No quería que me ascendieran: ¿qué me preocupaba?

30 May 2026

Por Su Qing, China

En 2020, cumplía mi deber en el equipo de corrección de textos de la casa de Dios. La mayoría de los hermanos y hermanas con los que colaboraba tenían un calibre bastante bueno y eran muy eficientes al hacer sus deberes. Yo, en cambio, tenía un calibre promedio y a veces tenía que pedirles consejo cuando me topaba con problemas. Sentía que no estaba a su nivel; era obvio que yo era la peor. Durante ese tiempo, siempre me sentía inferior a los demás. Me sentía reprimida y muy triste, vivía en un estado negativo y pasivo, y hasta quería irme. Como mi estado nunca mejoró y no obtuve ningún resultado en mi deber, al final me destituyeron. En ese momento, sentí que había quedado en ridículo por completo. Pensé: “Pase lo que pase, nunca volveré a hacer mi deber aquí. ¡Es demasiado vergonzoso!”. Más adelante, me dediqué a seleccionar artículos de testimonios vivenciales en la iglesia. Como había captado algunos principios y lograba ciertos resultados en mi deber, los hermanos y hermanas solían acudir a mí para preguntarme por sus problemas y dificultades, y casi siempre lograba darles respuestas adecuadas. También aceptaban todas mis sugerencias y estaban de acuerdo con ellas y el supervisor me encargó dar seguimiento a algunos artículos valiosos de la iglesia. Yo estaba muy feliz por dentro. Sentía que este deber se adaptaba muy bien a mí y que estaba a mi alcance. No solo lograba resultados en mi trabajo, sino que me gané la admiración de los hermanos y hermanas, y el supervisor me valoraba. Sentí que por fin había encontrado el lugar adecuado y esperaba seguir haciendo este deber para siempre.

A finales de diciembre de 2024, el supervisor me envió una carta pidiéndome que le enviara mi currículum. El corazón me dio un vuelco: “¿Será que el supervisor ha visto que logré algunos resultados en mi deber y quiere ascenderme para que haga mi deber en el equipo de corrección de textos de la casa de Dios?”. En cuanto recordé cómo me había sentido inferior a todos los demás y siempre en el último lugar cuando estuve allí antes sentí un miedo persistente y pensé: “De verdad que no quiero volver ahí y quedar en ridículo de nuevo. Es mejor para mí mantener un perfil bajo y no moverme de mi deber actual. Al menos mi trabajo da algunos resultados y, además, los hermanos y hermanas me admiran”. Al pensar en esto, ya no quise enviar mi currículum. Más tarde, el supervisor me envió otra carta para insistir, y solo entonces le mandé mi currículum. Efectivamente; unos días después, el supervisor me envió una carta notificándome que iba a hacer mi deber en el equipo de corrección de textos. Me sentí molesta e inquieta, y pensé: “Sería mejor seguir con mi deber actual que ir allí y quedar en ridículo. Aquí no hay mucha presión y también puedo ganarme la admiración de los que me rodean. Sin mencionar que mi carne sufriría si fuera ahí, y seguro que volvería a ser la peor. ¡Si me destituyeran de nuevo por no lograr resultados en mi deber, quedaría totalmente en ridículo!”. Quería escribirle una carta al supervisor para decirle que tenía un calibre escaso y carecía de capacidad de trabajo, y que, aunque fuera, no podría asumir el trabajo. Pero, si rechazaba ese deber, sentiría remordimientos e inquietud en mi corazón. A lo largo de los años, había disfrutado del riego y el sustento de muchísimas palabras de Dios. La labor de la iglesia necesitaba con urgencia gente en ese momento y, si yo rechazaba este deber, demostraría una falta total de conciencia y decepcionaría profundamente a Dios. Así que escribí de nuevo al supervisor y le dije que estaba dispuesta a aceptar el deber.

