96. Escapar del vórtice del dinero, la fama y el provecho
Nací en una familia obrera común y corriente. Mis padres eran gente ingenua y cumplidora, sin ninguna habilidad especial, por lo que nuestros familiares y amigos los menospreciaban. Yo pensaba: “No puedo ser como mis padres, vivir una vida mediocre y que me menosprecien. Voy a esforzarme por tener éxito y a trabajar duro para forjarme una carrera. Quiero ser el centro de atención y que todos me elogien cuando hablen de mí”.
En 2017, me gradué de la universidad y entré a una compañía de bienes raíces como asesor inmobiliario. En aquel entonces, el mercado inmobiliario estaba en pleno auge, y en mi primer mes como pasante, vendí tres casas con facilidad. La bonificación y la comisión por vender una sola casa equivalían al salario de un mes de mis compañeros de estudios, y yo pensaba: “He encontrado un trabajo muy lucrativo justo después de graduarme. De todos mis compañeros, a mí es a quien mejor le va. Dentro de dos años, cuando gane aún más dinero, ¡mis compañeros y amigos me admirarán!”. En marzo de 2018, los precios de las viviendas volvieron a subir, y el furor de la gente por comprar casas se disparó al instante. Mis colegas y muchos grandes inversores del sector estaban todos comprando casas. Planeaban usar tarjetas de crédito para invertir en bienes raíces antes de que los precios se dispararan, esperar unos pocos años a que se pusieran por las nubes, y luego vender por el doble de lo que habían pagado. Al ver esto, sentí mucha envidia. Temía quedarme atrás en esa ola del mercado inmobiliario y que, si los precios de las casas seguían subiendo, mis posibilidades de comprar serían cada vez menores. Tenía miedo de que, si perdía esta oportunidad de oro, quién sabe cuándo podría alcanzar mi meta de superar a los demás. Además, si mis familiares y amigos se enteraban de que había comprado una casa, de seguro me verían con otros ojos y me alabarían por ser tan capaz. Así que decidí pedir un préstamo para comprar una casa. Para ese entonces, mi madre ya había llegado a creer en Dios Todopoderoso y, cuando se enteró de mis planes de comprar una casa, me aconsejó: “La obra de Dios para salvar a la humanidad en los últimos días está por terminar y los desastres serán cada vez mayores. Cuando lleguen los desastres, ¿podrás llevarte contigo estas cosas materiales? Es más importante creer en Dios, leer más Sus palabras y perseguir la vida. Además, nuestra familia no tiene tanto dinero, ¿de dónde vas a sacarlo para comprar una casa?”. Pero en ese momento, no le hice ningún caso, y pensé que ella estaba siendo cortoplacista. Pensé que no había forma de saber cuándo llegarían los desastres y que, como yo aún era joven, lo más importante de momento era buscar formas de ganar dinero y destacar. Así que pedí un préstamo y compré una casa. Más tarde, para que mis colegas no me menospreciaran y poder alardear de mi estatus delante de los clientes, pedí otro préstamo para comprar un coche. Yo creía que, en esta época, tener coche y casa era el estándar de una vida exitosa, y que solo así una persona podía ser respetada adondequiera que fuera. Después de eso, mis familiares y amigos me elogiaban diciendo: “Te está yendo muy bien, ¡no te olvides de nosotros cuando te hagas rico!”. Al oír esto, me sentía muy contento y mi vanidad quedaba más que satisfecha. Para aparentar ser alguien que gana mucho dinero y logra grandes cosas, también gastaba sin medida, haciéndome pasar por una persona de cierto éxito. En todos los principales restaurantes y lugares de ocio, adondequiera que fuera la gente rica, allí estaba yo. Me gastaba cientos, o hasta miles de yuanes en tarjetas de socio como si nada. Así, en cuanto me pagaban el sueldo, lo usaba de inmediato para pagar las deudas de la tarjeta de crédito y las cuotas mensuales. A veces, no solo no podía ahorrar, sino que incluso tenía que cubrir el déficit, por lo que las facturas de la tarjeta de crédito no paraban de acumularse. Al principio, me preocupaba qué pasaría si no pudiera pagar mis deudas. Pero yo pensaba que, con mis habilidades, ganar dinero no sería problema; además, tenía una casa como activo fijo que podría vender en un par de años cuando subiera el precio y así ganar un dineral. Con un respaldo tan fuerte, ¿qué tenía que temer? Así que dejé de preocuparme por ello.
