14. Reflexiones después de ocultar un error
Siempre he realizado deberes de edición de video en la iglesia. En mayo de 2022, después de que se filmó una película, entró en una intensa fase de posproducción, y la edición debía terminarse con urgencia para presentarla al líder para su revisión. Después de pasar mucho tiempo editando cada escena, presioné accidentalmente la tecla de borrar, y el material de las primeras cinco escenas editadas se borró al instante. Instintivamente intenté deshacer la última acción, pero el software de edición no solo no la restauró, sino que se bloqueó por completo. Al ver la línea de tiempo vacía, mi mente se quedó completamente en blanco. Cuando volví en mí, de inmediato intenté todo lo posible para recuperar el proyecto y, mientras buscaba, no dejaba de pensar: “Se acabó todo; ¿qué hago ahora? Estos días no he hecho copia de seguridad… el proyecto seguro se perdió. Antes rara vez cometía errores en mi deber, y el supervisor confía en mí. ¿Cómo pudo salir algo mal justo en el momento crítico antes de entregarlo al líder para su revisión? Si todos se enteran de que he cometido un error tan de novato después de tanto tiempo como editor, ¿qué pensarán de mí? Hasta un novato sabe que hay que hacer copias de seguridad diarias para evitar la pérdida accidental de datos, pero yo pensaba que, como nunca había perdido un proyecto después de años haciéndolo así, no era necesario hacer copias diarias. ¿Por qué confié tanto en mí mismo?”. Antes, cuando otros hermanos y hermanas cometían errores por fallos operativos, yo decía con autosatisfacción: “Este tipo de problema se puede evitar con un poco más de cuidado”. Este pensamiento me hizo sonrojar: “Metí la pata en el momento crucial e hice algo muy irresponsable. Seguro que todos me menospreciarían si se enteraran. ¿No se arruinarían por completo mi buena reputación e imagen? No, a menos que fuera absolutamente necesario, no podía dejar que mis hermanos y hermanas se enteraran de esto”. Revisé una copia de seguridad de hacía unos días, y descubrí que solo en dos escenas filmadas recientemente había que reemplazar el material. Podía pasar toda la noche trabajando y corregirlo casi todo; luego, una vez que estuviera todo arreglado, los hermanos y hermanas nunca sabrían que había perdido el proyecto, y así podría mantener mi buena imagen. Con ese pensamiento, me apresuré a restaurar el proyecto, pero, durante el proceso, me di cuenta de que había que rehacer toda la corrección de color y el audio de la película. Al ver la carga de trabajo que tenía delante, supe que no se podría restaurar de la noche a la mañana. Me sentí realmente desanimado. Tenía claro que no podría terminar este proyecto por mi cuenta, y que solo podía pedir ayuda a los demás. Pensé: “Si le pido ayuda a alguien ahora, ¿no se enterará de que perdí el proyecto? Todos me van a menospreciar si se enteran. Pero si no digo nada, el trabajo se retrasará aún más. Además, la verdad siempre sale a la luz”. Me di cuenta de que esto no era algo que hubiera sucedido por casualidad, y que había una lección que necesitaba aprender. Así que oré a Dios: “Dios, no hice copia de seguridad del proyecto, y he tenido miedo de enfrentar este error de novato. El terror a que otros se enteraran me llevaba a querer encubrirlo constantemente. No soy una persona honesta. Dios, por favor, guíame, permíteme ser sencillo y sincerarme con los hermanos y hermanas sobre este problema y buscar ayuda”. Después de orar, pensé en un pasaje de las palabras de Dios: “Mi reino necesita a los que son honestos; a los que no son hipócritas o falsos” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Declaraciones de Cristo al principio, Capítulo 33). A Dios le agrada la gente honesta. Claramente cometí un error, y debería haber sido sencillo, abrirme, admitir mi error y buscar ayuda. Pero seguía pensando en cómo encubrirlo para que nadie se enterara. ¡Mi corazón era tan oscuro y falso! En realidad, una vez que se ha cometido un error, lo primero es admitirlo, y no importa cómo me vean los hermanos y hermanas, o incluso si me critican o podan, es lo que merezco. Al enfrentar sus errores, la gente honesta se atreve a admitirlos y tiene el valor de asumir la responsabilidad. ¿Por qué no podía yo practicar de esta manera? Solo entonces empecé a pedirles ayuda a todos. Les envié mensajes uno por uno a los hermanos que podrían tener una solución. Vi que había preguntado a casi todos y que todavía no había forma de recuperarlo. Justo en ese momento, el hermano encargado de la grabación de audio entró y preguntó: “¿Lo encontraste?”