98. Me he desprendido de mi deseo de obtener estatus
En diciembre de 2023, me eligieron predicador. Cuando oí la noticia, me preocupé un poco: “Como predicador, estoy a cargo de varias iglesias. Tengo que reunirme a menudo con los líderes y diáconos de la iglesia y compartir con ellos para guiar el trabajo. Esto requiere entender la verdad y tener la capacidad de hablar sobre ella para resolver problemas. Hace poco tiempo que creo en Dios y tengo una comprensión superficial de la verdad. Acabo de empezar a formarme como predicador y aún tengo carencias en muchos aspectos. Si no puedo resolver los problemas de mis hermanos y hermanas durante las reuniones, ¿qué pensarán de mí? ¿Pensarán que no soy apto para este deber y me menospreciarán?”. Pero luego pensé: “Me han asignado este deber con el permiso de Dios y, más aún, es la gracia de Dios. No puedo defraudarlo y debo confiar en Él para hacer el trabajo”. Por lo tanto, acepté este deber.
Al principio, solo me comunicaba por carta con los líderes y diáconos de la iglesia sobre el trabajo, pero esto no era muy eficaz. Ciertos trabajos requerían convocar reuniones para conocer la situación en persona y dar una orientación práctica. Pensé en que la mayoría de los líderes llevaban más tiempo creyendo en Dios que yo y que era seguro que entendían más verdades. Si no podía compartir bien y no era capaz de resolver sus problemas y dificultades, ¿no sería muy vergonzoso? Si nos comunicábamos por carta, podía tomarme el tiempo para reflexionar sobre sus problemas y preguntar a mis superiores sobre lo que no entendiera. Al menos no haría el ridículo delante de todos. Sin embargo, sin reuniones, no había forma de entender al detalle sus problemas y dificultades, por lo que no me quedó más remedio que invitarlos a una reunión. Durante esa reunión estaba muy nervioso. Una hermana dijo que había tenido muchos problemas al cumplir el trabajo de depuración, que no sabía cómo resolverlos y que, además, su estado no era bueno. Mi mente quedó en blanco y no pude identificar cómo resolver esos problemas inmediatamente, así que me puse aún más nervioso. Pensé: “Mi hermana sigue esperando que comparta con ella. Esta es mi primera reunión. Si no puedo resolver problemas, ¿qué pensarán de mí mis hermanos y hermanas? ¿Pensarán que, para un predicador de mi nivel, ni siquiera puedo resolver estos problemas?”. Para que mis hermanos y hermanas no me calaran, no tuve más remedio que obligarme a buscar en las palabras de Dios. Después de mucho buscar, aún no había conseguido encontrar ninguna palabra que se aplicara al estado de mi hermana. Finalmente, logré encontrar un pasaje a duras penas, pero, cuando lo terminé de leer, nadie compartió al respecto. La sala se quedó en un silencio sepulcral y sentí que me moría de la vergüenza. “He hecho un ridículo enorme. Seguro que el pasaje que he encontrado no es el adecuado y no puede resolver estos problemas. Mis hermanos y hermanas se deben haber dado cuenta de cuál es mi verdadero nivel. ¿Cómo voy a mirarlos a la cara de ahora en adelante?”. Cuanto más lo pensaba, más sentía que no era capaz de cumplir este deber. Al final, compartí unas pocas palabras de manera superficial, cambié de tema y empecé a preguntar sobre el trabajo. Pero, como estaba nervioso y me preocupaba lo que los hermanos y hermanas pensarían de mí si no sabía resolver ningún problema, solo obtuve una idea muy general de su trabajo y logré aguantar hasta que terminó la reunión. Cuando llegué a casa, estaba muy negativo y pensé: “La reunión de hoy ha sido un fracaso total. No solo no resolví los problemas de mis hermanos y hermanas, sino que además dejé totalmente en evidencia cuál es mi verdadero nivel. ¿Cómo voy a mirar a mis hermanos y hermanas a la cara de ahora en adelante?”. Durante esa época, vivía en un estado negativo y no tenía energías para comer y beber las palabras de Dios. No era tan diligente al dar seguimiento al trabajo y evitaba a propósito las reuniones. Ni siquiera me atreví a reunirme con los líderes y diáconos durante casi un mes. Algunos líderes de iglesia no captaban los principios para discernir a las personas, y el trabajo de organización de los materiales para echar a las personas avanzaba muy despacio. Después de varias comunicaciones por carta, seguía sin haber mejoras, así que tuvimos que reunirnos en persona para transmitir una guía práctica. Sin embargo, no me atreví a reunirme y compartir con ellos para guardar las apariencias. Esto retrasó el trabajo de depuración de la iglesia.
