Cómo superé las interferencias de mi padre

23 Oct 2022

Por Thalia, México

El 18 de noviembre de 2021 conocía a hermanos y hermanas de la Iglesia de Dios Todopoderoso en internet. Tras leer las palabras de Dios Todopoderoso y escuchar sus enseñanzas, me convencí de que Dios Todopoderoso es el regreso del Señor Jesús. Estaba muy emocionada, y acepté la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días con alegría. Quería compartir esta buena nueva con mi familia pronto, sobre todo con mi padre. Había sido cristiano desde los 30 años. Ahora tenía 60, y siempre había anhelado el regreso del Señor. Si se enteraba que el Señor Jesús había regresado, estaba segura de que lo aceptaría con tanta alegría como yo. Para mi sorpresa, tras contarle a mi padre la noticia del regreso del Señor, él, de hecho, me dijo que no creyera. “La Biblia no dice que Dios regresará encarnado”, me dijo. “La Biblia dice que Dios desciende en una nube para llevar a los creyentes al reino de los cielos”. Le dije: “Papá, en realidad, el Señor Jesús dijo muchas veces que, en los últimos días, Él regresaría como el Hijo del hombre. Por ejemplo: ‘Porque así como el relámpago sale del oriente y resplandece hasta el occidente, así será la venida del Hijo del Hombre’ (Mateo 24:27). ‘Porque como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre’ (Mateo 24:37). ‘Por eso, también vosotros estad preparados, porque a la hora que no pensáis vendrá el Hijo del Hombre’ (Mateo 24:44). Todos estos versículos de la Biblia mencionan que el Señor regresa como el Hijo del hombre. Esto significa que Dios viene encarnado como el Hijo del Hombre…”. Antes de que pudiera terminar, mi padre me interrumpió y me dijo: “El Señor Jesús es el Hijo del hombre. Es imposible que Él vuelva como el Hijo del hombre. El Señor solo regresará en una nube para llevarnos a todos al reino de los cielos”. Le dije: “El Señor no solo regresará en una nube. La Biblia profetiza dos formas para Su regreso. Viene encarnado en secreto y luego viene abiertamente sobre una nube. Apocalipsis profetiza: ‘He aquí, vengo como ladrón’ (Apocalipsis 16:15). ‘Por tanto, si no velas, vendré como ladrón’ (Apocalipsis 3:3). Y Mateo 25:6 dice: ‘Pero a medianoche se oyó un clamor: “¡Aquí está el novio! Salid a recibirlo”’. Todas estas profecías dicen que el Señor Jesús regresará como un ladrón. Esto significa que Él llega en silencio, sin que nadie lo sepa. Si el Señor Jesús viniera abiertamente, cabalgando en el cielo sobre una nube blanca, todos lo verían. ¿Cómo se cumplirían estas profecías, entonces? En los últimos días, Dios primero viene en secreto, encarnado como el Hijo del hombre para expresar la verdad y realizar la obra de juicio. Las vírgenes prudentes oyen la voz de Dios y le dan la bienvenida al Señor, son juzgadas y purificadas por las palabras del Señor, y Dios las convierte en vencedoras. Después llegan los grandes desastres y concluye la etapa de la obra secreta de Dios en la carne. Tras los grandes desastres, Dios desciende en una nube y aparece abiertamente frente a todos. Esto cumple la profecía de Apocalipsis: ‘He aquí, viene con las nubes y todo ojo le verá, aun los que le traspasaron; y todas las tribus de la tierra harán lamentación por Él’ (Apocalipsis 1:7)”. Le dije a mi padre: “Papá, piénsalo. Es lógico que cuando el Señor Jesús regrese en una nube, todos estarán felices por la venida del Salvador. Entonces, ¿por qué dice ‘y todas las tribus de la tierra harán lamentación por Él’? Porque cuando Dios obra como el Hijo del hombre encarnado, completa la obra de juicio y purificación. Aquellos que solo esperan que el Señor regrese en una nube y que se resisten y condenan a Dios Todopoderoso, perderán la oportunidad de aceptar la obra de juicio y purificación de Dios en los últimos días, y cuando el Señor venga en una nube para recompensar el bien y castigar el mal, caerán en los desastres y llorarán amargamente”. Cuando terminé, le mostré las palabras de Dios Todopoderoso y un video de testimonio del evangelio, pero él seguía aferrado a su punto de vista. Él tenía una actitud muy arrogante y enojada hacia mí y me dijo que no crea en Dios Todopoderoso.