. Respondí con consternación: “No”. Entonces él dijo: “Justo ayer hice una copia de seguridad del proyecto de edición”. Cuando oí eso, casi lloré. Resultó que después de que terminé de trabajar la noche anterior, el hermano que hacía la grabación de audio había entrado al estudio a la mañana siguiente y hecho una copia de seguridad. Era exactamente lo que yo había perdido. Miré el proyecto de la copia de seguridad que tenía delante. La edición, la corrección de color y el audio estaban todos intactos. No pude evitar ofrecer gracias y alabanzas a Dios en mi corazón. El problema con el proyecto perdido llegó a su fin. Después de este alivio, comencé a reflexionar sobre mí mismo: “¿Por qué siempre intento ocultar las cosas cuando cometo un error en mi deber y no quiero que otros lo sepan?”.
Durante mi reflexión, leí un pasaje de las palabras de Dios: “Los seres humanos corruptos saben disfrazarse bien. Hagan lo que hagan, o sea cual sea la corrupción que revelen, siempre se tienen que disfrazar. Si algo sale mal o hacen algo malo, quieren culpar a los demás. Desean ser reconocidos por las cosas buenas y culpar a los demás por las cosas malas. ¿Acaso no se da mucho este fenómeno de disfrazarse en la vida real? Demasiado. Equivocarse o disfrazarse: ¿cuál de las dos cosas se relaciona con el carácter? Disfrazarse es una cuestión de carácter, implica un carácter arrogante, perversidad y engaño; Dios lo detesta especialmente. De hecho, cuando te disfrazas a ti mismo, todo el mundo entiende lo que está pasando, pero piensas que los demás no lo pueden ver e intentas por todos los medios discutir y justificarte a ti mismo para guardar las apariencias y hacer que todos piensen que no hiciste nada malo. ¿Acaso no es una tontería? ¿Qué piensan los demás de esto? ¿Cómo se sienten? Con asco y aborrecimiento. Si tras cometer un error puedes tratarlo correctamente y eres capaz de permitir que todo el mundo hable de él, permites sus comentarios y que lo disciernan, así como puedes exponerte al respecto y diseccionarlo, ¿qué opinión tendrá todo el mundo de ti? Dirán que eres una persona honesta, porque tu corazón está abierto a Dios. Podrán ver tu corazón mediante tus acciones y comportamientos. Pero si intentas disfrazarte y engañar a todo el mundo, la gente te tendrá en poca estima y dirá que eres un necio y una persona poco prudente. Si no intentas fingir ni justificarte, si admites tus errores, todos dirán que eres honesto y prudente. ¿Y qué te convierte en prudente? Todo el mundo comete errores. Todo el mundo tiene fallos y defectos. Y en realidad, todo el mundo tiene el mismo carácter corrupto. No te creas más noble, perfecto y bondadoso que los demás; eso es ser totalmente irracional. Una vez que tengas claro el carácter corrupto de la gente y la esencia y el verdadero rostro de su corrupción, no intentarás cubrir tus propios errores ni les reprocharás a los demás los suyos; podrás afrontar ambas cosas correctamente. Solo entonces te volverás perspicaz y no harás necedades, lo cual te convertirá en prudente. Aquellos que no son prudentes son gente necia y siempre se obsesionan con sus pequeños errores mientras se esconden entre bastidores con sus tejemanejes. Es repugnante de presenciar. De hecho, lo que haces les resulta obvio al instante a otras personas, pero sigues actuando con total descaro. A los demás les parece la actuación de un payaso. ¿Acaso no es una tontería? Sí. La gente necia carece de sabiduría. No importa cuántos sermones oigan, siguen sin entender la verdad ni ver nada tal y como es realmente. Nunca se bajan de su púlpito, pensando que son diferentes de