81. Una lección que aprendí cuando echaron a los miembros de mi familia

Por Weiwei, China

Empecé a creer en el Señor junto con mis padres cuando tenía 17 años. En 2001, toda nuestra familia aceptó la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días y, a partir de entonces, cada uno de nosotros empezó a cumplir sus deberes. A finales de 2012, el PCCh me arrestó mientras predicaba el evangelio. Después de que me pusieron en libertad, me fui de casa a cumplir mi deber en otro lugar para evitar que me volvieran a arrestar. En 2014, vi a mi padre en el lugar donde yo estaba cumpliendo mi deber. Al verlo cumplir su deber de forma activa y al enterarme de que mi hermana también estaba cumpliendo su deber en la iglesia, me sentí muy feliz. Pensé: “Durante la última década o más, todos en la familia hemos estado realizando un deber. Mientras continuemos entregándonos y esforzándonos de esta manera, y siguiendo a Dios Todopoderoso hasta el final, entonces, cuando concluya la obra de Dios, nuestra familia completa puede ser salvada y entrar en el reino de Dios”. Pero, lo que me tomó totalmente por sorpresa fue que, cuando los líderes del distrito vinieron a hablar con nosotros sobre el trabajo un día de 2015, mencionaron una carta de mi iglesia de origen que decía que mi padre siempre le buscaba los defectos al líder en las reuniones y que, por muchas enseñanzas que recibiera, no mejoraba en absoluto. Mi padre incluso llegó a decir que el líder no entendía nada y propuso que buscaran a un experto para que compartiera con él. Esto perturbó tanto a los hermanos y hermanas que les impidió reunirse en paz. Los líderes del distrito dijeron que planeaban investigar los detalles de la situación y que, luego, compartirían de forma adecuada con mi padre. Fingí tranquilidad y dije: “¿Cómo puede ser tan mala la situación de mi padre?”. Pero, por dentro, me sentía enfadada y angustiada, y pensé: “¿Qué le pasa? Hace más de diez años que cree en Dios y, aun así, ¿no cumple con sus deberes y además está perturbando la vida de la iglesia?”. En ese momento, tenía unas ganas terribles de ver a mi padre cuanto antes para poder hablar con él e intentar convencerlo de que dejara de causar perturbaciones. Pero sabía que mi padre tenía un carácter verdaderamente arrogante, que no daba el brazo a torcer cuando creía que tenía razón y que mis intentos de persuadirlo no servirían de nada. No pude evitar comenzar a preocuparme: “Si mi padre sigue causando perturbaciones sin arrepentirse, la naturaleza de esos actos será muy grave y podrá enfrentarse a que lo echen. Desde que encontró al Señor hasta que aceptó esta etapa de la obra de Dios, mi padre ha creído durante casi veinte años y, durante todo ese tiempo, ha sufrido mucho y hasta ha seguido cumpliendo sus deberes en situaciones peligrosas. Si lo echan, ¿no habrán sido en vano todos esos años de sufrimiento? ¡Su vida de fe se acabaría por completo!”. Al pensar en esto, les dije a los líderes: “Si pudiera ver a mi padre e intentar hacer que entre en razón, quizás su estado pueda cambiar”. Uno de ellos me dijo: “Ahora estás demasiado emocionada. Si vas a ver a tu padre, actuarás con impulsividad o por afecto. Tú tienes tu propio deber que cumplir. Nosotros iremos a compartir con tu padre. Por ahora, solo céntrate en cumplir tu deber”. Pensé que el líder tenía razón y que era mejor dejar que ellos compartieran con él. Durante los días siguientes, la situación de mi padre me tenía tan perturbada que no podía dormir, no tenía apetito, tenía la mente hecha un caos y no lograba centrarme en mis deberes. Esperaba que, por medio de la enseñanza de los líderes, mi padre pudiera corregir su rumbo y que, al menos, no lo echaran. Sentía que, mientras pudiera ser mano de obra en la casa de Dios, aún tendría esperanzas de salvarse. Así que, cada día, esperaba con ansias que los líderes trajeran buenas noticias sobre el cambio de mi padre.

