La senda al reino de Dios no siempre es llana (I)

5 Jun 2022

Por Sangphun, India

Nací en una familia cristiana y desde temprana edad seguí la fe en Dios de mis padres. También solía ir a reuniones y participar en varias actividades en la iglesia. En marzo de 2020, un día conocí a una hermana en Facebook. Hablamos de la fe en el Señor, y me parecieron muy novedosas las cosas de las que hablaba ella. Por ejemplo, me preguntó si conocía los criterios de entrada en el reino de los cielos y, al instante, me picó la curiosidad por este tema. Pensé: “Hace mucho que creo en el Señor, pero los pastores y ancianos jamás han hablado de los criterios de entrada en el reino de los cielos. Tampoco he pensado nunca si realmente podemos entrar en él creyendo como lo hacemos”. Era la primera vez que oía hablar del tema y tenía curiosidad por conocer la respuesta. Luego, al asistir a reuniones y leer las palabras de Dios Todopoderoso, entendí que, tras ser corrompidos por Satanás, tenemos dentro una naturaleza pecaminosa y solemos pecar. Si no eliminamos esta naturaleza pecaminosa, no podemos librarnos de pecado. Los que son así de inmundos y corruptos no son aptos para entrar en el reino de los cielos porque Dios es justo y santo, y la gente no puede contemplarlo si no es santa. Añadió: “El Señor Jesús ha vuelto como Dios Todopoderoso para expresar muchas verdades, realizar la obra del juicio y purificar a la gente. Lo hace para eliminar nuestra naturaleza pecaminosa y salvarnos de todo pecado. Solo si aceptamos la obra del juicio de Dios en los últimos días y nos purificamos de corrupción seremos aptos para entrar en el reino de los cielos”. También me leyó unas palabras de Dios Todopoderoso: “Tú sólo sabes que Jesús descenderá durante los últimos días, pero ¿cómo lo hará exactamente? Un pecador como vosotros, que acaba de ser redimido y que no ha sido cambiado ni perfeccionado por Dios, ¿puede ser conforme al corazón de Dios? Para ti, que aún eres del viejo ser, es cierto que Jesús te salvó y que no perteneces al pecado gracias a la salvación de Dios, pero esto no demuestra que no seas pecador ni impuro. ¿Cómo puedes ser santo si no has sido cambiado? En tu interior, estás cercado por la impureza, egoísta y miserable, pero sigues deseando descender con Jesús; ¡qué suerte tendrías! Te has saltado un paso en tu creencia en Dios: simplemente has sido redimido, pero no has sido cambiado. Para que seas conforme al corazón de Dios, Él debe realizar personalmente la obra de cambiarte y purificarte; si sólo eres redimido, serás incapaz de alcanzar la santidad. De esta forma no serás apto para participar en las buenas bendiciones de Dios, porque te has saltado un paso en la obra de Dios de gestionar al hombre, que es el paso clave del cambio y el perfeccionamiento. Tú, un pecador que acaba de ser redimido, eres, por tanto, incapaz de heredar directamente la herencia de Dios” (‘Acerca de los apelativos y la identidad’ en “La Palabra manifestada en carne”). “Aunque Jesús hizo mucha obra entre los hombres, sólo completó la redención de toda la humanidad y se convirtió en la ofrenda por el pecado del hombre; no lo libró de la totalidad de su carácter corrupto. Salvar al hombre totalmente de la influencia de Satanás no sólo requirió que Jesús se convirtiera en la ofrenda por el pecado y cargara con los pecados del hombre, sino también que Dios realizara una obra incluso mayor para librar completamente al hombre de su carácter satánicamente corrompido. Y, así, ahora que el hombre ha sido perdonado de sus pecados, Dios ha vuelto a la carne para guiar al hombre a la nueva era, y comenzó la obra de castigo y juicio. Esta obra ha llevado al hombre a una esfera más elevada. Todos los que se someten bajo Su dominio disfrutarán una verdad más