todos los demás y son más respetables; esto es arrogancia y sentenciosidad, es necedad. Los necios carecen de comprensión espiritual, ¿verdad? Los asuntos en los que te muestras necio e imprudente son aquellos en los que no tienes comprensión espiritual y no puedes entender la verdad fácilmente. Esta es la realidad del asunto” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Los principios que deben guiar la conducta propia de una persona). A través de las palabras de Dios, llegué a comprender que es inevitable que ocurran algunos errores o desviaciones en nuestros deberes, pero lo que Dios requiere es que las personas enfrenten correctamente sus errores, y no intenten ocultarlos y disfrazarlos. El ocultamiento y el disfraz son un carácter satánico de perversidad y falsedad, algo que Dios detesta y odia. Gracias al desenmascaramiento de las palabras de Dios, me di cuenta de que, cuando cometía errores en mi deber, mi primer pensamiento era encubrirlos; esto era impulsado por una naturaleza satánica perversa y falsa. Como pensaba que llevaba un tiempo realizando deberes de edición de video y tenía algo de experiencia, y que todos tenían una opinión bastante buena de mí, creí que no podía cometer errores, especialmente en momentos cruciales. Sentí que debía ser más confiable e inspirar más confianza que los demás. Así que, cuando cometía errores, me preocupaba perder mi orgullo y estatus, y hacía todo lo posible por ocultarlos y que nadie lo supiera. Especialmente cuando era un error de novato como este, tenía aún más miedo de que si otros se enteraban, me menospreciaran y que mi estatus a sus ojos se desplomara. Cuanto más pensaba así, más incapaz me volvía de enfrentar mi error correctamente. Quería disfrazarme de alguien impecable, y no me atrevía a admitir mi error ni a buscar ayuda. Incluso quise arreglarlo discretamente sin que nadie lo supiera, para así salvar mi reputación. La verdad era que el error ya había ocurrido, y simplemente debería haberme sincerado, admitirlo y aprender de ello. Sin embargo, hice todo lo posible por encubrirlo y actué con falsedad. Dios lo escruta todo; aunque pueda embaucar a la gente, ¿podría realmente embaucar a Dios? ¿No estaba escondiendo la cabeza como el avestruz? ¡Había sido realmente tonto! Todo el mundo comete errores, no es nada de lo que avergonzarse; y además, esto fue en realidad una llamada de atención para mí, lo que me permitiría ser más cuidadoso cuando volviera a hacer mi deber. Pero cuando cometía errores, me devanaba los sesos para encontrar formas de ocultarlos. A los ojos de Dios, este encubrimiento engañoso era mucho más grave que los errores mismos. Cuanto más encubría mis errores, más demostraba cuán perverso y falso era mi carácter. Cuanto más lo pensaba, más sentía que era hipócrita y realmente repugnante y detestable para Dios. También pensé en que si esta vez hubiera podido recuperar el proyecto por mí mismo, de ninguna manera se lo habría dicho a nadie ni habría buscado la ayuda de otros; fue solo porque no tenía forma de arreglarlo que les dije la verdad a los hermanos y hermanas. Entonces, con los errores comunes que normalmente podía encubrir, ¿no los encubriría aún más? No pude evitar recordar escenas de cuando hacía mi deber antes. A veces, cuando editaba videos cortos, priorizaba la velocidad y la cantidad solo para ganar admiración y, en consecuencia, los problemas con pequeños detalles a menudo llevaban a que se tuvieran que rehacer trabajos y realizar revisiones. Cuando los demás me preguntaban por qué ocurrían estos problemas, temía que dijeran que era descuidado y desatento. Así que inventaba razones objetivas, y decía que se debía a la etapa de filmación, o que mi software había fallado, todo solo para excusarme. Estas cosas se revelaban en mí todo el tiempo. Al pensar esto, me di cuenta de cuánto me disfrazaba y engañaba a los demás. No podía seguir viviendo según este carácter falso, y tenía que empezar a practicar y entrar en el estándar de una persona honesta. Lo que sucedió después me hizo reflexionar aún más profundamente y conocerme un poco a mí mismo.