Después, por varios motivos, el supervisor me pidió que esperara unos días antes de unirme al equipo. Mientras esperaba, mis pensamientos volvieron a descontrolarse: “Los hermanos y hermanas del equipo de corrección de textos tienen todos un buen calibre. Si me uno al equipo, sin duda seré la peor de todos”. Al pensar en esto, sentí un peso enorme en el pecho que me dejaba sin aliento. Hasta empecé a arrepentirme de haber aceptado la petición del supervisor de asumir este deber. De lo contrario, no habría terminado en una situación sin salida como esta. Mi corazón estaba en constante agitación y nada de lo que hacía me interesaba. Al caer la tarde, ya me empezaba a dar sueño. Me di cuenta de que mi estado no era correcto, así que oré y busqué: “Oh, Dios, ni siquiera he empezado a hacer mi deber y ya quiero echarme atrás. Sé que mi estado no es correcto. Por favor, esclaréceme y guíame para entender Tu intención y aprender mi lección”. Tras orar, pensé en estas palabras de Dios: “Cuando una persona acepta la comisión de Dios, Él tiene un estándar para juzgar si sus acciones son buenas o malas, si tiene sumisión, si ha satisfecho las intenciones de Dios y si sus actos y su comportamiento son acordes al estándar. Lo que Dios valora es el corazón de la persona, no sus acciones externas. No es que Dios deba bendecir a alguien solo por hacer algo, independientemente de cómo lo haga. Este es un malentendido que las personas tienen respecto a Dios. Él no se fija solo en el resultado final; en cambio, hace mucho hincapié en cómo es el corazón de una persona y cuál es su actitud durante el desarrollo de las cosas, y se fija en si hay sumisión, consideración y la voluntad de satisfacerlo en su corazón(La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo I). Después de leer las palabras de Dios, entendí que había una lección que debía aprender del hecho de que el supervisor no hubiera dispuesto que me uniera al equipo en los últimos días. Aunque había aceptado hacer este deber, en mi corazón no me había sometido de verdad, y Dios no había visto que mi corazón fuera sincero. Dios esperaba que, cuando el deber se me presentara, yo fuera capaz de ser considerada con Sus intenciones, y de aceptar el deber con el deseo de someterme a Él y satisfacerlo. Pero yo solo había estado pensando en mi orgullo. Me daba miedo ser la más débil del equipo y quedar en ridículo, así que me quería echar atrás. Aunque hubiera aceptado este deber a regañadientes, más adelante, al colaborar con los demás y ver que no era tan buena como ellos, de todos modos terminaría hundiéndome en un estado de negatividad por querer guardar las apariencias, y hasta podría abandonar mi deber. Sentí cómo Dios escruta lo más profundo del corazón humano, y también me di cuenta de Sus meticulosas intenciones. El que no me hubieran asignado unirme al equipo en los últimos días, era precisamente para permitirme buscar la verdad, reflexionar, conocerme a mí misma y resolver mi carácter corrupto; así, ya no estaría atada al orgullo y al estatus, y podría aceptar de verdad mi deber. No podía desaprovechar esta oportunidad de ganar la verdad, así que seguí orando y buscándola para resolver mis problemas.

