Cómo fue que mi deber se convirtió en una transacción

10 Ene 2022

Por Caina, China

En abril de 2017, sufría de presión alta, por lo que el líder pausó mi deber para que fuera a descansar. Estaba muy alterada, y pensé: “Dios está por terminar Su obra, es hora de cumplir con mi deber y hacer buenas obras. Sin un deber que desempeñar, ¿puedo tener un buen destino y resultado? ¿Todos estos años de esfuerzo, y de pagar el precio, serán para nada? Cerré mi clínica para dedicarme a mi deber. Mi esposo intentó evitar que creyera en Dios pero no pudo Ahora estoy divorciada y sin familia. El PCCh me persigue, les preguntan a mis padres sobre mi paradero. Ni siquiera puedo ir a su casa, de verdad no sé adónde ir”. Una hermana me albergó. Hablamos sobre la voluntad de Dios, de que debería someterme, pero sentía envidia cuando la veía ocupada con su deber. Yo no podía cumplir con un deber porque no estaba bien. ¿Dios usaba mi enfermedad para alejarme de mi deber, para exponerme y eliminarme? Este pensamiento me dejó realmente débil, estaba triste y muy desesperanzada. También surgieron los malentendidos y quejas sobre Dios: yo había renunciado a todo y había sufrido mucho sin una sola queja. ¿Cómo podía terminar sin que siquiera me permitieran cumplir mi deber? Desde entonces, no asmilaba las palabras de Dios y no sabía que decirle a Dios al orar. Perdí el apetito y no dormía. Estaba en total oscuridad incluso pensé en salir a buscar empleo. Al verme así, la hermana trató conmigo, y dijo: “No lees de verdad las palabras de Dios hasta consideras ganar dinero. Eres alguien totalmente diferente. Tú no estás buscando la verdad”. Me resultó muy difícil oír esto, y entonces oré a Dios y busqué: “Dios, no sé cómo vivir esto y no sé cuál es mi camino en el futuro. Vivo en completa oscuridad y estoy siempre triste. Esclaréceme y guíame para conocer Tu voluntad”.