elevada y recibirán mayores bendiciones. Vivirán realmente en la luz, y obtendrán la verdad, el camino y la vida” (‘Prefacio’ en “La Palabra manifestada en carne”). La hermana, además, me enseñó su entendimiento de las palabras de Dios. Después de escucharlo, pensé en mis actos y conductas y en los de mis hermanos y hermanas. Tuve que admitir que, en nuestra fe en el Señor, habíamos quedado absueltos de pecado, que gozábamos de la abundante gracia del Señor, que hacíamos buenas acciones, que éramos amables y no pegábamos ni reprendíamos a nadie, pero que aún éramos capaces de mentir y pecar a menudo, que éramos arrogantes y despreciábamos a otros, que rivalizábamos con otras personas por la reputación y la ganancia, y todavía envidiábamos y odiábamos a otra gente. Todos vivíamos atrapados en un bucle de pecado y confesión, y lidiábamos constantemente con el pecado. Fue tras leer las palabras de Dios Todopoderoso cuando entendí que esto era porque no se había eliminado la naturaleza pecaminosa dentro de nosotros. En las palabras de Dios Todopoderoso también hallé el modo de librarme de pecado y ser salvado por Dios: aceptar la obra del juicio de Dios Todopoderoso en los últimos días. Una vez purificado nuestro carácter corrupto es cuando somos aptos para entrar en el reino de Dios. Las palabras de Dios Todopoderoso me parecieron muy buenas y prácticas. Sus palabras me iluminaron el corazón y me hicieron comprender verdades que nunca antes había oído. Después, leía diligentemente las palabras de Dios Todopoderoso, asistía de forma activa a reuniones virtuales, hablaba con los hermanos y hermanas de nuestro conocimiento y entendimiento de la palabra de Dios y, siempre que nos veíamos, me resultaba muy gratificante y ameno. Tiempo más tarde, conocía multitud de verdades y misterios que no había conocido antes en mi fe en el Señor ni con la lectura de la Biblia, tales como qué es la encarnación, cómo discernir al Cristo verdadero de los falsos, el misterio del nombre de Dios, el propósito de Su plan de gestión, cómo corrompe Satanás a la humanidad, cómo obra Dios paso a paso para salvarla, cómo se materializa Su reino en la tierra, etc. En las palabras de Dios Todopoderoso, asimismo, recibí respuesta a muchas cosas de la Biblia que antes me habían confundido. Comprendí que solo el propio Dios podría revelar estas verdades y estos misterios y que ningún ser humano podría tener el poder de revelar estos últimos. Por tanto, comprobé que la palabra de Dios Todopoderoso es la verdad y la voz de Dios, ¡y que Dios Todopoderoso es el regreso del Señor Jesús! Estaba muy emocionado. Les conté a muchos amigos la buena nueva del regreso del Señor y también les dije que estudiaran la obra de Dios Todopoderoso en los últimos días.

No obstante, poco después, la iglesia cristiana suprema y más autorizada de mi zona, la Iglesia Baptista del Noreste de India, se puso a difundir entre los creyentes documentos elaborados por los pastores religiosos para condenar a la Iglesia de Dios Todopoderoso. Estos documentos estaban llenos de calumnias y difamaciones del PCCh hacia la Iglesia y prohibían a sus seguidores asistir a reuniones en ella. Su contenido también se emitió en importantes canales de TV de India. En cuanto encendías el televisor o la computadora y mirabas las noticias, veías este tipo de propaganda negativa. Pronto se extendió a todo el país. Ver que estos pastores y líderes del mundo religioso tergiversaban descaradamente los hechos y difundían rumores y falacias para calumniar y condenar a Dios Todopoderoso me enojaba y entristecía mucho. En aquella época, muchos que estudiaban conmigo la obra de Dios de los últimos días abandonaron los grupos de reunión porque los engañaron. Algunos hasta intentaron disuadirme: “El PCCh condena