Al poco tiempo, los hermanos y hermanas a cargo del trabajo de depuración me enviaron una carta en la que me pedían que les contara sobre el comportamiento habitual de mi padre. Cuando leí la carta, sentí un dolor indescriptible en el corazón y se me llenaron los ojos de lágrimas. Me resultaba muy difícil aceptar esa realidad. Pensé: “Parece que el problema de mi padre es grave. Si su comportamiento es vil, lo echarán y, una vez que lo hayan echado, su vida de fe llegará a un final definitivo y no tendrá ninguna esperanza de obtener la salvación. Mi padre ya tiene más de 60 años y ha creído en Dios durante muchos años. ¿Será capaz de soportarlo si lo echan?”. Me di cuenta de que mi estado era incorrecto y me arrodillé de inmediato para orar a Dios: “Dios, me duele muchísimo ver que podrían echar a mi padre. Te ruego que protejas mi corazón para que no me queje sobre Ti y para que pueda someterme”. Oré una y otra vez. Al escribir mi evaluación, pensé en que mi padre no tenía una buena humanidad y en que casi había hecho algunas cosas extremas en el mundo secular. Si escribía sobre estos aspectos del comportamiento de mi padre y la iglesia evaluaba su conducta habitual, ¿no decidirían echarlo? Desde pequeña, mi padre siempre me había tratado muy bien. Cuando era niña, tenía un físico débil y siempre me resfriaba. Después de que me ponían inyecciones, no quería caminar, así que mi padre me llevaba a cuestas hasta casa. Durante los años cuando estuve fuera cumpliendo mi deber, mis padres escatimaron gastos para ahorrar dinero para darme y me ayudaron mucho. Varias veces, mis parientes políticos fueron a casa a causar problemas y era mi padre quien lidiaba con ellos. Mi padre se había preocupado mucho por asuntos que me concernían. Pensé: “Quizás no debería escribir sobre la mala humanidad de mi padre y, en cambio, debería escribir sobre cómo se entregaba con entusiasmo. De ese modo, cuando los hermanos y hermanas vean que el comportamiento pasado de mi padre ha sido bueno, quizás le permitan quedarse para ser mano de obra y mi padre aún tendrá esperanzas de salvación”. Pero también sentí que hacer eso sería inapropiado. Durante los días siguientes, este asunto me tenía tan preocupada que no podía centrarme en mi deber. En medio de mi sufrimiento, recordé una frase de las palabras de Dios: “Si alguien hace algo que no es beneficioso para la iglesia, aunque sean tus padres, ¡eso es inaceptable!”. Así que luego busqué el pasaje que contenía esa línea. Dios dice: “Debes mostrar fuerza y determinación y mantenerte firme en tu testimonio de Mí; levántate y habla por Mí, y no temas lo que otras personas puedan decir. Solo satisface Mis intenciones y no permitas que nadie te limite. […] Yo soy tu apoyo y tu escudo y todo está en Mis manos. ¿De qué tienes miedo, entonces? ¿No estás siendo demasiado sentimental? Debes despojarte de tus sentimientos lo antes que puedas; Yo no actúo de acuerdo con los sentimientos, sino que ejerzo justicia. Si alguien hace algo que no es beneficioso para la iglesia, aunque sean tus padres, ¡eso es inaceptable!(La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Declaraciones de Cristo al principio, Capítulo 9). Después de leer las palabras de Dios, me sentí profundamente angustiada y abatida. La intención de Dios era que me pusiera del lado de la verdad cuando me enfrentara a las cosas, que no actuara por afecto, que me ciñera a los principios-verdad y defendiera los intereses de la casa de Dios. Sin embargo, cuando me enteré de que tenía que dar detalles del comportamiento habitual de mi padre, no contemplé las cosas según los principios-verdad. En cambio, rememoraba cómo mi padre me había tratado bien desde que era pequeña, así que perdí mi postura y mis principios. Hasta llegué a pensar en ir a verlo para hablar con él e intentar que dejara de causar más perturbaciones. De ese modo, no lo echarían, podría seguir siendo mano de obra y tendría una oportunidad de obtener la salvación. Si hubiera tenido un poco de conciencia y razón al escribir mi evaluación, debería haberme puesto del lado de Dios, debería haber defendido el trabajo de la iglesia y escrito con sinceridad sobre el comportamiento que sabía que tenía mi padre, pero demostré tener favoritismo hacia él por afecto y solo quise escribir sobre su buen comportamiento, mientras dejaba sin mencionar su mala conducta o le restaba importancia. ¿De qué manera tenía yo un corazón temeroso de Dios? Al darme cuenta de esto, escribí todos los comportamientos que sabía que tenía mi padre y luego envié el informe a los hermanos y hermanas.

