97. Corregí mis ideas erróneas sobre la fe en Dios
Cuando tenía dieciséis años, me diagnosticaron púrpura trombocitopénica y, al año siguiente, lupus eritematoso sistémico. Este tipo de enfermedad es incurable y solo se puede controlar con medicamentos. Desde ese momento, mi vida quedó ensombrecida. Tenía que ser hospitalizada casi todos los años. Más tarde, las articulaciones de mis extremidades comenzaron a hincharse y a dolerme y, a veces, el dolor era tan fuerte que apenas podía caminar y ni siquiera podía atarme el pelo. Al verme en ese estado a una edad tan temprana, me sentía dolida e impotente, y me preguntaba por qué me había tocado a mí una enfermedad así. A veces, el dolor era tan intenso que quería morir, pero no era capaz de hacerlo cuando veía a mi familia trabajar tan duro y correr de un lado a otro por mí. Simplemente, vivía el día a día.
En septiembre de 2012, alguien me predicó la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días. Cuando oí que creer en Dios podía traer Su cuidado y protección, me dio un rayo de esperanza en mi desesperación, así que acepté con gusto. Un año después, mi salud había mejorado bastante. En mi corazón, le estaba muy agradecida a Dios y esperaba que un día mi enfermedad se curara por completo para poder vivir como una persona normal. Pero un día de abril de 2014, de repente, la nariz empezó a sangrarme sin control. La sangre no paraba de brotar y nada podía detenerla. No paraba de limpiarme con pañuelos desechables y, al poco tiempo, el suelo estaba cubierto de pañuelos empapados de sangre. En ese momento, estaba sola en casa. Una oleada de miedo me invadió y rompí a llorar, aterrorizada y sin saber qué hacer. En ese instante, pensé en Dios y le clamé: “Dios Todopoderoso, por favor, sálvame…”. No paraba de clamar a Dios, pero la hemorragia nasal no se detenía. Miré al techo con desesperación y sentí por primera vez que la muerte estaba muy cerca. Pensé: “Si voy a morir, que así sea. De todos modos, no puedo escapar, y la muerte sería una liberación…”. Más tarde, mis padres llegaron corriendo a casa y me llevaron de urgencia al hospital. Durante mi estancia en el hospital, pensé: “¿Acaso creer en Dios no se trata de que me mantenga a salvo? Ahora creo en Dios, ¿cómo puede seguir pasándome algo así? Si Dios existe de verdad, debería haber hecho un milagro y detenido mi hemorragia nasal cuando clamé a Él. Pero ¿por qué no me curó Dios? ¿Por qué dejó que mi enfermedad reapareciera? Entonces, ¿de qué me sirve creer en Dios? Más valdría no creer”. Después de que me dieran el alta y volviera a casa, le devolví los libros de las palabras de Dios a la líder y decidí dejar de creer en Dios.
