El fruto de predicar el evangelio

10 Ene 2022

Por Chuxin, Corea del Sur

Hace un tiempo atrás conocí por internet a una cristiana filipina, se llama Teresa. Profundizando comprobé que creía sinceramente. Decía que no obtenía nada de su iglesia y que cada vez más creyentes seguían las tendencias seculares. Veía su iglesia desolada y quería hallar una con la obra del Espíritu Santo. También me dijo que quería leer más palabras de Dios, conocerlo y tener una vida nueva. En vista de su anhelo, tenía muchas ganas de predicarle para que oyera la voz de Dios y entrara en Su casa. Una vez le pregunté qué quería de su fe. Dijo: “Quiero ir al reino de Dios a estar por siempre con Él, pero soy pecadora e indigna de Su reino”. Contesté que hay que seguir las normas del reino de Dios para entrar en él, y pregunté si quería saber más. Muy emocionada, dijo: “¡Por supuesto!”. Vi que era una creyente sincera que quería buscarlo, y quise testimoniarle sobre la obra nueva de Dios, pero tenía que irse a trabajar, así que tuvimos que poner fin a la charla.

Ella estaba ocupada en el trabajo desde el amanecer hasta muy tarde, luego estaba rendida y descansaba. El poco tiempo libre que tenía lo pasaba en los servicios religiosos, así que no teníamos mucha ocasión de charlar. Casi siempre estaba trabajando, realmente no teníamos tiempo de hablar. Al cabo de un tiempo empecé a desanimarme. Pensaba que hablaríamos por internet porque estaba en otro país, y si no podía conectarse, ¿cómo le compartiría la obra de Dios de los últimos días? Creí que no podía hacer nada; debía olvidarlo. Otra persona podía predicarle. Justo a punto de rendirme, recordé unas palabras de Dios: “¿Eres consciente de la carga que llevas a cuestas, de tu comisión y tu responsabilidad? ¿Dónde está tu sentido de misión histórica? ¿Cómo servirás adecuadamente como autoridad en la próxima era? ¿Tienes un fuerte sentido de autoridad? ¿Cómo describirías a la autoridad de todas las cosas? ¿Es realmente el señor de todas las criaturas vivientes y todas las cosas físicas del mundo? ¿Qué planes tienes para el progreso de la siguiente fase de la obra? ¿Cuántas personas están esperando a que seas su pastor? ¿Es pesada tu tarea? Son pobres, lastimosos, ciegos, están confundidos, lamentándose en las tinieblas: ¿dónde está el camino? ¡Cómo anhelan que la luz, como una estrella fugaz, descienda repentinamente y disperse a las fuerzas de la oscuridad que han oprimido a los hombres durante tantos años! ¿Quién puede conocer el alcance total de la ansiedad con la que esperan, y cómo anhelan día y noche esto? Incluso cuando la luz les pase por delante, estas personas que sufren profundamente permanecen encarceladas en una mazmorra oscura, sin esperanza de liberación; ¿cuándo dejarán de llorar? Es terrible la desgracia de estos espíritus frágiles que nunca han tenido reposo y han estado mucho tiempo atrapados en este estado por ataduras despiadadas e historia congelada. Y ¿quién ha oído los sonidos de sus gemidos? ¿Quién ha contemplado su estado miserable? ¿Has pensado alguna vez cuán afligido e inquieto está el corazón de Dios? ¿Cómo puede soportar Él ver a la humanidad inocente, que creó con Sus propias manos, sufriendo tal tormento? Después de todo, los seres humanos son las víctimas que han sido envenenadas. Y, aunque el hombre ha sobrevivido hasta hoy, ¿quién habría sabido que el maligno envenenó a la humanidad hace mucho tiempo? ¿Has olvidado que eres una de las víctimas? ¿No estás dispuesto a esforzarte por salvar a estos sobrevivientes por tu amor a Dios? ¿No estás dispuesto a dedicar toda tu energía para retribuir a Dios, que ama a la humanidad como a Su propia carne y sangre?” (‘¿Cómo deberías ocuparte de tu misión futura?’ en “La Palabra manifestada en carne”). Al meditar Sus palabras, me sentí muy mal. No hice todo por predicarle el evangelio a Teresa y ni siquiera le había contado que ya había regresado el Señor Jesús. Ella tenía fe sincera en el Señor y deseaba comprender Su voluntad, pero estaba en las tinieblas espirituales, sin sustento. Cuando necesitaba ayuda, yo ya me iba a dar por vencida. Entonces, ¿cuándo oiría la voz de Dios? Ahora que aumentan los desastres, si no le daba ya testimonio de la obra de Dios, podría perder la salvación. Al pensarlo me sentí aún peor, y oré a Dios: “Dios mío, sé que contigo todo es posible. Si es de Tus ovejas, quiero hacer todo por predicarle el evangelio. Te ruego que me guíes”. Tras orar, se me ocurrió que ella no tenía tiempo, pero yo podía quedar de antemano para orar juntas. Le pregunté y aceptó inmediatamente. Quedamos a las 5 y algo de la madrugada. Estaba muy ocupada