Más tarde, cuando me reuní con mis compañeros de trabajo, les hablé de mi estado. La hermana con la que colaboraba me mostró un video de una lectura de las palabras de Dios. Dios Todopoderoso dice: “Cuando alguien es elegido líder por los hermanos y hermanas, o la casa de Dios lo asciende para que lleve a cabo determinado trabajo o deber, esto no significa que tenga un estatus o una posición especiales, que las verdades que comprenda sean más profundas y más numerosas que las de otras personas, y ni mucho menos que esta persona sea capaz de someterse a Dios y no traicionarlo. Desde luego, tampoco significa que conozca a Dios y que sea una persona temerosa de Él. De hecho, no ha logrado nada de esto. El ascenso y el cultivo son solamente ascenso y cultivo en el sentido simple, y no es lo mismo que Dios la haya preordinado y la haya considerado digna. Su ascenso y cultivo simplemente significan que ha sido ascendida y está a la espera de ser cultivada. El resultado final de este cultivo depende de si esta persona persigue la verdad, y de si es capaz de elegir la senda de búsqueda de la verdad. Por lo tanto, cuando en la iglesia alguien es ascendido y cultivado para que sea líder, solo se le asciende y cultiva en sentido simple; no quiere decir que ya sea acorde al estándar y competente como líder, que ya sea capaz de asumir la labor de liderazgo y hacer un trabajo real; eso no es así. La mayoría de la gente no puede desentrañar estas cosas y, sobre la base de sus propias figuraciones, respeta a quienes han ascendido. Esto es un error. Independientemente de cuántos años lleve creyendo en Dios, ¿alguien que es ascendido realmente posee la realidad-verdad? No necesariamente. ¿Es capaz de implementar los arreglos del trabajo de la casa de Dios? No necesariamente. ¿Tiene sentido de la responsabilidad? ¿Es leal? ¿Es capaz de someterse? Ante un problema, ¿es capaz de buscar la verdad? No se sabe. ¿Tiene esta persona un corazón temeroso de Dios? ¿Y cómo es de grande este corazón? ¿Es capaz de evitar seguir su propia voluntad al hacer las cosas? ¿Es capaz de buscar a Dios? Durante el período en que lleva a cabo el trabajo de liderazgo, ¿es capaz de presentarse ante Dios con frecuencia para buscar Sus intenciones? ¿Es capaz de guiar a la gente hacia la realidad-verdad? Sin duda es incapaz de tales cosas. No ha recibido formación y no ha tenido bastantes experiencias, así que no puede hacer esas cosas. Es por eso que ascender y cultivar a alguien no quiere decir que ya entienda la verdad ni que ya sepa cumplir su deber de manera acorde al estándar. Entonces, ¿qué objetivo y significado tiene ascender y cultivar a alguien? El de que se asciende a esta persona, como individuo, para que practique y para que se la riegue y se la forme especialmente, de modo que se la capacite para comprender los principios-verdad y los principios, medios y métodos para hacer cosas diferentes y resolver diversos problemas, así como para manejar y lidiar con los diversos tipos de entornos y personas con los que se topa, conforme a las intenciones de Dios y de una manera que proteja los intereses de la casa de Dios. A juzgar por estos puntos, ¿cuentan las personas con talento a las que asciende y cultiva la casa de Dios con la capacidad adecuada para emprender el trabajo y hacer bien su deber durante el período de ascenso y cultivo o antes de este? Por supuesto que no. Así pues, es inevitable que, durante el período de cultivo, estas personas experimenten la poda, el juicio y el castigo, sean desenmascaradas y hasta destituidas; es normal, esto es la formación y el cultivo” (La Palabra, Vol. V. Las responsabilidades de los líderes y obreros. Las responsabilidades de los líderes y obreros (5)). Después de leer las palabras de Dios, entendí que el hecho de que se promueva o cultive a una persona no significa que sea mejor que los demás, que posea la realidad-verdad o que pueda ver con claridad cualquier problema y resolverlo. Cuando la iglesia promueve y cultiva a alguien, le da una responsabilidad y una carga, y le brinda más