Durante los siguientes días, seguí orando y buscando. Una mañana, las palabras de Dios, aparecieron en mi mente: “¿Acaso tienes el rostro de alguien que puede obtener bendiciones?” (‘Tener un carácter inalterado es estar enemistado con Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”). Encendí mi computadora para buscar esos pasajes. Dios Todopoderoso dice: “Después de varios miles de años de corrupción, el hombre es insensible y torpe; se ha convertido en un demonio que se opone a Dios; tan es así que la rebeldía del hombre hacia Dios ha sido documentada en los libros de historia e incluso el hombre mismo es incapaz de dar una explicación completa de su comportamiento rebelde, porque el hombre ha sido profundamente corrompido por Satanás y se ha dejado engañar por Satanás al punto de que no sabe a dónde acudir. Todavía hoy, el hombre sigue traicionando a Dios: cuando el hombre ve a Dios, lo traiciona, y cuando no puede verlo, también lo traiciona. Hay incluso quienes, aun habiendo sido testigos de las maldiciones de Dios y de Su ira, lo traicionan. Y por eso digo que el razonamiento del hombre ha perdido su función original y que también la conciencia del hombre ha perdido su función original. El hombre que Yo veo es una bestia con traje humano, una serpiente venenosa, y no importa lo lastimoso que pretenda parecer ante Mis ojos, nunca seré misericordioso con él, porque el hombre no ha comprendido la diferencia entre lo negro y lo blanco o entre la verdad y lo que no es verdad. El razonamiento del hombre está en extremo entumecido, pero aun así sigue deseando obtener bendiciones; su humanidad es en extremo innoble, pero aun así sigue deseando poseer la soberanía de un rey. ¿De quién podría ser rey con un razonamiento como ese? ¿Cómo podría alguien con una humanidad como esa sentarse sobre un trono? ¡El hombre en verdad no tiene vergüenza! ¡Es un desgraciado engreído! A aquellos de vosotros que deseáis obtener bendiciones, os sugiero que primero encontréis un espejo y miréis vuestro propio horrible reflejo. ¿Posees lo que se requiere para ser un rey? ¿Acaso tienes el rostro de alguien que puede obtener bendiciones? No ha habido el más mínimo cambio en vuestro carácter ni habéis puesto ninguna verdad en práctica, pero aun así deseáis un maravilloso mañana. ¡Os estáis engañando a vosotros mismos!” (‘Tener un carácter inalterado es estar enemistado con Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”). “Uno cree en Dios para recibir bendiciones: ¿acaso no es esto algo que está en el corazón de todos? […] ¿Cómo os sentiríais sin esta motivación para recibir bendiciones? ¿Con qué actitud cumpliríais con vuestro deber? Si se eliminara esta motivación, o si la gente dejara de desearla y renunciara a ella, entonces muchos cumplirían su deber sin energías y sentirían que no tiene sentido creer en Dios. Sería como si les hubieran quitado el alma. Esto está en lo más profundo de sus corazones. Tal vez, al cumplir con su deber o vivir la vida de iglesia, sientan que en su interior ya no tienen motivación para recibir bendiciones. Pero Dios no piensa igual. Las personas contemplan su superficie y se sienten bien, piensan que han cambiado. Creen que ya han pasado de la etapa pasional a la etapa de buscar la verdad en el cumplimiento de su deber, que ya no dependen de la pasión o de un impulso momentáneo para cumplirlo. Ahora son capaces de buscar la verdad y de esforzarse por estar a la altura del estándar para cumplir con su deber. Se purifican constantemente para llegar a satisfacer la voluntad de Dios y ser pasables como seres creados, y también son capaces de someterse un poco. Pero cuando surge algo que implica directamente a su destino y su fin, revelan por completo su verdadero rostro a través de su comportamiento” (‘Seis indicadores de crecimiento vital’ en “Registro de las charlas de Cristo de los últimos días”). Las palabras de juicio de Dios no me dejaron escondite. Sabía que la fe no era solo para bendiciones. pero no me conocía a mí misma en verdad. Esta situación expuso por completo mi motivación de obtener bendiciones. Había renunciado a todo a lo largo de esos años, cerré mi clínica y cumplí mi deber también, había sufrido mucho, y aguanté sin quejarme. Pensé que por hacerlo con fe, sin dudas ganaría la aprobación y las bendiciones de Dios y tendría un buen destino, por eso estaba muy motivada en mi deber. Ahora no podía cumplir con mi deber debido a mi salud, por lo que pensé que había perdido mi destino, y mis sueños de bendiciones. Estaba demasiado deprimida. No solo lamentaba haber renunciado a todo, culpaba a Dios, y me oponía a Él. Trataba mis sacrificios como capital para cambiar por bendiciones con Dios, por mi sufrimiento y contribuciones pensaba que Dios me debía un buen destino. Sin eso, me quejaba y culpaba a Dios. Entonces, el motivo para recibir bendiciones se escondía detrás de tu negatividad. Me recordó las palabras de Dios: “El propósito de vuestra fe en Dios es usar a Dios para satisfacer vuestros objetivos. ¿Acaso no es esta otra evidencia más de vuestra ofensa contra el carácter de Dios?” (‘Cómo conocer al Dios en la tierra’ en “La Palabra manifestada en carne”). El carácter de Dios brilla por Sus palabras. Esa perspectiva en mi fe era hacer una transacción con Dios, era engañarlo, usarlo para ganar mis deseadas bendiciones. Eso ofende Su carácter. Todos los sacrificios de Pablo eran para exigirle a Dios una corona de justicia. Esto ofendió el carácter de Dios, y Pablo fue castigado. Y después de haber hecho algunos sacrificios, yo exigía recompensas y bendiciones, al igual que él. Cuando no recibí lo que esperaba, malinterpreté y culpé a Dios, incluso pensé en traicionarlo. ¿Dónde estaban mi razón y mi conciencia? ¡Qué descaro que alguien de la calaña de Satanás, como yo, sueñe con bendiciones! Si mi salud no me hubiera impedido cumplir mi deber, nunca habría visto mi inadecuada búsqueda en mi fe, habría seguido en el camino incorrecto y, al final, habría terminado igual que Pablo. Esto me asustó un poco, y entendí que Dios organizaba esto ¡era Su amor y salvación para mí! Al entender la voluntad de Dios, sentí remordimiento y autorreproche, y lloré demasiado mientras oraba: “¡Oh, Dios! Agradezco mucho Tu salvación. De no haberme expuesto así, me habría opuesto e iría al infierno sin saber por qué. Dios. Deseo arrepentirme ante ti y no buscar bendiciones. Quiero buscar la verdad, desechar la corrupción y vivir una semejanza humana”.