Pero, para mi sorpresa, a finales de 2019, un accidente hizo añicos por completo mi hermoso sueño. Un día, después del trabajo, salí a tomar algo con tres colegas y, de camino a casa, el conductor se puso a acelerar por diversión. Como iba demasiado rápido, no pudo frenar a tiempo, el coche se salió de la carretera y se estrelló contra una casa. El coche quedó destrozado en el acto y a los cuatro nos llevaron al hospital. Al final, el conductor sufrió una rotura intestinal con hemorragia y el copiloto, una fractura de columna. Por suerte, yo iba sentado detrás del conductor y fui el menos herido de los cuatro; solo acabé con una fractura en el brazo derecho. Pero el colega que iba a mi lado no tuvo tanta suerte. Delante de la casa había un poste de luz y, para no chocar contra la casa, el conductor dio un volantazo a la izquierda. El resultado fue que mi colega del asiento trasero se golpeó violentamente contra el poste, tuvo una rotura en el hígado y murió en el acto. Cada vez que lo pienso, me da un escalofrío. Y, al mismo tiempo, me siento muy impactado y afortunado. Lo que me impactó fue ver lo frágil que es la vida humana, que la vida y la muerte pueden ocurrir en un instante, y que nadie puede predecir lo que pasará al segundo siguiente. Fui afortunado ya que, si el conductor hubiera girado a la derecha o si yo hubiera estado en el asiento de mi colega, el muerto habría sido yo. Sentí como si, de una forma invisible, el Cielo lo hubiera dispuesto así para que yo escapara de esta calamidad. Después, la familia del fallecido exigió una indemnización. Entre los tres juntamos 800 000 yuanes de indemnización para arreglar el asunto. Para ese entonces, yo ya tenía una deuda acumulada de 300 000 yuanes. Cada vez que pensaba en el préstamo del coche, la hipoteca y los cientos de miles en facturas de las tarjetas de crédito, me deprimía muchísimo. Pensaba: “¿Cómo se supone que voy a vivir de aquí en más?”. Tras un tiempo de estar abatido, decidí reponerme y seguir vendiendo casas para ganar dinero y saldar mis deudas. Pero justo después, a principios de 2020, la repentina pandemia mundial de COVID-19 le dio a mi vida otro golpe mortal. Debido al largo confinamiento de la ciudad, todos estaban en cuarentena en sus casas, la oficina de ventas estaba vacía y las ventas se paralizaron por completo. Más tarde, para recortar gastos, la empresa empezó a pagar solo el 50 % del sueldo a los empleados. Pensé: “Se acabó. Esta vez no puedo hacer nada para recuperarme. Esto no me alcanza ni para las cuotas del coche y la hipoteca, y encima tengo que pensar en los cientos de miles de las facturas de las tarjetas de crédito. Si dejo de pagar, el banco me quitará la casa y la subastará, y si no puedo saldar mi deuda, mi crédito quedará en la lista negra y lo perderé todo”. Pensé en vender la casa que acababa de comprar, pero justo en ese momento, la constructora se declaró en quiebra y se fugó, dejando las casas sin terminar y la entrega pospuesta indefinidamente. Para cubrir las cuotas mensuales del coche y la hipoteca, no me quedó más remedio que sacar numerosos planes de pago a plazos con mis tarjetas de crédito. A partir de ahí, me vi ahogado por los altos intereses y me encontré viviendo en un pozo de deudas.