Más tarde, cuando los hermanos y hermanas de la iglesia se enteraron de mi estado, vinieron a ayudarme y apoyarme, y me leyeron un pasaje de las palabras de Dios: “Cuando Job pasó por pruebas, Dios y Satanás estaban apostando entre sí y Dios permitió que Satanás afligiera a Job. Aunque era Dios quien probaba a Job, fue realmente Satanás quien cayó sobre él. Para Satanás, él estaba tentando a Job, pero este estaba del lado de Dios; de no haber sido este el caso, Job habría caído en tentación. Tan pronto como las personas caen en la tentación, caen en el peligro. Se puede decir que pasar por el refinamiento es una prueba de Dios, pero si no estás en buen estado, puede decirse que es una tentación de Satanás. Si no tienes clara la visión, Satanás te acusará y te nublará en el aspecto de la visión. Antes de que te des cuenta, caerás en la tentación” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Los que serán hechos perfectos deben pasar por el refinamiento). Una de las hermanas compartió: “Hoy, Dios ha venido a realizar la obra de salvarnos, pero Satanás nos perturba constantemente, haciendo que nos sucedan cosas malas. Su objetivo es hacer que nos quejemos de Dios, o incluso que lo neguemos y lo abandonemos, para al final poder devorarnos. Tenemos que calar las artimañas de Satanás. Es como cuando Job enfrentó sus pruebas. Fue Satanás quien acusó a Job en el reino espiritual, diciendo que Job solo temía a Dios porque Dios le había dado demasiadas bendiciones y que, si todo lo que tenía fuera destruido, seguramente abandonaría a Dios. Después de eso, Satanás hizo todo lo que pudo para dañar a Job, le quitó a sus hijos y su inmensa fortuna, e incluso hizo que se cubriera de llagas purulentas, todo en un intento de hacer que Job abandonara a Dios. Pero Job se aferró a su fe en Dios, no se quejó, e incluso alabó el nombre de Dios y se mantuvo firme en su testimonio por Dios. Al final, Satanás se retiró avergonzado. Esto demuestra que a Satanás le encanta jugar con la gente y hacerle daño, y su propósito es hacer que la gente se aleje de Dios y lo traicione. Hoy, has dejado de creer en Dios solo porque tu enfermedad reapareció. ¿No estás cayendo de lleno en la trampa de Satanás?”. Después de escuchar la charla de la hermana, mi mente se aclaró. Me di cuenta de que esta enfermedad era una prueba para mí, para ver si me pondría del lado de Dios o del de Satanás. Si de verdad hubiera dejado de creer, entonces la artimaña de Satanás habría tenido éxito. Al pensar en esto, decidí seguir creyendo en Dios. Entonces, le pedí a la iglesia un ejemplar de “La Palabra manifestada en carne” y empecé a leer las palabras de Dios con seriedad en casa, todos los días. Al leer las palabras de Dios, llegué a entender el origen de la enfermedad y el dolor del hombre. Al principio, Dios creó a Adán y Eva, y vivían felices en el Jardín del Edén. Pero, por la tentación de Satanás, comieron del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal. A partir de entonces, vivieron en el pecado, y así es como surgieron el nacimiento, la vejez, la enfermedad y la muerte. A medida que la humanidad fue corrompida por Satanás cada vez más profundamente, la gente se alejó cada vez más de Dios, su enfermedad y su dolor se agravaron y sus vidas se volvieron cada vez más miserables. Esta vez, Dios se ha hecho carne personalmente para realizar la obra de juicio y castigo, expresando la verdad a fin de purificar la corrupción del hombre, salvarlo por completo del poder de Satanás, restaurarlo a su semejanza original y llevarlo a un hermoso destino. En el futuro, no habrá más dolor ni más lágrimas. Al entender todo esto, me conmoví profundamente. Sentí que el amor de Dios por el hombre es muy grande, y me propuse perseguir la verdad con seriedad y experimentar la obra de Dios.