esta iglesia y no se debe creer en ella”. Me decepcionó que renunciaran al camino verdadero, y los compadecía. El PCCh es un régimen ateo. No cree para nada en Dios y persigue constantemente la fe religiosa. ¿Por qué prefería esta gente creer en el PCCh, un partido político ateo, en vez de escuchar la voz de Dios o estudiar Su obra? ¿Cómo podían ser tan necios? Justo entonces, un amigo de mi pueblo vio mi estado de WhatsApp, que decía: “El Señor ha regresado, y el reino de Cristo ha venido a la tierra”, y me preguntó si había asistido a reuniones de la Iglesia de Dios Todopoderoso. Contesté que sí. Me dijo que no debía creer en ella. Además, me envió comentarios y falacias que calumniaban a la Iglesia de Dios Todopoderoso, y me alarmó: “El pastor nos advirtió que no siguiéramos a Dios Todopoderoso. Es imposible que el Señor regrese en la carne en los últimos días, así que no podemos asistir a reuniones de la Iglesia de Dios Todopoderoso”. No flaqueé ante sus palabras porque, para entonces, los hermanos y hermanas de la Iglesia de Dios Todopoderoso me habían enseñado la verdad de la encarnación: que el Señor volvería encarnado en los últimos días, algo planeado hace mucho por Dios y demostrado por las profecías del Señor Jesús. El Señor Jesús dijo: “Porque así como el relámpago sale del oriente y resplandece hasta el occidente, así será la venida del Hijo del Hombre” (Mateo 24:27). “Porque como el relámpago al fulgurar resplandece desde un extremo del cielo hasta el otro extremo del cielo, así será el Hijo del Hombre en su día. Pero primero es necesario que Él padezca mucho y sea rechazado por esta generación” (Lucas 17:24-25). “Por eso, también vosotros estad preparados, porque a la hora que no pensáis vendrá el Hijo del Hombre” (Mateo 24:44). Cuando el Señor Jesús profetizó Su regreso en los últimos días, mencionó muchas veces: “la venida del Hijo del hombre”, “vendrá el Hijo del hombre” y “el Hijo del hombre en Su día”. Aquí, “Hijo del hombre” se refiere a la encarnación. Dios Todopoderoso ha venido en los últimos días y expresado muchas verdades. Es la venida del Hijo del hombre, la aparición del Salvador, lo que cumple las profecías del Señor Jesús. También sabía que solo Dios es la verdad, el camino y la vida. Si una persona es capaz de expresar la verdad y la palabra de Dios y de realizar la obra de juicio y purificación en los últimos días, esta persona debe de ser Dios encarnado. Por muy normal que sea Su aspecto, tenga o no estatus o poder, Sus palabras y Su obra son lo más importante que hay. Este es el mejor modo de demostrar Su identidad y estatus. Le conté a mi amigo lo que yo entendía y le dije: “Dios es el Señor de la creación, Dios puede hacer lo que desee. Lo que debemos hacer los seres humanos es buscar, no juzgar y delimitar a Dios. Las reuniones de la Iglesia de Dios Todopoderoso me resultan de gran provecho y me ayudan a comprender muchas verdades, por lo que no dejaré de ir a ellas. Cuando creemos en Dios, debemos escuchar Su voz, no escuchar a la gente sin reflexionar. Según la Biblia, ‘Debemos obedecer a Dios antes que a los hombres’ (Hechos 5:29)”. Mi amigo me respondió muy serio: “Si continúas creyendo en Dios Todopoderoso, cuando vuelvas al pueblo, te interrogará el Consejo Supremo. El pastor no te dejará creer en eso y los del pueblo te rechazarán. ¿Has pensado en todo esto?”. Le contesté: “No es alarmante el rechazo de la gente. Lo que asusta es no seguir las huellas de Dios y que Él te desampare. ¿Has pensado que, si Dios Todopoderoso es el auténtico regreso del Señor Jesús y no lo aceptamos, caeremos en el desastre y nos quedaremos llorando y crujiendo los dientes? El regreso del Señor es un asunto importante; ¿por qué no lo buscas y estudias?”. Pero rechazó igualmente mi consejo.