en mi deber y trabajaba hasta las 2 o las 3 cada noche. Pensaba que apenas dormiría si tenía que levantarme tan pronto, pero me decía que, si me preocupaba por mí, ella tardaría en ir ante Dios. Sabía que eso estaba mal. Recordé unas palabras de Dios: “La carne pertenece a Satanás. Dentro de ella hay deseos extravagantes, la carne solo piensa en sí misma, quiere disfrutar de comodidades, deleitarse en el ocio y regodearse en la pereza y la holgazanería. Una vez que la hayas satisfecho hasta un determinado punto, te terminará comiendo” (‘Solo amar a Dios es realmente creer en Él’ en “La Palabra manifestada en carne”). Satisfacer la carne era satisfacer a Satanás. No daría testimonio ni cumpliría con mi deber y no daría testimonio de la obra de Dios de los últimos días. Entonces oré, lista para rechazar la carne, pagar por predicarle el evangelio y llevarla a la casa de Dios. Empezamos a quedar para la oración matinal, y cuando oré con gran sinceridad por ella, con la esperanza de que tuviera más tiempo para hablar de las palabras de Dios, me dijo seriamente: “Percibo lo sincera que eres. Gracias por tu oración. Estoy emocionada”. Esto me resultó muy conmovedor y comprobé que la gente nota cuándo una persona es sincera. Decidí en silencio ante Dios que llevaría a Teresa a Su casa. Así pues, le sugerí que hiciéramos hueco para hablar juntas de la Biblia. Aceptó, logró darme 30 minutos para hablar al día. y volvió a decir que quería saber cómo entrar en el reino de Dios.

Lo hablamos justo al día siguiente. Le dije: “Todo creyente quiere entrar en el reino; ¿y qué es lo que tenemos que hacer? Escuchar siempre al Señor. El Señor Jesús dijo: ‘No todo el que me dice: “Señor, Señor”, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos’ (Mateo 7:21). El Señor fue muy claro con esto: para entrar en el reino de los cielos hay que hacer la voluntad de Dios. ¿Qué significa eso? En pocas palabras, hacer la voluntad de Dios es practicar las palabras del Señor y obedecerlo. Supone distanciarse del pecado y poner en práctica las palabras de Dios, amarlo y someterse a Él de corazón. Los que constantemente mienten, pecan, se oponen a Dios y a Sus exigencias no hacen Su voluntad; ¿son dignos de entrar en el reino de los cielos?”. Me contestó: “No. Constantemente mentimos, pecamos de palabra, y más gente sigue las tendencias mundanas en pos del dinero. No lo adoramos fielmente ni los pastores son excepción. ¿Cómo entraremos al reino así?”. Le respondí: “Sí. El Señor Jesús nos ha redimido y perdonado los pecados, pero aún así mentimos y pecamos. Pecamos de día y confesamos de noche. Según la Biblia, ‘la santidad, sin la cual nadie verá al Señor’ (Hebreos 12:14). Así no somos dignos del reino. Sin embargo, todos sabemos que Dios ama al hombre y quiere que todos nos salvemos y entremos en Su reino a vivir en Su luz. ¿Y cómo hace Dios que nos suceda esto? Dice la Biblia: ‘Así también Cristo, habiendo sido ofrecido una vez para llevar los pecados de muchos, aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvación de los que ansiosamente le esperan’ (Hebreos 9:28). El Señor regresa en los últimos días a salvarnos, a librarnos por completo de las ataduras del pecado, a someternos a Dios y hacer Su voluntad para salvarnos y entrar en el reino”. Emocionadísima, Teresa comentó: “Me encantaría dejar de pecar. ¿Y cómo nos salva Dios del pecado?”. Le envié unos versículos. El primero, “Santifícalos en la verdad; tu palabra es verdad” (Juan 17:17). Después: “Vi en la mano derecha del que estaba sentado en el trono un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos. Y vi a un ángel poderoso que pregonaba a gran voz: ¿Quién es digno de abrir el libro y de desatar sus sellos? […] Mira, el León de la tribu de Judá, la Raíz de David, ha vencido para abrir el libro y sus siete sellos” (Apocalipsis 5:1-5). Le dije: “El Señor afirmó que santificaría a la humanidad con la verdad, y el Apocalipsis y el Libro de Daniel dicen que en los últimos días se abrirá un libro. Este libro se refiere a las nuevas palabras de Dios en los últimos días, la verdad que nos santificará. Solo Dios puede abrirlo y expresar la verdad para salvar a la humanidad. Cuando Él llega en los últimos días, dice verdades para purificarnos y transformarnos, para salvarnos del pecado. Además, el Apocalipsis señala varias veces: ‘El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias’ (Apocalipsis Chapters 2, 3). Dios hablará a las iglesias en los últimos días. Tenemos que estar atentos a Su voz. No podemos recibir al Señor a menos que oigamos Su voz, y es la única ocasión de purificarnos para ser dignos del reino”.