Un día, leí un pasaje de las palabras de Dios y gané cierto entendimiento de las impurezas de mi fe, es decir, mi intención de perseguir bendiciones. Dios Todopoderoso dice: “Muchos creen en Mí solo para que pueda sanarlos. Muchos creen en Mí solo para que use Mi poder para expulsar espíritus inmundos de sus cuerpos y muchos creen en Mí simplemente para poder recibir de Mí paz y gozo. Muchos creen en Mí solo para exigir de Mí una mayor riqueza material. Muchos creen en Mí solo para pasar esta vida en paz y estar sanos y salvos en el mundo venidero. Muchos creen en Mí para evitar el sufrimiento del infierno y recibir las bendiciones del cielo. Muchos creen en Mí solo por una comodidad temporal, sin embargo, no buscan obtener nada en el mundo venidero. Cuando descargo Mi furia sobre las personas y les arrebato todo el gozo y la paz que antes poseían, tienen dudas. Cuando les descargo el sufrimiento del infierno y recupero las bendiciones del cielo, se enfurecen. Cuando las personas me piden que las sane y Yo no les presto atención y siento aborrecimiento hacia ellas, se alejan de Mí para, en su lugar, buscar el camino de la medicina maligna y la hechicería. Cuando les quito todo lo que me han exigido, todas desaparecen sin dejar rastro. Así, digo que la gente tiene fe en Mí porque Mi gracia es demasiado abundante y porque hay demasiados beneficios que ganar” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. ¿Qué sabes de la fe?). Después de leer las palabras de Dios, sentí que Él de verdad escruta lo más íntimo de nuestro corazón. Había desenmascarado por completo mi intención de perseguir bendiciones en mi fe. Mi fe en Dios era únicamente para recibir Su gracia y para que Él sanara mi enfermedad. Al principio, había aceptado con gusto la obra de Dios de los últimos días con el fin de curarme. Cuando Dios me concedió paz y bendiciones y mi salud mejoró, estaba llena de agradecimiento y alabanza hacia Él. Pero cuando mi enfermedad reapareció y mi nariz no dejaba de sangrar, incluso después de clamarle, me quejé de que Dios no me estaba protegiendo y empecé a dudar de Él, hasta el punto de querer dejar de creer. Vi que, verdaderamente, no creía en Dios en absoluto; mi fe solo se centraba en obtener bendiciones. Había tratado a Dios como a un médico, y mi entrega en el deber también buscaba que Dios me sanara. Esto era puramente intentar negociar con Dios; ¡era engañar a Dios! Los seres humanos fueron creados por Dios y deberían creer en Él y adorarlo sin intentar hacer transacciones ni exigencias. Sin embargo, yo pensaba que, como creía en Él, Dios debía curarme. Así que, en el momento en que mi enfermedad reapareció, me quejé de Él e incluso lo traicioné y lo abandoné. ¡Cómo pude tener tan poca conciencia y razón! Si Dios no hubiera usado a los hermanos y hermanas para ayudarme y apoyarme, Satanás me habría dañado y devorado. ¡Gracias a Dios por salvarme! Al darme cuenta de esto, me arrepentí ante Dios y confesé mis pecados. Decidí no seguir creyendo en Dios con la intención de obtener bendiciones, y estuve dispuesta a poner mi enfermedad en manos de Dios y a someterme a Su orquestación y Sus arreglos.
Después de que me dieron el alta, mi recuento de plaquetas había vuelto casi a la normalidad, pero siguió bajando en mis revisiones semanales y empezaron a aparecerme pequeños moretones en el cuerpo. El médico me aumentó la medicación a la dosis máxima, pero mi estado seguía sin mejorar, así que tuve que ser hospitalizada de nuevo. Me sentía muy débil y preocupada, y pensaba: “Ahora estoy intentando creer en Dios adecuadamente, ¿por qué Él no deja que me suban las plaquetas?”