Cuando mi familia trató de impedirme creer en Dios

23 Oct 2022

Por Jin Yue, Malasia

En marzo de 2018, unos parientes me predicaron el evangelio de Dios Todopoderoso de los últimos días y me invitaron a una reunión virtual. Con la lectura de la palabra de Dios Todopoderoso, aprendí que Dios Todopoderoso realiza la obra del juicio basándose en la obra de redención del Señor Jesús y que ha venido a purificar y salvar por completo a la gente, a librarla de pecado y a introducirla en el reino de Dios. Aunque desde antes creía en el Señor y participaba en los servicios de la iglesia, me pasaba los días en un círculo de pecado y confesión, no sabía practicar la palabra del Señor y vivía con dolor. Ahora por fin había hallado una manera de purificarme de corrupción, por lo que estaba muy contenta y segura de que Dios Todopoderoso era la segunda venida del Señor Jesús. Empecé a asistir a reuniones virtuales con hermanos y hermanas de la Iglesia de Dios Todopoderoso y le contaba a mi madre sobre la luz que recibía en ellas. Según ella, lo que le contaba era útil, y le interesaban los sermones que yo oía en internet, así que la invité a asistir a las reuniones virtuales conmigo. Inesperadamente, dejó de escucharlos a medio camino y luego trató de impedirme creer en Dios Todopoderoso.

Un día, mi madre me preguntó de repente: “Lo que enseñaron en la reunión el otro día, ¿era un sermón del Relámpago Oriental?”. Ante la repentina pregunta de mi madre, al principio no supe cómo responder. Pensé: “Mi madre siempre escucha al pastor. Si me pregunta esto, ¿se ha dejado engañar por los rumores del pastor, de condena al Relámpago Oriental?”. Mientras lo pensaba, en cuanto acabé de hablar, ella me señaló en tono acusador: “Piensa en lo que dice la Biblia: ‘Entonces si alguno os dice: “Mirad, aquí está el Cristo”, o “Allí está”, no le creáis. Porque se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y mostrarán grandes señales y prodigios, para así engañar, de ser posible, aun a los escogidos’ (Mateo 24:23-24). El pastor citaba estos versículos muchas veces. En los últimos días aparecerán muchos falsos Cristos para engañar a la gente; sobre todo los del Relámpago Oriental, que dan testimonio de que el Señor Jesús ha vuelto encarnado. Esto tiene que ser falso. El pastor nos dijo que no lo creyéramos ¡y que jamás escucháramos sus sermones! También tú debes hacer lo que él diga. ¡Deja de escuchar esos sermones!”. Me enojé cuando oí a mi madre. El pastor no había oído las palabras de Dios Todopoderoso ni estudiado Su obra en los últimos días. ¿Cómo podía condenar tan fácilmente el regreso del Señor? Tampoco mi madre había leído las palabras de Dios Todopoderoso. ¿Cómo podía ser tan poco crítica y limitarse a secundar la afirmación del pastor de que eso era falso? Muchos creyentes sinceros en el Señor han leído las palabras de Dios Todopoderoso y las han reconocido como la voz de Dios. Tras leer las palabras de Dios Todopoderoso, yo también percibí su autoridad y poder. Tienen el mismo origen que las palabras del Señor Jesús y son la voz del propio Dios. Dios Todopoderoso es el regreso del Señor Jesús. ¿Cómo podían afirmar que era un falso Cristo que engañaba a la gente?