En este punto de enseñanza, Teresa me preguntó: “¿Por qué ha de declarar nuevas palabras el Señor en los últimos días? Siempre he leído la Biblia, y me ha dado fe y me ha enseñado mucho: por ejemplo, tolerancia, paciencia y perdón. Creo que basta con la Biblia y nuestro pastor siempre dice que la palabra de Dios está en la Biblia, no había nada nuevo”. Veía que ella tenía nociones de que el Señor hablara, que no lo aceptaba, así que no lo refuté directamente. Le conté mi propia experiencia. Le dije: “Yo pensaba lo mismo. Creía que todo lo que dijo el Señor estaba en la Biblia y no había nada nuevo. Sin embargo, oí a un hermano comentar algo que había dicho el Señor y lo vi de otra forma. El Señor Jesús dijo: ‘Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis soportar. Pero cuando Él, el Espíritu de verdad, venga, os guiará a toda la verdad’ (Juan 16:12-13). Eso les dijo el Señor a Sus discípulos entonces: que tenía muchas más cosas que decirles, pero les faltaba estatura para soportarlo. Él ha de hablar más en los últimos días para guiar a la gente hacia las verdades y, así, librarnos de las ataduras del pecado y salvarnos”. Después me acordé de un buen ejemplo para contarle. “Imagínate a un niño pequeño. De chiquitín, cuando su mamá le enseñara a hablar y caminar, ¿le diría que se ganara bien la vida para poder cuidar a papá y mamá? Claro que no. Sería demasiado pequeño para entenderlo, a esa edad, sus padres solo le dirán cosas que entienda. Después, cuando crezca y aprenda más, le hablarán más de la vida: como buscar empleo y tener familia. Es como, cuando en la Era de la Gracia, el Señor hizo la obra redentora según las necesidades humanas, expresando el camino del arrepentimiento y enseñándole a ser humilde, a abrazar una cruz, a perdonar setenta veces siete. Sin embargo, hubo otras cosas que el Señor no le contó: las verdades que nos purifican y nos salvan. Se las guardó para cuando venga en los últimos días y ese es el libro sellado profetizado en el Libro del Apocalipsis. En estos 2000 años nadie leyó ese libro porque no se abrió hasta que regresó el Señor en los últimos días. ¿Crees que lo escrito en ese libro podría estar en la Biblia?”. Seria, me contestó: “Eso no podría estar en la Biblia”. Le enseñé esto unas pocas veces más hasta que afirmó haberlo entendido completamente.

Pero, al día siguiente, cuando mencioné de nuevo que el Señor habla en los últimos días, dijo que las palabras del Señor para los últimos días deberían estar en la Biblia. Pensé haberla oído mal, así que le pregunté. Lo había dicho realmente. Estaba muy decepcionada por eso y pensaba que en realidad nunca lo había entendido. Me desanimé demasiado con lo que dijo. Pensé que, me había costado ajustarme a sus horarios y que aún no lo entendía, tras habérselo explicado varias veces. ¿En verdad iba a poder comprenderlo? No dije nada, pero empecé a pensar en desistir. Pero, luego comprendí que no era que ella no hubiera sacado nada de la enseñanza. Encasillar así de fácil a alguien no era conforme a la voluntad de Dios. Después, de pronto recordé estas palabras de Dios: “Dios te concedió el deber de difundir el evangelio; deberías tratar a cada objetivo de evangelización que te encuentres con el mayor amor y la mayor paciencia que puedas, soportar toda dificultad necesaria, difundir el evangelio con responsabilidad, comunicar la verdad claramente y ser capaz de dar cuenta de todos tus actos ante Dios. Esta es la actitud con que debes cumplir con el deber” (‘Difundir el evangelio es el deber al que están obligados por honor todos los creyentes’ en “Registro de las charlas de Cristo de los últimos días”). “Si un objetivo de evangelización reitera una pregunta, ¿cómo debes responder? No debería importarte tomarte el tiempo y la molestia de contestarle, ni pensar en todos los medios posibles para resolver su pregunta hasta que la entienda y no la vuelva a hacer. Entonces habrás cumplido con tu responsabilidad y tu corazón estará libre de culpa. ¿Significa esto estar libre de culpa por parte del converso potencial? No. Estarás libre de culpa por parte de Dios, pues Él te encomendó este deber, esta responsabilidad” (‘Difundir el evangelio es el deber al que están obligados por honor todos los creyentes’ en “Registro de las charlas de Cristo de los últimos días”). Me avergoncé de mí misma al pensar en lo que exige Dios. Solo le había enseñado poco a Teresa, pero no