. Me di cuenta de que le estaba exigiendo a Dios, así que oré en silencio: “Dios mío, sé que no debería exigirte, pero mi estatura es muy pequeña y nunca logro someterme a Ti por completo. Dios, te ruego que me guíes y me des fe”. Entonces, pensé en las palabras de Dios: “No te preocupes por cómo será el mañana o cómo será el futuro. En tanto que dependas de Mí para vivir cada día, entonces, Yo con toda seguridad te guiaré” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Declaraciones de Cristo al principio, Capítulo 28). “La fe es como un puente de un solo tronco: aquellos que se aferran a la vida y temen a la muerte tendrán dificultades para cruzarlo, pero aquellos que están dispuestos a dar sus vidas pueden pasar con paso seguro y sin preocupación. Si la gente alberga pensamientos asustadizos y de temor es porque Satanás la ha embaucado; este teme que crucemos el puente de la fe para entrar en Dios. Satanás está intentando por todos los medios posibles enviarnos sus pensamientos. Debemos orar en todo momento para que Dios nos ilumine y nos esclarezca, y siempre debemos confiar en Dios para limpiar el veneno de Satanás que hay dentro de nosotros, practicar en nuestro espíritu en todo instante cómo acercarnos a Dios y dejar que Dios domine todo nuestro ser” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Declaraciones de Cristo al principio, Capítulo 6). Las palabras de Dios me ayudaron a entender que esos pensamientos de preocupación y miedo venían todos de Satanás, y que solo confiando en Dios en todo momento y teniendo la voluntad de arriesgar mi vida podría despojarme de mi cobardía y vencer a Satanás. Las palabras de Dios me dieron fe. Dios tiene soberanía sobre todas las cosas y lo gobierna todo. Mi enfermedad está en Sus manos. Pase lo que pase, estoy dispuesta a confiar en Dios para experimentarla. Con Dios a mi lado, no tengo nada que temer. Para una persona insignificante como yo, plagada de enfermedades, poder venir hoy ante Dios y disfrutar de Sus palabras ya es Su gracia y exaltación. Incluso si un día muriera, mi vida no habría sido en vano. Al darme cuenta de esto, mi corazón ya no estaba tan preocupado ni tenía tanto miedo. Estuve dispuesta a someterme a la soberanía de Dios y seguí leyendo Sus palabras todos los días como de costumbre. Después, el médico me redujo la medicación y, para mi sorpresa, el recuento de plaquetas en realidad subió. Poco después me dieron el alta del hospital. En mi corazón, le di gracias a Dios sin cesar. Vi que Dios tiene la última palabra en todas las cosas, y mi fe en Él creció. Después de eso, mi recuento de plaquetas subió mes a mes y, pocos meses después, se normalizó por completo. No pude evitar maravillarme ante la omnipotencia de Dios y aprecié profundamente que Dios tiene soberanía sobre todo. Mi corazón se llenó de una gratitud infinita hacia Él.
Más tarde, leí otros dos pasajes de las palabras de Dios y adquirí un nuevo entendimiento de mis problemas. Dios Todopoderoso dice: “En las nociones del hombre, Dios siempre debe hacer señales y maravillas, siempre debe sanar a los enfermos y echar fuera demonios, y siempre debe ser como Jesús. Pero esta vez Dios no es así en absoluto. Si durante los últimos días, Dios siguiera exhibiendo señales y maravillas, echara fuera demonios y sanara a los enfermos —si hiciera exactamente lo mismo que Jesús—, Dios estaría repitiendo la misma obra, y la de Jesús no tendría importancia ni valor. […] ¿Por qué es diferente la obra de Dios hoy de la de Jesús? ¿Por qué no exhibe Dios hoy señales y maravillas, no echa fuera demonios, y no sana a los enfermos? Si la obra de Jesús fuera la misma que la realizada durante la Era de la Ley, ¿podría Él haber representado al Dios de la Era de la Gracia? ¿Podría Él haber completado la obra de la crucifixión? Si como en la Era de la Ley, Jesús hubiera entrado en el templo y observado el día de reposo, nadie lo habría perseguido y todos lo habrían aceptado. Si esto fuera así, ¿podría haber sido crucificado? ¿Podría haber completado la obra de redención? ¿Cuál sería el sentido de que el Dios encarnado de los últimos días exhibiese señales y maravillas, como Jesús? Solo si Dios realiza otra parte de Su obra durante los últimos días, una que represente parte de Su plan de gestión, puede el