El hermano Cheng, de la Iglesia de Dios Todopoderoso, me había enseñado este aspecto de la verdad y me leyó unas palabras de Dios: “Aquel que es Dios encarnado poseerá la esencia de Dios, y Aquel que es Dios encarnado tendrá la expresión de Dios. Puesto que Dios se hace carne, Él traerá la obra que pretende llevar a cabo y puesto que se hace carne expresará lo que Él es; será, asimismo, capaz de traer la verdad al hombre, de concederle la vida y de señalarle el camino. La carne que no contiene la esencia de Dios definitivamente no es el Dios encarnado; de esto no hay duda. Si el hombre pretende investigar si es la carne encarnada de Dios, entonces debe corroborarlo a partir del carácter que Él expresa y de las palabras que Él habla. Es decir, para corroborar si es o no la carne encarnada de Dios y si es o no el camino verdadero, la persona debe discernir basándose en Su esencia. Y, así, a la hora de determinar si se trata de la carne de Dios encarnado, la clave yace en Su esencia (Su obra, Sus declaraciones, Su carácter y muchos otros aspectos), en lugar de fijarse en Su apariencia externa. Si el hombre sólo analiza Su apariencia externa, y como consecuencia pasa por alto Su esencia, esto muestra que el hombre es ignorante” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Prefacio). “Si durante la época actual emerge una persona capaz de exhibir señales y maravillas, echar fuera demonios, sanar a los enfermos y llevar a cabo muchos milagros, y si esta persona declara ser Jesús que ha venido, sería una falsificación producida por espíritus malignos que imitan a Jesús. ¡Recuerda esto! Dios no repite la misma obra. La etapa de la obra de Jesús ya ha sido completada, y Dios nunca más la acometerá. La obra de Dios es irreconciliable con las nociones del hombre; por ejemplo, el Antiguo Testamento predijo la venida de un Mesías, y el resultado de esta profecía fue la venida de Jesús. Como esto ya había ocurrido, sería erróneo que viniera otro Mesías de nuevo. Jesús ya ha venido una vez, y sería incorrecto que viniera de nuevo en esta ocasión. Hay un nombre para cada era, y cada nombre contiene una caracterización de esa era. En las nociones del hombre, Dios siempre debe hacer señales y maravillas, siempre debe sanar a los enfermos y echar fuera demonios, y siempre debe ser como Jesús. Pero esta vez Dios no es así en absoluto. Si durante los últimos días, Dios siguiera exhibiendo señales y maravillas, echara fuera demonios y sanara a los enfermos —si hiciera exactamente lo mismo que Jesús—, Dios estaría repitiendo la misma obra, y la de Jesús no tendría importancia ni valor. Así pues, Dios lleva a cabo una etapa de la obra en cada era. Una vez completada cada etapa de Su obra, los espíritus malignos la imitan pronto, y después de que Satanás empieza a pisarle los talones a Dios, este cambia a un método diferente. Una vez que Dios ha completado una etapa de Su obra, los espíritus malignos la imitan. Debéis tener claro esto” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Conocer la obra de Dios hoy). El hermano Cheng también me habló de la palabra de Dios: “Al discernir al Cristo verdadero de los falsos, primero debemos observar si es capaz de expresar la verdad, de expresar el carácter de Dios y todo cuanto Dios tiene y es y de realizar la obra de salvación de la humanidad. Este es el principio más crucial y fundamental. Solo Cristo puede expresar la verdad, y alguien que no sea capaz de expresarla, desde luego, no es Cristo. Los falsos Cristos no poseen la esencia de Dios ni pueden expresar la verdad. Únicamente saben imitar al Señor Jesús y mostrar señales y prodigios sencillos para engañar a los que están atolondrados y carecen de discernimiento. Por tanto, si alguien afirma ser la venida de Cristo, pero no sabe expresar la más mínima verdad, sino solo mostrar señales y prodigios, es un espíritu maligno imitador y un falso Cristo venido para engañar a la gente. Solo Cristo es la verdad, el camino y la vida y solo Él puede expresar la verdad y realizar la obra de salvación de la humanidad. El Señor Jesús expresó muchas verdades cuando apareció y obró, otorgó a la gente el camino del arrepentimiento, redimió a la humanidad, inició la Era de la Gracia y concluyó la Era de la Ley. Por eso todos podemos reconocer que el Señor Jesús era Dios encarnado, Cristo. En los últimos días viene Dios Todopoderoso a expresar toda verdad necesaria para la salvación de la humanidad corrupta. Las palabras de Dios Todopoderoso tienen autoridad y poder, y lo que revelan es el carácter de Dios y todo cuanto Dios tiene y es. Él abre el rollo, abre los siete sellos, desvela los misterios de la Biblia, concluye la Era de la Gracia, inicia la Era del Reino y realiza la obra del juicio para salvar por completo a la humanidad. Las palabras y la obra de Dios Todopoderoso demuestran plenamente que Él es Dios encarnado, la aparición de Cristo en los últimos días”. Al recordarlo se me iluminó el corazón. Le dije a mi madre: “¿Por qué te crees tanto las palabras del pastor? Dado que creemos en el Señor, deberíamos escuchar Sus palabras. Como afirmó el Señor Jesús, ‘Mis ovejas oyen mi voz’ (Juan 10:27). Las palabras de Dios Todopoderoso enseñan claramente la verdad del Cristo verdadero y de los falsos. Cristo es Dios encarnado como el Hijo del hombre. Como Cristo es el propio Dios, puede expresar la verdad y obrar para salvar a la gente. Los falsos Cristos son personas corruptas, imitaciones que no pueden expresar la verdad ni salvar a la humanidad y que solo saben mostrar señales y prodigios para engañar a la gente. En los últimos días viene Dios Todopoderoso a realizar la obra de juicio; es decir, que expresa la verdad para purificar y salvar por completo a la gente. Si leemos más las palabras de Dios Todopoderoso, podemos discernir al Cristo verdadero de los falsos, oír la voz de Dios y recibir el regreso del Señor…”. Antes de que pudiera acabar, mi madre dejó de escucharme. Quería leerle las palabras de Dios Todopoderoso, pero se marchó enojada. Tras enterarse mis hermanos y hermanas, me comentaron que mi madre se había dejado engañar por el pastor y que no comprendía la verdad de cómo discernir al Cristo verdadero de los falsos, por lo que malinterpretaba la obra de Dios. También me dijeron que le enseñara más la verdad y que corrigiera con amor sus nociones y su confusión. Después tuve la ocasión de enseñarle a discernir al Cristo verdadero de los falsos. Una vez que oyó lo que le dije, le pareció que tenía lógica y que estaba en línea con la Biblia, ya no se oponía tanto a que me reuniera por internet y afirmó querer leer las palabras de Dios Todopoderoso. Esto me alegró mucho, así que le descargué la aplicación de la Iglesia de Dios Todopoderoso y le pedí que fuera a una reunión. Sin embargo, antes de la reunión, vio unos rumores publicados en internet por el pastor y comenzó a obstaculizarme nuevamente.