quería intentarlo más porque aún no había abandonado sus nociones. No estaba mostrando amor. También yo tenía muchas nociones cuando me hice creyente, pero los hermanos me enseñaron una y otra vez y oraron por mí hasta que las abandoné y fui ante Dios a aceptar Su salvación. Esto se debió a Su amor y Su tolerancia. Entonces, ¿por qué no ser paciente cuando le predicaba el evangelio? Avergonzada, oré a Dios y le dije: “Dios mío, si es una de Tus ovejas, guíame. Haré todo lo posible por cooperar”. Tras orar, reflexioné sobre que la Biblia había sido el fundamento de la fe de Teresa muchos años. Era comprensible que no aceptara enseguida Sus nuevas palabras para los últimos días que no están en la Biblia. Se me ocurrió que podría hablar de otra perspectiva. Después leí con ella palabras de Dios. “Dios mismo es la vida y la verdad, Su vida y verdad coexisten. Los que no pueden obtener la verdad nunca obtendrán la vida. Sin la guía, el apoyo y la provisión de la verdad, solo recibirás letras, doctrinas y, por encima de todo, la muerte. La vida de Dios siempre está presente, Su verdad y vida coexisten. Si no puedes encontrar la fuente de la verdad, entonces no obtendrás el alimento de la vida; si no puedes obtener la provisión de vida, entonces, seguramente no tienes la verdad, y así, aparte de las imaginaciones y las nociones, la totalidad de tu cuerpo no será nada más que carne, tu apestosa carne. Debes saber que las palabras de los libros no cuentan como vida, los registros de la historia no se pueden adorar como la verdad, y las normas del pasado no pueden servir como un registro de palabras que Dios pronuncia en el presente. Sólo lo que Dios expresa cuando viene a la tierra y vive entre los hombres es la verdad, la vida, la voluntad de Dios y Su manera actual de obrar” (‘Solo el Cristo de los últimos días le puede dar al hombre el camino de la vida eterna’ en “La Palabra manifestada en carne”). “El hecho que quiero explicar aquí es este: lo que Dios es y tiene es inagotable e ilimitado por siempre. Dios es la fuente de la vida y de todas las cosas. Dios no puede ser dimensionado por ningún ser creado. Por último, debo todavía recordar a todos: no delimitéis otra vez a Dios a libros, palabras o a Sus declaraciones pasadas. Hay una sola palabra para describir la característica de la obra de Dios: nueva. A Él no le gusta tomar caminos antiguos o repetir Su obra, y mucho menos quiere que la gente lo adore mientras que lo delimita a un cierto ámbito. Este es el carácter de Dios” (‘Epílogo’ en “La Palabra manifestada en carne”). Después le enseñé esto: “Dios es fuente de toda verdad, y Su sabiduría, infinita. Puede expresar más verdades según las necesidades. ¿Cómo va a limitarse a lo que dice la Biblia? ¿Eso no restringe a Dios solo a la Biblia?”. Le conté la fábula de la rana en el fondo del pozo, Era: “Una rana vivía en un pozo y solo veía el cielo por su entrada, por lo que creía que el cielo era del tamaño de esa boca. Un día cayó tal tormenta que pudo saltar afuera del pozo. Contempló la infinita inmensidad del cielo, mucho más grande de lo que creía. Notó que no había visto el cielo entero por estar en el fondo del pozo”. Le dije que yo también me sentí así y que mi entendimiento era superficial. Dios es muy grande, y nosotros, pequeños. Dios es infinito y enormemente abundante y no podemos saber lo que Él tiene y es por nuestro razonamiento. ¿Cómo podríamos acotar a Dios? El Señor Jesús dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida” (Juan 14:6). Dios es la fuente de la verdad. Le pregunté si Dios podía expresar más que lo que hay en la Biblia, cosas todavía más elevadas, todo lo que necesita la gente en los últimos días. Contestó: “Claro que puede”. Comprobé que flaqueaban sus nociones, su corazón se abría. Le envié ese mismo versículo: “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias” (Apocalipsis 2:7). Le expliqué que lo que el Espíritu dice a las iglesias es lo que dice el Señor en los últimos días y que la Biblia relata lo que Dios habló e hizo en la Era de la Ley y de la Gracia. Al preguntarle si era posible que estuvieran en la Biblia las nuevas palabras del Señor al regresar, sonrió y me respondió: “Ya entiendo. La Biblia no tiene las palabras del Señor a Su regreso y Dios puede declarar palabras además de las de la Biblia”. Muy emocionada, me dijo que la gente no comprende a Dios. Quería leer más de Dios y entenderlo.

