Ya no veo algunos deberes como elevados y otros como humildes

2 Sep 2026

Por Selena, Malasia

Soy chino-malasia y crecí en una familia corriente. Mis padres se sacrificaron y ahorraron para pagarme los estudios. Me enseñaron: “No pasa nada por ser pobre, pero tienes que tener dignidad y no dejar que los demás te menosprecien”. Influenciada por estas palabras, estudié mucho y participé de forma activa en todo tipo de eventos, por lo que me convertí en una estudiante modelo a los ojos de mis profesores y compañeros. Al terminar la universidad, trabajé como asistente de edición en un periódico. Tras unos años de mucho esfuerzo, me ascendieron a supervisora, lo que satisfizo mi deseo de reputación y estatus. Después de encontrar a Dios, fui muy activa, y pronto me eligieron líder de la iglesia. Luego, en diciembre de 2023, me destituyeron porque perseguía la reputación y el estatus en lugar de hacer un trabajo real; mi carácter arrogante hacía imposible que colaborara con los demás y ni siquiera reflexioné sobre mí misma después de que una líder hablara conmigo. Como hablo malayo, los líderes me asignaron el deber de traducción. Me sentía inferior frente a los hermanos y hermanas con los que antes colaboraba. Todos ellos eran líderes y obreros, mientras que yo era solo una humilde traductora. Antes, siempre era yo la que hacía el seguimiento de su trabajo y a la que acudían con sus problemas y dificultades. Pero ahora, como traductora, me sentía como una simple portavoz que repetía lo que otros decían. No me sentía importante. Me preguntaba si los hermanos y hermanas me menospreciaban, si pensaban que estaba haciendo el deber de traducción porque no era alguien que persiguiera la verdad. A veces pensaba: “Dos hermanas del grupo son supervisoras del trabajo evangélico y también hablan malayo. Ellas podrían encargarse de traducir. ¿Por qué utilizar a alguien como yo, a quien destituyeron? ¿Acaso no es solo para avergonzarme?”. Tenía muchas ganas de irme y hacer un deber diferente. Incluso el deber de predicar el evangelio habría sido más respetable; al menos así, nadie me menospreciaría. Pero luego pensé que estamos en un momento crucial para difundir el evangelio y que en Malasia se necesitan traductores con urgencia. Rechazar mi deber en un momento así sería un desafío deliberado y un acto de rebelión contra Dios. Si ciertas tareas no se organizaran y ejecutaran a tiempo, se retrasaría el trabajo evangélico y eso sería una grave resistencia a Dios. Por eso, no le pedí a la supervisora que me cambiara el deber. Pero, aunque hacía mi deber, en el fondo no me había sometido de verdad y no me entregaba de corazón. Cuando me topaba con palabras difíciles de expresar, no me molestaba en buscarlas para transmitir el significado con exactitud. A veces, cuando la supervisora venía a la reunión y yo tenía que traducir, no ponía el corazón en ello, lo que provocaba errores y omisiones. Después de una reunión, oré: “Oh, Dios, me siento muy asfixiada en este deber. No sé cómo experimentar esto. Por favor, guíame para entender Tu intención y someterme”.

