Aquellos días de lucha por la reputación y la ganancia

1 Feb 2022

Por Xiao Dan, China

En junio asumí la responsabilidad del trabajo de riego de la iglesia y nuestra labor se estaba viendo afectada por la falta de regadores. Estaba realmente ansiosa. Pensaba que, si no suplía esa falta, tal vez los líderes creyeran que no hacía un trabajo práctico. Cuando estaba preocupada por ello, un líder me ofreció una candidata diciéndome que la hermana Xiaodan, recién trasladada allí, sabía regar. Eso me ilusionó y me tranquilizó mucho mentalmente. Organicé inmediatamente una reunión con la hermana Xiaodan. Para formarla y mejorar rápidamente el trabajo de riego, busqué a gente que la familiarizara con los principios y me mantenía informada de sus progresos. Poco después, el líder me envió un mensaje en el que señalaba que la hermana Zhou necesitaba que la hermana Xiaodan fuera a ayudar a hacer videos, y esta estaba de acuerdo. Me quedé de piedra. Me había ocupado personalmente de todo, desde contactar con ella hasta organizar sus deberes, y quería que se pusiera al día enseguida para mejorar nuestro trabajo, pero la hermana Zhou se metió de por medio. Tendría que buscar a otra persona que me ayudara y los nuevos fieles no recibirían riego si no conseguía a nadie. ¿Qué opinarían de mí los líderes? Además, si formaban a la hermana Xiaodan, todos creerían que la hermana Zhou era capaz y mis esfuerzos serían en vano. Quería hallar el modo de mantenerla. Así pues, respondí al líder que estábamos muy necesitados de regadores y que deberíamos estar evaluando los puntos fuertes de la gente. La hermana Xiaodan había trabajado anteriormente en riego, por lo que quería que hablaran con la hermana Zhou de la posibilidad de mantenerla en ese deber. Recibí respuesta dos días después: la hermana Xiaodan editó imágenes en la universidad, así que tenía base para hacer producción de videos. Asimismo, estaba interesada, por lo que, en general, era más apta para la producción de videos. Estaba muy decepcionada y pensé que a la hermana Xiaodan jamás se le habría ocurrido hacer eso si la hermana Zhou no se lo hubiera pedido. Pero ya era un hecho, así que tenía que buscar a otra persona, y rápido; si no, nuestro trabajo se resentiría y el líder seguro que diría que yo no hacía un trabajo práctico. Examiné a los demás miembros de la iglesia y encontré a unas hermanas con aptitud, buenas en la búsqueda y que cumplían los requisitos. Entre ellas, la hermana Yang era cordial y comunicativa, y a los nuevos fieles les gustaba reunirse con ella. Era una buena opción para el puesto. Contentísima, empecé a formar a aquellas hermanas, con especial atención a la hermana Yang. Creía que tenía que estar muy al tanto de esto y capacitarla lo antes posible para que todo el mundo me considerara capaz.

Un día, en una reunión, otra líder preguntó por la hermana Xiaodan y me sentí ofendida para mis adentros. Deseé contarle que la hermana Zhou se había llevado a la hermana Xiaodan a producción de videos para que ella tratara con la hermana Zhou y me ayudara a recuperar a la hermana Xiaodan. Entonces tendría dos manos más para el riego y nos iría mejor. Por ello, le conté a esta líder que la hermana Zhou tenía a la hermana Xiaodan en producción de videos y subrayé que yo la había formado primero, pero que la hermana Zhou me la quitó. Me contestó: “La casa de Dios es una unidad y no puede dividirse. Allá donde la envíen, es por nuestro trabajo y la producción de videos necesita más gente, así que no deberíamos pelearnos. Como a la hermana Xiaodan la han asignado a eso, hemos de someternos”. Sabía que era verdad, pero me decepcionó que la líder no se pusiera de mi parte. Un par de hermanas de las que habíamos capacitado sí terminaron en la labor de riego, con lo que creí que no se habían desperdiciado mis esfuerzos y que tendría buena imagen a ojos de los líderes. Sin embargo, para mi sorpresa, un día, la hermana Li, una líder del equipo de riego, me contó que la hermana Zhou quería a la hermana Yang para la producción de videos. Sentí un torrente de enojo en mí. Si yo ya había formado a la hermana Yang, ¿por qué se la iba a llevar la hermana Zhou? Primero se había llevado a la hermana Xiaodan, y ahora a la hermana Yang. Se llevaba todo aquello por lo que yo había trabajado y me dejaba sin nada. ¿No era mi esfuerzo en balde? Estaba totalmente confusa y reaccioné ante la hermana Li: “¿No puedes hablar tú con la hermana Zhou? La hermana Yang ya está en riego; que se busque a otra persona”. No sabía qué hacer, y me dijo: “Tanto el riego como la producción de videos son muy importantes. Debemos debatir más a fondo qué favorecería más el trabajo de la casa de Dios”. Yo pensé: “¿Debatir más a fondo el qué? La hermana Zhou se lleva a la gente que yo quería y no puedo mantener a ninguna de mis aspirantes. ¿Qué opinarán todos de mí entonces? De todas formas, esta vez tengo que hablar de ello con los líderes y conseguir que intervengan; si no, será muy humillante”.