Yo estaba encantada de que Teresa estuviera dispuesta a aceptar que el Señor regresará a hablar de nuevo, así que le pregunté: “Dado que el Señor regresará para seguir hablando, ¿por qué medio crees que hará Sus declaraciones?”. Respondió: “Por el Espíritu”. Le dije que eso creía yo también, pero que estudié la Escritura con los hermanos y hermanas y descubrí esto: “Porque como el relámpago al fulgurar resplandece desde un extremo del cielo hasta el otro extremo del cielo, así será el Hijo del Hombre en su día. Pero primero es necesario que Él padezca mucho y sea rechazado por esta generación” (Lucas 17:24-25). Además, “Tal como ocurrió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del Hombre” (Lucas 17:26), y “También vosotros estad preparados, porque a la hora que no pensáis vendrá el Hijo del Hombre” (Mateo 24:44). Le dije: “Según estos versículos, el Señor volverá como el ‘Hijo del hombre’. ‘Hijo del hombre’ significa que nace del hombre y tiene una humanidad normal. No lo llamarían así si tuviera forma espiritual. Jehová Dios era un Espíritu, así que no lo llamaban así. Eso implica que el Señor vuelve encarnado. Si llegara en un cuerpo espiritual resucitado, mostrándose ante los pueblos sobre una nube, todo el mundo se postraría temblando de miedo y nadie lo rechazaría. ¿Cómo se cumplirían las palabras del Señor ‘Primero es necesario que Él padezca mucho y sea rechazado por esta generación’?”. Parecía que Teresa estaba meditando algo, por lo que le pregunté: “¿Por qué decidió el Señor venir en los últimos días encarnado, y no como Espíritu?”. Movió la cabeza. Señalé: “La gente no puede ver ni tocar a Dios en forma espiritual. Si apareciera y hablara un cuerpo espiritual, ¿qué sentirías?”. Habría miedo y confusión. ¿Quiere Dios que todo el mundo se asuste mientras Él nos hable? Por supuesto que no. Y la gente está demasiado viciada; no somos dignos de ver Su Espíritu. Nos mataría el hecho de contemplarlo. Tras explicarle, le leí más palabras de Dios. “La salvación del hombre por parte de Dios no se lleva a cabo directamente utilizando el método del Espíritu y la identidad del Espíritu, porque el hombre no puede ni tocar ni ver Su Espíritu, ni tampoco acercarse a Él. Si Él tratara de salvar al hombre directamente utilizando la perspectiva del Espíritu, el hombre sería incapaz de recibir Su salvación. Si Dios no se hubiera vestido con la forma exterior de un hombre creado, no habría forma de que el hombre recibiera esta salvación, pues el hombre no tiene forma de acercarse a Él, igual que nadie podía acercarse a la nube de Jehová. Sólo volviéndose un ser humano creado —es decir, sólo poniendo Su palabra en el cuerpo de carne en el que está a punto de convertirse— puede trabajar personalmente la palabra en todos los que le siguen. Sólo entonces puede el hombre ver y oír personalmente Su palabra, y, además, poseer su palabra y, por estos medios, llegar a ser totalmente salvo. Si Dios no se hubiera hecho carne, nadie de carne y hueso podría recibir una salvación tan grande ni se salvaría una sola persona. Si el Espíritu de Dios obrara directamente en medio de la humanidad, la humanidad entera sería fulminada o, sin una forma de entrar en contacto con Dios, Satanás se la llevaría totalmente cautiva” (‘El misterio de la encarnación (4)’ en “La Palabra manifestada en carne”). “Esta era la ventaja de Dios al hacerse carne: podía aprovecharse del conocimiento de la humanidad y usar el lenguaje humano para hablar a las personas y para expresar Su voluntad. Él le explicó o le ‘tradujo’ al hombre Su profundo lenguaje divino, que resultaba difícil de entender para las personas en lenguaje humano, de forma humana. Esto ayudó a las personas a entender Su voluntad y a saber qué quería hacer Él. También pudo tener conversaciones con personas desde la perspectiva humana, usar el lenguaje humano y comunicarse con ellas de una forma en la que entenderían. Hasta podía hablar y obrar usando el lenguaje y el conocimiento humanos, de forma que las personas pudieran sentir la bondad y la cercanía de Dios, y ver Su corazón” (‘La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo III’ en “La Palabra manifestada en carne”). Luego continué con mi enseñanza: “Dios decidió venir en la carne y tener una vida real entre nosotros para estar más cerca y proveernos la verdad que nos salva. Es como los padres con un hijo. ¿Querría un padre que su hijo le tuviera miedo cada vez que lo viera?”