oportunidades de practicar, de aprender a detectar problemas y de buscar la verdad para resolverlos. Es completamente normal que haya ciertas cosas que no entienda o no sepa hacer. Tal como cuando me reuní y compartí con los hermanos y hermanas. Como hacía poco tiempo que creía en Dios y acababa de empezar en este deber, era muy normal que no supiera cómo resolver ciertos problemas. Sin embargo, siempre había creído que, como predicador, debía ser capaz de resolver todos los problemas y no podía decir que no tenía ni idea de cómo resolverlos. Había encubierto mis propias carencias cuando no pude resolver problemas. También me puse negativo, determiné que era incapaz de cumplir el deber de predicador y hasta no me atreví a reunirme con los líderes y diáconos durante casi un mes, lo que retrasó el trabajo de la iglesia. De hecho, aunque yo era predicador, mi estatura seguía siendo la misma. Seguía teniendo muchas carencias y una comprensión superficial de la verdad. Además, tenía que buscar y preguntar más sobre lo que no entendía o no sabía hacer y sincerarme cuando compartía con los hermanos y hermanas, aprovechar sus puntos fuertes para compensar mis debilidades y cumplir bien con mi deber. Después de entender esto, estuve dispuesto a reunirme con los líderes y diáconos de la iglesia.
Sin embargo, cuando les escribí para convocar la reunión, las inquietudes que tenía antes resurgieron de forma inconsciente. Después, leí un pasaje de las palabras de Dios que hablaba exactamente de mi estado. Dios Todopoderoso dice: “Los humanos corruptos tienen todos un fallo común: cuando no tienen estatus, no se dan aires ni adoptan una cierta manera al interactuar o hablar con los demás. Su discurso no tiene un tono afectado y es ordinario y normal. No aparentan, ni se preocupan por lo que los demás piensen de ellos. No sienten ninguna presión psicológica y son capaces de abrirse y entablar charlas y conversaciones sinceras con otras personas. Los demás sienten que son amables y accesibles, y piensan que son bastante buenos. En cuanto logran estatus, se vuelven petulantes, ignoran a la gente común, nadie puede acercarse a ellos; creen que son nobles y que ellos y la gente normal están cortados por distintos patrones. Desprecian a las personas corrientes, se dan importancia al hablar y dejan de compartir abiertamente con los demás. ¿Por qué ya no comparten abiertamente? Sienten que ahora tienen estatus y son líderes. Piensan que los líderes deben tener determinada imagen, ser más elevados que la gente corriente, tener más estatura y aguante; creen que, en comparación con la gente corriente, los líderes deben tener más paciencia, ser capaces de sufrir, de esforzarse más y de soportar cualquier tentación de Satanás. Incluso si sus padres u otros miembros de la familia mueren, sienten que deben tener el autocontrol para no llorar, o que deben llorar en secreto, fuera de la vista, en lugar de delante de los demás. Piensan que no pueden dejar que nadie vea sus defectos o deficiencias ni ninguna de sus debilidades, y que ni siquiera pueden dejar que nadie sepa si se han vuelto negativos; en cambio, deben ocultar todas esas cosas. Creen que así debe actuar una persona con estatus. Cuando se reprimen hasta ese punto, ¿acaso el estatus no se ha convertido en su dios, en su señor? Y siendo así, ¿poseen todavía una humanidad normal? Cuando tienen tales ideas, cuando se imponen estos límites y simulan de esa manera, ¿acaso no se han enamorado del estatus?” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Cómo resolver las tentaciones y la esclavitud del estatus). Gracias a la exposición de las palabras de Dios, entendí que el motivo por el cual nunca había podido tratar adecuadamente mis defectos y carencias desde que me había convertido en predicador era que me había encumbrado en ese pedestal de predicador. Antes de la reunión, en cuanto pensé en que los líderes y diáconos que iba a ver llevaban muchos años creyendo en Dios, me puse nervioso, tuve miedo de no poder resolver problemas y de que pensaran que era un predicador incompetente, lo que me haría pasar vergüenza y me pondría en una situación incómoda. Durante la reunión, aunque estaba claro que no había podido desentrañar los problemas de la hermana ni resolverlos, seguía creyendo que, como predicador, no podía decir realmente que no sabía cómo desentrañarlos. Por lo tanto, me limité a encontrar un pasaje cualquiera de las palabras de Dios y compartí de forma superficial, sin preocuparme por haber resuelto los problemas de la hermana antes de cambiar de tema y empezar a preguntar por otro trabajo. Además, como temía no poder resolver los problemas que descubriera, solo pregunté por el trabajo muy por encima. Como consecuencia, la reunión no resolvió ningún problema. Si hubiera sido capaz de sincerarme y ser honesto en el momento, y, luego, de compartir y buscar todos juntos, los problemas de la hermana podrían haberse resuelto en cierta medida. Y si realmente no podían resolverse, podría haber buscado con otros luego. Sin embargo, protegí mi estatus e imagen como predicador en todo momento, aparentando y disfrazándome constantemente. Pensé en cómo, cuando los líderes superiores se reunieron conmigo, había compartido todo lo que entendía, había abierto mi corazón y había preguntado sobre lo que no entendía. Durante esas reuniones, me sentía relajado y liberado. Sin embargo, siempre que me reunía con los hermanos y hermanas, esa sensación de relajación y liberación desaparecía por completo. Creía que, como predicador, estaba allí para resolver sus problemas, por lo que, inconscientemente, me había encumbrado en ese pedestal. Me esforzaba constantemente en ocultar y disimular mis defectos y, como resultado, no había conseguido recibir la guía de Dios. Eso hizo que mi plática en las reuniones fuera sosa y estéril, y me dejó sintiéndome agotado.
Leí otro pasaje de las palabras de Dios y gané un poco más de entendimiento sobre mi problema. Dios Todopoderoso dice: “El aprecio de los anticristos por su reputación y estatus va más allá del de la gente corriente y forma parte de su esencia-carácter; no es un interés temporal ni un efecto transitorio de su entorno, sino algo que está dentro de su vida, de sus huesos y, por lo tanto, es su esencia. Es decir, en todo lo que hacen los anticristos, lo primero en lo que piensan es en su reputación y su estatus, nada más. Para los anticristos, la reputación y el estatus son su vida y el objetivo que persiguen a lo largo de toda su existencia. En todo lo que hacen, su primera consideración es: ‘¿Qué pasará con mi estatus? ¿Y con mi reputación? ¿Me dará una buena reputación hacer esto? ¿Elevará mi estatus en la opinión de la gente?’. Eso es lo primero que piensan, lo cual es prueba fehaciente de que tienen el carácter y la esencia de los anticristos; y por eso consideran las cosas de esta manera. Se puede decir que, para los anticristos, la reputación y el estatus no son un requisito añadido ni mucho menos cosas que son externas a ellos de las que podrían prescindir. Forman parte de la naturaleza de los anticristos, los llevan en los huesos, en la sangre, son innatos en ellos. Los anticristos no son indiferentes a la posesión de reputación y estatus; su actitud no es esa. Entonces, ¿cuál es? La reputación y el estatus están íntimamente relacionados con su vida diaria, con su estado diario, con aquello que buscan día tras día. Para los anticristos, el estatus y la reputación son su vida. Sin importar cómo vivan, el entorno en que vivan, el trabajo que realicen, lo que busquen, los objetivos que tengan y su rumbo en la vida, todo gira en torno a tener una buena reputación y un estatus alto. Y este objetivo no cambia, nunca pueden dejar de lado tales cosas. Este es el verdadero rostro de los anticristos y su esencia” (La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 9 (III)). Dios pone al descubierto que un anticristo considera la reputación y el estatus como su vida. Independientemente de lo que haga, siempre piensa primero en su propia reputación y estatus y, sin ellos, no tiene motivación para hacer nada. Esto