Iba a escribirles una carta en cuanto llegara a casa, pero no sabía qué escribir. Pensé que mejor me olvidaba. Debía fijar una hora para charlar directamente con la hermana Yang y pedirle que siguiera trabajando en riego, de forma que pudiera mantenerla. A punto de escribir a la hermana Yang, me quedé totalmente en blanco y no supe qué decir. Me sentí muy incómoda y recordé todo lo que había sucedido. ¿Por qué me enojaba tanto cuando trasladaban a mis aspirantes con la hermana Zhou, hasta el punto de querer quejarme ante los líderes? ¿Por qué estaba empeñada en recuperar a la hermana Yang? Por ello, oré a Dios, empecé a calmarme y leí esto en Sus palabras: “En la casa de Dios, mientras busquen la verdad, las personas están entonces unidas ante Dios, no divididas, y comparten un objetivo común: cumplir con su deber, hacer su trabajo, actuar según los principios de la verdad y satisfacer la voluntad de Dios. Si tu objetivo no es ese, sino el beneficio propio, satisfacer tus propios deseos egoístas, entonces se trata de la efusión de un carácter satánico corrupto. En la casa de Dios, el cumplimiento del deber de uno se realiza según los principios de la verdad. Las acciones de los incrédulos se rigen por su carácter satánico. Son dos sendas muy diferentes. Entre los incrédulos, cada persona sigue su propio consejo, cada uno tiene sus propios objetivos y planes, cada uno vive para sus propios intereses. Así, se ven abocados a luchar por cualquier ventaja que puedan. Son dispares, están divididos, desunidos, ya que no comparten un objetivo común. Sin embargo, la naturaleza de sus objetivos es la misma: todos actúan para sí mismos. En esto no reina la verdad, el carácter corrupto de Satanás tiene el poder y el dominio total, les ha arrebatado el control de sí mismos, dando como resultado que se hunden cada vez más en el pecado. En la casa de Dios, si el principio, el método, la motivación y el punto de partida de vuestras acciones no fueran diferentes a los de los incrédulos, si vuestras acciones estuvieran también sujetas a la manipulación, el control y las maniobras de un carácter satánico corrupto, y el punto de partida fueran vuestros propios intereses, orgullo, estatus y reputación, entonces el desempeño que hacéis de vuestro deber no sería diferente a las acciones de los incrédulos” (‘Cómo experimentar las palabras de Dios en los propios deberes’ en “Discursos de Cristo de los últimos días”). “¡Humanidad cruel! La confabulación y la intriga, robarse y raptarse entre ellos, la lucha por la fama y la fortuna, la masacre mutua, ¿cuándo se van a terminar? A pesar de que Dios ha hablado cientos de miles de palabras, nadie ha entrado en razón. La gente actúa por el bien de sus familias, hijos e hijas, por sus carreras, perspectivas de futuro, posición, vanidad y dinero, por comida, ropa y por la carne. Pero ¿existe alguien cuyas acciones sean verdaderamente por el bien de Dios? Incluso entre aquellos que actúan por el bien de Dios, casi nadie lo conoce. ¿Cuántas personas no actúan por sus propios intereses? ¿Cuántos no oprimen ni condenan al ostracismo a los demás con el propósito de proteger su propia posición?” (‘Los malvados deben ser castigados’ en “La Palabra manifestada en carne”). Luego reflexioné acerca de mi comportamiento reciente. ¿No me hallaba en un estado de lucha con los demás por mi reputación y mi estatus? Un líder me ordenó capacitar a la hermana Xiaodan y mi primer pensamiento fue que eso podría mejorar los resultados del equipo de riego y exhibir mis habilidades, con lo que recibiría la aprobación de los líderes. Por ello, no escatimé esfuerzos en su formación. Cuando me enteré de que la trasladaban a producción de videos, temí que nuestro trabajo se resintiera si no encontraba otro buen candidato, quedar mal ante los líderes y perder el puesto. Empecé a tener prejuicios contra la hermana Zhou e intenté que los líderes se pusieran de mi parte y trataran con ella. Después contesté bruscamente a la hermana Li cuando supe que iban a trasladar a la hermana Yang, la culpé por no hablar con la hermana Zhou para poder mantener a la hermana Yang, y hasta quise quejarme a los líderes y recuperarla para conservar mi estatus e imagen ante los hermanos y hermanas. Me comportaba como una incrédula, peleando por mi reputación y mi estatus, viviendo con semejanza satánica. La casa de Dios capacita a la gente para que los hermanos y hermanas puedan aprovechar sus puntos fuertes y poner su granito de arena en la difusión del evangelio. Pero yo consideraba mi deber de capacitación de personas un refugio para mis intereses personales y rivalizaba con otros por preservar mi imagen y estatus. ¡Esa no es una humanidad normal! Tenía que preguntarme por qué luchaba siempre contra otros por mi imagen y estatus.