. Claro que no. Entonces proseguí: “Los padres no quieren que su hijo les tenga miedo y se esconda. ¿Y Dios entonces? Si Dios solamente hablara desde los cielos, tendríamos miedo y nos alejaríamos de Él. Dios no quiere que nos alejemos, que creamos que es difícil acercarnos, por lo que Su regreso es como la venida del Señor Jesús. Vino encarnado en un Hijo del hombre normal y corriente que comía y hablaba con Sus discípulos y los ayudaba a resolver sus problemas y confusiones. Que el verdadero Dios vivo, efectivamente, viva y habite entre los hombres nos ayuda a sentirnos más cerca de Dios. Además, Dios sabe expresar en nuestro idioma la verdad que nos sustenta. Puede usar ejemplos y analogías para que entendamos mejor Su voluntad, comprendamos la verdad y entremos en ella. ¡Qué práctico y preciado es el amor de Dios por nosotros! Haciéndose carne, Dios tolera humillación y sufrimiento por hablar y obrar para que comprendamos la verdad, nos libre de pecado y nos salve plenamente. Esta es Su máxima salvación para la humanidad corrupta”. En este momento se le saltaron las lágrimas. Dijo: “Ya lo entiendo. El Señor vuelve en forma encarnada. También yo quiero que Dios venga entre nosotros en la carne. Nos ama muchísimo. No somos dignos …”. Me enterneció muchísimo ver la emoción de Teresa y recordé unas palabras de Dios: “¿Puedes comunicar el carácter expresado por Dios en cada era de una manera concreta, en un lenguaje que trasmita adecuadamente la importancia de dicha era? ¿Puedes tú, que experimentas la obra de Dios de los últimos días, describir en detalle el carácter justo de Dios? ¿Puedes dar testimonio del carácter de Dios de manera precisa y clara? ¿Cómo transmitirás lo que has visto y experimentado a esos creyentes religiosos lastimosos, pobres y devotos, hambrientos y sedientos de justicia, y que están esperando a que tú los pastorees?” (‘¿Cómo deberías ocuparte de tu misión futura?’ en “La Palabra manifestada en carne”). “Para poder dar testimonio de la obra de Dios debes confiar en tu experiencia, en tu conocimiento y en el precio que has pagado. Solo así puedes satisfacer Su voluntad” (‘Los que serán hechos perfectos deben someterse al refinamiento’ en “La Palabra manifestada en carne”). Recordé el tiempo que llevaba predicando el evangelio. Yo predicaba, sobre todo, teorías y nunca había pensado si realmente comprendía a Dios, si podía compartir testimonios de experiencias reales. Esta experiencia me enseñó que predicar no es hablar con gente, sino conocer a Dios. También yo sentía el amor de Dios al hablar con Teresa. Si Él no hubiera venido a obrar y hablar en la carne, no podríamos comprender la verdad ni purificar nuestro carácter corrupto. Seríamos destruidos en los desastres. Cuanto más lo pensaba, más percibía lo grande que es Su amor. Teresa comentó entonces: “La enseñanza de hoy es totalmente novedosa para mí. He aprendido mucho de esto”.

Me encantó escuchar que dijera eso, y le respondí: “El Señor Jesús ya ha regresado como Dios Todopoderoso encarnado. Dios Todopoderoso dijo nuevas palabras y hace el juicio de los últimos días para purificar a la humanidad. Esto cumple las profecías bíblicas: ‘Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios’ (1 Pedro 4:17), y ‘Porque ni aun el Padre juzga a nadie, sino que todo juicio se lo ha confiado al Hijo’ (Juan 5:22)”. Teresa estaba feliz de que el Señor regresó, pero también estaba confundida. Me preguntó: “El Señor Jesús ya nos perdonó los pecados cuando lo crucificaron. ¿Por qué regresa para la obra del juicio y así salvar al hombre en los últimos días?”. Le leí unas palabras de Dios. Dios Todopoderoso dice: “Aunque Jesús hizo mucha obra entre los hombres, sólo completó la redención de toda la humanidad y se convirtió en la ofrenda por el pecado del hombre; no lo libró de la totalidad de su carácter corrupto. Salvar al hombre totalmente de la influencia de Satanás no sólo requirió que Jesús se convirtiera en la ofrenda por el pecado y cargara con los pecados del hombre, sino también que Dios realizara una obra incluso mayor para librar completamente al hombre de su carácter satánicamente corrompido. Y, así, ahora que el hombre ha sido perdonado de sus pecados, Dios ha vuelto a la carne para guiar al hombre a la nueva era, y comenzó la obra de castigo y juicio. Esta obra ha llevado al hombre a una esfera más elevada. Todos los que se someten bajo Su dominio disfrutarán una verdad más elevada y recibirán mayores bendiciones. Vivirán realmente en la luz, y obtendrán la verdad, el camino y la vida” (‘Prefacio’ en “La Palabra manifestada en carne”). “Tú sólo sabes que Jesús descenderá durante los últimos días, pero ¿cómo lo hará exactamente? Un pecador como vosotros, que acaba de ser redimido y que no ha sido cambiado ni perfeccionado por Dios, ¿puede ser conforme al corazón de Dios? Para ti, que aún eres del viejo ser, es cierto que Jesús te salvó y que no perteneces al