Después de orar, leí más palabras de Dios: “Ahora voy a enfocarme en describiros cómo Pedro llegó a conocerme y cuál fue su destino final. […] Lo sometí a incontables pruebas —pruebas que, naturalmente, lo dejaron medio muerto—, pero, en medio de estos cientos de pruebas, jamás perdió la fe en Mí ni se sintió desilusionado de Mí. Incluso cuando dije que lo había abandonado, no se desanimó y siguió amándome de una manera práctica y de acuerdo con los principios de práctica del pasado. Le dije que Yo no lo elogiaría aunque me amara; que, al final, lo arrojaría a las manos de Satanás. Pero en medio de tales pruebas, pruebas que no vinieron sobre su carne, sino que consistían en palabras, él continuó orando a Mí y dijo: ‘¡Oh, Dios! Entre los cielos y la tierra y todas las cosas, ¿hay algún ser humano, alguna criatura o alguna cosa que no esté en Tus manos, las manos del Todopoderoso? Cuando eres misericordioso conmigo, mi corazón se regocija enormemente en Tu misericordia. Cuando me juzgas, aunque yo pueda ser indigno, tengo una mayor percepción de lo insondable de Tus obras, porque estás lleno de autoridad y sabiduría. Aunque mi carne sufra penurias, mi espíritu se consuela. ¿Cómo podría no alabar Tu sabiduría y Tus obras? Incluso si muriese después de conocerte, ¿cómo podría no hacerlo gustoso y feliz? […]’”. “Debido a su lealtad hacia Mí y a Mis bendiciones hacia él, fue un ejemplo y un modelo para el hombre durante miles de años. ¿No es esto, precisamente, lo que deberíais emular?” (‘Capítulo 6’ de Las palabras de Dios al universo entero en “La Palabra manifestada en carne”). Vi en las palabras de Dios que Pedro no estaba limitado por su destino. Incluso cuando Dios no lo aprobaba a pesar de su amor y dijo, que lo entregaría a Satanás, Pedro siguió buscándolo para amarlo y se sometió hasta su muerte. No había transacción ni adulteración en el amor de Pedro hacia Dios, sino verdadero amor y obediencia. Encontré un camino de práctica por las palabras de Dios y me dispuse a amar a Dios como Pedro, ir por el camino del cambio de carácter. No importa cómo me trate Dios, cuál sea mi resultado y destino, me someteré a Su mandato y arreglos y me entregaré a Él. No podía cumplir mi deber en la iglesia como lo hice antes, pero había disfrutado el sustento de las palabras de Dios y tuve experiencias, y podía escribir lo que aprendí de la obra de Dios para dar testimonio. Esto también es cumplir el deber de un ser creado. Empecé a tranquilizarme mucho ante Dios, a pensar en Sus palabras y escribir testimonios. Me sentí mucho más cerca de Dios y ya no me preocupé por mi futuro y mis expectativas. Sentí una sensación de liberación. Después de que logré recuperarme un poco, mi presión sanguínea se normalizó, y yo continué con mi deber en la iglesia.

Creí que, después de esa experiencia, había ganado comprensión de mis perspectivas sobre creer en Dios, y mis deseos de bendición no me estorbarían. Pero, después de un tiempo, ese deseo volvió a surgir en mi interior.