Leí un pasaje de las palabras de Dios y llegué a comprenderlos un poco mejor. Dios dice: “¿En qué se fija principalmente Dios en una persona? Se fija en si puede aceptar la verdad y practicarla y qué senda recorre en su fe en Dios. ¿Cómo mide Dios si alguien puede practicar la verdad? Se fija en si puede buscar la verdad y confiar en Dios cuando le suceden cosas. Cuando tiene dificultades y obstáculos en su corazón que afectan su desempeño del deber y su práctica de la verdad, Dios se fija en qué elige y qué senda recorre. Por ejemplo, supongamos que se te dan dos deberes para elegir. Uno te permite hacerte ver, es fácil y no implica ninguna incomodidad física. El otro es algo difícil, podría ser muy extenuante de hacer, e incluso podría ser una tarea ingrata; y si no lo haces bien, serás podado. Tú lo meditas: ‘Aunque hacer ese deber difícil me permitiría obtener más de la verdad y asumir una carga para la casa de Dios, y hacerlo me haría ser considerado con Sus intenciones, es una tarea ingrata. Si bien elegir este deber fácil no es ser considerado con las intenciones de Dios, no tendré que soportar ninguna dificultad al hacerlo. Elegiré este’. Si eliges así, ¿qué dirá Dios? Él te ‘honrará’ con una sola designación: ‘Evasivo’. Entonces serás dejado de lado, y la casa de Dios no te usará(La enseñanza de Dios). Dios expone que, cuando se les presenta un deber, ciertas personas solo piensan en salvar las apariencias y en sus propios intereses. Aceptan con gusto cualquier deber que sea fácil y que beneficie su orgullo y estatus, pero rechazan cualquier otro que pueda hacerles quedar en ridículo, por muy importante que sea. Dios dice que actuar así es ser evasivo e intentar engañarlo. Esto provoca la aversión y el aborrecimiento de Dios, y Él desechará a esas personas. Las palabras de Dios me llegaron al corazón ¿Acaso lo que Él exponía no era exactamente mi estado actual? Cuando el supervisor me pidió el currículum, me mostré muy susceptible. Me aterraba la idea de que me ascendieran al equipo de corrección de textos, pues sentía que ese deber sería demasiado difícil y que las exigencias serían muy altas. Pensaba que, si iba y seguía siendo la peor de todos como antes, quedaría en ridículo; y que, si terminaban podándome o destituyéndome, sería todavía más humillante. En cambio, seleccionar los artículos de testimonios vivenciales en la iglesia no suponía ninguna presión y, además, podía ganarme la admiración de los hermanos y hermanas. Por eso, no quería ir a cumplir mi deber en el equipo de corrección de textos, y fue por eso que me resistí a enviar mi currículum. Cuando supe que tenía que ir a cumplir mi deber al equipo de corrección de textos, el corazón se me agitó aún más y me llené de resistencia. Quise buscar una excusa para rechazarlo e, incluso después de haber aceptado unirme al equipo, aún quería echarme atrás. Cuando me ascendieron, en lo único que pensé fue en qué podía hacer para salvar las apariencias. ¿Acaso no estaba siendo evasiva e intentaba engañar a Dios? Había sido muy egoísta y falsa. No había sido considerada con las intenciones de Dios en lo más mínimo, ni había pensado en los intereses de la iglesia.