Más tarde, después de leer algunas de las palabras de Dios, empecé a comprender cómo debería tratar mi deber. Dios Todopoderoso dice: “En la casa de Dios, se habla constantemente de aceptar la comisión de Dios y hacer el deber propio adecuadamente. Así pues, ¿cómo surge el deber? En términos generales, surge como resultado de la obra de gestión de Dios de traer la salvación a la humanidad. Hablando de manera más concreta, a medida que la obra de gestión de Dios se lleva a cabo entre la humanidad, surgen diversos tipos de trabajo, y todos ellos requieren de la gente que ponga de su parte y los complete. De esta manera, surgen las responsabilidades y misiones de las personas, y estas responsabilidades y misiones son los deberes que Dios les confiere. En la casa de Dios, los diversos tipos de trabajo que requieren de las personas que hagan su parte son los deberes que han de realizar. Entonces, ¿se diferencian los deberes entre mejores y peores, nobles y humildes o grandes y pequeños? No existen tales diferencias; todo aquello que guarde relación con la obra de gestión de Dios, sea requisito de la obra de Su casa y sea necesario para la difusión del evangelio de Dios, entonces es el deber de una persona. Este es el origen y la definición del deber(La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. ¿Cuál es la realización del propio deber acorde al estándar?). “En la casa de Dios, cuando se te asigna una tarea, sea dura o agotadora, te agrade o no, es tu deber. Si puedes considerarlo una comisión y responsabilidad que Dios te ha dado y la puedes completar con todo tu corazón y fuerza, se puede decir que el trabajo que haces —el deber que realizas— es relevante para la obra de Dios de salvar al hombre. Si puedes aceptar seria y sinceramente la comisión que Dios te ha dado, ¿cómo te considerará Él? Te considerará un miembro de Su familia. ¿Es eso una bendición o una calamidad? (Una bendición). Es una gran bendición(La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. ¿Cuál es la realización del propio deber acorde al estándar?). Después de leer las palabras de Dios, entendí que es la obra de Dios de salvar a la humanidad la que dio origen a todo tipo de deberes. En la casa de Dios, no hay distinción en los deberes en cuanto a si son mejores o peores, elevados o humildes, grandes o pequeños. Ya sea que un deber implique un trabajo sucio o agotador, nos guste o no, debemos aceptarlo si viene de Dios. Esta es una gran bendición para quienes aceptan la salvación de Dios. Pero yo había estado jerarquizando los deberes. Pensaba que los líderes y obreros eran personas con estatus y posición a quienes los hermanos y hermanas admiraban, que hacer este tipo de deber daba prestigio. Por el contrario, pensaba que el deber de traducción era intrascendente y no aportaba ningún reconocimiento; que se trataba solo de traducir las palabras de otras personas y no te ganaba la admiración de nadie. Debido a esta perspectiva falaz, aunque seguía haciendo mi deber, me sentía constantemente como una prenda desteñida que ya nadie quería. No encontraba ninguna motivación en mi deber y solo quería escapar. Quería cambiar a otro deber que me hiciera ganar admiración, sin pensar en absoluto si el trabajo de la iglesia se vería afectado. Tras mi destitución, la iglesia todavía me dio la oportunidad de hacer el deber de traducción. Esto fue una gran misericordia de Dios hacia mí. Debería haber reflexionado a fondo sobre cómo cumplir mi deber y satisfacer a Dios. Pero como mi deseo de reputación y estatus quedó insatisfecho, traté el deber de traducción con desdén. Actuaba como una simple portavoz, no reflexionaba a fondo sobre cuáles eran mis responsabilidades y ni siquiera estaba dispuesta a hacer aquello de lo que era capaz. ¡No tenía nada de conciencia ni razón! No me sometía a Dios en absoluto. ¿Cómo podía siquiera llamarme creyente en Dios? Al darme cuenta de esto, me arrodillé y oré: “Oh, Dios, veo que no me someto a Ti en absoluto. Como mi deseo de reputación y estatus no quedó satisfecho, no hice bien mi deber. ¡Soy muy rebelde! Estoy dispuesta a volver a Ti. Por favor, ayúdame a ver con claridad la esencia de la reputación y el estatus para poder renunciar a ellos”.