Tiempo después, vi la notificación de que habían echado a mi padre. Mi padre no solo había estado buscándole los defectos al líder sin cesar, sino que, además, no aceptaba la verdad en absoluto. También tergiversaba las palabras de Dios y condenaba y acusaba a cualquiera que compartiera con él. Había perturbado la vida de iglesia de forma reiterada y se negaba rotundamente a arrepentirse, por lo que finalmente lo echaron. Según su comportamiento habitual, vi que él era realmente absurdo, no tenía entendimiento espiritual y su naturaleza tenía una aversión extrema por la verdad y la odiaba. Al echarlo se reveló por completo la justicia de Dios. Al ver esto, me desprendí del afecto que tenía hacia mi padre desde el fondo de mi corazón.

Un día de marzo de 2022, recibí una carta de los líderes de la iglesia de mi hermana en la que decían que mi hermana no había asistido a ninguna reunión desde agosto de 2021. Según los principios, se debe echar a quienes no se reúnen, no persiguen la verdad ni cumplen su deber durante largos períodos de tiempo. Asimismo, los líderes me pedían que escribiera sin demora sobre el comportamiento habitual de mi hermana. Al leer esto, sentí un dolor desgarrador en el corazón y no fui capaz de aceptar esta realidad. Estaba muy agitada y no podía centrarme en hablar con las hermanas sobre el trabajo, así que me hice un ovillo y me puse a llorar, con la cabeza entre las manos. Las hermanas me vieron así y vinieron a compartir conmigo para ayudarme, pero no lograba asimilar sus palabras. Pensaba: “¿Cómo puede ser esto? Hace poco, mi hermana me envió una carta con algo de dinero de bolsillo. ¿Cómo es posible que en solo unos meses ella haya perdido el contacto con la iglesia? ¿Habrá pasado algo en casa? Recuerdo que, después de que mi hermana comenzó a creer en Dios, siempre le entusiasmaba mucho entregarse y ser activa en sus deberes. Algo grave debe haber ocurrido en casa para que ella no asista a las reuniones. ¿No debería la iglesia darle otra oportunidad de arrepentirse?”. También me enteré de que la iglesia solo estaba recopilando información sobre el comportamiento habitual de mi hermana y que, si se arrepentía de forma sincera y estaba dispuesta a creer en Dios adecuadamente, aún tendría la oportunidad de arrepentirse. Pero seguía preocupada: “¿Y si mi hermana no vuelve pronto a las reuniones?”. Esa noche, daba vueltas en la cama sin poder dormir. Los hermosos recuerdos de toda nuestra familia creyendo en Dios y cumpliendo nuestros deberes se me venían a la cabeza como una película. Mi hermana siempre había cuidado de mí desde pequeña. Cuando mi estado no era bueno, ella me apoyaba y ayudaba y, cuando cumplía mi deber en la iglesia, solía enviarme dinero de bolsillo. Si echaban a mi hermana, ella no tendría ninguna esperanza de salvación. Al pensar en esto, sentí una punzada de pena. Durante los días siguientes, mi estado era muy malo debido a mi hermana y no lograba sosegar mi corazón en mis deberes. Pensaba: “Debería volver a casa y hacer entrar en razón a mi hermana. Mientras regrese a la iglesia y haga sus deberes esforzándose al máximo, no la echarán”. Pero luego pensaba: “La policía me ha arrestado por mi fe en Dios, tengo antecedentes policiales y, si tengo la temeridad de volver a casa y me detienen, no podré