cuando me enfrento a las pruebas y el refinamiento, Tus palabras me guían para que me mantenga firme en el testimonio. Tus palabras me acompañan y guían, y mi corazón está abrigado y tranquilo. Tu amor es tan real, y mi corazón rebosa gratitud” (“Seguir al Cordero y cantar nuevos cánticos”). Supe que, incluso con una familia opresora que no me entendía, Dios siempre estaba a mi lado. Con el esclarecimiento y la guía de Sus palabras, descubrí los trucos de Satanás, y Dios me reconfortó y me dio fortaleza y fe con Sus palabras. Así pensado, no me sentía tan desdichada. Recordé otro pasaje: “No te desanimes, no seas débil; y Yo te aclararé las cosas. El camino que lleva al reino no es tan fácil. ¡Nada es tan simple! Queréis que las bendiciones vengan a vosotros fácilmente, ¿no es así? Hoy, todos tendréis que enfrentar pruebas amargas. Sin esas pruebas, el corazón amoroso que tenéis por Mí no se hará más fuerte ni sentiréis verdadero amor hacia Mí. Aun si estas pruebas consisten únicamente en circunstancias menores, todos deben pasar por ellas; es solo que la dificultad de las pruebas variará de una persona a otra. […] Los que participan de Mi amargura ciertamente compartirán Mi dulzura. Esa es Mi promesa y Mi bendición para vosotros” (‘Capítulo 41’ de Declaraciones de Cristo en el principio en “La Palabra manifestada en carne”). Meditándolo, entendí que la senda al reino de los cielos está plagada de dificultades inevitables. Esta opresión y este bombardeo de mi familia eran una ocasión para mantenerme firme en el testimonio ante Satanás. Dios me estaba enalteciendo y bendiciendo, cosa que jamás recibiría en un ambiente cómodo. Ese sufrimiento tenía valor y sentido. Segura de que este es el camino verdadero, la obra de Dios, por más opresión y desdicha que afrontara, quería continuar siguiendo a Dios.

En vista de que yo no cedía, sus ojos traslucían rabia, y me dijo con agresividad: “Sé que te convirtió tu amiga. Solamente quería sacarte dinero. La detesto. Creas o no, voy a matarla aunque me condenen a ir a la cárcel”. Esto que me dijo me impactó totalmente y me dio mucho miedo. No pude evitar echarme a temblar. Realmente nunca había imaginado que el hombre con quien había vivido todos esos años pudiera volverse así de bruto de repente. ¿Qué clase de marido era? Evidentemente, ¡un demonio que odiaba a Dios y la verdad! Dijo algo así de horrible para impedirme tener fe. Entonces vi su lado inhumano y me dio mucho miedo que matara a mi amiga. Antes de que me recuperara, mi madre dijo: “Por lo que parece, vosotros dos os vais a pelear. Toma algo de ropa y vente unos días a mi casa. No podrás tener contacto con el exterior ni ir a trabajar, sino quedarte en casa planteándote lo que has hecho”. Me inquietó lo que ella había decidido. Mi esposo se había trastornado; a saber qué haría. Como me había destrozado el teléfono, no podía avisar a mi amiga. Ya no me iban a dejar contactar con nadie ni ir a trabajar. ¿No era un arresto domiciliario? No sabía cómo contactar con la iglesia y hacer vida de iglesia. Clamé con apremio a Dios dentro de mí para pedirle que me guiara. Luego recordé que los países occidentales protegen los derechos en materia religiosa, que el pueblo tiene libertad de culto. Mis hermanas querían ir a la policía a denunciarme, a calumniarme, así que también yo podía denunciar ante la policía. En primer lugar, para proteger a mi amiga; en segundo lugar, porque no se atreverían a enredar con la policía de por medio. Por ello, le dije a mi madre: “No quiero ir a tu casa, quiero ir a la policía a denunciar”. Esto los dejó atónitos y sin palabras. Me marché inmediatamente a comisaría. Al llegar allí, les conté brevemente la persecución de mi familia por mi fe. Les costaba creer que sucediera algo en un país occidental. Fueron muy empáticos y me llevaron de vuelta a casa. Advirtieron a mi marido y a mi familia: “En este país tenemos libertad de culto. No pueden entrometerse en su fe ni restringirle su libertad personal. Si quiere ir a trabajar, no se lo pueden impedir. Además, los documentos de identidad son efectos personales. Devuélvanselos”. Tras oír a la policía, no se atrevieron a intentar forzarme. Le estaba muy agradecida a Dios y le di gracias por abrirme camino.