Poco después, la película se entregó al líder para su revisión. Pero entonces un hermano notó que, en una escena, el audio estaba desfasado trece fotogramas, y no estaba seguro de si era necesario volver a renderizarlo. Mi corazón comenzó a inquietarse: “¿Por qué no me di cuenta de eso? Mirando de cerca, en realidad era bastante obvio. El video y el audio estaban desincronizados por medio segundo. Incluso le pedí a una hermana que revisara esa parte. ¿Cómo es que ella tampoco se dio cuenta? Volver a renderizar llevaría varias horas, ¡realmente retrasaría las cosas! Quizás simplemente no debería decírselo a nadie. De todos modos, no es un problema grave, la mayoría de la gente ni siquiera lo notaría. Además, si todos se enteran de que el video tiene tal problema, ¿qué pensarán de mí? ¿Dirán que no soy confiable o que soy irresponsable? Últimamente he estado cometiendo estos errores de novato una y otra vez; si sigo así, ¿quién va a confiar en mí?”. No me sentía en paz, y me sentía culpable por dentro. Pero después de darle muchas vueltas, aun así decidí no decir nada. Después de tomar esa decisión, me sentí como si estuviera en ascuas frente a mi computadora, tenía el corazón muy agitado y sentí una gran oscuridad por dentro. Me di cuenta de que estaba encubriendo un error de nuevo, así que oré a Dios en mi corazón: “Dios, recién ahora siento realmente lo difícil que es decir la verdad y ser una persona honesta. Cada vez que mi orgullo o vanidad están en juego, no puedo evitar protegerme y quiero mentir y engañar. No quiero vivir de esta manera. Por favor, dame el valor y la audacia para practicar ser honesto según Tus palabras”. Después de orar, mi corazón ganó algo de fuerza, y me sinceré con mis hermanos y hermanas sobre el problema. Más tarde, seguía habiendo otros problemas en el video, así que los arreglé todos de una vez, revisé todo y luego se lo envié de nuevo al líder.
Esa experiencia me hizo empezar a reflexionar: “¿Por qué siempre quiero encubrir los errores? ¿Cuál es la raíz de este problema?”. Leí dos pasajes de las palabras de Dios: “Si Dios te pidiera ahora que fueras una persona honesta y dijeras la verdad, algo que afectara a los hechos y a tu futuro y tu sino, cuyas consecuencias podrían no resultar en tu beneficio, sino en que los demás ya no te tengan en alta estima y te parezca que tu reputación ha sido destruida… en tales circunstancias, ¿podrías ser franco y decir la verdad? ¿Podrías ser igualmente honesto? Esto es lo más difícil de hacer, mucho más que entregar tu vida. Podrías decir: ‘No voy a decir la verdad. Prefiero morir por Dios a decir la verdad. No quiero ser para nada una persona honesta. Prefiero morir a que todo el mundo me desprecie y piense que soy una persona corriente’. ¿Qué es lo que más aprecia la gente según esto? Lo que más aprecia la gente es su estatus y su reputación, cosas controladas por sus actitudes satánicas. La vida es secundaria. Si la situación la obligara a ello, reuniría la fortaleza necesaria para dar su vida, pero no es fácil renunciar al estatus y la reputación. Para quienes creen en Dios, dar la vida no es lo más importante; Dios exige a la gente que acepte la verdad, y que sea realmente gente honesta que dice lo que hay en su corazón, se abre y se expone ante todos. ¿Es esto fácil de hacer? (No). Dios, a decir verdad, no te pide que des la vida. ¿Acaso no te la ha dado Dios? ¿De qué le serviría a Él tu vida? Dios no la quiere. Quiere que hables con sinceridad, que digas a los demás quién eres y lo que piensas en tu corazón. ¿Puedes decir tales cosas? Aquí, esta tarea se vuelve difícil, y puedes decir: ‘Hazme trabajar duro y tendré fuerzas para hacerlo. Pídeme que sacrifique todos mis bienes, y podría hacerlo. Podría renunciar fácilmente a mis padres y a mis hijos, mi matrimonio y mi carrera. Sin embargo, decir lo que pienso, hablar con honestidad, eso es lo único que no puedo hacer’. ¿Por qué no puedes? Porque una vez que lo