cumplir mis deberes y estaré implicando a mis hermanos y hermanas. Las consecuencias serían inimaginables”. Tenía la mente hecha un caos y no sabía qué hacer. Tres días después, estaba mareada, el corazón me palpitaba, sentía un nudo en el pecho y me costaba respirar. Sentía que me iba a desmayar en cualquier momento, incluso cuando solo caminaba. Solo entonces reflexioné sobre mí misma y descarté la idea de regresar a casa. Pero la idea de que pudieran echar a mi hermana seguía entristeciéndome un poco. Compartí mi estado con una de las hermanas que tenía cerca y ella me leyó varios pasajes de las palabras de Dios. Gracias a la plática con la hermana, entendí que la casa de Dios se rige por la verdad y la justicia, y que jamás cometerá una injusticia con una buena persona ni dejará impune a un malhechor. Como la iglesia estaba recopilando información sobre el comportamiento habitual de mi hermana, eso contaba con el permiso de Dios y, aunque yo no pudiera desentrañarlo, debía someterme primero, aportar lo que supiera sobre su comportamiento y la iglesia de seguro lo manejaría y la trataría según los principios.

Más adelante, echaron a mi hermana. Vi el informe sobre su comportamiento que proporcionaron los hermanos y hermanas, el cual decía que, en los últimos años, mi hermana solo se había centrado en ganar dinero para pagarle los estudios a su hijo para entrar en la universidad. Además, decía que ella no tenía ningún sentido de carga por sus deberes. Siempre cumplía su deber de forma superficial, hacía lo que quería, dejaba sus deberes para más tarde, era irresponsable y había causado serios retrasos en el trabajo de la iglesia. Incluso después de que los hermanos y hermanas le señalaran sus problemas y la ayudaran de forma reiterada, seguía igual y no se sentía culpable ni se arrepentía. En casa, casi nunca comía ni bebía las palabras de Dios ni veía los vídeos que producía la casa de Dios, y todos los días trabajaba para ganar dinero. Luego, ni siquiera asistía a las reuniones. Una hermana fue a apoyarla, pero ella le dijo: “Cuando mi madre estaba enferma, mejoró después de que empezó a creer en Dios, por lo que yo hice lo mismo y creí. Pero, ahora que ha recaído de su enfermedad, ¿por qué no siento la existencia de Dios?”. Después de decir esto, se marchó. Al ver estos comportamientos, me enojé mucho y pensé: “¿Cómo podía decir estas cosas? ¡Ella es una incrédula!”. En el pasado, había visto que tenía mucho entusiasmo al entregarse, por lo que pensé que ella creía de verdad en Dios, pero ahora vi que las intenciones y el motivo originales de su fe eran erróneos. Solo empezó a creer en Dios después de ver cómo mi madre se curaba milagrosamente de su enfermedad crónica por medio de la fe y después de que nuestra vida familiar mejorara de a poco. Solo siguió a nuestra madre en la fe en Dios cuando obtuvo la gracia de Dios. Más tarde, cuando mi madre volvió a enfermarse, mi hermana vio que no estaba obteniendo los beneficios que quería de su fe en Dios, y su deseo de recibir bendiciones se hizo añicos, así que dejó de asistir a las reuniones y de hacer su deber, e incluso negó a Dios. A juzgar por el comportamiento de mi hermana, estaba claro que simplemente no era una verdadera creyente en Dios para nada y tenía la esencia de una incrédula.