hombre obtener un conocimiento más profundo de Dios, y solo entonces puede completarse el plan de gestión de Dios” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Conocimiento de la obra presente de Dios). “Hoy, debería quedar claro para todos vosotros que, en los últimos días, Dios cumple principalmente el hecho de ‘la Palabra se hace carne’. A través de Su obra práctica en la tierra, hace que el hombre lo conozca, y esté en contacto con Él, y vea Sus hechos prácticos. Hace que el hombre vea claramente que Él es capaz de exhibir señales y maravillas, y que también hay momentos en los que es incapaz de hacerlo, y esto depende de la era. A partir de esto puedes ver que Dios no es incapaz de mostrar señales y prodigios, sino que cambia Su modo de obrar de acuerdo con la obra que hay que hacer y a la era. En la etapa actual de la obra, Él no muestra señales y maravillas; que lo hiciera en la era de Jesús se debió a que Su obra en esa era fue diferente. Dios no hace esa obra hoy, y algunas personas creen que es incapaz de exhibir señales y maravillas, o piensan que si no lo hace, no es Dios. ¿No es esto una falacia? Dios es capaz de mostrar señales y maravillas, pero está obrando en una era diferente, y por eso no hace esa obra. Como es una era diferente, y una etapa distinta de la obra de Dios, los hechos revelados por Dios también lo son. La creencia del hombre en Dios no es la creencia en señales y maravillas ni en milagros, sino en Su obra práctica durante la nueva era. El hombre llega a conocer a Dios a través de la manera en que Él obra, y este conocimiento produce en él la creencia en Dios, es decir, la creencia en la obra y los hechos de Dios. […] En cada era, Dios revela diferentes hechos. En cada era, Él revela parte de Sus hechos, y la obra de cada era representa una parte del carácter de Dios y una parte de los hechos de Dios. Los hechos que Él revela varían con la era en la que obra, pero todos dan al hombre un conocimiento de Él que es más profundo, una creencia en Dios más verdadera y más sólida. El hombre cree en Dios por todos Sus hechos, y porque Él es tan maravilloso, tan grande, porque es todopoderoso e insondable” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Conocimiento de la obra presente de Dios). Después de leer las palabras de Dios, me di cuenta de que la noción que yo había revelado durante mi enfermedad era exactamente esta: la creencia de que si Él es Dios, debe hacer señales y milagros, sanar a los enfermos y expulsar demonios, y, si Él no lo hace, no es Dios. ¡Mi punto de vista era tan ridículo y absurdo! Satanás y los espíritus malvados también pueden imitar a Dios haciendo algunas señales y milagros para sanar a la gente. ¿Significa eso que se les puede llamar Dios? ¿No es eso una blasfemia contra Dios? Dios es el Creador, que gobierna y tiene soberanía sobre todas las cosas, y puede guiar y salvar a la humanidad. En los últimos días, Dios se ha hecho carne para expresar la verdad y salvar por completo a la humanidad. Al aceptar el juicio y el castigo de las palabras de Dios Todopoderoso, las personas pueden despojarse de su carácter corrupto satánico, alcanzar la salvación y ser hechas perfectas. Este tipo de obra y estos tipos de palabras superan con creces la autoridad y el poder de Dios al hacer señales y milagros para sanar a los enfermos y expulsar demonios. Es algo que ningún ser humano creado, ni Satanás ni ningún espíritu malvado, puede lograr. Pensé en cuántas personas hoy en día determinan si alguien es Dios basándose en si puede sanar a los enfermos o hacer milagros. Cuando Satanás y los espíritus malvados les dan unos pocos beneficios o hacen algunos milagros, los adoran, tratando a Satanás como el Dios verdadero, mientras le cierran la puerta al Dios verdadero que expresa la verdad y puede salvar a la humanidad. Como resultado, pierden su oportunidad de ser salvadas. ¡Un punto de vista así es verdaderamente absurdo y perjudicial! Por las