Buscando, leí esto en las palabras de Dios: “Cuando los anticristos compiten por los puestos de liderazgo de la iglesia y por la fama entre el pueblo escogido de Dios, no consideran cuánto daño pueden llegar a hacerle a la obra de la casa de Dios y a la entrada en la vida de Su pueblo escogido. Solo les preocupa si sus ambiciones y deseos pueden ser satisfechos, y si existe algún peligro para su propio estatus y reputación. Su papel en las iglesias de todas partes y entre el pueblo escogido de Dios no es otro que el de ser lacayos de Satanás. No son personas que crean realmente en Dios ni son Sus seguidores, y mucho menos aman y aceptan la verdad. Por tanto, cuando no alcanzan sus intenciones y objetivos, su primer enfoque no es buscar la verdad o tratarla con obediencia. En lugar de eso, se devanan los sesos para pensar en cómo luchar contra los líderes de la iglesia de todos los niveles, cómo luchar contra la casa de Dios y contra Cristo para ganarse al pueblo escogido de Dios, cómo asegurarse de que tienen un sólido apoyo en la iglesia, y cómo ganar estatus. No se permitirán fracasar en su lucha por ganar estatus, y su objetivo es lograr el control sobre los escogidos de Dios. Tales cosas son las que les preocupan, de día y de noche”. “Los anticristos consideran muy seriamente la manera de tratar los principios de la verdad, las comisiones de Dios y la obra de la casa de Dios, o cómo ocuparse de algo a lo que se enfrentan. No les importa cómo cumplir la voluntad de Dios, cómo evitar dañar los intereses de Su casa, cómo satisfacerlo o cómo beneficiar a los hermanos y a las hermanas; no son esas las cosas que les interesan. Lo que sí les importa a los anticristos es si su propio estatus y su reputación van a verse o no afectados, y si su prestigio podría disminuir. Si hacer algo de acuerdo con los principios de la verdad resultara en un beneficio para la obra de la iglesia y para los hermanos y las hermanas, pero provocara que su propia reputación se viera afectada y que mucha gente se diera cuenta de su verdadera estatura y supiera qué tipo de naturaleza y esencia tienen, entonces no cabe duda de que no van a actuar de acuerdo con los principios de la verdad. Si hacer algo de cierta manera les permite ganar un mayor prestigio dentro de la casa de Dios, de tal modo que más personas piensen bien de ellos, los respeten y los admiren; permite que sus palabras tengan autoridad y causen que más personas se sometan a ellos, entonces elegirán hacerlo así. De lo contrario, no se tomarán con seriedad alguna los intereses de la casa de Dios o de los hermanos y las hermanas, y entonces preferirán priorizar sus propios intereses. Esta es la naturaleza y la esencia de los anticristos. ¿Acaso no es egoísta y vil? En cualquier situación, los anticristos ven su estatus y reputación como algo de suma importancia; nadie puede competir con ellos” (‘Cumplen con su deber solo para distinguirse a sí mismos y satisfacer sus propios intereses y ambiciones; nunca consideran los intereses de la casa de Dios, e incluso los venden a cambio de su propia gloria (III)’ en “Desenmascarar a los anticristos”). Dios delata a los anticristos como gente sumamente egoísta que prioriza sus intereses por encima de todo. Si alguien afecta a su reputación y estatus, se devanan los sesos para pelear con él sin pensar en qué sería beneficioso para la casa de Dios. Hice introspección y me di cuenta de que actuaba como un anticristo. Quería recuperar a las hermanas Xiaodan y Yang para formarlas para mi propio uso, para mejorar mi desempeño en el trabajo y recibir la aprobación de los líderes. Cuando las trasladó la hermana Zhou, lo que afectaba a mi reputación, quise enfrentarme cara a cara con ella sin pensar en si mi conducta podría perjudicar a los hermanos y hermanas y a los intereses de la casa de Dios. No pensé más que en mis intereses. Fue algo muy egoísta y totalmente falto de humanidad y razón. Los hermanos y hermanas son de Dios, no propiedad privada de nadie. Dios determinó su aptitud y sus puntos fuertes y se los concedió para Su obra. No se trata de “este es mío y ese es tuyo” ni de un “orden de llegada”. La gente debe ir allá donde la necesiten en la casa de Dios. Está claro. Era razonable y adecuado que la hermana Zhou siguiera los principios y formara a gente para la casa de Dios según sus puntos fuertes. Pero yo había aspirado a tener a esas dos hermanas antes, por lo que creía que no debían tocarlas y hasta me excusé en formar a personas para la casa de Dios, considerándolas propiedad privada, mis asistentes personales, y utilizándolas para cumplir mis ambiciones y deseos. Cuando los actos de la hermana Zhou afectaban a mi reputación y estatus, probaba tácticas para impedírselo y descargaba mi frustración. ¿Eso no es como cuando el clero de la iglesia afirma “estas son mis ovejas y nadie las puede robar”? Los pastores y ancianos juzgan y condenan la obra de Dios para mantener su estatus ante los creyentes y su medio de vida. Les impiden estudiar el camino verdadero y mantienen a los feligreses firmemente controlados en sus manos. Quería mantener firmemente en mis manos a quienes había formado para tener la aprobación de los líderes y la estima de los miembros de la iglesia, y no permitir que las trasladaran. ¿En qué me diferenciaba de aquellos miembros del clero, hipócritas y astutos? ¿No iba por la senda de un anticristo en contra de Dios? Me dio un sudor frío cuando me percaté de esto. Vi lo egoísta y despreciable que era, que no defendía para nada el trabajo de la casa de Dios, sino solamente mis intereses. Me cegaba el deseo de reputación y estatus; ¡qué peligro! Me acordé de los anticristos expulsados de la iglesia. Los expulsaron porque perseguían obstinadamente la reputación y el estatus y terminaron cometiendo demasiado mal. Si continuaba por aquella senda, sabía que acabaría igual.