Más tarde, reflexioné: siempre había pensado que, mientras hiciera sacrificios, me entregara para Dios y lo siguiera hasta el final, en última instancia, obtendría la salvación. ¿Pero era realmente correcta esa opinión? Leí las palabras de Dios: “Las personas dicen: ‘Dios es un Dios justo. En tanto que el hombre lo siga hasta el final, Él seguramente será imparcial con este porque Él es el más justo. Si un hombre lo sigue hasta el final, ¿lo podría desechar?’. Soy imparcial con todas las personas y las juzgo con Mi carácter justo, sin embargo, todas las exigencias que les hago a las personas incluyen condiciones apropiadas y lo que Yo exijo, todos los hombres lo deben cumplir, sin importar quiénes sean. No me importa lo cualificado que estés o lo experimentado que seas; solo me importa si sigues Mi camino y si tienes o no amor por la verdad y sed de ella. Si careces de la verdad y más bien causas vergüenza a Mi nombre y no actúas de acuerdo con Mi camino y solo sigues sin cuidado ni preocupación, entonces en ese momento te derribaré y te castigaré por tu maldad; ¿qué tendrás que decir entonces? ¿Podrías decir que Dios no es justo? Si te has atenido a todas las palabras que he expresado hoy, entonces eres la clase de persona que apruebo. Dices que siempre has sufrido mientras sigues a Dios, que lo has seguido durante las tormentas y que has compartido con Él los buenos y los malos momentos, pero no has vivido las palabras pronunciadas por Dios; solo quieres ir de un lado a otro por Dios y esforzarte por Él todos los días y nunca has pensado en vivir una vida que tenga sentido. También dices: ‘En cualquier caso, creo que Dios es justo. Sufro por Él, voy de un lado a otro por Él y me dedico a Él y, aunque no haya conseguido ningún logro, he soportado la adversidad; seguro que me recuerda’. Es verdad que Dios es justo, pero esta justicia no está manchada con ninguna impureza: no contiene voluntad humana alguna y no está manchada por la carne o por las transacciones humanas. Todos los que son rebeldes y se oponen y no se atienen a Su camino serán castigados; ¡ninguno será perdonado y ninguno será pasado por alto! Algunas personas dicen: ‘Hoy voy de aquí para allá por Ti; al final, ¿me puedes dar una pequeña bendición?’. Así que te pregunto: ‘¿Te has atenido a Mis palabras?’. La justicia de la que hablas se basa en una transacción. Tú solo piensas que Yo soy justo, que soy imparcial con todas las personas y que todos los que me siguen hasta el final tienen asegurada la salvación y ganarán Mis bendiciones. Hay un significado interno en Mis palabras cuando digo ‘todos los que me siguen hasta el final tienen la salvación asegurada’: los que me siguen hasta el final son los que Yo ganaré íntegramente; son los que, después de que los haya conquistado, buscan la verdad y son hechos perfectos. ¿Cuántos requisitos has satisfecho? Solo has satisfecho el requisito de seguirme hasta el final, pero ¿qué más? ¿Te has atenido a Mis palabras? Has satisfecho uno de Mis cinco requisitos, pero no tienes la intención de satisfacer los cuatro restantes. Sencillamente has encontrado la senda más sencilla y fácil y la has buscado solo con la actitud de esperar tener suerte. Con una persona como tú, Mi carácter justo solo significa castigo y juicio, una retribución justa; significa el castigo justo para todos los malhechores. Todos los que no siguen Mi camino van a ser castigados con toda seguridad, incluso si siguen hasta el final. Esta es la justicia de Dios(La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Las experiencias de Pedro: su conocimiento del castigo y del juicio). Después de leer las palabras de Dios, me sentí avergonzada. Las personas juzgan a los demás por las apariencias, pero Dios se fija en la esencia de una persona. Dios no se fija en cuánto ha sacrificado una persona ni cuánto se ha entregado, cuánto ha sufrido ni en su antigüedad. La