Durante ese tiempo, me sentía abatido, había perdido el valor para vivir y no tenía esperanza alguna en la vida. A menudo me preguntaba: “¿De qué sirvió comprar un coche y una casa? Ahora el coche está parado y la casa, sin terminar, no se puede vender. Si hubiera muerto en ese accidente de tránsito, ¿de qué habría servido tener un coche y una casa?”. En medio de mi sufrimiento, mi madre me volvió a predicar el evangelio de Dios Todopoderoso de los últimos días. Me dijo: “La vida de la gente está en manos de Dios. Deberías venir ante Él y leer Sus palabras seriamente, y cualquier dificultad o dolor que tengas, debes contárselo a Dios y pedirle que te ayude a superar esta dificultad”. En ese momento, recordé un pasaje de las palabras de Dios que mi madre me recitaba a menudo: “Todo tipo de desastres sucederán, uno tras otro; todos los países y todos los lugares experimentarán desastres: la plaga, el hambre, las inundaciones, la sequía y los terremotos están por todas partes. Estos desastres no ocurren solo en uno o dos lugares, ni terminarán dentro de un día o dos, sino que se extenderán sobre un área cada vez mayor y serán cada vez más severos. Durante este tiempo, surgirán, sucesivamente, toda clase de plagas de insectos, y el fenómeno del canibalismo ocurrirá en todos los lugares. Este es Mi juicio sobre los innumerables países y pueblos” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Declaraciones de Cristo al principio, Capítulo 65). Dios ha dicho hace mucho que los desastres serían cada vez mayores, y ahora esas palabras se han cumplido. Mi madre solía hablarme de la fe en Dios, pero a mí siempre me daba igual, e insistía en comprar una casa y un coche, y en esforzarme por destacar para que los demás me admiraran. Pero las cosas no salieron como yo deseaba. Mis esperanzas de usar la casa para financiar los préstamos se hicieron añicos, y acabé cargado con deudas enormes. Con la pandemia extendida por todo el mundo, decenas de miles de personas muriendo a diario, el clima empeorando sin parar y los desastres y guerras globales estallando uno tras otro, realmente sentí que los grandes desastres de los últimos días habían llegado. Si seguía sin creer en Dios, un día yo también podría caer en un desastre. No podía seguir tan terco haciendo las cosas de forma equivocada, así que me decidí a leer las palabras de Dios con diligencia. Más tarde, leyendo Sus palabras, empecé a entender algunas verdades, mi corazón encontró un sostén y recuperé la esperanza para seguir viviendo.
Cuando levantaron temporalmente el confinamiento, mi trabajo volvió poco a poco a la normalidad. Como había sacado planes de pago a plazos para muchas tarjetas de crédito, cada mes acumulaba unos intereses enormes, y mi sueldo se iba casi por completo en pagarlos. Fue entonces cuando caí en la cuenta de que, aunque el plan de pagos del banco parecía aliviarme la presión en ese momento, ¡en realidad era pura usura! Sentí que parecía haber caído en un pozo de deudas sin fondo, y que, si las cosas seguían así, nunca terminaría de pagar los reembolsos, y pasaría el resto de mi vida intentando saldar deudas. Al ver las facturas de cada mes, no podía evitar llorar. En mi dolor, clamé a Dios: “Dios mío, sé que creer en Ti es la senda verdadera en la vida, y estoy dispuesto a perseguir la verdad con sinceridad. Pero ahora mismo tengo dificultades reales y no sé cómo resolverlas. Estoy sufriendo mucho. Por favor, ábreme un camino”. Más adelante, por casualidad, vi en internet que se podía ganar dinero editando videos, así que intenté editar videos por internet. Para mi sorpresa, uno de los videos que publiqué se hizo viral de repente. Después de eso, seguí editando y publicando videos en plataformas, y, en tres meses, había ganado casi 100 000 yuanes, lo que alivió muchísimo mi presión económica. Me sentí profundamente conmovido. De verdad había experimentado la omnipotencia y la soberanía de Dios. Él había escuchado mis oraciones y me había ayudado a superar mis dificultades. Y así pude tener más tiempo para reunirme y leer Sus palabras. Así que, sin dudarlo, renuncié a mi trabajo y dediqué más