Un día, cuando yo estaba en el trabajo, mi madre me envió una captura de pantalla de un video de unos pastores religiosos que blasfemaban contra la Iglesia y la condenaban, y me pidió que lo mirara. Me enojé mucho al mirar la captura de pantalla. ¿Por qué no tenían estos pastores religiosos el menor temor de Dios? Difundían mentiras y rumores para condenar la obra de Dios de los últimos días e impedían que los creyentes estudiaran el camino verdadero. ¡Qué malvados! No lo entendía. Como líderes religiosos, los pastores son gente que sirve a Dios en la iglesia. ¿Por qué, al regreso del Señor Jesús, no lo reciben, sino que se resisten de esta forma a ello? Oré a Dios en mi búsqueda. Tras orar recordé la frase “el camino verdadero es perseguido desde la Antigüedad”. Me percaté inmediatamente de que, en la Era de la Gracia, cuando vino a obrar el Señor Jesús, Él también fue sometido a la persecución y condena de los sumos sacerdotes, los escribas y los fariseos de la religión judía. Ellos eran los que explicaban las Escrituras y servían a Dios en las sinagogas. Mientras lo recordaba leí un pasaje de las palabras de Dios. “¿Deseáis conocer la raíz de la oposición de los fariseos a Jesús? ¿Deseáis conocer la esencia de los fariseos? Estaban llenos de fantasías sobre el Mesías. Aún más, solo creían en su venida, pero no buscaban la verdad de la vida. Por tanto, incluso hoy siguen esperándole, porque no tienen conocimiento del camino de la vida ni saben cuál es el camino de la verdad. Decidme, ¿cómo podrían obtener la bendición de Dios tales personas insensatas, tozudas e ignorantes? ¿Cómo podrían contemplar al Mesías? Se opusieron a Jesús porque no conocían la dirección de la obra del Espíritu Santo ni el camino de la verdad mencionado por Jesús y, además, porque no entendían al Mesías. Y como nunca le habían visto ni habían estado en Su compañía, cometieron el error de aferrarse al mero nombre del Mesías mientras se oponían a Su esencia por todos los medios posibles. Estos fariseos eran tozudos y arrogantes en esencia, y no obedecían la verdad. El principio de su creencia en Dios era: por muy profunda que sea Tu predicación, por muy alta que sea Tu autoridad, no eres Cristo a no ser que te llames el Mesías. ¿No es esta creencia absurda y ridícula?” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. En el momento que contemples el cuerpo espiritual de Jesús, Dios ya habrá vuelto a crear el cielo y la tierra). Con la palabra de Dios entendí que la causa principal de la resistencia y condena de los fariseos al Señor Jesús era su naturaleza y esencia, de odio por la verdad y hostilidad a Dios. No temían a Dios ni buscaban la verdad en absoluto. Les resultaba evidente que las palabras y la obra del Señor Jesús tenían autoridad y poder, pero como eso no encajaba con sus nociones, negaban, rechazaban, difamaban y condenaban al Señor Jesús y al final lo crucificaron. Respecto a la obra de Dios en los últimos días, los pastores y ancianos del mundo religioso actual también se aferran obstinados a las nociones religiosas. Sin importar cuánta verdad exprese Dios Todopoderoso ni cuánta autoridad tengan Sus palabras, si eso no se ajusta a sus nociones, se resisten y lo condenan frenéticamente, y difunden rumores para impedirnos estudiarlo, con la esperanza de controlarnos por completo y evitar que oigamos la voz de Dios y recibamos al Señor. ¡Qué crueles son! ¿No es esta la misma esencia que la de los fariseos que se resistían y condenaban al Señor Jesús? ¡Se resisten a Dios incluso con más severidad que los fariseos! También vi que, como la esencia de los anticristos del mundo religioso es el odio por la verdad, sin importar en qué era o lugar aparezca y obre Dios, siempre lo rechazan y se resisten a Él. Esto cumple la profecía del Señor Jesús: “Porque como el relámpago al fulgurar resplandece desde un extremo del cielo hasta el otro extremo del cielo, así será el Hijo del Hombre en su día. Pero primero es necesario que Él padezca mucho y sea rechazado por esta generación” (Lucas 17:24-25). Entendí esta cuestión, ya no estaba confundida y decidí enseñar debidamente a mi madre cuando llegara a casa.