Más tarde, leí un pasaje de las palabras de Dios y gané algo de comprensión sobre la esencia de buscar la reputación y el estatus. Dios Todopoderoso dice: “El aprecio de los anticristos por su reputación y estatus va más allá del de la gente corriente y forma parte de su esencia-carácter; no es un interés temporal ni un efecto transitorio de su entorno, sino algo que está dentro de su vida, de sus huesos y, por lo tanto, es su esencia. Es decir, en todo lo que hacen los anticristos, lo primero en lo que piensan es en su reputación y su estatus, nada más. Para los anticristos, la reputación y el estatus son su vida y el objetivo que persiguen a lo largo de toda su existencia. En todo lo que hacen, su primera consideración es: ‘¿Qué pasará con mi estatus? ¿Y con mi reputación? ¿Me dará una buena reputación hacer esto? ¿Elevará mi estatus en la opinión de la gente?’. Eso es lo primero que piensan, lo cual es prueba fehaciente de que tienen el carácter y la esencia de los anticristos; y por eso consideran las cosas de esta manera. Se puede decir que, para los anticristos, la reputación y el estatus no son un requisito añadido ni mucho menos cosas que son externas a ellos de las que podrían prescindir. Forman parte de la naturaleza de los anticristos, los llevan en los huesos, en la sangre, son innatos en ellos. Los anticristos no son indiferentes a la posesión de reputación y estatus; su actitud no es esa. Entonces, ¿cuál es? La reputación y el estatus están íntimamente relacionados con su vida diaria, con su estado diario, con aquello que buscan día tras día. Para los anticristos, el estatus y la reputación son su vida. Sin importar cómo vivan, el entorno en que vivan, el trabajo que realicen, lo que busquen, los objetivos que tengan y su rumbo en la vida, todo gira en torno a tener una buena reputación y un estatus alto. Y este objetivo no cambia, nunca pueden dejar de lado tales cosas. Este es el verdadero rostro de los anticristos y su esencia. Podrías dejarlos en un bosque primitivo en las profundidades de las montañas y seguirían sin desprenderse de su búsqueda de reputación y estatus. Podrías colocarlos en medio de cualquier grupo de gente e, igualmente, no pueden pensar más que en reputación y estatus. Si bien los anticristos creen en Dios, equiparan la búsqueda de reputación y estatus con la fe en Dios y colocan ambas cosas en pie de igualdad. Es decir, a medida que recorren la senda de la fe en Dios, también persiguen la reputación y el estatus. Se puede decir que, en el corazón de los anticristos, la búsqueda de la verdad al creer en Dios es la búsqueda de reputación y estatus, y la búsqueda de reputación y estatus es también la búsqueda de la verdad; adquirir reputación y estatus supone adquirir la verdad y la vida. Si les parece que no tienen fama, provecho ni estatus, que nadie los respeta, los tiene en alta estima ni los sigue, se desaniman, creen que no tiene sentido creer en Dios, que no sirve de nada, y por dentro se preguntan: ‘¿He fallado al creer en Dios de esta manera? ¿Acaso no hay esperanza para mí?’. A menudo sopesan estas cuestiones en su corazón. Sopesan cómo pueden hacerse un lugar en la casa de Dios, cómo pueden obtener una gran reputación en la iglesia, cómo pueden lograr que la gente los escuche cuando hablan y les cante alabanzas cuando actúan, cómo pueden hacer que la gente los siga sin importar dónde estén, cómo pueden ser una voz influyente en la iglesia, así como fama, provecho y estatus; tales son las cosas en las que de verdad se concentran en su fuero interno, son las cosas que buscan(La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 9 (III)). ¡Dios disecciona la esencia de los anticristos con mucha claridad! Toda su vida, un anticristo busca la reputación y el estatus. La reputación y el estatus los lleva en los huesos, en la sangre; estas cosas son su propia vida. Aunque los anticristos creen en Dios, nunca dejan de lado su búsqueda de reputación y estatus. Consideran que la búsqueda de reputación y estatus es equivalente a la fe en Dios. Al mismo tiempo que creen en Dios y hacen su deber, llevan a cabo su propio proyecto, tramando para obtener el estatus y el poder que desean mediante la realización de su deber, sin pensar jamás en los intereses de la casa de Dios. Al compararme con las palabras de Dios, vi que mi búsqueda era igual a la de un anticristo. Hacía mi deber por fama y provecho y buscaba la admiración de los demás. Si no había nadie que me admirara, me volvía negativa, pasiva y negligente en mi deber, ignorando por completo los intereses de la iglesia. Estaba influenciada por ideas como “El orgullo