palabras de Dios, también entendí que sanar a los enfermos, expulsar demonios y hacer señales y milagros fue la obra que Dios realizó en la Era de la Gracia. Si Dios volviera a hacerlo en los últimos días, sería repetitivo. Si Dios estuviera siempre sanando a los enfermos, expulsando demonios y haciendo milagros, entonces todos creerían en Dios y lo seguirían simplemente porque sus enfermedades se curaron o porque vieron un milagro. Esto haría imposible revelar quién cree de verdad y quién tiene una fe falsa, y mucho menos ordenar a cada uno según su clase. Esta vez, Dios no hace ni una sola señal o milagro en Su obra, lo que puede revelar mejor las actitudes corruptas de las personas y es más propicio para transformarlas y purificarlas. Tomemos mi caso, por ejemplo. Si Dios realmente hubiera concedido todas mis peticiones y hubiera curado por completo mi enfermedad, nunca habría reflexionado sobre mis puntos de vista erróneos sobre la fe ni sobre mi despreciable intención de intentar negociar con Dios. Habría seguido delimitando a Dios basándome en mis propias nociones y figuraciones. Creyendo de esa manera, nunca ganaría la verdad y vida, mi carácter corrupto no cambiaría y, al final, sería descartada. Aunque sufrí algo de dolor físico durante esta enfermedad, al orar y confiar en Dios en medio de mi sufrimiento, Dios me esclareció y me guio con Sus palabras, liberándome de las limitaciones de mi enfermedad y de vivir con dolor y miedo. También gané algo de fe en Dios. Estas fueron ganancias que nunca podría haber obtenido en un entorno cómodo. ¡Sentí de verdad que la obra de Dios de usar Sus palabras para salvar a la humanidad es muy práctica y muy sabia! Al entender esto, oré en silencio a Dios: “Dios mío, no importa lo que pase con mi enfermedad en el futuro, estoy dispuesta a encomendarte todo a Ti, a perseguir la verdad con seriedad y a cumplir con mi deber”.
Luego, leí más de las palabras de Dios y llegué a saber qué es la verdadera fe en Dios. Dios Todopoderoso dice: “‘Creer en Dios’ significa creer que hay un Dios; este es el concepto más simple de la fe en Dios. Si vamos un paso más allá, creer que hay un Dios no es lo mismo que creer verdaderamente en Dios; más bien es una especie de fe simple con fuertes matices religiosos. Creer de verdad en Dios significa lo siguiente: sobre la base de creer que Dios tiene soberanía sobre todas las cosas, uno experimenta Sus palabras y Su obra y, de este modo, se despoja de sus actitudes corruptas, satisface las intenciones de Dios y llega a conocerlo. Solo un proceso de esta clase puede llamarse ‘creer en Dios’” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Prefacio). “Puedes pensar que creer en Dios consiste solo en sufrir o en hacer muchas cosas por Él o que tu carne esté en paz o que todo te funcione sin problemas y estés cómodo y a gusto con todo. Sin embargo, ninguno de estos son propósitos que la gente debería vincular a su creencia en Dios. Si crees con estos propósitos, entonces tu punto de vista es incorrecto y resulta simplemente imposible que seas perfeccionado. Los hechos de Dios, el carácter justo de Dios, Su sabiduría, Su palabra, y lo maravilloso e insondable que Él es, todas son cosas que las personas deben entender. Mediante este entendimiento, deberías llegar a librar tu corazón de tus demandas, esperanzas y nociones personales. Solo eliminando estas cosas puedes cumplir con las condiciones requeridas por Dios. Solo a través de esto puedes tener vida y satisfacer a Dios. El propósito de creer en Dios es satisfacerlo y vivir el carácter que Él requiere, para que Sus hechos y Su gloria se manifiesten a través de este grupo de personas indignas. Este es el punto de vista correcto respecto de creer en Dios, y este es también el objetivo que debes buscar. Tu punto de vista respecto de creer en Dios debe corregirse y debes buscar obtener Sus palabras. Necesitas comer y beber las palabras de Dios y debes ser capaz de vivir la