pecado gracias a la salvación de Dios, pero esto no demuestra que no seas pecador ni impuro. ¿Cómo puedes ser santo si no has sido cambiado? En tu interior, estás cercado por la impureza, egoísta y miserable, pero sigues deseando descender con Jesús; ¡qué suerte tendrías! Te has saltado un paso en tu creencia en Dios: simplemente has sido redimido, pero no has sido cambiado. Para que seas conforme al corazón de Dios, Él debe realizar personalmente la obra de cambiarte y purificarte; si sólo eres redimido, serás incapaz de alcanzar la santidad. De esta forma no serás apto para participar en las buenas bendiciones de Dios, porque te has saltado un paso en la obra de Dios de gestionar al hombre, que es el paso clave del cambio y el perfeccionamiento. Tú, un pecador que acaba de ser redimido, eres, por tanto, incapaz de heredar directamente la herencia de Dios” (‘Acerca de los apelativos y la identidad’ en “La Palabra manifestada en carne”). Después de leer estas palabras, le dije: “El Señor Jesús nos redimió. ¿Qué consiguió esta redención? Logramos redimirnos de nuestros pecados para que no se nos castigue más por infringir la ley. Esto fue lo que logró la obra de redención del Señor Jesús. Fuimos perdonados por nuestra fe en el Señor, pero aún seguimos mintiendo y pecando constantemente. Vivimos en un círculo vicioso de pecar y confesar sin poder escapar de las cadenas del pecado. ¿Por qué pasa esto? Porque no hemos desechado nuestra naturaleza pecaminosa. Esta naturaleza es como un tumor maligno muy dentro de nosotros. Si no nos lo quitamos, podemos ser perdonados mil o diez mil veces, pero no nos libraremos del pecado ni seremos dignos del reino. Por eso es necesario que regrese el Señor para la obra del juicio. Esa obra del juicio corregirá nuestra naturaleza pecaminosa y nos liberará de las cadenas del pecado, nos purificará y nos salvará”.

Teresa se alegró mucho de oír esto, y dijo: “¿Puedes hablarme de la obra del juicio? ¿Cómo realiza Dios este juicio para salvarnos del pecado?”. Le leí unas palabras de Dios. “Cristo de los últimos días usa una variedad de verdades para enseñar al hombre, para exponer la sustancia del hombre y para analizar minuciosamente sus palabras y acciones. Estas palabras comprenden verdades diversas tales como el deber del hombre, cómo el hombre debe obedecer a Dios, cómo debe ser leal a Dios, cómo debe vivir una humanidad normal, así como la sabiduría y el carácter de Dios, etc. Todas estas palabras están dirigidas a la sustancia del hombre y a su carácter corrupto. En particular, las palabras que exponen cómo el hombre desdeña a Dios se refieren a que el hombre es una personificación de Satanás y una fuerza enemiga contra Dios. Al realizar Su obra del juicio, Dios no aclara simplemente la naturaleza del hombre con unas pocas palabras; la expone, la trata y la poda a largo plazo. Todos estos métodos diferentes de exposición, de trato y poda no pueden ser sustituidos con palabras corrientes, sino con la verdad de la que el hombre carece por completo. Solo los métodos de este tipo pueden llamarse juicio; solo a través de este tipo de juicio puede el hombre ser doblegado y completamente convencido por Dios y, además, obtener un conocimiento verdadero de Dios. Lo que la obra de juicio propicia es el entendimiento del hombre sobre el verdadero rostro de Dios y la verdad sobre su propia rebeldía. La obra de juicio le permite al hombre obtener mucho entendimiento de la voluntad de Dios, del propósito de la obra de Dios y de los misterios que le son incomprensibles. También le permite al hombre reconocer y conocer su esencia corrupta y las raíces de su corrupción, así como descubrir su fealdad. Estos efectos son todos propiciados por la obra del juicio, porque la esencia de esta obra es, en realidad, la obra de abrir la verdad, el camino y la vida de Dios a todos aquellos que tengan fe en Él. Esta obra es la obra del juicio realizada por Dios” (‘Cristo hace la obra del juicio con la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”). Tras leer esto, le dije: “En los últimos días, Dios hace Su juicio para exponer la naturaleza satánica del hombre, Revela todas las expresiones de nuestro carácter satánico y oposición para que sepamos cuánto nos ha corrompido Satanás y comprobemos el carácter santo y justo de Dios. Juzgados, castigados, podados y tratados por Dios, vemos todas nuestras actitudes satánicas, como la arrogancia, la astucia, el egoísmo y la codicia. Quizás nos sacrificamos por Dios, pero cuando nos pasa algo que nos disgusta, como enfermar o afrontar un desastre, malinterpretamos y lo culpamos. Este juicio es la única forma de que entendamos que, si nos sacrificamos, es