Leí este pasaje de las palabras de Dios: “Deberías ser consciente de cuando tienes el constante impulso de competir. Si queda sin resolver, el deseo de competir solo puede llevar a cosas malas, así que no tardes en buscar la verdad, corta de raíz tu competitividad, y sustituye ese comportamiento competitivo por practicar la verdad. Cuando practiques la verdad, tu competitividad, tus aspiraciones descabelladas y tus deseos disminuirán completamente, y ya no interferirán con la obra de la casa de Dios. De este modo, tus actos serán recordados y elogiados por Dios” (‘Cumplen con su deber solo para distinguirse a sí mismos y satisfacer sus propios intereses y ambiciones; nunca consideran los intereses de la casa de Dios, e incluso los venden a cambio de su propia gloria (III)’ en “Desenmascarar a los anticristos”). Esto me brindó una senda de práctica. Cuando luchaba por mis intereses personales, tenía que orar inmediatamente a Dios y renunciar a mí misma, renunciar a mis deseos, buscar los principios de la verdad y seguirlos. Sin importar el lugar que asignaran a las hermanas Xiaodan y Yang, eso era para que la casa de Dios capacitara a la gente, y su finalidad, que cumpliéramos con el deber y diéramos testimonio de Dios. Debía alegrarme, no luchar por mi reputación y estatus. La capacitación en la casa de Dios tiene unos principios. Se hace según las necesidades del trabajo de la iglesia y los puntos fuertes de la gente. La idoneidad de la gente para cualquier deber debe medirse en función de sus puntos fuertes. Si alguien tiene diversos talentos, debe ir adonde más lo necesiten. Si un deber necesita más personal, cuesta encontrarlo, no hay nadie para cubrir el puesto y, además, esa persona está lista y dispuesta, hay que ponerla en ese deber. No hay mucha gente con la aptitud y los puntos fuertes necesarios para producir videos. Sin embargo, en cuanto al riego, las personas de entendimiento puro, que enseñan bien y son amorosas y pacientes pueden prosperar en ese deber. Tenemos más candidatos para el deber de riego que para el de producción de videos. La hermana Xiaodan hizo edición de imágenes en la universidad, así que tenía habilidades para la producción de videos. Asimismo, tenía interés por aprender al respecto, por lo que era razonable que la hermana Zhou la pusiera en ese deber. Aunque yo había perdido a la hermana Xiaodan como aspirante, aún podía buscar otros hermanos y hermanas a los que capacitar. Solo requería un poco más de tiempo y esfuerzo. Oré a Dios después de haber entendido todo aquello, dispuesta a corregir mis motivaciones y a seguir los principios en el deber. Si la hermana Yang tenía puntos fuertes relacionados con la producción de videos, estaba dispuesta a someterme y a dejar de pelearme con la hermana Zhou por mi reputación y estatus.