Cuando llegué, mi madre se enojó mucho al saber que no había mirado el video que me envió y, sin tiempo de explicarle, me preguntó reiteradamente por qué no lo miré. En respuesta, yo le pregunté: “Dios Todopoderoso habla muy claro, pero tú no buscas ni estudias. ¿Por qué miras estos videos blasfemos?”. Se enojó aún más entonces, y me acusó de tener unas creencias equivocadas. Me entristeció mucho que se enojara tanto. Mi madre se empeñaba tanto en impedirme creer en Dios Todopoderoso, porque se había dejado engañar por los rumores del pastor. Esto me hizo odiar todavía más a los pastores. Eran tal como dijo el Señor Jesús cuando maldijo a los fariseos: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres, pues ni vosotros entráis, ni dejáis entrar a los que están entrando” (Mateo 23:13). Luego insté a mi madre a que escuchara las palabras de Dios, no las de la gente; si no, podría perder fácilmente la salvación de Dios. Añadí que jamás dejaría de creer en Dios Todopoderoso. Como yo no tenía intención de renunciar, mi madre pasó a tener un tono preocupado y me pidió que dejara de asistir a reuniones y de creer en Dios Todopoderoso. Traté de hablar con mi madre por todos los medios, pero no escuchaba nada de lo que decía y alegaba que no podía admitir que hubiera regresado el Señor. Al rato se tapó la cara y se puso a llorar. Me sentí muy mal al verla llorar. De niña, mi mayor temor era verla llorar y entristecerla. A ojos de mi madre, siempre había sido una hija obediente, pero ahora se preocupaba y se sentía mal por mi culpa. Me pareció que tal vez fuera mejor hacerle caso y dejar de asistir a reuniones por el momento, pero, pensándolo bien, desde que creo en el Señor, siempre priorizaba el servicio a la iglesia y mis asuntos estaban en segundo plano. Ahora que había aceptado la nueva obra de Dios, era más importante que nunca priorizarlo a Él. Al no comprender mucho la verdad, necesitaba de forma especial las reuniones. Sin ellas no podría recibir la ayuda y el sustento de mis hermanos y hermanas. ¿Qué haría si era tentada o perturbada y no aguantaba? Sin embargo, si no dejaba las reuniones, ¡me resultaba un tormento ver a mi madre así de triste todos los días! Atrapada, oré a Dios para pedirle que me guiara para elegir lo correcto.