hagas, cualquiera que te conozca o esté familiarizado contigo te verá de manera diferente. Ya no te admirarán. Habrás perdido tu imagen y habrás sido humillado totalmente, y tu integridad y dignidad habrán desaparecido. Ya no existirá tu elevado estatus y prestigio en el corazón de los demás. Por eso, en esas circunstancias, no dirás la verdad pase lo que pase. Cuando la gente se encuentra con esto, se produce una batalla en su corazón. Cuando esa batalla termina, algunos finalmente superan sus dificultades, mientras que otros no logran vencer la esclavitud y las limitaciones de su carácter satánico hasta la fecha y siguen controlados por su propio estatus, orgullo, vanidad y lo que ellos llaman dignidad. Esto es una dificultad, ¿verdad?” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. El correcto cumplimiento del deber requiere de una cooperación armoniosa). “Deseas convertirte en una persona honesta, pero no puedes desprenderte de tu orgullo, tu vanidad y tus intereses personales. Por tanto, solo puedes recurrir a decir mentiras para conservar esas cosas. Si eres alguien que ama la verdad, sufrirás distintas adversidades para poder practicarla. Aunque signifique sacrificar tu reputación, tu estatus y aguantar que te ridiculicen y humillen, nada de eso te va a importar; mientras seas capaz de practicar la verdad y satisfacer a Dios, con eso basta. Aquellos que aman la verdad eligen practicarla y ser honestos. Esa es la senda correcta y Dios la bendice. Si una persona no ama la verdad, ¿qué elige? Elige servirse de mentiras para mantener su reputación, su estatus, su dignidad y su integridad. Prefiere ser falsa y que Dios la deteste y rechace. Tales personas rechazan la verdad y a Dios. Eligen su propia reputación y estatus; quieren ser falsos. No les importa si Dios está complacido o si los va a salvar. ¿Acaso puede Dios salvarlos aún? Desde luego que no, porque han escogido la senda equivocada. Solo pueden vivir por la mentira y el engaño; solo pueden llevar vidas penosas basadas en decir mentiras, taparlas y devanarse los sesos para protegerse día tras día. Si crees que las mentiras sirven para mantener la reputación, el estatus, la vanidad y el orgullo que anhelas, estás completamente equivocado. En realidad, al contar mentiras no solo no mantienes tu vanidad y orgullo ni tu dignidad y tu integridad, sino que, lo que es más grave, pierdes la oportunidad de practicar la verdad y ser una persona honesta. Aunque te las arregles para proteger tu reputación, tu estatus, tu vanidad y tu orgullo en ese momento, has sacrificado la verdad y has traicionado a Dios. Esto significa que has perdido por completo la oportunidad de que Él te salve y te perfeccione, lo cual supone una enorme pérdida y un remordimiento de por vida. Aquellos que son falsos nunca entenderán esto” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Solo si se es una persona honesta es posible vivir la auténtica semejanza humana). Las palabras de Dios me atravesaron el corazón. Había considerado que mi estatus en el corazón de la gente era más importante que cualquier otra cosa, y, para proteger estas cosas, ni siquiera podía pronunciar una sola palabra honesta. Prefería ser falso y encubrir mis errores antes que ser una persona honesta que es sencilla, se abre y practica la verdad. Esto demostró que no tenía ningún amor por la verdad en absoluto. La gente honesta puede enfrentar sus deficiencias y problemas directamente y para practicar la verdad, están dispuestos a soportar todo tipo de humillación y dolor. Pero todo lo que yo tenía que hacer era ser sencillo y abrirme sobre mis errores y problemas, e incluso sin enfrentar ninguna humillación o ridículo, aun así no pude hacerlo. Cuando surgían problemas, siempre ponía excusas para justificarme y defenderme, e intentaba ocultar mis problemas. O decía cosas como que el problema estaba en el proceso de preproducción, o que era cuestión del equipo o el software. Esta vez, cuando