Después, vio que yo a menudo asistía a reuniones de la Iglesia de Dios Todopoderoso, así que, como excusa para detenerme, dijo: “Pasas casi todo el día asistiendo a reuniones en tu teléfono. Necesito que trabajes y ganes dinero para pagar los gastos de la casa. Desde ahora, ¡ya no te daré más dinero! Si no consigues un empleo, ¡puedes abandonar esta casa!”. Lo que me dijo mi padre me preocupó mucho. Si debía trabajar, no tendría tiempo de asistir a las reuniones y leer las palabras de Dios. Pero, si no trabajaba, mi padre me echaría, y yo no tendría donde vivir. Tenía mucho miedo, por lo que conseguí empleo y trabajaba desde las 6:00 de la mañana hasta las 4:00 de la tarde. Con el tiempo, empecé a descuidar mi deber. Como no podía usar mi teléfono en el trabajo, no podía regar a los recién llegados. Cada día, al llegar a casa del trabajo, estaba agotada, por lo que estaba muy cansada en las reuniones. Oré a Dios y le pedí que me abriera un camino para que cumpliera mi deber. Unos días después, renuncié a ese trabajo. Conseguí un empleo limpiando casas en el que solo debía trabajar cuatro horas por día. Aunque no ganaba mucho, tenía tiempo para asistir a reuniones y cumplir mi deber. Mi padre seguía interfiriendo cuando veía que asistía a reuniones con regularidad otra vez. Solía pedirme que hiciera algo por él antes de que tuviera a una reunión, y a veces, cuando me veía en una reunión virtual, me pedía que saliera con él. Al principio no entendía qué pasaba. Solo pensaba que, como era mi padre, yo debía obedecer, pero me resultaba difícil porque no quería perderme las reuniones. Una vez, me pidió que saliera con él otra vez, y le dije que tenía una reunión, lo que lo hizo muy infeliz. No sabía cómo lidiar con esto al principio.

Después, en una reunión, los hermanos y hermanas leyeron algunas palabras de Dios Todopoderoso que me ayudaron a ver las cosas con un poco más de claridad. “En cada paso de la obra que Dios hace en las personas, externamente parece que se producen interacciones entre ellas, como nacidas de disposiciones humanas o de la interferencia humana. Sin embargo, detrás de bambalinas, cada etapa de la obra y todo lo que acontece es una apuesta hecha por Satanás ante Dios y exige que las personas se mantengan firmes en su testimonio para Dios. Mira cuando Job fue probado, por ejemplo: detrás de escena, Satanás estaba haciendo una apuesta con Dios, y lo que aconteció a Job fue obra de los hombres y la interferencia de estos. Detrás de cada paso de la obra que Dios hace en vosotros está la apuesta de Satanás con Él, detrás de todo ello hay una batalla” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Solo amar a Dios es realmente creer en Él). “Cuando Dios obra, se preocupa por la persona y la escudriña, y cuando la favorece y aprueba, Satanás sigue de cerca, intentando embaucar a la persona y hacerle daño. Si Dios desea ganar a esta persona, Satanás hará todo lo que pueda para estorbarle usando diversas tácticas malvadas para tentarle, para alterar y socavar la obra de Dios, todo ello con el fin de lograr su objetivo oculto. ¿Cuál es este objetivo? No quiere que Dios gane a nadie; él quiere robar la posesión de aquellos a los que Dios desea ganar, quiere controlarlos, hacerse cargo de ellos para que le adoren y entonces se le unan para cometer actos malvados y oponerse a Dios. ¿Acaso no es esta su siniestra motivación?” (La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. Dios mismo, el único IV). Tras leer la palabra de Dios, entendí un poco más los trucos de Satanás. Cuando Dios quiere salvar a una persona, Satanás usa todos los medios, a todas las personas y todas las cosas para evitar que sea ganada por Dios. Me estaba sucediendo eso. Cuando mi padre supo que yo creía en Dios Todopoderoso, se esforzó por detenerme y perturbarme. Inventó la excusa de que yo debía trabajar, me pedía que hiciera cosas antes de cada reunión, e interrumpía a propósito mis reuniones para que lo acompañara a hacer cosas. Todo esto era Satanás usando a mi padre para perturbarme, para que me fuera imposible asistir a reuniones o leer la palabra de Dios con normalidad. Yo no discernía los trucos de Satanás, así que, cuando mi padre me amenazaba, yo obedecía porque temía que me echara de la casa. Caí en la tentación de Satanás, por eso no podía asistir a las reuniones con regularidad y no podía cumplir bien mi deber. Ahora comprendía que Satanás usaba las perturbaciones de mi padre para alejarme de Dios y que yo perdiera la salvación de Dios. Satanás es muy malvado. Pero la sabiduría de Dios se ejerce con base en los trucos de Satanás. Al experimentar este entorno, pude buscar la verdad, aprender lecciones, aprender a discernir los trucos de Satanás, mantenerme firme en mi testimonio y humillar a Satanás. Solo con el esclarecimiento y la guía de Dios pude ganar algo de discernimiento sobre el estado real de las cosas. Debía mantenerme firme en mi testimonio y no caer más en las trampas de Satanás.