En mi reunión de esa noche, le conté mi estado a una hermana, y ella me envió un pasaje de la palabra de Dios: “Cuando Dios obra, se preocupa por la persona y la escudriña, y cuando la favorece y aprueba, Satanás sigue de cerca, intentando embaucar a la persona y hacerle daño. Si Dios desea ganar a esta persona, Satanás hará todo lo que pueda para estorbarle usando diversas tácticas malvadas para tentarle, para alterar y socavar la obra de Dios, todo ello con el fin de lograr su objetivo oculto. ¿Cuál es este objetivo? No quiere que Dios gane a nadie; él quiere robar la posesión de aquellos a los que Dios desea ganar, quiere controlarlos, hacerse cargo de ellos para que le adoren y entonces se le unan para cometer actos malvados y oponerse a Dios. ¿Acaso no es esta su siniestra motivación?” (La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. Dios mismo, el único IV). Luego ella me dijo: “En cuanto a lo que te pasa, desde fuera puede parecer que es tu familia la que te perturba y obstaculiza porque sigues a Dios Todopoderoso, pero detrás está la manipulación de Satanás. Es una batalla espiritual. Dios viene encarnado en los últimos días a salvar a la gente, pero Satanás no quiere que la gente gane la salvación de Dios, por lo que utiliza a quienes nos rodean para que nos perturben y obstaculicen, para que neguemos y traicionemos a Dios, y al final se apodera de nosotros, nos controla y nos arrastra al infierno con él. Igual que ahora, que acabas de aceptar la obra de Dios de los últimos días y Satanás te ataca y perturba por medio de tu madre para que la obedezcas, renuncies a tu fe en Dios y pierdas Su salvación. Esta es la siniestra intención de Satanás. Hemos de descubrir las trampas de Satanás y ampararnos en Dios para mantenernos firmes. Piensa en Job. Cuando Satanás utilizó las quejas de su esposa para que él renunciara a Dios, mantuvo su fe y su obediencia hacia Él, se mantuvo firme en su testimonio de Él y humilló a Satanás. Al final, la fe de Job ganó la aprobación de Dios. ¡También nosotros necesitamos fe para mantenernos firmes y no caer en las trampas de Satanás!”. Fue muy emocionante lo que me habló mi hermana sobre la palabra de Dios. Tras aceptar la obra de Dios de los últimos días, afrontaba muchos obstáculos a cada paso, y es que detrás había una batalla espiritual. Satanás sabía que tenía a mi madre en consideración y que le hacía caso, por lo que la utilizó una y otra vez para perturbarme, para llenarme de nociones y falacias, para difundir rumores para engañarme y para forzarme a dejar de seguir a Dios Todopoderoso. Las intenciones de Satanás son muy insidiosas y malvadas. No podía dejarme engañar por Satanás. Decidí que, sin importar cómo me perturbara mi madre, continuaría creyendo en Dios y reuniéndome con mis hermanos y hermanas para buscar y comprender más la verdad.