La hermana Zhou me envió un mensaje un par de días más tarde para decirme que otra iglesia le había trasladado a un par de personas, con lo que ya no necesitaba a las hermanas Xiaodan y Yang. Decía que podían ser destinadas de nuevo de forma oportuna. Yo estaba segura de que esto lo había orquestado Dios. Cuando renuncié verdaderamente a mis ambiciones y deseos, las cosas cambiaron. Me di cuenta de que actué como una bufona durante todo aquello. Fue muy bochornoso. Después ordené que esas dos hermanas volvieran al deber de riego. Al poco tiempo, me enteré de que otra líder de la iglesia iba a mandar a la hermana Yang al deber de redacción. Pensé: “Si a la hermana Yang se le da tan bien regar, ¿por qué van a enviarla a ese deber?”. Quise hablar con ella y pedirle que se quedara en riego. ¿No se desperdiciaría todo mi esfuerzo si asumía el deber de redacción? Al aflorar estas cosas, comprendí que luchaba de nuevo por la reputación y el estatus, así que oré rápidamente para pedirle a Dios que me guiara para renunciar a mí misma y priorizar los intereses de Su casa. Allá adonde enviaran a la hermana Yang, seguro que era para lo que necesitara la iglesia. No podía trabajar por la reputación y el estatus, sino que debía someterme. Me sentí mucho más tranquila con esta reflexión. Luego vi a esa líder y me comentó que había leído hacía poco unos testimonios de la hermana Yang, que eran prácticos y estaban bien escritos. A la hermana Yang también le gustaba escribir y sus ensayos eran ordenados y perspicaces. Parecía una excelente opción para ese deber. No me enfadó ni decepcionó oír aquello, sino que sonreí y exclamé: “¡Gracias a Dios! Antes, sé que habría luchado por mi reputación y estatus, pero con lo revelado en las palabras de Dios he comprendido lo egoísta que he sido, que eso disgustaba a Dios, y sé que, se disponga lo que se disponga, se hace según los principios. La hermana Yang es buena escritora, por lo que ponerla en el deber de redacción es la voluntad de Dios y no me molesta”. La líder sonrío cuando me oyó decir aquello.

Esta experiencia me enseñó realmente que pensar en los intereses de la casa de Dios y de los hermanos y hermanas, en vez de luchar por mi reputación y mi estatus, me hace sentir tranquila y en paz por dentro. ¡Gracias a Dios!

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