clave es si una persona sigue el camino de Dios, si practica la verdad y si su carácter ha cambiado. Es en base a estas cosas que se determina el desenlace de cada uno. Pero yo creía que Dios determinaba el desenlace y el destino de una persona en función de si podía seguir hasta el final, cuánto tiempo había creído y cuánto había sufrido o se había entregado. Pensaba que mientras hiciéramos un esfuerzo y nos entregáramos, y siguiéramos a Dios hasta el final, entonces, cuando concluyera la obra de Dios, tendríamos esperanzas de que Dios nos salvara y de entrar en Su reino para disfrutar de Sus bendiciones. Pero todo eso eran solo mis nociones e imaginaciones. También entendí que obtener la salvación tras haber seguido hasta el final significa que una persona persigue la verdad y el cambio de carácter, es capaz de practicar de acuerdo con las palabras de Dios en todas las cosas, y cuyo carácter corrupto, en última instancia, puede ser purificado, y que en medio de distintas pruebas y refinamientos, no niega a Dios ni lo traiciona y sigue siendo capaz de seguirlo y someterse a Él. Solo esas personas serán salvadas por Dios al final y entrarán en Su reino. Pero quienes no persiguen la verdad, cuyo carácter corrupto no muestra ningún cambio y siguen rebelándose contra Dios y resistiéndose a Él son aquellos a quienes Dios detesta. Al reflexionar sobre las dos veces que me enfrenté al hecho de que echaran a miembros de mi familia, no discerní su esencia. No sabía cuál era el tipo de personas que Dios salva o descarta, me ponía del lado del afecto carnal y quería ir a hablar para hacerlos entrar en razón, quería que se quedaran en la casa de Dios como mano de obra. Pensaba que, de esta forma, tendrían esperanza de obtener la salvación. Pero mi forma de pensar era completamente incompatible con las palabras de Dios. Pensé en lo que dijo el Señor Jesús: “No todo el que me dijo: ‘Señor, Señor’ entrará en el reino de los cielos, sino el que siga la voluntad de Mi Padre que está en los cielos.* Muchos me dirán en aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?’. Y entonces les declararé: ‘Jamás os conocí; apartaos de mí, los que practicáis la iniquidad’(Mateo 7:21-23). Reflexioné: “¿Por qué aquellos que renunciaron a todo y se entregaron para el Señor no obtuvieron la aprobación del Señor Jesús y, en cambio, el Señor los castigó y los maldijo?”. Según mi perspectiva, cualquiera que renunciara y se entregara mucho, y siguiera a Dios durante muchos años se salvaría. Entonces, ¿por qué los fariseos que habían servido a Jehová todo el año en el templo no solo no consiguieron que Dios los salvara, sino que, además, terminaron siendo maldecidos y condenados por Dios como un nido de víboras a quienes les aguardaba la desgracia? Fue porque, aunque los fariseos creían en Dios en apariencia, en esencia no tenían un corazón temeroso de Dios, nunca siguieron Su camino y hasta negaron al Señor Jesús, lo condenaron y lo crucificaron. Ofendieron gravemente el carácter de Dios, lo que hizo que Dios los castigara y maldijera. Viéndolo ahora, pensaba que, si creías en Dios, renunciabas y te esforzabas por Él, y lo seguías hasta el final, podrías obtener la salvación y entrar en el reino de los cielos. Pero todo eso no era más que una mera ilusión mía, mis nociones e imaginaciones. ¡Era algo absurdo y sin sentido que no tenía fundamento en la realidad! Estaba haciendo valoraciones según mis nociones e imaginaciones, y hasta quería que mi familia se quedara en la iglesia siendo mano de obra, ya que pensaba que, al final, Dios les daría un desenlace y un destino buenos. ¡Fui realmente necia y ciega! En función de su esencia y de la senda que transitaban, eran exactamente la cizaña que revela la obra de Dios de los últimos días. Eran incrédulos que no amaban la verdad ni la aceptaban y, aunque se quedaran a regañadientes en la casa de Dios, Dios no los salvaría.