Me eligieron como líder de la iglesia. En una reunión, la líder pidió que evaluáramos si los líderes de grupo hacían alguna obra práctica y dijo que no podía ser líder alguien malicioso o que no aceptara la verdad. Pensé que debía hacerlo de inmediato, que usar a alguien incorrecto podría dañar la obra de la iglesia, y a los hermanos. No solo podía perder mi deber como líder, sería una transgresión, una acción malvada. Un mes después, algunos líderes fueron reasignados y yo estaba feliz. Pero,me sorprendí, nuestra líder descubrió que una de mis elecciones era una persona astuta. Esto me alteró demasiado. No cumplí bien mi deber y alteré la obra de la iglesia. Y muy pronto, los hermanos informaron que otra de mis elecciones era de verdad arrogante. Rechazaba las sugerencias de los demás, los regañaba y limitaba. Querían que lo echaran. Al ver que surgía un problema tras otro, me sentí paralizada. Estaba demasiado triste y sentía mi comprensión superficial, carecía de realidad-verdad. Si algo más salía mal y afectaba la obra de la iglesia, sería un gran mal. ¿No estarían acabados mi futuro, mi resultado y mi destino? Sentí que debía cambiar de deber de inmediato. Una mañana, me sentí mareada mi presión sanguínea estaba alta. Fui y se lo conté a nuestra líder, pensando que por mi problema de salud, sería genial si me cambiaba a otro deber diferente. Así, no tendría tanta responsabilidad. Yo, le dije a la hermana que trabajaba conmigo: “Estoy dispuesta a dejar el puesto si es necesario, y cumpliré cualquier deber que pueda después de esto”. Ella trató conmigo, y me dijo que demostraba mi negatividad y que reflexionara sobre mí. Yo no quería aceptar lo que dijo. Pensé que estaba dispuesta a obedecer y cumplir cualquier deber. ¿Cómo era eso negativo? Pero me di cuenta de que Dios le permitió decir eso, por lo que oré a Dios, para que pudiera conocer mi verdadero estado.

Leí este pasaje de las palabras de Dios: “No importa cómo sean probados, la lealtad de los que tienen a Dios en su corazón se mantiene sin cambios; pero para los que no tienen a Dios en su corazón, una vez que la obra de Dios no es favorable para su carne, cambian su opinión de Dios y hasta se apartan de Dios. Así son los que no se mantendrán firmes al final, que sólo buscan las bendiciones de Dios y no tienen el deseo de entregarse a Dios y dedicarse a Él. Todas estas personas tan viles serán expulsadas cuando la obra de Dios llegue a su fin y no son dignas de ninguna simpatía. Los que carecen de humanidad no pueden amar verdaderamente a Dios. Cuando el ambiente es seguro y fiable o hay ganancias que obtener, son completamente obedientes a Dios, pero cuando lo que desean está comprometido o finalmente se les niega, de inmediato se rebelan. Incluso, en el transcurso de una sola noche pueden pasar de ser una persona sonriente y ‘de buen corazón’ a un asesino de aspecto espantoso y feroz, tratando de repente a su benefactor de ayer como su enemigo mortal, sin ton ni son. Si estos demonios no son desechados, estos demonios que matarían sin pensarlo dos veces, ¿no se convertirían en un peligro oculto?” (‘La obra de Dios y la práctica del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”). Las palabras de juicio de Dios fueron como un golpe en el estómago. ¿No era como las personas que Él revelaba? Era entusiasta y me esforzaba cuando pensaba que mi deber traería bendiciones. Si no era así, mostraba otro lado y ya no quería ese deber. En realidad pensaba únicamente en mi futuro y destino. Cuando me equivocaba, no reflexionaba y buscaba la verdad a la luz de mis fracasos, compensando mis defectos y esforzándome por hacerlo bien, sino que temía tener la responsabilidad y arriesgar mi futuro. Quería abandonar el deber por uno de menor responsabilidad, usaba mi presión sanguínea como una buena excusa. Por fuera, parecía muy razonable, pero mis motivos despreciables se escondían detrás. ¡Era tan malvada!