tiempo a asistir a las reuniones mientras editaba videos. Poco después de renunciar, el líder me asignó hacer deberes relacionados con textos, y me puse muy contento. De día me reunía y realizaba mi deber, y de noche ganaba dinero editando videos para pagar mis deudas. Luego, había más artículos que necesitaban revisión y ya no podía encontrar más tiempo para editar videos. Pasé de publicar un video cada dos días a hacerlo solo una vez cada cinco. A veces, en días festivos, los clientes necesitaban con urgencia la edición de videos, pero como no me localizaban, se iban con otro y yo perdía muchos pedidos. Al ver que mis ingresos disminuían poco a poco, mi corazón empezó a cambiar. Pensaba: “El deber realmente me está quitando mucho tiempo. Por fin tengo esta oportunidad de ganar dinero, y esta podría ser mi único trampolín para recuperarme. Si aguanto así más o menos un año, no solo podré pagar todas mis deudas, sino que alcanzaré la libertad financiera y volveré a ganarme la admiración de mis amigos y familiares. Si pierdo esta oportunidad de hacer dinero, ¿quién sabe cuánto tendré que esperar? No puedo renunciar a esto tan fácilmente. Además, solo si gano suficiente dinero podré sosegar mi corazón para cumplir mi deber. Si no, seguiré agobiado por las deudas y no podré concentrarme en mis deberes”. Después de eso, aunque realizaba mi deber todos los días, en mi corazón no paraba de pensar en cómo escribir los textos para los videos. Al llegar a casa, me sentaba frente al ordenador a recolectar material y a editar videos, y no me molestaba en hacerme tiempo para examinar los artículos que me habían enviado los hermanos y hermanas. Pasaron tres meses y no había entregado ni un solo artículo.
Un día de febrero de 2023, una plataforma de videos me invitó a crear uno. Terminé el video en solo cuatro horas y, para mi sorpresa, en cuanto se publicó, se hizo viral de inmediato; en siete días, tuve un ingreso neto de 130 000 yuanes, lo que me permitió pagar la mitad de mi deuda. Pensé: “Ganando dinero a este ritmo, si sigo trabajando duro otros seis meses, podré pagar todas mis deudas, y, entonces, otra vez podré tener tanto fama como provecho, y ganar la admiración de mis amigos y familiares. Podré volver a mis días de prosperidad y de ser admirado. ¡No puedo dejar pasar una oportunidad tan única! Tengo que aprovechar todo el tiempo que pueda para ganar dinero y reducir el tiempo que dedico a mis deberes”. Pero al pensar así, me sentí intranquilo. Recordé cuando estaba hundido en deudas, al límite, y sintiendo que sería mejor estar muerto. Fue la gracia de Dios la que me guio a la senda de la fe. Había orado a Dios, pidiéndole que me abriera un camino y me ayudara a superar mis dificultades, y había decidido creer en Él adecuadamente y perseguir la verdad. Ahora, Dios me había abierto un camino y me había ayudado a pagar gran parte de mi deuda. Si yo seguía persiguiendo el dinero, la fama y el provecho, ¿no estaría engañando a Dios? También me puse a pensar en cómo había intentado de todo para ganar dinero en busca de fama y provecho y, al final, no solo no gané nada de dinero, sino que perdí un montón debido al accidente. Ahora, con un video que hice en solo cuatro horas, había ganado casi el sueldo de un año. Todo esto era la omnipotencia y la soberanía de Dios. Vi que lo que una persona gana en su vida está todo preordinado por Dios. Cuando no es tu momento de hacer dinero, aunque te mates trabajando para ganar dinero, lo perderás de distintas formas. Pero cuando es tu momento para ganar dinero, puedes hacerlo casi sin esfuerzo. Yo siempre quise depender de mis propias habilidades para ganar mucho dinero, pero si no estoy destinado a tenerlo, por más que me esfuerce, al final será inútil. Al pensar en esto, oré de inmediato: “Dios mío, todo el dinero que estoy ganando ahora es porque Tú me abriste un camino para aliviar mi deuda, permitiéndome creer en Ti adecuadamente y hacer mis deberes. Pero, ante la tentación de ganar dinero, simplemente no puedo desprenderme de ella. Te pido que me guíes y me permitas entender Tus intenciones y encontrar una senda de práctica”.