Después, insistí en asistir a las reuniones y cumplir mi deber. Mi padre siguió trabándome y molestándome, e incluso quiso echarme de la casa algunas veces. Estaba tan enojado conmigo que no quería hablarme. A pesar de lo que me hacía, yo sabía que debía hablar con él. Un día le pregunté: “Papá, ¿por qué no me hablas? ¿Por qué quieres echarme de casa?”. Me dijo: “Solo te importan las reuniones y eres muy desobediente”. Contesté: “Dios nos dijo que respetáramos a nuestros padres, por eso no dejaré de hablarte, pero tampoco dejaré de asistir a la reuniones”. Se quedó en silencio y no me dijo nada después de eso. Más tarde, le prediqué el evangelio a mi madrastra. A ella le pareció bueno, y asistió a las reuniones durante un mes. Pero cuando mi padre se enteró, le prohibió asistir y quiso echarme de la casa. Esto me entristeció. No quería que se arruinara mi relación con mi padre. Una mañana, leía la palabra de Dios en mi teléfono. Mi padre me regañó cuando lo vio: “Si sigues asistiendo a reuniones en tu teléfono, te lo quitaré!”. Intentó quitarme el teléfono de la mano. Como yo no lo soltaba, me dijo con enojo: “Si no me obedeces, ¡puedes recoger tus cosas e irte de esta casa!”. Eso me rompió el corazón. Mi relación con mi padre siempre había sido buena. Yo no quería abandonarlo ni irme de su casa, pero la actitud de mi padre hacia mí y sus palabras hirientes me lastimaron de un modo que no puedo describir. Si me echaba de casa, yo no tendría adonde ir. Tampoco tenía dinero. No sabía qué hacer. Empecé a llorar y sentí dolor en el pecho. Por las trabas y perturbaciones de mi padre, soporté mucha ansiedad, y me sentía débil y atormentada. No quería seguir enfrentando estas dificultades y elecciones, por lo que pensé en suicidarme.