lo determina su esencia-naturaleza. Yo también protegía mi reputación y estatus en todo momento. Después de haber sido elegido para ser predicador, me empecé a preocupar de no ser capaz de resolver problemas, incluso antes de haber asistido a alguna reunión. No quería ir a las reuniones porque tenía miedo de que mis hermanos y hermanas vieran cuál era mi verdadero nivel. Aunque sabía perfectamente que mis hermanos y hermanas no captaban los principios para organizar los materiales para echar a las personas y necesitaban que los guiara en persona, tenía miedo de hacer el ridículo delante de ellos y quedar mal, así que no fui a la reunión. Esto hizo que se retrasara mucho resolver los problemas del trabajo de depuración, lo que retrasó el trabajo. ¡Me había preocupado demasiado por la reputación y el estatus! En el pasado, cuando estaba en el mundo, deseaba con muchas fuerzas la reputación y el estatus. Cuando trabajaba, el encargado de turno me solía elogiar en las reuniones porque tenía algunas habilidades y una ética de trabajo muy buena. El jefe también me tenía en muy buena estima y me pedía que me hiciera cargo de algunas tareas. Esto me hacía muy feliz. Pero, cuando había que rehacer el trabajo y el encargado me criticaba, como sentía que había quedado mal delante de mucha gente, solo quería renunciar. Después de llegar a la casa de Dios para cumplir mi deber, seguía anteponiendo mi orgullo y estatus y no me atrevía a admitir que no sabía cómo manejar parte del trabajo. Hacía poco tiempo que creía en Dios, pero Él me concedió Su gracia para poder cumplir el deber de predicador. La intención de Dios era que yo me formara para buscar la verdad y resolver problemas en mi deber. Era una buena oportunidad para ganar la verdad. Sin embargo, yo no pensaba en cómo cumplir bien con mi deber y satisfacer a Dios, sino que me desvivía por proteger mi propio orgullo y estatus. Cuando veía problemas en el trabajo de la iglesia que requerían solución, retrocedía y evitaba ir a resolverlos para proteger mi propio orgullo y estatus. No prestaba ninguna atención al trabajo de la iglesia para nada. Fui especialmente egoísta y despreciable. ¡Estaba transitando por la senda de los anticristos que se resisten a Dios! Cuando lo entendí, sentí que mi estado era muy peligroso y estuve dispuesto a arrepentirme de inmediato y a cambiar las cosas.
Más adelante, cuando los líderes superiores se enteraron de mi estado, compartieron conmigo dos pasajes de las palabras de Dios, que me dieron una senda de práctica para desprenderme del estatus. Dios Todopoderoso dice: “¿Cómo se puede ser alguien que es corriente y normal? […] Primero, no te pongas un título y luego dejes que te encasille, diciendo: ‘Soy el líder, soy el jefe del equipo, soy el supervisor, o soy la persona más instruida y técnicamente competente en el campo’. No te dejes inhibir por tu título autoimpuesto. Tan pronto como eso suceda, te atará fuertemente; tus palabras y acciones se verán afectadas por él, al igual que tu pensamiento y juicio normales. Debes liberarte de las limitaciones de este estatus. Primero, baja de la posición de ese título oficial y asume la posición de una persona corriente. Tu mentalidad entonces se volverá un tanto normal. También tienes que admitir: ‘No sé cómo hacer esto, y no entiendo aquello; tengo que investigar y estudiar un poco’, o ‘Nunca he experimentado esto, así que no sé qué hacer’. Cuando puedas decir lo que realmente piensas y hablar honestamente así, poseerás una razón normal. Si permites que otros conozcan tu verdadero yo, tendrán una visión normal de ti, y no tendrás que aparentar. Ya no te sentirás muy presionado y podrás comunicarte con los demás con normalidad. Vivir así es libre y relajado. Cualquiera que sienta que la vida es demasiado agotadora solo puede culparse a sí mismo. No finjas ni ocultes nada. Primero, ábrete sobre lo que piensas en tu corazón y tus verdaderos pensamientos, para que todos sean conscientes de ellos y los entiendan. De esta manera, tus preocupaciones, así como las barreras y sospechas