es tan necesario para la gente como respirar” y “El hombre lucha hacia arriba; el agua fluye hacia abajo”. Creía que para vivir había que tener estatus y una buena reputación; solo así la vida no se vivía en vano. Consideraba que vivir sin estatus o posición era ser un fracaso: algo patético y sin dignidad. Mis padres me enseñaron desde pequeña a comportarme con dignidad y no dejar que los demás me menospreciaran. Por eso estudié mucho para obtener un título avanzado, para que la gente no me menospreciara cuando entrara a la sociedad y empezara a buscar trabajo. Después de encontrar a Dios, sentí que tenía estatus y que estaba por encima de los demás cuando empecé a hacer el deber de líder; comencé a saborear los elogios de los hermanos y hermanas. Más tarde, me destituyeron por buscar la reputación y el estatus, no hacer un trabajo real y no reflexionar sobre mí misma ni conocerme. Tras mi destitución, la iglesia me asignó el deber de traducción, pero yo seguía pensando en mi propia fama, provecho y estatus. Sentía que el deber de traducción no me ganaría ninguna admiración, por lo que no estaba dispuesta a someterme. También era negligente a la hora de tratar mi deber y retrasé el progreso del trabajo. En mi deber, siempre pensaba que lo de los demás era mejor. Siempre quería un deber destacado que me hiciera ganar admiración. Cuando no se cumplían mis deseos, quería dejar mi deber y me negaba a someterme a las disposiciones de Dios. ¡Esto era rebelarme contra Dios! En estos momentos, el evangelio del reino de Dios se está difundiendo rápidamente y se necesita la cooperación de más personas. Una vez escuché a una supervisora decir que había escasez de traductores y que estaban angustiados porque no podían encontrar ninguno. Pero entonces ignoré las necesidades del trabajo de la iglesia y solo pensé en mi propio orgullo y estatus, queriendo eludir mi deber. ¡Fui tan egoísta y despreciable! Llevo muchísimos años creyendo en Dios, comiendo y bebiendo muchísimas de Sus palabras y disfrutando de Su provisión. Sin embargo, no mostré consideración alguna por el corazón de Dios y nunca pensé en cómo cumplir mi propia responsabilidad y ser devota. Vi que estaba totalmente desprovista de conciencia y razón. Me di cuenta de que caminar por la senda de perseguir la fama, el provecho y el estatus era muy peligroso: era una senda de resistencia a Dios. Si no cambiaba las cosas, seguramente ofendería el carácter de Dios, incurriría en Su aborrecimiento y, al final, sería descartada y perdería mi oportunidad de salvación. Así que oré a Dios, dispuesta a desprenderse de la reputación y del estatus y a rebelarme contra mis intenciones incorrectas.

Más tarde, encontré una senda de práctica en las palabras de Dios. Dios Todopoderoso dice: “No hagas siempre las cosas para tu propio beneficio y no consideres constantemente tus propios intereses; no tengas en cuenta tu orgullo, reputación y estatus, y no consideres tus intereses personales. Ante todo, debes considerar los intereses de la casa de Dios y hacer de ellos tu prioridad. Debes ser considerado con las intenciones de Dios y, sobre todo, contemplar si ha habido impurezas en la ejecución de tu deber, si has sido devoto, has realizado tus responsabilidades y lo has dado todo, y si has estado pensando de todo corazón en tu deber y en la obra de la iglesia. Debes meditar sobre estas cosas. Si piensas en ellas con frecuencia y logras comprenderlas, te será más fácil cumplir bien con el deber(La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. La libertad y la liberación solo se obtienen desechando las actitudes corruptas). “¿Cuál es vuestra función como seres creados? Esto se relaciona con tu práctica y con tu deber. Eres un ser creado, y si Dios te dio el don del canto y la casa de Dios dispone que cantes, debes cantar bien. Si tienes el don de predicar el evangelio y la casa de Dios dispone que prediques el evangelio, entonces debes hacerlo bien. Si el pueblo escogido de Dios te elige como líder, debes asumir la comisión de liderazgo y conducir al pueblo escogido de Dios para que coma y beba Sus palabras, comparta la verdad y entre en la realidad. Así, habrás hecho bien tu deber. ¡La comisión que Dios le da al hombre es sumamente importante y significativa! Así pues, ¿cómo debes asumir esta comisión y cumplir con tu función? Se puede decir que esta es una de las mayores cuestiones a las que te enfrentas, un momento crucial que determina si puedes obtener la verdad y ser perfeccionado por Dios. Debes elegir. Si actúas en función de tu propia voluntad y cometes fechorías con imprudencia, no solo incumpliendo la comisión