Sabía que mi pensamiento estaba equivocado, por eso oré a Dios para buscar y hablé de mi estado con mis hermanos y hermanas. Compartieron las palabras de Dios conmigo. “Si te sobrevienen muchas cosas no alineadas con tus nociones, pero eres capaz de dejarlas a un lado y de conocer las acciones de Dios a partir de ellas, y si en medio de los refinamientos revelas tu corazón de amor por Dios, eso es ser testigo. Si tu hogar es apacible, si disfrutas de las comodidades de la carne, si nadie te persigue, y tus hermanos y hermanas en la iglesia te obedecen, ¿puedes exhibir tu corazón de amor por Dios? ¿Puede esto refinarte? Tu amor por Dios solo puede mostrarse mediante el refinamiento, y solo puedes ser perfeccionado por medio de las cosas que ocurren y que no están en línea con tus nociones. Con la ayuda de muchas cosas adversas y negativas, y empleando todo tipo de manifestaciones de Satanás, como sus acciones, sus acusaciones, sus perturbaciones y sus engaños, Dios te permite ver claramente el detestable rostro de Satanás, para que de ahí en adelante perfecciona tu habilidad para reconocerlo, para que puedas odiarlo y renunciar a él” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Los que serán hechos perfectos deben someterse al refinamiento). “No te desanimes, no seas débil; y Yo te aclararé las cosas. El camino que lleva al reino no es tan fácil. ¡Nada es tan simple! Queréis que las bendiciones vengan a vosotros fácilmente, ¿no es así? Hoy, todos tendréis que enfrentar pruebas amargas. Sin esas pruebas, el corazón amoroso que tenéis por Mí no se hará más fuerte ni sentiréis verdadero amor hacia Mí. Aun si estas pruebas consisten únicamente en circunstancias menores, todos deben pasar por ellas; es solo que la dificultad de las pruebas variará de una persona a otra. Las pruebas son una bendición proveniente de Mí. ¿Cuántos de vosotros venís a menudo delante de Mí y suplicáis de rodillas que os dé Mis bendiciones?” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Declaraciones de Cristo en el principio, Capítulo 41). “En la actualidad la mayoría de las personas no tienen ese conocimiento. Creen que sufrir no tiene valor, que el mundo reniega de ellas, que su vida familiar es problemática, que Dios no las ama y que sus perspectivas son sombrías. El sufrimiento de algunas personas llega al extremo y piensan en la muerte. Este no es el verdadero amor hacia Dios; ¡esas personas son cobardes, no perseveran, son débiles e impotentes! […] Por lo tanto, durante estos últimos días debéis dar testimonio de Dios. No importa qué tan grande sea vuestro sufrimiento, debéis caminar hasta el final e, incluso hasta vuestro último suspiro, debéis seguir siendo fieles a Dios y estar a merced de Él; solo esto es amar verdaderamente a Dios y solo esto es el testimonio sólido y rotundo” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Solo al experimentar pruebas dolorosas puedes conocer la hermosura de Dios). Tras leer las palabras de Dios, entendí que el camino al reino no es uno simple. Debemos pagar un precio y soportar la prueba de todo tipo de entornos difíciles para recibir la aprobación y las bendiciones de Dios En la senda de creer en Dios, sin sufrimiento y refinamiento, no podemos desarrollar un verdadero amor por Dios. Mi padre se oponía a mí porque yo creía en Dios Todopoderoso. Intentó ponerme trabas y perturbar mis reuniones y mi deber, e incluso quiso echarme de casa varias veces. Esto me resultaba muy doloroso. No comprendía por qué Dios permitía que sufriera tal adversidad, pero yo no buscaba la voluntad de Dios ni cómo experimentar este entorno. En cambio, solo me sentía terrible, me angustiaba y preocupaba, y temía las dificultades que enfrentaría cuando me echara. Era muy débil, al punto en que pensé que la muerte era la mejor salida. Mis pensamientos negativos me controlaban por completo. Ahora, gracias a la palabra de Dios, sabía lo equivocadas que estaban mis ideas. Era una cobarde. Debería haber sido valiente y fuerte para enfrentar cualquier dificultad, porque Dios quería perfeccionar mi fe a través de estas circunstancias, quería hacerme capaz de obedecer y aceptar sin importar qué dificultades enfrentara, y hacerme capaz de orar y ampararme en Dios para mantenerme firme en el testimonio y humillar a Satanás. Mientras pensaba en la palabra de Dios, mi corazón se iluminó. No podía ser tímida. Debía avanzar, porque Dios estaba conmigo y me ayudaría. Por eso, no dejé de asistir a las reuniones ni de cumplir mi deber.