Más tarde, leí las palabras de Dios y aprendí cómo practicar. Dios Todopoderoso dice: “Dios lleva mucho tiempo diciéndole a la gente que debe contentarse con tener solo comida y ropa. No importa a qué profesión te dediques, no la trates como una carrera y no la veas como un trampolín o un medio para ascender y destacar o acumular riqueza y vivir con comodidad. Sea cual sea el trabajo o la profesión a la que te dediques, basta con que lo veas solo como un medio para ganarte la vida. Si sirve para tu sustento, debes saber cuándo parar y dejar de buscar riquezas. Si ganar dos mil yuanes al mes basta para cubrir tus tres comidas diarias y las necesidades básicas de la vida, debes parar ahí y no intentar ampliar el alcance de tu trabajo. Si tienes alguna necesidad especial, puedes hacer turnos adicionales a tiempo parcial o buscar un trabajo temporal para llegar a fin de mes; eso es aceptable. Este es el requerimiento de Dios: no importa a qué profesión te dediques, si implica conocimientos o habilidades técnicas o si requiere trabajo físico; siempre que sea razonable y legal, esté dentro de tus capacidades y baste para mantener tu sustento, es suficiente. No conviertas la profesión a la que te dedicas en un trampolín para hacer realidad tus propias aspiraciones y deseos en aras de satisfacer tu vida en la carne, con lo que te dejarías caer en una tentación, te meterías en un atolladero o en una senda sin retorno. Si ganar dos mil yuanes al mes es suficiente para mantener tu vida personal o la de tu familia, debes conservar ese trabajo y emplear el tiempo restante en practicar la fe en Dios, asistir a reuniones, cumplir con tus deberes y perseguir la verdad. Esta es tu misión, el valor y el sentido de la vida de un creyente. […] Si deseas obtener recompensas por tu fe en Dios, si deseas alcanzar la verdad, depende de tus propios esfuerzos para conseguir tiempo y energía. Se trata de una cuestión de elección. Dios no te prohíbe llevar una vida normal. Tus ingresos son suficientes para cubrir la comida y el abrigo, para sustentar la supervivencia de tu cuerpo y tus actividades de vida. Basta para que continúes existiendo. Sin embargo, no te contentas; siempre quieres ganar más. Entonces, esta suma de dinero se llevará tu energía y tu tiempo. ¿Para qué pierdes ambas cosas? Para mejorar la calidad de tu vida física. A medida que mejoras la calidad de tu vida física, ganas menos por creer en Dios y se esfuma tu tiempo para cumplir con tus deberes, estás ocupado. ¿Por qué estás ocupado? Porque buscas una buena vida física, el disfrute físico. ¿Vale la pena? (No)” (La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (20)). “En el mundo, toda profesión a la que cualquiera se pueda dedicar está asociada con la fama, el provecho y el disfrute físico. La razón por la que una persona gana más dinero no es para llegar a determinada cantidad, sino para mejorar su disfrute físico mediante la obtención de ese dinero y para convertirse en personas ricas y famosas. De este modo, obtendrán fama, provecho y posición, todo lo cual sobrepasa el mínimo requerido para las necesidades básicas. Cualquier precio que las personas paguen es por el disfrute físico, nada de ello tiene significado; todo está vacío, como un sueño. Al final, lo que ganan es puro vacío” (La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (20)). Sus palabras me mostraron una senda de práctica. No debía tratar a mi carrera como un trampolín para intentar un ascenso meteórico o para recuperarme, sino que debía contentarme con tener suficiente ropa y comida. La intención de Dios era que yo mantuviera una vida normal para tener más tiempo y energía para hacer mi deber y perseguir la verdad, y así podría evitar caer de nuevo en el vórtice de perseguir el dinero, la fama y el provecho. Cuando vi lo rentable que era editar videos y que rápidamente pagué gran parte de mi deuda haciéndolo, quise ganar aún más dinero editando videos, no solo para saldar mi deuda, sino también para recuperarme y volver a ganar la admiración de mis amigos y familiares. Así que dediqué todo mi tiempo y mis pensamientos a editar videos, sin pensar en mis deberes ni