Más adelante, mi amigo contó a mis padres que creía en Dios Todopoderoso. Toda la semana posterior, mis padres me llamaban y reprendían a diario: “El pastor no para de decirnos que te impidamos ir a las reuniones de la Iglesia de Dios Todopoderoso. Tienes que dejar de ir a esas reuniones ¡e irte de esa iglesia!”. Les respondía: “La Iglesia de Dios Todopoderoso no es como dice el pastor. Al asistir a sus reuniones, he podido comprender muchas verdades que antes no comprendía. Este es el camino verdadero, y no me he descarriado”. Quería darles testimonio de la obra de Dios Todopoderoso en los últimos días, pero los habían engañado tanto con los rumores que no me dejaban hablar más. Después, por la pandemia, volví de la universidad a casa. Al ver mis padres que solía asistir a reuniones virtuales, trataban de cohibirme. También los vecinos hablaban de mí y decían que me había vuelto loco por creer en Dios Todopoderoso e ignorar al pastor. Según algunos, hasta estaba poseído por un demonio. Mis padres se enfadaban todavía más al oír estas cosas. Me reprendían al llegar a casa: “¿Sabes qué comentan de ti los del pueblo? ¿Vas a ignorar lo que te digamos y a seguir yendo a esas reuniones?”. Yo respondía: “Sí, seguiré asistiendo a ellas”. Mis padres estaban muy enfadados y se esforzaron aún más por pararme. Solían interrumpirme en las reuniones, lo que me dificultaba asistir tranquilamente. Una vez estaba orando tras una reunión y, al abrir los ojos, de pronto vi a mi padre parado al lado y mirándome fijamente, lo cual me asustó y me provocó taquicardia. Airado, me gritó: “¡Desconéctate y sal del grupo de reunión ya!”. Yo les anunciaba a mis padres: “El Señor Jesús ha vuelto realmente como Dios Todopoderoso y ya está realizando una nueva obra. Si no seguimos las huellas de Dios, no aceptamos Su obra del juicio en los últimos días y no nos libramos de pecado, no podemos salvarnos y entrar al reino de Dios y, al final, caeremos en el desastre y Él nos castigará”. Sin embargo, no me hacían ningún caso y repetían los rumores y falacias que predicaba el pastor. Para ellos era imposible que Dios se hubiera encarnado en una mujer. Recapacité: “¿Cómo puedo hablar con ellos?”. Me acordé de un pasaje de la palabra de Dios Todopoderoso que me habían leído los hermanos y hermanas de la Iglesia: “Cada etapa de la obra realizada por Dios tiene su propio sentido práctico. En aquel entonces, cuando Jesús vino, lo hizo en forma de varón, y cuando Dios viene esta vez, toma la forma de mujer. A partir de esto se puede ver que la creación de Dios de ambos el varón y la mujer puede ser útil para Su obra y que con Él no hay distinción de género. Cuando Su Espíritu viene, Él puede adoptar cualquier carne que desee y esa carne puede representarlo. Sea varón o mujer, puede representar a Dios mientras sea Su carne encarnada. Si Jesús hubiera aparecido como mujer cuando vino —en otras palabras, si el Espíritu Santo hubiera concebido una niña, y no un niño— esa etapa de la obra se habría completado de todas formas. Si esto hubiera ocurrido, la etapa actual de la obra la hubiera tenido que completar un varón, pero de todas maneras la obra se habría completado. La obra llevada a cabo en cada etapa tiene su significado; ninguna de las dos etapas de la obra se repite ni entra en conflicto con la otra” (‘Las dos encarnaciones completan el sentido de la encarnación’ en “La Palabra manifestada en carne”). Recuerdo que me enseñaron que la encarnación de Dios se da cuando Su Espíritu se reviste de carne y se vuelve una persona normal, por lo que, sea esta persona hombre o mujer, es el propio Dios, capaz de expresar la verdad y de realizar Su obra. El Señor Jesús era hombre. Lo crucificaron por la humanidad, y cargó con los pecados de la gente, con lo que consumó la obra de redención de la humanidad. En los últimos