Seguí reflexionando: “Cuando enfrenté que echaran a mis familiares, nunca fui capaz de ponerme del lado de Dios. ¿Qué era lo que me estaba controlando?”. Leí las palabras de Dios: “¿Cuál es la esencia de los sentimientos? Es poner en primer lugar los sentimientos carnales y dejar de lado los principios-verdad. Las manifestaciones de los sentimientos pueden describirse utilizando varias palabras y frases: tener favoritismo, proteger a los demás sin atenerse a los principios, el mantenimiento de las relaciones basadas en la carne y la ausencia de imparcialidad. Esos son los sentimientos. ¿Cuáles son las probables consecuencias de que las personas tengan sentimientos y vivan según ellos? ¿Por qué los sentimientos de la gente son lo que más detesta Dios? A algunos siempre los constriñen sus sentimientos, no pueden poner en práctica la verdad y, aunque desean someterse a Dios, no pueden, de modo que sus sentimientos los atormentan. Muchas personas entienden la verdad, pero no pueden ponerla en práctica; esto también se debe a que sus sentimientos las constriñen(La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. ¿Cuál es la realidad-verdad?). “Algunas personas son extremadamente sentimentales. Cada día, en todo lo que dicen y en cómo se comportan y lidian con los asuntos, viven según sus sentimientos. Sienten cosas por esta y aquella persona; pasan sus días ocupándose de asuntos de relaciones y sentimientos. En todo lo que se encuentran, viven en el ámbito de los sentimientos. Cuando un pariente no creyente de esa persona muere, lo llora durante tres días y no permite que entierren el cuerpo, pues sigue teniendo sentimientos por el fallecido. Es demasiado sentimental. Se podría decir que esos sentimientos son el defecto fatal de esta persona. Sus sentimientos la constriñen en todos los asuntos, es incapaz de practicar la verdad o de actuar de acuerdo con los principios, y con frecuencia se rebela contra Dios. Los sentimientos son su mayor debilidad, su peor defecto, y pueden llevarlos a la ruina absoluta y destruirlos. Las personas que son demasiado sentimentales son incapaces de poner la verdad en práctica o de someterse a Dios. Con sentimientos tan fuertes, todo lo que pueden hacer es satisfacer a la carne; son personas necias y atolondradas. La naturaleza de tales personas es ser muy sentimentales. Viven según sus sentimientos(La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Cómo conocer la naturaleza del hombre). Fue gracias a las palabras de Dios que por fin logré ver que la raíz de mi incapacidad para tratar correctamente que mi familia fuera echada era que me limitaba mi afecto. Valoraba el afecto hacia mi familia por encima de todo, incluso por encima de los principios-verdad. Vivía según principios satánicos, como: “La sangre es más espesa que el agua”, “La afinidad conlleva parcialidad” y “El hombre no es inanimado; ¿cómo puede carecer de sentimientos?”. No distinguí el bien del mal y perdí mi postura y mis principios. De hecho, si no entendía su comportamiento, podría haberlo aclarado escribiendo a la iglesia para preguntar. También podría haber discernido su esencia según los principios-verdad para ver si realmente había que tratarlos con ayuda amorosa. Pero, si no merecían ayuda, entonces, aunque fueran mi familia, no debía mostrarles bondad ciega basada en el afecto. Sin embargo, no pensé de esa manera y, primero, me puse del lado del afecto, me sentí apenada, lloré por ellos y no me centré en mi deber. Hasta pensé en ir a apoyarlos, sin considerar el peligro de arresto que suponía. Cuando la iglesia me pidió que proporcionara información sobre su comportamiento, lo único que se me vino a la mente fue la bondad que me habían mostrado. Me había cegado por completo el afecto y no había protegido los intereses de la casa de Dios. Hasta quise recurrir a artimañas y engaños para proteger a mi familia, sin considerar en absoluto todo el daño que supondría al trabajo de la iglesia mantenerlos en la casa de Dios. Vi que el afecto era mi debilidad vital y que se había convertido en un obstáculo y un escollo para que practicara la verdad. Vivía sumida en mi afecto y trataba a mi padre y a mi hermana con conciencia y amor sin buscar en absoluto la intención de Dios. No conocía su comportamiento, pero quería ir a apoyarlos a ciegas. ¿No era eso un amor necio? Si volvía deprisa a casa, no solo caería en la tentación del afecto, sino que mi estado se perturbaría, mi deber se retrasaría y, lo que era más grave, con mis antecedentes policiales, si me capturaban, eso repercutiría en el trabajo. ¿No sería eso causar trastornos y perturbaciones? Al darme cuenta de esto, sentí un dejo de temor y di gracias a Dios por haberme revelado; de lo contrario, no habría visto con claridad el daño y las consecuencias de vivir según el afecto, y me habría arruinado sin darme cuenta. Debía desprenderme de mi afecto y tratar a mi familia según los principios-verdad. Ya no podía seguir sintiéndome triste porque la iglesia hubiera echado a mi padre y a mi hermana, ya que esto se debió completamente a la justicia de Dios. Las ampollas en sus pies las había causado la senda que habían elegido transitar y ellos eran los únicos que tenían la culpa de esto.