sólo por las bendiciones y entrar en el reino. Hacemos un trato con Dios. No hay una sumisión sincera ni un amor sincero. Con el juicio y castigo de las palabras de Dios y lo que revela lo que nos pasa, vemos la verdad de nuestra corrupción y la detestamos. También experimentamos el carácter santo y justo de Dios, que no tolera ofensa, y tenemos la veneración hacia Él. Solo de esta forma vemos cuánto nos ha corrompido Satanás. Sin el juicio de Dios en los últimos días, nunca veríamos la verdad de nuestra corrupción ni nos libraríamos de ella. No tendríamos amor ni obediencia hacia Dios. Esto es como un enfermo: si no sabe que le pasa algo, no irá a tratárselo ni sabrá qué tratamiento necesita, con lo que no mejorará. Sin embargo, si va al médico, este le dirá qué le pasa, qué lo provoca y cómo puede tratarlo, y mejorará si sigue los consejos del médico. Así, Dios juzga a la humanidad en los últimos días para resolver nuestra naturaleza pecaminosa y carácter satánico corrupto. Debemos aceptar Su juicio y Su castigo para librarnos del pecado, desechar el carácter satánico, ser salvados y entrar al reino”. En ese momento dijo Teresa: “Ya entiendo. Con la obra del juicio, Dios nos purifica y salva completamente. Si quiero escapar a esta vida de pecado y confesión, he de aceptar el juicio y la purificación”. Después miramos juntas unas películas del evangelio y leímos palabras de Dios Todopoderoso. Teresa me comentó: “Estas palabras tienen gran poder. Son estremecedoras. ¡Son la voz de Dios! Dios Todopoderoso es el regreso de Jesús. ¡Es el Señor que vuelve para purificarnos y salvarnos!”. Luego me preguntó: “¿Cómo conseguir las palabras de Dios Todopoderoso? ¿Dónde puedo hablar en persona con otros creyentes?”. Le dije que podía presentarle a otros miembros y le envié la versión digital de La Palabra manifestada en carne. Estaba tan emocionada que abrió los ojos y dijo que quería recibir el libro y leer las palabras de Dios cuanto antes.

Al verla tan exultante por recibir al fin al Señor, le di gracias a Dios por Su esclarecimiento y guía, gracias a los cuales Teresa oyó Su voz y entró en Su casa. Dos o tres días más tarde, ella me dijo que le contó a su mejor amiga que el Señor ya había regresado y ella le advirtió que no lo creyera. También su pastor la llamaba para amenazarla con expulsarla de la iglesia. Según ella, “Dios Todopoderoso es el Cristo de los últimos días, Sus palabras son la verdad, y solo Cristo, es quien puede decirlas. Él es el regreso del Señor. Ni mi amiga me influirá ni el pastor puede detenerme”. También señaló: “Llevo años buscando una iglesia verdadera, pero me decepcionaron. Ninguna es enriquecedora y cada vez más miembros se hacen mundanos. Me sentía desamparada. Le agradezco a Dios. Nunca soñé que oiría la voz de Dios y recibiría al Señor. Por fin he encontrado la iglesia de Dios”. Estaba muy emocionada y con lágrimas en los ojos: una imagen llena de esperanza. Yo estaba muy conmovida. Comprobé que, cuando una de las ovejas de Dios oye Su voz, lo sigue y conserva su fe aunque se meta Satanás. Sin embargo, al pensar que me había desanimado y pensado en rendirme y encasillarla y no predicarle el testimonio de la obra de Dios de los últimos días, me llené de pesar y mucha culpa. Entendí, además, que solo Dios nos ama y cuida realmente, pues, a punto de rendirme, Sus palabras me dieron esclarecimiento y guía para que viera mi rebeldía y entendiera Su voluntad urgente de salvar al hombre. Colabore para dar testimonio a Teresa de Su obra de los últimos días.

Asimismo, me supuso una experiencia profunda que predicar el evangelio es salvar a la gente Con mis sentimientos y experiencias doy testimonio de la obra de Dios para llevar a Su casa a alguien que anhela la venida del Señor. Nada tiene mayor sentido. También vi la alegría y emoción de alguien que anhela el regreso del Señor cuando oye Su voz y lo recibe, y también percibí que Dios espera que más creyentes verdaderos vayan ante Él y reciban Su salvación. Hay mucha gente en este mundo que vive en las tinieblas anhelando la venida de Dios. Dios se aflige y angustia por ellos. Por eso, sentí que predicar el evangelio es mi deber y vocación. Además, le juré a Dios que, ante cualquier obstáculo, confiaré en Él y cumpliré con el deber de predicar el evangelio. Daré testimonio con mi real entendimiento y llevaré a Sus ovejas ante Él para que reciban Su salvación en los últimos días.

El fin de todas las cosas se está acercando, ¿quieres saber cómo el Señor recompensará el bien, castigará el mal y determinará el fin de cada uno? Bienvenido a contactarnos para descubrir la respuesta.

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