días, Dios viene encarnado en una mujer y, sobre la base de la obra del Señor Jesús, expresa toda verdad necesaria para salvar a la humanidad y realiza la obra de juzgar y purificar a la gente. Por tanto, sea hombre o mujer el Dios encarnado, las verdades que expresa y la obra que realiza son obra de Su Espíritu y todas ellas pueden redimir y salvar a la humanidad. Además, en los últimos días, si Dios viene a obrar encarnado en una mujer, la gente no lo delimitará pensando que es hombre y no puede ser mujer. Acordándome de esto, les dije a mis padres: “Dios es Espíritu y no tiene diferenciación sexual. Dios creó hombre y mujer a Su imagen, así que, naturalmente, Dios encarnado puede ser hombre o mujer. Da igual Su aspecto físico. Lo que importa es que pueda expresar la verdad para salvar a la humanidad y que sea encarnación del Espíritu de Dios, el propio Dios”. Como mis padres no podían refutarme, alegaron: “Dices que Dios Todopoderoso es el regreso del Señor Jesús, pero no nos lo creemos. Lo admitiremos cuando lo hagan los pastores y ancianos. Según el pastor, Dios Todopoderoso es una persona normal nacida en una familia normal, así que no puede ser la encarnación de Dios”. Mi respuesta fue: “Cuando vino a obrar el Señor Jesús, los sumos sacerdotes, escribas y fariseos del judaísmo no lo reconocieron como Dios por Su nacimiento y aspecto normales. Negaron al Señor Jesús: ‘¿No es este el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María?’. Estos fariseos solo se fijaron en el aspecto del Señor Jesús. No investigaron si Sus palabras y Su obra provenían de Dios. Por su carácter arrogante, lo consideraron un hombre normal, no Dios. Asimismo, se inventaron rumores, calumniaron y condenaron al Señor Jesús. Los creyentes judíos los idolatraban y obedecían, con lo que les siguieron la corriente para crucificar al Señor. Al final perdieron la salvación de Dios y Él los castigó. Es igual hoy en día. Estos pastores y ancianos no investigan si las palabras expresadas por Dios Todopoderoso son la verdad y la voz de Dios. Juzgan y condenan ciegamente a Dios Todopoderoso señalando que es una persona normal y cuestionando Sus orígenes y contexto familiar. ¿No es como cuando los fariseos condenaron al Señor Jesús?”. Recordé un pasaje de las palabras de Dios que me habían leído mis hermanos y hermanas: “Aquel que es Dios encarnado poseerá la esencia de Dios, y Aquel que es Dios encarnado tendrá la expresión de Dios. Puesto que Dios se hace carne, Él traerá la obra que pretende llevar a cabo y puesto que se hace carne expresará lo que Él es; será, asimismo, capaz de traer la verdad al hombre, de concederle la vida y de señalarle el camino. La carne que no contiene la esencia de Dios definitivamente no es el Dios encarnado; de esto no hay duda. Si el hombre pretende investigar si es la carne encarnada de Dios, entonces debe corroborarlo a partir del carácter que Él expresa y de las palabras que Él habla. Es decir, para corroborar si es o no la carne encarnada de Dios y si es o no el camino verdadero, la persona debe discernir basándose en Su esencia. Y, así, a la hora de determinar si se trata de la carne de Dios encarnado, la clave yace en Su esencia (Su obra, Sus declaraciones, Su carácter y muchos otros aspectos), en lugar de fijarse en Su apariencia externa. Si el hombre sólo analiza Su apariencia externa, y como consecuencia pasa por alto Su esencia, esto muestra que el hombre es ignorante” (‘Prefacio’ en “La Palabra manifestada en carne”). Les dije a mis padres: “Para comprobar si la carne de Dios Todopoderoso es la de Dios encarnado, debemos basarnos en si Él puede o no expresar la verdad y realizar la obra de salvación de la humanidad, no en si tiene un aspecto normal. Reflexionen al respecto: ¿Creemos en el Señor Jesús por Su imagen encarnada? ¡No! Creímos en el Señor Jesús porque