Gracias a las palabras de Dios, encontré una senda para desprenderme del afecto y tratar correctamente a los familiares. Dios dice: “Un día, cuando comprendas algo de la verdad, ya no pensarás que tu madre es la mejor persona ni tus padres las mejores personas. Te darás cuenta de que ellos también son miembros de la raza humana corrupta, de que sus actitudes corruptas son todas iguales, de que lo único que los diferencia son los lazos de sangre contigo y de que, si no creen en Dios, son lo mismo que los no creyentes. Ya no los mirarás desde la perspectiva de un familiar ni desde la de tu relación carnal, sino desde el lado de la verdad. ¿Cuáles son los principales aspectos en que debes fijarte? Debes fijarte en sus opiniones sobre la fe en Dios, en sus opiniones sobre el mundo, en sus opiniones a la hora de abordar los asuntos y, ante todo, en sus actitudes hacia Dios. Si observas estos aspectos con precisión, verás claro si son buenas o malas personas. […] Supón que ves a tus parientes con claridad y dices: ‘Mi madre no acepta la verdad en absoluto. En realidad, siente aversión por la verdad y la odia. En esencia, es una persona malvada, un diablo. Mi padre intenta constantemente complacer a los demás, y se pone siempre del lado de mi madre. No acepta ni practica la verdad en absoluto; no es alguien que persiga la verdad. Es un incrédulo. Me rebelaré contra ellos por completo y trazaré unos límites claros con ellos’. De esta manera, te pondrás del lado de la verdad y podrás rechazarlos. Cuando puedas discernir quiénes son, qué clase de personas son, ¿seguirás sintiendo afecto por ellos? ¿Les seguirás teniendo amor familiar? ¿Seguirá existiendo una relación carnal entre vosotros? No. ¿Seguirás necesitando refrenar esta clase de afecto? (No). Entonces, ¿cómo se resuelven realmente estas dificultades? Entendiendo la verdad, dependiendo de Dios y acudiendo a Él(La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Solo si se corrigen las propias actitudes corruptas es posible lograr una auténtica transformación). Después de leer las palabras de Dios comprendí que, al tratar a los miembros de la familia, primero, debemos discernir y desentrañar quiénes son según las palabras de Dios. Una vez que desentrañamos su esencia-naturaleza, sabremos cómo tratarlos conforme a los principios-verdad. En el caso de los familiares que persiguen la verdad y la aman, si no entienden la verdad y revelan corrupción o si no pueden desentrañar las corrientes malignas del mundo y momentáneamente toman la senda equivocada, podemos seguir los principios-verdad y ayudarlos con amor o exponerlos y podarlos. Sin embargo, si tienen aversión por la verdad, la odian y son incrédulos en esencia, personas absurdas y malvadas, entonces no podemos ayudarlos ni apoyarlos con amor. Debemos distinguir entre el amor y el odio, odiarlos y rechazarlos en el corazón, y trazar una línea clara entre ellos y nosotros. Al mismo tiempo, también entendí que, aunque, en apariencia, tengo un vínculo de sangre con mi padre y mi hermana y ellos son mi familia, su esencia es propia del diablo e incrédulos, y no transitan la misma senda que yo. Una vez que entendí esto, dejé de estar limitada por el afecto, y ahora puedo sosegar mi corazón en mi deber. Que haya podido alcanzar este conocimiento y esta entrada se debe exclusivamente a que las palabras de Dios han obrado en mí. ¡Gracias a Dios!

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