tenerlos en consideración. Cuando había mucho trabajo en mi deber, me sentía reacio, porque lo único que quería era tener más tiempo para ganar dinero. Para satisfacer mi deseo, usé todo mi tiempo y energía para hacer dinero. No pensé para nada en mis deberes y perdí muchas oportunidades de ganar la verdad. Si seguía así, ganando diez mil y queriendo cien mil, y luego cien mil y queriendo más, mis deseos no tendrían fin y nunca se satisfarían. Acabaría siendo llevado de las narices por el dinero, la fama y el provecho, y caería de nuevo en ese vórtice. Aunque en el futuro lograra tener dinero, fama y provecho, me alejaría cada vez más de Dios, dejaría de hacer mi deber y no entendería la verdad. ¿Qué sentido tendría vivir así? Recordé cuando estaba indefenso y sin esperanza; fue la guía de la palabra de Dios la que me dio esperanza para vivir, y cuando me enfrenté a esa deuda enorme y no tenía salida, Dios me abrió un camino, permitiéndome ganar dinero, resolver mis dificultades reales y tener tiempo y energía para realizar mi deber. Pero ahora, ante la tentación del dinero, de nuevo quería ganar un dineral y destacar. Incluso hacía mi deber de forma superficial y retrasaba el trabajo. Claramente podía cumplir mi deber sin retrasar el pago de la deuda, pero no me conformaba y, ante las constantes tentaciones de ganar dinero, dejé mi deber de lado. ¡De verdad que no tenía conciencia! Había vulnerado la determinación que le había hecho a Dios; ¡todo lo que había dicho no era más que un engaño! ¡Realmente no merecía vivir! No podía seguir persiguiendo grandes sumas de dinero, tenía que dedicar mi energía a mi deber. Podía encontrar tiempo para editar videos para ganar dinero y pagar mis deudas, siempre que eso no interfiriera con mi deber. Más tarde, empecé a tener un sentido de carga en mi deber. Terminé de revisar los artículos que tenía acumulados y pude poner mi corazón en las reuniones.
Después, leí otro pasaje de la palabra de Dios y comprendí un poco la raíz de mi apego a la riqueza, la fama y el provecho. Dios Todopoderoso dice: “En realidad, independientemente de lo grandes que sean las aspiraciones del hombre, de lo realistas que sean sus deseos o de lo adecuados que puedan ser, todo lo que el hombre quiere lograr, todo lo que busca está inextricablemente vinculado a dos palabras. Ambas son de vital importancia para cada persona a lo largo de su vida y son cosas que Satanás pretende infundir en el hombre. ¿Qué dos palabras son? Son ‘fama’ y ‘provecho’. Satanás usa un método muy suave, un método muy de acuerdo con las nociones de las personas y que no es muy agresivo para que estas acepten, sin darse cuenta, sus medios y leyes de supervivencia, desarrollen objetivos y una dirección en la vida y lleguen a tener aspiraciones en ella. Por muy altisonantes que puedan ser las descripciones de sus aspiraciones en la vida, estas aspiraciones siempre giran en torno a la fama y el provecho. Todo lo que persigue cualquier persona importante o famosa —o, de hecho, cualquier persona— a lo largo de su vida solo guarda relación con estas dos palabras: ‘fama’ y ‘provecho’. Las personas piensan que una vez que han obtenido fama y provecho, tienen el capital para disfrutar de un estatus alto y de una gran riqueza, así como para disfrutar de la vida. Piensan que, una vez que tengan fama y provecho, tienen el capital para buscar placer y participar en el disfrute excesivo de la carne. En aras de esta fama y provecho que desean, las personas entregan su cuerpo alegremente y sin saberlo, así como su corazón e incluso todo lo que tienen, incluidas sus expectativas y su porvenir a Satanás. Lo hacen sin reservas, sin dudarlo ni un momento y sin saber jamás reclamar todo lo que una vez tuvieron. ¿Pueden las personas conservar algún control sobre sí mismas una vez que se han entregado a Satanás y se han vuelto leales a él de esta manera? Desde luego que no. Están total y completamente controladas por Satanás. Se han hundido de un modo completo y total en este cenagal y son incapaces de liberarse a sí mismas. Una vez que alguien está atascado en la fama y el provecho, deja de buscar lo que es brillante, lo recto o