Los días posteriores, mi madre parecía triste, suspiraba siempre y, como yo me reunía por internet, era brusca conmigo. Aún me sentía un poco limitada al ver así a mi madre, pero sabía que no podía ceder en la cuestión de la fe en Dios Todopoderoso. Recordé unas palabras de Dios: “Debes poseer Mi valentía dentro de ti y debes tener principios cuando te enfrentes a parientes que no creen. Sin embargo, por Mi bien, tampoco debes ceder a ninguna fuerza oscura. Confía en Mi sabiduría para caminar el camino perfecto; no permitas que ninguna de las conspiraciones de Satanás se apodere de ti” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Declaraciones de Cristo en el principio, Capítulo 10). Las palabras de Dios me aclararon considerablemente las ideas. Me percaté de que me habían sobrevenido de nuevo las tramas de Satanás. Satanás veía que no había renunciado a mi fe en Dios, así que seguía utilizando a mi madre para atacarme y perturbarme y me resultaba imposible hallar tranquilidad para asistir debidamente a las reuniones. Tenía que ampararme en Dios para vencer la tentación de Satanás y humillarlo por completo. Luego de eso, hablaba activamente con mi madre todos los días, con mi interés y atención habituales, pero trataba de evitarla a la hora de las reuniones y de leer la palabra de Dios. Poco a poco, mi madre dejó de meterse tanto en mi fe en Dios y ni siquiera decía nada cuando me veía reunida por internet. Le estaba muy agradecida a Dios por guiarme para vencer la tentación de Satanás.

Pero, inesperadamente, tiempo después, mi padre y mi hermano se enteraron de que creía en Dios Todopoderoso y trataron de obstaculizarme y de devolverme a la religión. Un día, mi hermano, enojadísimo, me acusó: “¿Por qué eres tan terca? Mamá está preocupada y triste por tu fe en Dios. ¿Cómo puedes vivir con eso? La familia entera discrepa de tu fe en Dios Todopoderoso. ¿No puedes renunciar a ella y hacer felices a papá y a mamá?”. Ofendida por los malentendidos y acusaciones de mi familia, no pude evitar que se me cayeran las lágrimas. Realmente quería contarles todo lo que había aprendido de mi fe en Dios Todopoderoso, pero me acusaban y reprendían con cada una de sus palabras. No pude evitar sentirme algo débil. Clamé en silencio a Dios para pedirle fe para mantenerme firme. Después de orar, recordé que el Señor Jesús dijo: “El que ama al padre o a la madre más que a mí, no es digno de mí” (Mateo 10:37). “En verdad os digo: no hay nadie que haya dejado casa, o mujer, o hermanos, o padres o hijos por la causa del reino de Dios, que no reciba muchas veces más en este tiempo, y en el siglo venidero, la vida eterna” (Lucas 18:29-30). Ahora mi familia obstaculizaba mi fe en Dios. Si quería seguirlo, tenía que elegir. No podía dejar de seguir a Dios por los impedimentos y la incomprensión de mi familia. Me acordé de Pedro. Cuando seguía al Señor Jesús, también sus padres lo persiguieron y obstaculizaron, aun así, optó por seguir al Señor sin dudarlo. Él amaba a Dios más que a nada y yo sabía que debía seguir su ejemplo. Me sentí algo más tranquila al recordarlo. Quería hablar con ellos como es debido para advertirles que el Dios Todopoderoso en quien yo creía era el regreso del Señor Jesús, pero mi padre y mi hermano no me dejaban y se empeñaban en que volviera a la iglesia para creer en el Señor. Me sentí desamparada. Al recordar cómo mi familia me impedía creer en Dios una y otra vez, también me acordé de que, desde niña, mis padres y mi hermano me habían tenido cariño y amor. Ahora me reprendían y acosaban, cosa difícil de soportar. ¿Por qué era tan difícil creer en Dios? Realmente no sabía qué harían a continuación para obstaculizarme. ¿Qué debía hacer yo? Recordé de pronto un pasaje de las palabras de Dios. “En esta etapa de la obra se nos exige la mayor fe y el amor más grande. Podemos tropezar por el más ligero descuido, pues esta etapa de la obra es diferente de todas las anteriores. Lo que Dios está perfeccionando es la fe de la humanidad, que es tanto invisible como intangible. Lo que Dios hace es convertir las palabras en fe, amor y vida. Las personas deben llegar a un punto en el que hayan soportado centenares de refinamientos y en el que tengan una fe mayor que la de Job. Deben soportar un sufrimiento increíble y todo tipo de torturas sin dejar jamás a Dios. Cuando son obedientes hasta la muerte y tienen una gran fe en Dios, entonces esta etapa de la obra de Dios está completa” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La senda… (8)). Con las palabras de Dios entendí que mi familia me acosaba, pero Él había permitido este entorno para mí a fin de dotarme de la verdad y de discernimiento y de perfeccionar mi fe. Una y otra vez, mi familia me impidió creer en Dios y, aunque me sentía triste y débil, Dios no me había abandonado y me dirigía y guiaba con Sus palabras, con lo que pude manterme firme ante la perturbación y los impedimentos familiares. Tras pasar por ello, comprendí algo de la verdad, discerní la esencia de la resistencia de los pastores religiosos hacia Dios y las siniestras intenciones de Satanás, y aumentó mi fe en Dios. La obra de Dios es muy sabia y práctica. Sin importar qué dificultades afrontara en lo sucesivo, no tendría que preocuparme ni temer. Creía que, si verdaderamente me amparaba en Dios, Él me dirigiría y guiaría. Al pensarlo se reforzó todavía más mi deseo de seguir a Dios.