de Dios, sino también perturbando la obra de Su casa, es inevitable que al final seas castigado, igual que Pablo. Cuando Dios te manda hacer algo, ¿cuál es tu función? Hacer bien la tarea y no echarla a perder. De este modo, rindes servicio adecuadamente. Sin importar el servicio que Dios te mande rendir, debes hacerlo bien y con obediencia. Así, eres una persona que obedece y se somete. Si no rindes servicio obedientemente, siempre tienes intenciones personales y quieres, en todo momento, mandar como un rey; en ese caso, eres un Satanás y un anticristo, y debes ser castigado. Algunos no comprenden la verdad ni la persiguen; solo se esfuerzan en su trabajo. Entonces, ¿cuál es su función como seres creados? Solo esforzarse y ser mano de obra. En síntesis, ¿cuáles son exactamente, a ojos de Dios, los deberes que los seres creados deberían hacer y con qué semejanza humana deberían vivir? Esto corresponde a vuestra práctica(La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Solo al entender la verdad se pueden conocer los hechos de Dios). Después de leer las palabras de Dios, entendí que para cumplir con mi deber, primero tenía que corregir mis intenciones. Tenía que desprenderme del orgullo y el estatus personales, poner siempre los intereses de la casa de Dios en primer lugar y ocupar mi lugar como ser creado para cumplir con mi deber. Dios me dio la habilidad de hablar malayo, así que, cuando la iglesia me asignó el deber de traducción, debería haberlo cumplido de forma honesta y dando lo mejor de mí, sin jerarquizar los deberes, admirando unos y menospreciando otros. En la casa de Dios, todos hacemos el deber de un ser creado. Dios nos da a cada uno diferentes calibres y puntos fuertes, y cada uno cumple su función desde su propia posición. Es como una máquina: cada pieza cumple su función. Si falta aunque sea una, la máquina no funcionará bien. Puede que mi deber de traducción pase desapercibido, pero sigo haciendo mi deber como ser creado. Que una persona sea valiosa a los ojos de Dios depende de si es devota y sumisa en su deber y no del tipo de deber que hace o del estatus que tenga. Al comprender la intención de Dios, oré: “Oh, Dios, aunque el deber de traducción parezca pasar desapercibido, quiero cumplir con mi función. Quiero colaborar en armonía con mis hermanos y hermanas, aprender de sus puntos fuertes para compensar mis carencias y hacer mi pequeña parte en el trabajo de difundir el evangelio para satisfacerte”. A partir de entonces, dejé de preocuparme por lo que los hermanos y hermanas pensaran de mí al hacer mi deber. Cuando me topaba con palabras que no conocía, las buscaba en el diccionario. Estudié con diligencia habilidades profesionales para compensar mis carencias. Poco a poco, logré aquietar mi corazón al hacer mi deber.

Más tarde, después de leer más palabras de Dios, comprendí Su intención con mayor claridad. Dios Todopoderoso dice: “Debes tener la mentalidad de someterte a Dios y perseguir la verdad, y tener la disposición de someterte a Dios de manera proactiva, y no debes oponerte a Él. Incluso si Dios bendice a otros pero no te bendice a ti, o si Dios obviamente esclarece y guía a otros pero no te esclarece ni te guía a ti, o si Él promueve a otros pero no te promueve a ti, no deberías enfadarte ni sentir celos. ¿Por qué es esto? Que Dios actúe de esta manera tiene su propósito y significado, y Él tiene la libertad de actuar como desee. Nunca debes olvidar que eres un ser creado, y no puedes hacerle exigencias irrazonables a Dios. Si Dios usa a otros y no te usa a ti, y no te permite ser líder, entonces simplemente deberías ser un seguidor; lo correcto es que simplemente te sometas a Dios. Puede ser que seas incapaz de asumir el trabajo de la iglesia porque tu calibre no está a la altura, o puede ser que simplemente no poseas esa estatura. Si se te pidiera que asumieras el trabajo, y Dios te diera más esclarecimiento que a los demás, es probable que esto alimentara tu carácter arrogante. Por tanto, el hecho de que Dios no te haya esclarecido ni te haya permitido ser líder es una forma de protegerte; debes entender las intenciones meticulosas de Dios. Dios en absoluto alberga motivos ocultos hacia ti; en cambio, tiene intenciones meticulosas. […] Si, a través de buscar la verdad, reflexionar sobre ti mismo y diseccionarte, ves que tu deseo y ambición de estatus y prestigio siguen siendo muy fuertes, entonces deberías darte cuenta de que es completamente razonable que Dios use a otros y no te use a ti, y que también es una forma de protegerte. Con independencia de si concuerda con tus nociones y de si puedes aceptarlo, en