hubo un problema con la película, incluso quise trasladar la responsabilidad y me quejé interiormente de la hermana por no haber detectado el error. ¡Realmente carecía de razón y era falso! Me di cuenta de que, para proteger mi orgullo y mi estatus, era capaz de inventar cualquier excusa. Me di cuenta de que había sido corrompido e influenciado por venenos satánicos como “El orgullo es tan necesario para la gente como respirar” y “La reputación no tiene precio”. Siempre creía que mi vida solo tenía algún valor si otros me admiraban y aprobaban y que, sin la admiración de los demás, la vida no tenía sentido. Todo el tiempo, constantemente pensaba en mi orgullo y estatus en mi deber y, tan pronto como aparecía un error, me aterrorizaba que otros lo descubrieran. Mi comportamiento cauteloso y reservado demostraba que valoraba el estatus y la reputación por encima de todo lo demás. Había renunciado a mi familia y a mi carrera para hacer mi deber, trabajaba horas extras y pagaba un precio, pero cuando llegaba el momento de admitir mis faltas, de hablar con la verdad, abrirme y exponer mi corrupción y deficiencias, simplemente no podía hacerlo. Entre preservar mi orgullo y estatus o ser una persona honesta, elegí lo primero, una y otra vez. Vi cuán fuertemente el orgullo y el estatus habían llegado a atarme y controlarme. Puede que haya encubierto mis errores, pero había engañado a mis hermanos y hermanas, vivía sin integridad ni dignidad, y seguía viviendo bajo el poder de Satanás. Claramente había sido corrompido por Satanás, estaba lleno de actitudes satánicas y todo tipo de venenos satánicos, y aun así intentaba presentarme como un santo infalible, sin errores. ¡Era tan falso e hipócrita! Incluso si pudiera ocultar mis faltas, ¿qué lograría realmente con eso? Una y otra vez, recurrí al artificio y al engaño solo para salvar mi reputación, y así perdí la oportunidad de practicar la verdad y ser una persona honesta. A los ojos de Dios, tal comportamiento es engaño e hipocresía, y si seguía sin despojarme de este carácter corrupto de falsedad y simulación, seguramente sería desdeñado y descartado por Dios, ¡y esto sería una pérdida tremenda! Al pensar en esto, ya no quise vivir por el bien del orgullo, y me dispuse a buscar la verdad para resolver mi tendencia al disfraz y al engaño.
Más tarde, leí más de las palabras de Dios y encontré una senda de práctica. Dios Todopoderoso dice: “No importa a qué problemas te enfrentes, debes buscar la verdad para resolverlos; no debes en absoluto fingir ni presentar una imagen falsa ante los demás. Ya se trate de tus deficiencias, tus carencias, tus defectos o tus actitudes corruptas, debes abrirte y compartir sobre todas estas cosas. No las mantengas en secreto. Aprender a abrirse es el primer paso para la entrada en la vida y el primer obstáculo, el más difícil de superar. Una vez que hayas superado este obstáculo, será fácil entrar en la verdad. Cuando des este paso, ¿qué significará? Significará que estás abriendo tu corazón, que te estás sincerando y abriendo sobre cada parte de ti —ya sea buena o mala, positiva o negativa— y la estás sacando a la luz para que otras personas y Dios la vean, sin ocultar ni esconder nada a Dios, sin recurrir a ningún fingimiento, mentira o engaño hacia Él, y siendo igualmente sincero con otras personas. De esta manera, vivirás en la luz; no solo Dios te escrutará, sino que otras personas también verán que hay principios y transparencia en tus acciones. No necesitas ningún método para proteger tu reputación, imagen y estatus, ni necesitas ocultar ni encubrir tus errores. No es necesario que hagas estos esfuerzos inútiles. Si puedes dejar de lado estas cosas, tu vida se volverá muy relajada, libre de limitaciones y de dolor, y vivirás completamente en la luz” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte). De las palabras de Dios comprendí que el primer paso para convertirse en una persona honesta es ser sencillo