Frenado por la legislación, mi esposo no se atrevía a actuar directamente contra mí, pero no se rindió y siguió pensando en cómo obligarme a renunciar a mi fe. Dos días después, comenzó a presionarme para que pusiera la casa a su nombre. Me preocupó cuando me lo dijo. Solo dos días antes se había llevado todo mi efectivo y mis joyas, y ahora quería que pusiera la casa a su nombre. Si me echaba, me quedaría sin nada. Encima, mis padres y hermanas no me aceptarían. Pensando en todo eso, empecé a disgustarme de nuevo, pero justo entonces recordé unas palabras de Dios: “Dios hace Su obra, se preocupa por la persona, la escudriña, y mientras tanto Satanás sigue de cerca cada uno de Sus pasos. A quienquiera que Dios favorece, Satanás también le observa y va a la zaga. Si Dios quiere a esa persona, Satanás hará todo lo que pueda para estorbarle usando diversas tácticas malvadas para tentarle, para alterar y estropear la obra que Dios hace, todo ello con el fin de lograr su objetivo oculto. ¿Cuál es este objetivo? No quiere que Dios gane a nadie; él quiere para sí a todos a los que quiere Dios, para ocuparlos, controlarlos, hacerse cargo de ellos para que le adoren y entonces se le unan para cometer actos malvados. ¿Acaso no es esta su siniestra motivación?” (‘Dios mismo, el único IV’ en “La Palabra manifestada en carne”). “Si los hombres desean ser salvados y totalmente ganados por Dios, entonces todos los que le siguen deben afrontar tentaciones y ataques, tanto grandes como pequeños, de Satanás. Los que emergen de estas tentaciones y ataques, y son capaces de derrotar por completo a Satanás son aquellos a los que Dios ha salvado. Es decir, los salvos por Él son los que han pasado por Sus pruebas, y han sido tentados y atacados por Satanás innumerables veces. Estos entenderán Su voluntad y Sus requisitos, pueden someterse a Su soberanía y a Sus disposiciones, y no abandonan el camino de temer a Dios y apartarse del mal en medio de las tentaciones de Satanás. Los salvados en Él son honestos, bondadosos, diferencian entre el amor y el odio, tienen sentido de la justicia, son racionales, capaces de preocuparse por Dios y valorar todo lo que es de Él. Satanás no puede atar, espiar, acusar a estas personas ni maltratarlas; son completamente libres, han sido liberadas y puestas por completo en libertad. Job era exactamente ese hombre de libertad, y esta es justo la relevancia de que Dios lo ha entregado a Satanás” (‘La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo II’ en “La Palabra manifestada en carne”). Job superó las acusaciones y tentaciones de Satanás porque tenía fe, obediencia y veneración sinceras hacia Dios. Creía en la soberanía absoluta de Dios y que Dios le había dado todo cuanto tenía, así que era capaz de aceptarlo y someterse, tanto si Dios le daba como si le quitaba. Cuando Job perdió sus bienes e hijos y hasta le salieron llagas en todo el cuerpo, siguió sin culpar a Dios y, por contra, alabó Su nombre. Su esposa le dijo: “¿Aún conservas tu integridad? Maldice a Dios y muérete” (Job 2:9). Y él la reprendió: “Como habla cualquier mujer necia, has hablado. ¿Aceptaremos el bien de Dios y no aceptaremos el mal?” (Job 2:10). El testimonio de Job me resultó muy motivador. Quería ser como él. Sin importar cuánto me oprimiera mi marido ni cuántos bienes me quitara, aunque me echara y me dejara sin nada, seguiría igualmente a Dios en la fe, me mantendría firme en el testimonio y humillaría a Satanás.

Al día siguiente, cuando fuimos al banco a cambiar la hipoteca, la empleada nos dijo que eso era un nuevo préstamo, por lo que, si queríamos otra hipoteca, era un proceso complicadísimo y la pérdida, además, sería considerable. Nos sugirió que, de ser posible, la cambiáramos a los cinco años. Impotente, mi esposo tuvo que ceder. Di gracias a Dios de corazón y realmente percibí lo sinceras que son Sus palabras: “El corazón y el espíritu del hombre están en la mano de Dios; todo lo que hay en su vida es contemplado por los ojos de Dios. Independientemente de si crees esto o no, todas las cosas, vivas o muertas, se moverán, se transformarán, se renovarán y desaparecerán, de acuerdo con los pensamientos de Dios. Así es como Dios preside sobre todas las cosas” (‘Dios es la fuente de la vida del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”). Después recuperé el contacto con los hermanos y hermanas. Cuando mi marido se enteró, me preguntó si iba a continuar yendo a reuniones. Le contesté preguntándole: “¿Piensas interponerte en mi camino otra vez? Si es así, puedo mudarme a vivir a otro lado. ¿No te preocupa que me time la Iglesia y abandone a la familia? En todos mis años en la Iglesia, ¿me han estafado dinero? ¿Son ciertos los rumores de que los creyentes abandonamos a la familia?”. Atónito, tardó un poco en replicar: “Tienes razón. Ni he visto que la Iglesia te haya estafado dinero ni nos vas a abandonar. He sido demasiado iluso con esos rumores. Quería evitar que te defraudaran. Puedes creer en lo que quieras”. Estaba contentísima. Desde que se interponía en mi camino, yo no asistía a reuniones con normalidad y supe que ahora no me refrenaría más. Luego, la gestión de nuestra economía comenzó a parecerle un auténtico dolor de cabeza, no su fuerte, así que me lo cedió todo para que lo gestionara. Nunca volvió a plantearme poner la hipoteca a su nombre.

Esta experiencia de opresión por parte de mi familia me mostró lo malvado que es el Partido Comunista. No solo persigue y detiene demencialmente a los cristianos en China, sino que difunde mentiras en internet que difaman a la Iglesia de Dios Todopoderoso para tratar de engañar al mundo entero en contra de la Iglesia, para que combata a Dios con ellos, por lo que todos acabarán castigados en el infierno. El Partido Comunista es un malvado demonio que se opone a Dios, extravía al pueblo y lo engulle entero. Satanás es sumamente malvado, pero Dios ejerce Su sabiduría en función de las tramas de Satanás. Con esa opresión, Satanás quería que traicionara a Dios y perdiera la ocasión de salvarme, pero nunca imaginó que así yo pude cultivar el discernimiento y llegar a ver su perversidad. Lo he maldecido y rechazado de corazón y mi fe en Dios es más firme. ¡Gracias a Dios!

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“Úsame, soy Tu creación. Si Tú me haces perfecto, todavía soy Tu creación; si Tú no me haces perfecto, todavía te seguiré amando porque soy Tu creación” (‘Sólo soy Tu pequeña creación’ en “Seguir al Cordero y cantar nuevos cánticos”).

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