resumen, deberías adoptar la perspectiva y el lugar de un ser creado y mantener una actitud de sumisión, o al menos la disposición a someterte. ¿A qué se refiere la disposición a someterse? Se refiere a esto: ‘Con independencia de lo que me haya sucedido o no, primero debo preparar mi corazón y debo someterme a Dios. Esta es la razón que debería tener, la práctica que debería desarrollar, y también es una actitud que debería tener hacia el Creador como ser creado’. Esta es la disposición a someterse. Una vez que tengas esto, no será tan difícil someterte a Dios cuando te sucedan cosas. ¿Acaso no es esto una forma de protegerte? (Sí). Con esta protección, cometerás muchos menos errores y tomarás muchos menos desvíos; evitará que causes trastornos y perturbaciones, que intentes forzar las cosas y, al mismo tiempo, que actúes arbitrariamente desde una posición elevada. Esto evita que cometas muchas transgresiones y muchas acciones malvadas que son condenadas por Dios. De esta manera, cuando un día entiendas la verdad, te conozcas verdaderamente a ti mismo, seas capaz de hacer tu deber con normalidad y poseas muchas buenas obras, tu estatura crecerá poco a poco, y la probabilidad de que tomes desvíos o cometas errores disminuirá. Es decir, disminuirá la probabilidad de que causes trastornos y perturbaciones, actúes arbitrariamente, te desmandes, hagas cosas malas y hagas el mal. ¿Acaso no será menos probable entonces que seas castigado en el futuro? ¿No es algo bueno? (Sí). Por tanto, no importa cómo sea el camino por delante ni qué entornos disponga Dios, primero deberías adoptar una voluntad de someterte y desprenderte de tus exigencias irrazonables a Dios y de tus nociones y figuraciones sobre Él. Primero deberías negarte a ti mismo, desprenderte de tus propias nociones y figuraciones, y tener la disposición a someterte. Estos son los pensamientos y opiniones que un ser creado debería poseer, y esta es también la actitud que un ser creado debería poseer hacia el Creador(La Palabra, Vol. VII. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (32)). Después de leer las palabras de Dios, entendí que la razón que debería tener un ser creado es la de aceptar todo lo que Dios orquesta y dispone y someterse a ello. Todo lo que Dios hace es apropiado y su propósito es salvar a las personas, permitiéndonos conocernos a nosotros mismos y desprendernos de nuestras ambiciones y deseos personales. De este modo, Dios puede protegernos y podemos evitar ir por la senda equivocada, cometer transgresiones y ser castigados. Algunos hermanos y hermanas, por ejemplo, a pesar de tener un calibre promedio, llevan una carga en su deber. Son capaces de ser considerados con las intenciones de Dios y de colaborar con todas sus fuerzas. Perseveran ante las dificultades y los reveses y logran mantenerse firmes en su deber. Como van por la senda correcta, el Espíritu Santo obra en ellos, esclareciéndolos y guiándolos. Sin importar el deber que hagas, lo fundamental es la senda que recorres, si eres devoto respecto a tu deber y si persigues la verdad y un cambio en tu carácter. Recordé cuando era líder. Al sentir que tenía estatus, disfrutaba de ser admirada. Ocupaba un cargo sin hacer un trabajo real. Esto retrasó el trabajo evangélico de la iglesia, impidiendo que los destinatarios potenciales del evangelio pudieran aceptar la obra de Dios de los últimos días lo antes posible. Si la iglesia no me hubiera destituido en ese momento y me hubiera dejado seguir como líder, no habría reflexionado ni me habría conocido a mí misma y habría continuado por la senda equivocada. Mis transgresiones se habrían seguido acumulando y, al final, solo habría sido descartada y castigada. Que me reasignaran el deber de traducción me permitió reflexionar sobre mis intenciones y búsquedas incorrectas. Pude cambiar de rumbo a tiempo, cumplir mi función obedientemente y tener más tiempo para aquietarme y centrarme en la entrada en la vida. Esto fue la protección y salvación de Dios para mí. Al comprender las intenciones meticulosas de Dios, ya no estaba dispuesta a seguir rebelándome contra Él; quería cumplir con mi deber de traducción con los pies en la tierra. Oré: “Oh, Dios, ya no quiero perseguir fama, provecho y estatus. Quiero perseguir la verdad, ocupar mi lugar como ser creado para cumplir con mi función y estar a la altura de Tus expectativas y de Tus intenciones meticulosas”. A partir de entonces, me entregué de corazón a mi deber y dejé de considerarlo inferior. Al practicar de esta manera, sentí mi corazón muchísimo más liberado. ¡Gracias a Dios!

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