y sincerarse. Uno debe atreverse a abrirse sobre sus deficiencias y corrupción. Particularmente cuando has cometido un error y no quieres que otros lo sepan, es cuando tienes que descubrirte y ser sincero al respecto. Lo que Dios valora es un corazón que ama la verdad y una actitud de esforzarse por ser honesto, incluso a costa de perder la reputación. Vi que todavía estaba lejos de ser una persona honesta, pero estaba dispuesto a formarme y practicar en este aspecto. En adelante, si cometía algún error o falta en mi deber, me abría conscientemente con los demás al respecto, y cuando lo hacía, los hermanos y hermanas no solo no me menospreciaban, sino que recibía su ayuda sincera. Gradualmente, ya no sentía ansiedad ni miedo, ni intentaba encubrir los errores como antes cuando los cometía. Al recordar cuando no me atrevía a abrirme después de cometer errores, era como una rata escondida en un rincón oscuro, con miedo de salir a la luz. Ahora, después de abrirme con mis hermanos y hermanas, me sentí liberado, como si me hubieran quitado un peso de encima. Más tarde, reflexioné sobre los problemas como la pérdida de los archivos del proyecto y los de sincronización de audio y video. Esto sucedió principalmente porque era descuidado en mi deber y confiaba en la experiencia, y confié demasiado en mí mismo. Para evitar estos problemas en lo sucesivo, hacía copias de seguridad de los proyectos regularmente, ya no confiaba tanto en mí mismo y, en cambio, trataba mi deber con cuidado.
Una vez, por un manejo inadecuado, borré varios proyectos de video que ya se habían subido a internet. Los hermanos y hermanas dijeron que esto era un asunto serio y que debía informarse al líder. Pero me preocupaba mucho que el líder pensara mal de mí cuando se enterara, así que quise minimizar el problema. Pasé un tiempo restaurando los proyectos, pensando que con solucionar el problema bastaría, así que no se lo dije de inmediato al líder. Pero, después, me sentí bastante culpable. Durante una reunión, quise abrirme con el líder sobre el error que había cometido, pero todavía me preocupaba demasiado mi orgullo como para hablar. Justo en ese momento, sucedió que leímos un pasaje de las palabras de Dios que me conmovió profundamente. Dios Todopoderoso dice: “La humanidad corrupta tiene otro defecto: le gusta describirse como si fuera especialmente noble y grande, muy perspicaz y adinerada, y como si tuviera un estatus y un origen particulares. Nunca mencionan las cosas sórdidas o necias que han hecho en secreto, los errores que han cometido, ni las fallas y defectos que tienen; no dicen ni una palabra ni dejan escapar el más mínimo detalle, por temor a que los demás se enteren de tales cosas y vean cómo son en realidad. ¿No es esto aparentar? ¿No es esto mentir y engañar? (Sí)” (La Palabra, Vol. VII. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (25)). Mientras reflexionaba sobre las palabras de Dios, me di cuenta de que una vez más estaba tratando de encubrir mi error para proteger mi orgullo y estatus. Aunque restauré todos los proyectos y no se había hecho ningún daño al trabajo de la iglesia, en este asunto seguía mostrando una tendencia a encubrir mis errores, pues no quería que otros vieran mis deficiencias. Este era un carácter corrupto; se trataba de un problema que había surgido en el transcurso de mi deber, así que necesitaba informar todos los detalles al líder de manera clara y honesta. Así pues, oré en silencio en mi corazón: “Dios, no quiero vivir según mi carácter corrupto falso. Por favor, escruta mi corazón. Estoy dispuesto a ser sencillo, abrirme y ser una persona honesta”. Después de orar, compartí sobre la corrupción que revelé en esto y la comprensión que tenía de mí mismo. Después de que terminé de hablar, sentí como si me hubieran quitado un peso de encima. Aunque estaba un poco avergonzado en ese momento, sentí el corazón mucho más tranquilo cuando me abrí y compartí. ¡Gracias a Dios!