leímos Sus palabras en la Biblia, porque vimos que estas tienen autoridad y Él puede redimir los pecados de la humanidad, y porque gozábamos abundantemente de Su gracia. Hoy creo en Dios Todopoderoso porque descubrí que las palabras expresadas por Él son la verdad. Tienen autoridad y poder, y son la voz de Dios. Fue entonces cuando creí que Él es Dios encarnado, el regreso del Señor Jesús. Deberían leer ustedes también las palabras de Dios Todopoderoso. ¡No escuchen las palabras de los pastores y se las crean sin reflexionar! Si ellos toman la senda equivocada, se resisten a Dios y lo condenan, ¿los obedecerán ustedes en su resistencia y condena hacia Él?”. Cuando me oyeron mis padres, se enfadaron mucho. Me reprendieron: “¿Tienes que ser tan terco como para oponerte el mundo religioso entero? Si te atreves a oponerte a los pastores y ancianos, los del pueblo te echarán. Ni siquiera eres adulto todavía; ¿adónde irías? Si eso ocurre, ¡no podremos ayudarte! Deja de hablar de estas cosas y no des testimonio de Dios Todopoderoso a nadie. Nosotros lo aceptaremos cuando lo hagan los pastores y ancianos. Mientras, no te crees problemas”. Les enseñara lo que les enseñara, no me escuchaban en absoluto y me reprendían duramente: “Nos hemos gastado muchísimo en tu educación, alimentación y ropa, pero eres muy desobediente, una decepción para nosotros”. Por entonces, mis dos hermanos también estaban de parte de mis padres. Nadie de la familia escuchaba mis consejos. Intentaba contarles a todos que Dios Todopoderoso había expresado muchas verdades y trataba de compartir con ellos lo que había aprendido, pero, dijera lo que dijera, seguían sin escucharme. Mis padres y los del pueblo siempre me habían tratado muy bien, pero ahora, solo porque creía en Dios Todopoderoso, habían cambiado de actitud hacia mí. A sus ojos me había convertido en un maleante y un paria. Ni siquiera en casa notaba ningún interés de mi familia por mí. Me sentía solo y triste. Pero yo sabía que, de todos modos, no podía dejar de asistir a las reuniones porque sabía también que, si no asistía a ellas y no me dotaba de la verdad, me resultaría imposible soportar semejante ambiente. Después, para evitar conflictos innecesarios, tenía que ocultarme de ellos e ir a las reuniones clandestinamente. No podía hablar y compartir, solamente comunicarme sin ruido, mediante mensajes, con mis hermanos y hermanas.

Una noche, el pastor y un colaborador suyo vinieron de pronto a casa. También vinieron a mirar los vecinos y algunos del pueblo. Me preguntó el pastor: “¿De qué hablan en las reuniones de la Iglesia de Dios Todopoderoso?”. Contesté: “La Iglesia de Dios Todopoderoso da testimonio de que el Señor Jesús ha vuelto y que es Dios Todopoderoso encarnado que realiza la obra del juicio en los últimos días. También enseñamos qué clase de personas pueden entrar en el reino de los cielos, cómo ir en pos de la salvación y otros asuntos”. En tono despectivo, el pastor me pidió: “Pues cuéntame qué clase de personas pueden entrar en el reino de los cielos”. Le respondí: “Según la Biblia, ‘No todo el que me dice: “Señor, Señor”, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos’ (Mateo 7:21). ‘Seréis, pues, santos porque yo soy santo’ (Levítico 11:45). En estos versículos vemos que, si queremos entrar en el reino de los cielos, debemos librarnos de pecado, purificarnos de nuestro carácter corrupto y convertirnos en personas que obedezcan la voluntad de Dios. Hoy día, todavía vivimos todos en pecado. Solemos mentir y pecar, y no practicamos las palabras de Dios, así que no podemos entrar en Su reino. Yo estaba confundido acerca de por qué estamos atrapados en un bucle constante de pecado, confesión y más pecado. ¿Por qué no podemos librarnos de la esclavitud del pecado? Fue tras leer las palabras de Dios Todopoderoso cuando entendí