Empecé a reflexionar sobre la raíz de mi búsqueda constante de bendiciones en la fe. Leí esto en las palabras de Dios: “Todos los humanos corruptos viven para sí mismos. Cada hombre por sí mismo y sálvese quien pueda; este es el resumen de la naturaleza humana. La gente cree en Dios para sí mismos; abandonan las cosas, se esfuerzan por Él y le son fieles, pero aun así, todo lo que hacen es para sí mismos. En resumen, su único propósito es ganarse bendiciones para sí mismos. En la sociedad, todo se hace para beneficio personal; se cree en Dios solamente para lograr bendiciones. La gente lo abandona todo y puede soportar mucho sufrimiento para obtener bendiciones. Todo esto es una prueba empírica de la naturaleza corrupta del hombre” (‘La diferencia entre los cambios externos y los cambios en el carácter’ en “Registro de las charlas de Cristo de los últimos días”). De esto que leímos aprendí que siempre pensaba en mí misma porque había sido corrompida por Satanás. “Cada hombre para sí, y sálvese quien pueda” y “No muevas un dedo”, estas leyes satánicas se convirtieron en mi naturaleza, me hicieron egoísta, despreciable e interesada. Pensaba en mi ganancia personal en lo que hacía. Al ver mi camino de fe a lo largo de esos años, mi punto de partida para cumplir mi deber había sido ser bendecida, recompensada, y, al final de todo, ir al reino de los cielos. Mis años de esfuerzo y sufrimiento no eran cumplir con el deber de un ser creado ni esforzarme de verdad por Dios. Eran usar a Dios, engañarlo, hacer un trato con Él. No eran amar y satisfacer a Dios para nada. ¿Cómo era yo una persona de fe? Era una incrédula. Dios me elevó para servir como líder de iglesia y así practicar usar la verdad para los problemas y aprender discernimiento, pero yo no atesoré la oportunidad. No entré en la verdad, solo pensé en mi futuro y mi destino. Estaba en un camino contrario a Dios. Sabía que debía arrepentirme y buscar la verdad, o me destruiría.

Leí estas palabras de Dios en uno de mis devocionales: “La única razón por la que el Dios encarnado haya venido a la carne es por causa de las necesidades del hombre corrupto. Es por causa de las necesidades del hombre, no por las de Dios, y todos Sus sacrificios y sufrimientos son por el bien de la humanidad y no por el bien de Dios mismo. No hay pros y contras o recompensas para Dios; Él no va a segar una cosecha futura sino solo lo que desde el principio se le debía. Todo lo que hace y sacrifica por la humanidad no es para que pueda ganar grandes recompensas sino solo por el bien de la humanidad” (‘La humanidad corrupta necesita más que nadie la salvación del Dios encarnado’ en “La Palabra manifestada en carne”). Al pensar en esto, el amor de Dios me conmovió profundamente. Dios, supremo, santo y honorable se había hecho carne dos veces para salvar a la humanidad corrompida, sufrió humillación y dolor. El Señor Jesús fue crucificado para redimir a la humanidad, pagando el precio de Su vida. Dios Todopoderoso encarnó en China en los últimos días, expresando verdades para purificarnos, perseguido y blasfemado por el PCCh y la religión. Sufre todo para obrar entre nosotros, para darnos Sus palabras, sin nada a cambio, solo para salvarnos de la influencia de Satanás. Dios paga precios altos para salvar a la humanidad, sin siquiera considerar Su ganancia o pérdida. No nos exige nada a cambio, no nos exige ninguna recompensa. Su amor es abnegado y verdadero. ¡La esencia de Dios es buena y hermosa! Luego, al verme, decía que tenía fe y quería complacerlo, pero no era sincera con Él para nada. Blandía la bandera de trabajar para Él, solo para negociar bendiciones, usando y engañando a Dios. Vi cuán egoísta, asusta, inmoral y desvergonzada era. Vivía una semejanza de Satanás. Una persona que se resistía a Dios, como yo, no ganaría la aprobación de Dios, no importa su sacrificio. Leí esto en las palabras de Dios: “Como criatura de Dios, el hombre debe procurar cumplir con el deber de una criatura de Dios y buscar amar a Dios sin hacer otras elecciones, porque Dios es digno del amor del hombre. Quienes buscan amar a Dios no deben buscar ningún beneficio personal ni aquello que anhelan personalmente; esta es la forma más correcta de búsqueda” (‘El éxito o el fracaso dependen de la senda que el hombre camine’ en “La Palabra manifestada en carne”). Vi en las palabras de Dios que los seres creados no deben tener fe por bendiciones. Buscar el amor a Dios y cumplir bien nuestro deber es la única vida con significado. Entonces oré a Dios: “Dios, quiero dejar el camino del mal y arrepentirme para dejar de buscar bendiciones. No importa cuál sea mi destino final, quiero cumplir bien mi deber para retribuir Tu amor”. Cuando corregí mi estado, mi presión se estabilizó.