verdad, y, en particular, debes ser capaz de ver Sus hechos prácticos, Sus maravillosos hechos en todo el universo, así como la obra práctica que hace en la carne. La gente puede, a través de sus experiencias reales, entender cómo Dios hace Su obra en ellos y cuáles son Sus intenciones respecto a ellos. El propósito de todo esto es que puedan desechar su carácter satánico corrupto” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Los que serán hechos perfectos deben pasar por el refinamiento). “¿Entendéis ahora lo que es creer en Dios? ¿Acaso significa contemplar señales y prodigios? ¿Significa ascender al cielo? Creer en Dios no es, para nada, fácil. Esas prácticas religiosas deben ser eliminadas; buscar la sanación de los enfermos y la expulsión de demonios, enfocarse en señales y prodigios, codiciar más de la gracia, la paz y el gozo de Dios, buscar las perspectivas y comodidades de la carne, estas son prácticas religiosas, y esas prácticas religiosas son una forma vaga de creencia. ¿Qué es, hoy, creer realmente en Dios? Es aceptar Su palabra como tu realidad-vida y conocer a Dios a partir de Su palabra para lograr un amor verdadero hacia Él. Para decirlo con claridad: creer en Dios tiene como propósito que puedas someterte a Él, amarle y cumplir el deber que debe cumplir un ser creado. Este es el objetivo de creer en Dios” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Todo se lleva a cabo por la palabra de Dios). Por las palabras de Dios, llegué a saber que creer en Dios no debería ser por el bien de la paz física, ni por las bendiciones. En cambio, debería tratarse de comer y beber más de las palabras de Dios y experimentar Su obra, para despojarnos de nuestro carácter corrupto satánico y vivir según las palabras de Dios, y ser capaces de conocer, someternos y temer a Dios; solo entonces Dios puede salvarnos en última instancia. Pero mi perspectiva sobre la fe estuvo equivocada desde el principio. Yo quería que Dios me sanara y me diera paz física. Este tipo de fe es una vaga creencia religiosa, y Dios no la reconoce en absoluto. Pensé en Job. Él no buscaba la paz física en su fe. En cambio, se centró en apreciar la soberanía de Dios y conocer Sus obras en su vida diaria, y persiguió temer a Dios y evitar el mal. Cuando se vio afectado por una enfermedad física, no pecó con sus labios. Prefirió soportar un dolor extremo antes que quejarse o culpar a Dios, y aun así alabó el nombre de Dios. Su fe recibió la aprobación de Dios. Pero yo no perseguía la verdad en mi fe; solo buscaba la paz física. Cuando mi enfermedad reapareció, mi corazón se llenó de quejas contra Dios, e incluso lo negué y lo traicioné. Ni siquiera podía empezar a compararme con Job. Esta vida mía me fue dada por Dios. El hecho de que mi vida no estuviera en peligro durante esa hemorragia nasal imparable ya era el cuidado y la protección de Dios. Sin embargo, no le di gracias a Dios; en cambio, me quejé de Él y lo traicioné. ¡Realmente me faltaba tanta conciencia y razón! Además, yo ya había contraído esta enfermedad antes de creer en Dios. Aunque no hubiera creído, igual habría tenido brotes. Mi recaída no tenía nada que ver con si creía en Dios o no. No debería haberme quejado de Él. Entonces entendí qué es la verdadera fe en Dios y estuve dispuesta a perseguir la verdad con seriedad de acuerdo con Sus requisitos y a experimentar la obra de Dios.
Después, cada vez que experimentaba una enfermedad, me centraba en reflexionar sobre el carácter corrupto que revelaba y en buscar la verdad para resolverlo. Al practicar de esta manera, ya no estaba tan limitada por mi enfermedad. Doy gracias a Dios por usar esta enfermedad para darme algo de entendimiento sobre mis puntos de vista erróneos sobre la fe y para ayudarme a encontrar la senda correcta de la fe en Dios. No importa lo que le pase a mi cuerpo en el futuro o si mi enfermedad se puede curar, seguiré a Dios y caminaré por la senda de perseguir la verdad. ¡Gracias a Dios!