Unos días después, mi hermano mayor regresó. Yo testifiqué la obra de Dios Todopoderoso para él y lo invité a asistir a las reuniones, y él aceptó mi invitación para hacerlo. Pero, después de un tiempo, mi padre lo descubrió y empezó a por lo que mi hermano mayor dejó de asistir a las reuniones. Mi padre también me advirtió que no volviera a predicarle el evangelio a mi familia. Yo estaba un poco triste, pero sabía que esto aparentaba ser las trabas de mi padre, pero en realidad era la perturbación de Satanás, por lo que intenté calmarme. Después, leí esto en la palabra de Dios: “Debes poseer Mi valentía dentro de ti y debes tener principios cuando te enfrentes a parientes que no creen. Sin embargo, por Mi bien, tampoco debes ceder a ninguna fuerza oscura. Confía en Mi sabiduría para caminar el camino perfecto; no permitas que ninguna de las conspiraciones de Satanás se apodere de ti. Dedica todos tus esfuerzos a poner tu corazón delante de Mí y Yo te consolaré y te traeré paz y felicidad. No te esfuerces por ser de cierta manera delante de otras personas; ¿acaso no tiene más valor y peso satisfacerme a mí?” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Declaraciones de Cristo en el principio, Capítulo 10). “¿Según qué principio piden las palabras de Dios que la gente trate a los demás? Ama lo que Dios ama y odia lo que Dios odia. Ese es el principio al que hay que atenerse. Dios ama a los que buscan la verdad y son capaces de seguir Su voluntad. Esas son también las personas a las que debemos amar. Aquellos que no son capaces de seguir la voluntad de Dios, que odian a Dios y se rebelan contra Él, son personas despreciadas por Dios, y nosotros también debemos despreciarlas. Esto es lo que Dios pide del hombre. Si tus padres no creen en Él, si saben perfectamente que la fe en Dios es la senda correcta y que puede conducir a la salvación, y sin embargo siguen sin estar receptivos, entonces no cabe duda de que son personas hartas de la verdad, que la odian, y no hay duda de que son los que se resisten a Dios y lo odian. Y Él naturalmente los aborrece y desprecia. ¿Podrías despreciar a esos padres? Son susceptibles de oponerse a Dios y de agraviarlo, en cuyo caso, seguramente son demonios y satanases. ¿Podrías aborrecerlos y maldecirlos también? Todas estas son preguntas reales. Si tus padres te impiden creer en Dios, ¿cómo debes tratarlos? Tal y como pide Dios, debes amar lo que Dios ama y odiar lo que Dios odia. Durante la Era de la Gracia, el Señor Jesús dijo: ‘¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos?’. ‘Porque cualquiera que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre’ (Mateo 12:48, 50). Este dicho ya existía en la Era de la Gracia, y ahora las palabras de Dios son incluso más claras: ‘Ama lo que Dios ama, y odia lo que Dios odia’. Estas palabras van directas al grano, pero las personas son a menudo incapaces de apreciar su verdadero sentido” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Solo reconociendo las propias opiniones equivocadas puede uno transformarse realmente). Tras leer la palabra de Dios, recordé las varias acciones de mi padre desde que acepté la obra de Dios Todopoderoso en los últimos días. Le leí las palabras de Dios Todopoderoso varias veces y di testimonio de la obra de Dios Todopoderoso en los últimos días. Incluso si mi padre no podía refutarlo, se aferraba a sus nociones y no buscaba para anda, negaba y condenaba la obra de Dios, e intentó por todos los medios para evitar que yo y los demás creyéramos en Dios Todopoderoso. Ahora veía con claridad que mi padre se oponía y nos perseguía porque no amaba la verdad, la odiaba. Era como los fariseos que se resistieron el Señor Jesús. Cuando oyeron que el Señor Jesús había venido a hacer la nueva obra, en lugar de buscar e investigar, se resistieron y la condenaron, lo que revela por completo su naturaleza de odiar la verdad y resistirse a Dios. Hacía más de 30 años que mi padre creía en Dios, pero al enfrentar el regreso del Señor Jesús, se aferraba con terquedad a sus nociones religiosas, no tenía deseo de buscar, se negaba a escuchar la voz de Dios e intentaba ponernos trabas. No se oponía a nosotros, se resistía a la verdad y a Dios. No era una oveja de Dios, y Dios no lo aprobaba. A Dios no le importa cuánto hace que crees en el Señor, si tienes estatus o cuánto conozcas la Biblia. Dios se fija en si puedes buscar la verdad con humildad, si comprendes la voz de Dios y aceptas Su aparición y obra. Mi padre no era alguien que creyera en Dios de verdad y buscara la verdad. Sin importar cuántos años hubiera creído en el Señor, si no aceptaba la obra de Dios Todopoderoso en los últimos días, y se resistía y condenaba así, nunca recibiría la salvación de Dios, y sería condenado y maldecido por Él. La palabra de Dios me esclareció y me guio, me permitió entender algo de la verdad y me dio discernimiento de la naturaleza y esencia de mi padre. Ya no podía actuar con base en mis sentimientos. Debía actuar de acuerdo con los principios de la verdad y la palabra de Dios, sostener mi fe, y mantenerme firme en el testimonio de Dios.