esas cosas que son hermosas y buenas. Esto se debe a que la seducción de la fama y el provecho es demasiado grande para las personas, y son cosas que pueden buscar sin parar durante toda su vida e incluso durante toda la eternidad. ¿No es esta la situación real?” (La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. Dios mismo, el único VI). Tras leer el desenmascaramiento de las palabras de Dios, comprendí que la raíz de mi deseo constante de ganar más dinero y ser admirado era que estaba fuertemente atado por la “fama” y el “provecho”. Desde pequeño, vi cómo mis familiares y amigos menospreciaban a mis padres, y sentí que vivir así era realmente indigno, así que decidí que tenía que luchar por prosperar y llegar a ser admirado. Vivía según los venenos satánicos de “El hombre lucha hacia arriba; el agua fluye hacia abajo” y “Destácate del resto”. Al ver a otros invertir en la compra de casas y obtener tanto fama como provecho, yo también anhelaba usar ese método para destacar y ganarme la admiración de amigos y familiares. Claramente no tenía los medios económicos, pero no dudé en pedir préstamos para comprar una casa y un coche. También hacía grandes compras, frecuentaba varios lugares de lujo y compraba artículos de lujo, presentándome como una persona de éxito. Aunque mi vida parecía próspera e infinitamente glamurosa, tras bambalinas estaba agobiado por amortizaciones con altos intereses. Para ganarme la admiración de los demás, me volví completamente superficial y rechacé repetidamente la salvación de Dios. Pedí préstamos para comprar un coche y una casa, acumulando cientos de miles en deudas, y luego sufrí el doble golpe de un accidente de coche y la pandemia. Pasaba los días devanándome los sesos a fin de desvestir a un santo para vestir a otro. Durante ese tiempo, las deudas me aturdían la mente y las preocupaciones me sacaron canas. Sentía que sería mejor estar muerto. Después de encontrar a Dios, Él me abrió un camino, concediéndome más tiempo para las reuniones y para hacer mis deberes. Pero cuando me encontré con la oportunidad de ganar dinero, quise perseguir el dinero, la fama y el provecho. A lo largo de todo este viaje, seguí persiguiendo el dinero, la fama y el provecho, e incluso cuando terminé magullado y herido, seguía sin saber cómo dar marcha atrás. ¡Mi corazón se había vuelto completamente intransigente! Ante la salvación y la elevación de Dios, no solo no la valoré, sino que incluso pensé que mis deberes estaban retrasando mi búsqueda de dinero, y casi perdí la oportunidad de perseguir la verdad y ser salvado. Finalmente me di cuenta de que la búsqueda de dinero, fama y provecho es una senda sin retorno, y que, si no daba marcha atrás, me convertiría por completo en compañero de muerte de Satanás.
Reflexioné: “¿Qué tipo de vida es verdaderamente valiosa y significativa?”. Leí las palabras de Dios: “Dios no se limita a pagar un precio por cada persona en las décadas que van desde su nacimiento hasta el presente. Según lo ve Dios, has venido a este mundo innumerables veces y te has reencarnado infinitas veces. ¿Quién se encarga de ello? Dios es el responsable. Tú no puedes saber estas cosas. Cada vez que vienes a este mundo, Dios se ocupa personalmente de hacer los arreglos para ti: Él dispone cuántos años vivirás, el tipo de familia en la que nacerás, cuándo construirás un hogar y una carrera, así como lo que vas a hacer en este mundo y cómo te ganarás la vida. Dios dispone para ti una manera de ganarte la vida, para que puedas cumplir sin complicaciones tu misión en esta vida. […] Mientras sigues a Dios, no importa si sufres o pagas un precio, en realidad estás cooperando con Dios. Sea lo que sea lo que Él nos pida que hagamos, debemos escuchar las palabras de Dios y practicar de acuerdo con ellas. No te rebeles contra Dios ni hagas nada que le cause dolor. Para cooperar con Dios, debes sufrir un poco y renunciar a algunas cosas y dejarlas de lado. Debes renunciar a la fama, el provecho, al estatus, al dinero y a los placeres mundanos; incluso debes renunciar a cosas como el matrimonio, el trabajo y tus perspectivas en el mundo. ¿Sabe Dios que has renunciado a