que, cuando creemos en el Señor, quedamos absueltos de pecado, pero nuestra naturaleza pecaminosa, la raíz de nuestro pecado, no se ha eliminado, con lo que no podemos evitar continuar mintiendo y pecando. La Biblia anuncia lo siguiente: ‘La santidad, sin la cual nadie verá al Señor’ (Hebreos 12:14). El Señor es santo; por ello, si aún pecamos y nos resistimos a Dios, no podemos entrar en Su reino. El Señor Jesús ya ha vuelto para realizar la obra del juicio en los últimos días. Expresa todas las verdades que purifican y salvan a la humanidad, lo cual cumple Su profecía: ‘Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis soportar. Pero cuando Él, el Espíritu de verdad, venga, os guiará a toda la verdad’ (Juan 16:12-13). Dios Todopoderoso ha expresado muchas verdades. No solo revela el misterio del plan de gestión de Dios; también revela la causa principal del pecado de la humanidad y juzga y revela la naturaleza pecaminosa de la gente, como la arrogancia, la mentira, la maldad, etc. Revela, asimismo, las diversas impurezas en nuestra fe en Dios y otras intenciones y perspectivas incorrectas, como creer en Dios solo para entrar en el reino de los cielos. Los hermanos y hermanas de la Iglesia de Dios Todopoderoso experimentan el juicio y castigo de las palabras de Dios, poco a poco comprenden la verdad de su naturaleza y corrupción satánicas, cultivan un arrepentimiento sincero y al final pueden librarse de las ataduras del pecado y purificar su carácter corrupto. Esto es resultado de la palabra de Dios en la Era del Reino. Si queremos entrar en el reino de los cielos, debemos aceptar la obra del juicio de Dios Todopoderoso en los últimos días, y, ya purificada nuestra corrupción, seremos aptos para entrar en el reino de Dios”. Cuando terminé, señaló el pastor: “Sé que anhelas la verdad, pero todavía eres demasiado joven. Como no entiendes mucho la Biblia, te engañan fácilmente. Ahora es preciso que dejes de seguir a Dios Todopoderoso, confieses tus pecados al Señor, te arrepientas ¡y dejes de asistir a sus reuniones!”. El pastor, al ver que lo ignoraba, añadió: “Eres una de mis ovejas. ¿Cómo te atreves a desobedecerme? Debes arrepentirte ya, abandonar la Iglesia de Dios Todopoderoso y dejar de orar en el nombre de Dios Todopoderoso”. Yo le insistí: “Jamás dejaré de seguir a Dios Todopoderoso”. Muy enfadado, me advirtió: “El Consejo Supremo de la iglesia me nombró para que ‘mirara por ti’. Si insistes en creer en Dios Todopoderoso, serás llevado ante el Consejo Supremo para que te interrogue. Debes saber que, una vez que suceda esto, no solo se verán afectados tus estudios, sino que también tendrás mala reputación en la iglesia. A lo mejor ni siquiera podrás encontrar empleo en un futuro. ¿Por qué pasar por ese problema? ¡Debes centrarte en los estudios!”. Mientras oía al pastor, sentía mucha presión, pues sabía que, una vez que me interrogara el Consejo Supremo de la iglesia, nunca me dejarían en paz. Si no dejaba de seguir a Dios Todopoderoso, cuando en un futuro necesitara un certificado, el jefe del pueblo no me lo firmaría, y tal vez ni siquiera podría encontrar empleo. Mis padres me mandaron a la universidad para que encontrara un buen empleo tras graduarme. Si no lo encontraba, seguro que mis padres pondrían más trabas todavía a mi fe en Dios Todopoderoso. Además, acababa de empezar a creer en Dios Todopoderoso y aún comprendía poco la verdad. Si me llevaban a interrogar, y ante el ataque de un grupo de personas, ¿lo soportaría? Si insistía en creer en Dios Todopoderoso, ¿me echarían de la universidad? ¿Pedirían a todos los demás creyentes que me rechazaran? Me preocupó mucho todo esto, por lo que oré en silencio a Dios para pedirle que me guiara y decirle que deseaba mantenerme firme en el testimonio de Él.

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