Tras experimentar este entorno, gané más discernimiento sobre mi padre, y cuando él me limitaba, yo oraba y me amparaba en Dios. Mis hermanos y hermanas también compartían palabras de Dios Todopoderoso conmigo para ayudarme, lo que me permitió entender la voluntad de Dios y me dio la fe para seguir a Dios. Sentía el amor de Dios, por lo que estaba muy feliz y muy agradecida con Dios. Cuando mi padre me ponía trabas y me perturbaba después de eso, yo ya no me sentía limitada. Podía enfrentarlo y decirle que, hiciera lo que hiciera, yo seguiría creyendo en Dios Todopoderoso y asistiendo a las reuniones, que sabía cuál era mi responsabilidad, que debía anteponer mi deber, difundir el evangelio y cumplir bien mi deber.

Después, leí más palabras de Dios. “Hoy amo a cualquiera que pueda hacer Mi voluntad, a cualquiera que pueda mostrar consideración por Mis cargas y a cualquiera que pueda dar su todo por Mí con un corazón fiel y con sinceridad. Yo los esclareceré constantemente y no dejaré que se alejen de Mí. A menudo digo: ‘A aquellos que sinceramente se entregan por Mí, Yo te bendeciré con toda certeza en gran manera’. ¿A qué se refiere ‘bendecir’? ¿Lo sabes? En el contexto de la obra actual del Espíritu Santo, se refiere a las cargas que Yo te doy. En lo que respecta a todos aquellos que son capaces de llevar una carga por la iglesia y que se ofrecen sinceramente por Mí, sus cargas y su sinceridad son, ambas, bendiciones que provienen de Mí. Además, Mis revelaciones a ellos también son una bendición de Mi parte” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Declaraciones de Cristo en el principio, Capítulo 82). “¡Levántate y coopera conmigo! Desde luego, no trataré mal a nadie que se esfuerce sinceramente por Mí. En cuanto a los que se dedican en serio a Mí, les otorgaré todas Mis bendiciones. ¡Ofrécete a Mí por completo! Lo que comes, la ropa que te pones y tu futuro están en Mis manos; lo arreglaré todo de tal modo que puedas tener un gozo sin fin que jamás se te agotará. Esto se debe a que he dicho: ‘A aquellos que sinceramente se entregan por Mí, Yo te bendeciré con toda certeza en gran manera’. A todas las personas que se esfuercen sinceramente por Mí les llegarán todas las bendiciones” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Declaraciones de Cristo en el principio, Capítulo 70). Tras leer la palabra de Dios, comprendí que llevar una carga en tu deber y ser sincera es muy importante. Me pregunté: “Estoy de verdad dedicada a predicar el evangelio del reino? ¿He cumplido mi deber según las exigencias de Dios?”. Sabía que mi padre no me permitiría pasar más tiempo en mis reuniones y en mi deber en casa, porque siempre intentaba limitarme y perturbarme. Si quería dedicarme por completo a la evangelización, debía irme de casa e ir a otro lado a predicar el evangelio. Dios quiere que el evangelio del reino se difunda lo más rápido posible para que cada vez más gente pueda recibir la salvación de Dios en los últimos días. Yo tenía la responsabilidad de difundir el evangelio del reino para que más gente pudiera oír la voz de Dios y dar la bienvenida al Señor. Por eso me fui de casa con mi equipaje y me fui a otra ciudad, y finalmente fui libre para predicar el evangelio. ¡Demos gracias a Dios Todopoderoso!

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