estas cosas? ¿Es Él capaz de ver todo esto? (Sí). ¿Qué hará Dios cuando vea que has renunciado a estas cosas? (Él se sentirá reconfortado y complacido). Dios no solo estará complacido y dirá: ‘El precio que pagué ha dado fruto. La gente está dispuesta a cooperar conmigo, tienen esa determinación, y Yo los he ganado’. Ya sea que Dios esté contento o feliz, satisfecho o reconfortado, esa no es Su única actitud. Él también actúa, y quiere ver los resultados que logra Su obra, pues de lo contrario lo que les exige a las personas no tendría sentido. La gracia, el amor y la misericordia que Dios le muestra al hombre no son meramente una clase de actitud; son también un hecho. ¿Qué hecho es ese? Es que Dios pone Sus palabras en tu interior, te esclarece, te permite ver lo que es hermoso en Él y de qué va realmente este mundo, dándote una gran claridad mental y permitiéndote entender Sus palabras y la verdad. De esta manera, sin saberlo, obtienes la verdad. Dios hace mucho trabajo en ti de una manera muy real, permitiéndote ganar la verdad. Cuando ganas la verdad, cuando ganas la cosa más preciosa que es la vida eterna, las intenciones de Dios quedan satisfechas. Cuando Dios ve que las personas persiguen la verdad y están dispuestas a cooperar con Él, se siente feliz y contento. Entonces tiene cierta actitud, y mientras tiene esa actitud, se pone en acción y aprueba y bendice al hombre. Dice: ‘Te recompensaré. Estas son las bendiciones que mereces’. Y entonces ganarás la verdad y la vida. Cuando conozcas al Creador y te hayas ganado Su aprecio, ¿seguirás sintiendo un vacío en tu corazón? No. Te sentirás realizado y tendrás una sensación de disfrute. ¿No es eso vivir una vida de valor? Es la vida más valiosa y significativa” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Pagar el precio para obtener la verdad tiene un gran significado). Después de leer las palabras de Dios, comprendí que la familia en la que nací y el momento en que encontraría a Dios y realizaría mis deberes estaban dispuestos por Dios desde hacía mucho tiempo. Fue el cuidado y la protección de Dios lo que me permitió sobrevivir a ese accidente de coche, y fue Dios quien me abrió un camino, permitiéndome finalmente ver la luz de nuevo después de estar atrapado en la neblina de la deuda, y tener la oportunidad de cumplir los deberes de un ser creado. Sin la protección de Dios, Satanás me habría dañado hace mucho tiempo. Las palabras de Dios también me dieron una dirección en la vida, permitiéndome entender que solo perseguir la verdad y cumplir mis deberes para satisfacer a Dios es verdaderamente significativo y valioso. ¡He disfrutado de tanta gracia y bendiciones de Dios! Pensando en esto, decidí dedicarme de todo corazón a mis deberes y, siempre que mi deber no se viera obstaculizado, todavía podría encontrar algo de tiempo para editar videos y ganar un poco de dinero, lo justo para cubrir mis pagos mensuales y gastos de subsistencia.
Dos meses después, fui elegido líder de la iglesia. Vi que ser líder implicaba más trabajo y preocupaciones que examinar artículos, y que también requería más tiempo y energía. Esto significaría que mis oportunidades de ganar dinero seguirían disminuyendo. Pero esta vez, estaba dispuesto a dar prioridad a mis deberes, así que me dediqué a ellos. Para mi sorpresa, tres meses después, mientras gestionaba mi devolución de impuestos en el teléfono, vi que una devolución de 20 000 yuanes había sido depositada directamente en mi cuenta, lo que resolvió perfectamente el problema de mi hipoteca durante más de medio año. Experimenté de verdad que, cuando te sometes a las orquestaciones y arreglos de Dios y haces el deber de un ser creado lo mejor que puedes, Dios te abrirá un camino para que no te falte ni vestido ni sustento y puedas seguir viviendo.
Habiendo pasado por esta experiencia, he llegado a entender que las cosas materiales como el dinero, la fama y el provecho son totalmente temporales, y que perseguir y ganar la verdad es más precioso, valioso y significativo. ¡Estoy dispuesto a dedicar más de mi tiempo y energía a mis deberes, y a buscar cumplir mis deberes para retribuir el amor de Dios!