entre tú y los demás, desaparecerán todas. Además, hay algo más que también te ata, y es que siempre te consideras el jefe del equipo, un líder o un obrero, alguien con un título, con estatus y posición; si entonces dices que no entiendes esto y eres incapaz de hacer aquello, ¿no es eso menospreciarte a ti mismo? Cuando te desprendes de estas ataduras en tu corazón, cuando dejas de pensar en ti mismo como un líder o un obrero y de creer que eres mejor que otras personas y, en su lugar, sientes que eres una persona corriente, igual que todos los demás, y que hay algunas áreas en las que eres inferior a otros, entonces cuando compartas sobre la verdad y asuntos relacionados con el trabajo con esta mentalidad, tanto los resultados como el ambiente serán diferentes. Si, en tu corazón, siempre tienes recelos, si siempre te sientes estresado e inhibido, y quieres desprenderte de estas cosas pero no puedes, entonces deberías orar fervientemente a Dios, reflexionar sobre ti mismo, reconocer tus deficiencias y esforzarte por alcanzar la verdad. Si llegas a poner en práctica la verdad, obtendrás resultados. Hagas lo que hagas, no hables ni actúes desde una posición de estatus o con tu título en mente. Primero, deja todo esto a un lado y asume el lugar de una persona corriente” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Atesorar las palabras de Dios es la base de la fe en Dios). “¿Qué es el estatus para ti? En realidad, el estatus es simplemente algo extra y adicional, como una prenda o un sombrero. No es más que un ornamento. No tiene utilidad real, y su presencia no afecta nada. Ya sea que tengas estatus o no, sigues siendo la misma persona. No obtendrás la realidad-verdad solo porque hayas ganado estatus. Que las personas puedan entender la verdad y obtener la verdad y vida no tiene nada que ver con el estatus. Mientras no consideres que el estatus es gran cosa, no podrá constreñirte. Sin embargo, si amas el estatus y te centras particularmente en él, tratándolo siempre como un asunto de importancia, entonces te tendrá bajo su control, y siempre querrás salvaguardar tu estatus y tu imagen en la mente de la gente. No estarás dispuesto a abrirte y sincerarte, ni a obtener autoconocimiento, y no estarás dispuesto a dejar a un lado tu identidad y estatus como líder en tus acciones, tu discurso, tus interacciones con los demás y el desempeño de tu deber. ¿Qué clase de problema es este? ¿No está relacionado con el hecho de que el estatus te limita? Esto sucede porque hablas y actúas desde un lugar de estatus y no puedes bajarte del pedestal. ¿Acaso no te atormentas haciéndolo? Si realmente entiendes la verdad, si puedes tener estatus sin darte aires de grandeza, sino que puedes concentrarte en cumplir con todos los deberes y responsabilidades que te corresponden, y si te consideras un hermano o hermana corrientes, no te limitará el estatus, ¿verdad?” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Cómo resolver las tentaciones y la esclavitud del estatus). Después de leer las palabras de Dios, entendí que la palabra “predicador” es solo un título y no representa nada. No era que yo pudiera inmediatamente entender la verdad y resolver problemas solo por ser predicador; mi estatura seguía siendo la misma que antes y seguiría sin poder hacer las cosas que no sabía hacer. Dios espera que yo pueda ser una persona común con los pies sobre la tierra; que no me vea atado ni limitado por los títulos; que me sincere sobre mi corrupción y mis carencias durante las reuniones, que comparta sobre todo lo que entienda; que practique ser una persona honesta y diga “no lo sé” cuando me enfrente a problemas o dificultades que no sepa resolver; y que comparta y busque junto con mis hermanos y hermanas para hacer bien mi deber. Después de entender la intención de Dios, estuve dispuesto a confiar en Él para entrar en este aspecto. Más adelante, durante las reuniones, dejé de encumbrarme en el pedestal de predicador y, cuando me encontraba con problemas que no entendía, los analizaba y resolvía junto con todos.