Un día, mi padre llamó con fuerza a mi puerta y, en cuanto la abrí, dijo mi madre llorando: “Cariño, deja de creer en Dios Todopoderoso. Escucha al pastor; ¿no es lo mismo si crees en el Señor en la iglesia?”. Verla así me enojó y me entristeció. Mi madre, frente a toda verdad expresada por Dios Todopoderoso, no mostraba una actitud de búsqueda ni de aceptación. Hacía caso totalmente al pastor y consideraba verdad sus palabras. Había rechazado la salvación de Dios en los últimos días y se había esforzado al máximo por perturbarme e impedirme seguir a Dios. Vi que mi madre no creía sinceramente en Dios; ella seguía a la gente. En los últimos días, la verdad expresada por Dios Todopoderoso revela, en efecto, a todo tipo de personas. El trigo y la cizaña se separan al igual que los verdaderos y falsos creyentes. Aunque éramos familia, tomamos sendas distintas por nuestras distintas actitudes hacia la verdad. Si mi madre seguía negándose a aceptar la obra de Dios de los últimos días, entonces ella y yo íbamos por sendas distintas. Ahora tenía que defender mi postura, no dejarme gobernar por las emociones y ampararme en Dios para mantenerme firme en el testimonio. Así pues, me calmé y le dije a mi madre: “Como creyentes, ¿no anhelamos la venida del Señor? El Señor ya ha vuelto, y ha comenzado la obra del juicio de Dios en los últimos días, conque espero que tú también lo estudies detenidamente y no siempre escuches las palabras del pastor. Si perdemos la salvación de Dios en los últimos días, perdemos toda ocasión de salvarnos”. Mi madre, por un momento, enmudeció, pero mi padre se enojó y me contestó: “Tengo una pregunta para ti: ¿vas a dejar de creer en Dios Todopoderoso?”. Lo miré y, decidida, respondí: “No”. Tuve una profunda sensación de paz y seguridad con esta respuesta. Por fin había expresado una postura firme. Mi papá se enojó aún más y, muy serio, me dijo: “Eres demasiado mayor ya como para que yo te controle. Puedes elegir tu propia senda. Asegúrate de no lamentarlo más adelante”. Con las palabras de mi padre comprendí que me había hecho mayor y ya era hora de responsabilizarme de mi vida. Ya había aceptado la obra de Dios de los últimos días y seguido las huellas de Dios, así que debía seguir mi senda sin dudarlo.

Posteriormente, mis padres dejaron de entrometerse en mi fe en Dios. Aprendí a discernir gracias a la perturbación de mi familia y comprendí algunas verdades. Percibí de veras que Dios es omnipotente y sabio, vi que Satanás es despreciable y malvado y sentí de veras que Dios es mi soporte. Ahora quiero buscar correctamente la verdad ¡y seguir a Dios hasta el fin!

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