También vi un par de lecturas de las palabras de Dios. “No existe correlación entre el deber del hombre y que él sea bendecido o maldecido. El deber es lo que el hombre debe cumplir; es la vocación que le dio el cielo y no debe depender de recompensas, condiciones o razones. Solo entonces el hombre está cumpliendo con su deber. Ser bendecido es cuando alguien es perfeccionado y disfruta de las bendiciones de Dios tras experimentar el juicio. Ser maldecido es cuando el carácter de alguien no cambia tras haber experimentado el castigo y el juicio; es cuando alguien no experimenta ser perfeccionado, sino que es castigado. Pero, independientemente de si son bendecidos o maldecidos, los seres creados deben cumplir su deber, haciendo lo que deben hacer y haciendo lo que son capaces de hacer; esto es lo mínimo que una persona, una persona que busca a Dios, debe hacer. No debes llevar a cabo tu deber solo para ser bendecido y no debes negarte a actuar por temor a ser maldecido. Dejadme deciros esto: lo que el hombre debe hacer es llevar a cabo su deber, y si es incapaz de llevar a cabo su deber, esto es su rebeldía. Es por medio del proceso de llevar a cabo su deber que el hombre es cambiado gradualmente, y es por medio de este proceso que él demuestra su lealtad. Así pues, cuanto más puedas llevar a cabo tu deber, más verdad recibirás y más real será tu expresión” (‘La diferencia entre el ministerio de Dios encarnado y el deber del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”). “Que las personas puedan o no alcanzar la salvación no depende del deber que cumplan, sino de si han comprendido y obtenido la verdad y de si son o no capaces de someterse a los planes de Dios y ser auténticos seres creados. Dios es justo y este es el estándar que usa para medir a toda la humanidad. Recuerda: este estándar es inmutable. Por tanto, no pienses en buscar otra senda ni en buscar algo que no es real. Las pautas que Dios exige a todos los que alcanzan la salvación son inalterables para siempre, las mismas seas quien seas” (‘La actitud que ha de tener el hombre hacia Dios’ en “Registro de las charlas de Cristo de los últimos días”). Esto me ayudó demasiado a entender que nuestro deber no tiene nada que ver con ser bendecidos o malditos al final. La clave para ser salvados está en si buscamos y ganamos la verdad, y cambiamos nuestro carácter. Dios determina qué deber cumplo, mi resultado y destino están incluso más sujetos al mandato y los arreglos de Dios. Debería aceptar las orquestaciones de Dios y cumplir devotamente con mi deber. También me di cuenta de que no tenía la realidad-verdad y que carecía de mucho, ese deber, exponía todas mis faltas y deficiencias. Buscar la verdad y entender todos esos principios podían mejorar mis defectos y ayudarme a crecer en la vida. Al ver esto, dejé de preocuparme por mi futuro y destino, y ya no quise cambiar de deber. Trabajé sin condición buscando la verdad para enfrentar los problemas, lentamente, capté algunos principios y, gradualmente, cometí menos errores. Seguir las palabras de Dios y no buscar bendiciones en mi deber me resultó muy liberador. Dios me bendijo y me guió, con mejores resultados.

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