Una vez, fui a una iglesia a conocer el trabajo que se hacía allí, y vi a un hermano con el que ya había estado en contacto antes. Su entrada en la vida era bastante buena, y podía hablar sobre la verdad para resolver algunos problemas. Empecé a pensar: “Si no soy tan bueno como él para resolver problemas, ¿qué pensarán mis hermanos y hermanas de mí? ¿Pensarán que yo soy predicador, pero ni siquiera sé usar la verdad para resolver problemas? ¡Sería muy vergonzoso!”. Me di cuenta de que, de nuevo, mi estatus y mi título me estaban limitando y recordé las reuniones anteriores, cuando siempre había ocultado las cosas, me había disfrazado por mi reputación y estatus, y no me atrevía a sincerarme ni a exponer lo que no entendía o no sabía hacer. ¡Tratar de darme aires en las reuniones era realmente terrible y angustiante! Ya no lo quería hacer más. Recordé las palabras de Dios: “Si no quieres que te atormenten las ataduras y las limitaciones del estatus, deberías renunciar a todos esos títulos y halos y contarles a tus hermanos y hermanas tu verdadero estado y los pensamientos de tu corazón. Deja que vean tus deficiencias e insuficiencias; de esta manera, podrán tratarte correctamente, sin tenerte en una estima demasiado alta ni admirarte, y no tendrás que ponerte una máscara. Entonces, tras abrirte y revelar tu verdadero estado, ¿no se sentirá tu corazón más asentado, más relajado? ¿Por qué caminar con una carga tan pesada a la espalda? Si muestras tu verdadera situación, ¿te menospreciarán realmente los hermanos y hermanas? ¿Te abandonarán realmente? En absoluto. Al contrario, los hermanos y hermanas te aprobarán y te admirarán por tener el valor de hablar desde el corazón. Dirán que eres una persona honesta. Esto no te obstaculizará en absoluto para hacer el trabajo de la iglesia, ni tendrá el más mínimo impacto negativo en él. Si los hermanos y hermanas realmente ven que tienes dificultades, tomarán la iniciativa de ayudarte y cooperar contigo. ¿No sería así?” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Atesorar las palabras de Dios es la base de la fe en Dios). Las palabras de Dios me permitieron entender que, si quería desprenderme del estatus y de los títulos, debía ser una persona honesta, sincerarme al compartir con mis hermanos y hermanas sobre lo que pensaba realmente, sin ocultar ni disimular nada, preguntar a mis hermanos y hermanas, hablar con todos sobre lo que no entendía y aprender de los puntos fuertes de cada uno para compensar nuestras debilidades. Esto me beneficia tanto a mí como al trabajo de la iglesia. Así que oré en silencio a Dios para que me guiara a desprenderme del orgullo y el estatus, a despojarme de las limitaciones de los títulos, y a ser una persona honesta y sincerarme al compartir. Durante la reunión, me sinceré y dije que tenía muchas carencias y que, si alguien tenía problemas, podíamos compartir juntos y aprender de los puntos fuertes de cada uno. Cuando ya no me puse en el pedestal de predicador, no me sentí tan tenso y limitado en la reunión. Por el contrario, me sentí muy liberado y suelto durante toda la reunión. También logré obtener cierta luz gracias a las pláticas de mis hermanos y hermanas y vi los problemas con mayor claridad. Sentí desde lo más profundo del corazón que, cuando nos reuníamos, era muy relajante desprenderme del estatus y los títulos.
Gracias a mi experiencia durante este período, comprendí que lo único que me había traído la búsqueda de la reputación y el estatus al hacer mi deber era agonía y tormento, y que la senda que había estado transitando era la de los anticristos que se resisten a Dios. Solo acabaría siendo descartado por Dios. Solo puedo cumplir con mi deber poniéndome en la posición correspondiente de un ser creado, teniendo los pies sobre la tierra, sincerándome sin rodeos y siendo una persona honesta.