Empecé a reflexionar: “¿Por qué en cuanto se tocan mi orgullo y mi estatus soy incapaz de someterme y no puedo evitar rebelarme contra Dios?”. Leí un pasaje de las palabras de Dios y me di cuenta de cuál era la raíz de mi problema. Dios dice: “El aprecio de los anticristos por su reputación y estatus va más allá del de la gente corriente y forma parte de su esencia-carácter; no es un interés temporal ni un efecto transitorio de su entorno, sino algo que está dentro de su vida, de sus huesos y, por lo tanto, es su esencia. Es decir, en todo lo que hacen los anticristos, lo primero en lo que piensan es en su reputación y su estatus, nada más. Para los anticristos, la reputación y el estatus son su vida y el objetivo que persiguen a lo largo de toda su existencia. En todo lo que hacen, su primera consideración es: ‘¿Qué pasará con mi estatus? ¿Y con mi reputación? ¿Me dará una buena reputación hacer esto? ¿Elevará mi estatus en la opinión de la gente?’. Eso es lo primero que piensan, lo cual es prueba fehaciente de que tienen el carácter y la esencia de los anticristos; y por eso consideran las cosas de esta manera. Se puede decir que, para los anticristos, la reputación y el estatus no son un requisito añadido ni mucho menos cosas que son externas a ellos de las que podrían prescindir. Forman parte de la naturaleza de los anticristos, los llevan en los huesos, en la sangre, son innatos en ellos. Los anticristos no son indiferentes a la posesión de reputación y estatus; su actitud no es esa. Entonces, ¿cuál es? La reputación y el estatus están íntimamente relacionados con su vida diaria, con su estado diario, con aquello que buscan día tras día. Para los anticristos, el estatus y la reputación son su vida. Sin importar cómo vivan, el entorno en que vivan, el trabajo que realicen, lo que busquen, los objetivos que tengan y su rumbo en la vida, todo gira en torno a tener una buena reputación y un estatus alto. Y este objetivo no cambia, nunca pueden dejar de lado tales cosas. Este es el verdadero rostro de los anticristos y su esencia. Podrías dejarlos en un bosque primitivo en las profundidades de las montañas y seguirían sin desprenderse de su búsqueda de reputación y estatus. Podrías colocarlos en medio de cualquier grupo de gente e, igualmente, no pueden pensar más que en reputación y estatus. Si bien los anticristos creen en Dios, equiparan la búsqueda de reputación y estatus con la fe en Dios y colocan ambas cosas en pie de igualdad. Es decir, a medida que recorren la senda de la fe en Dios, también persiguen la reputación y el estatus. Se puede decir que, en el corazón de los anticristos, la búsqueda de la verdad al creer en Dios es la búsqueda de reputación y estatus, y la búsqueda de reputación y estatus es también la búsqueda de la verdad; adquirir reputación y estatus supone adquirir la verdad y la vida. Si les parece que no tienen fama, provecho ni estatus, que nadie los respeta, los tiene en alta estima ni los sigue, se desaniman, creen que no tiene sentido creer en Dios, que no sirve de nada, y por dentro se preguntan: ‘¿He fallado al creer en Dios de esta manera? ¿Acaso no hay esperanza para mí?’. A menudo sopesan estas cuestiones en su corazón. Sopesan cómo pueden hacerse un lugar en la casa de Dios, cómo pueden obtener una gran reputación en la iglesia, cómo pueden lograr que la gente los escuche cuando hablan y les cante alabanzas cuando actúan, cómo pueden hacer que la gente los siga sin importar dónde estén, cómo pueden ser una voz influyente en la iglesia, así como fama, provecho y estatus; tales son las cosas en las que de verdad se concentran en su fuero interno, son las cosas que buscan. ¿Por qué siempre les están dando importancia a esas cosas? Tras leer las palabras de Dios, tras escuchar sermones, ¿realmente no entienden todo esto? ¿De verdad no son capaces de discernirlo todo? ¿Realmente las palabras de Dios y la verdad no pueden cambiar sus nociones, ideas y opiniones? No es así en absoluto. El problema radica en ellos, se debe enteramente a que no aman la verdad, porque, en su corazón, sienten aversión por la verdad y, como resultado, no la aceptan en absoluto, lo cual viene determinado por su esencia-naturaleza(La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 9 (III)). El desenmascaramiento de las palabras de Dios me llenó de vergüenza y culpa. El carácter que yo estaba revelando era el mismo que el de un anticristo: Yo también consideraba la reputación y el estatus como si fueran mi propia vida. Vivía según venenos satánicos como “El orgullo es tan necesario para la gente como respirar”, “El hombre deja su reputación allá por donde va, de la misma manera que un ganso grazna allá por donde vuela” y “Es mejor ser cabeza de ratón que cola de león”. Creía que, fuera cual fuera la situación, solo podría vivir una vida de prestigio y dignidad ganándome la admiración y la aprobación de quienes me rodeaban. Pero ser inferior a los demás en todos los sentidos… eso sería una forma asfixiante y patética de vivir. Cuando estaba en el mundo exterior, siempre prefería juntarme con personas que fueran inferiores a mí, pues sentía que así podría destacar. No quería relacionarme con los que eran mejores que yo, ya que sentía que a su lado yo sería inferior y no podría destacar. Después de empezar a creer en Dios, seguí con esta misma mentalidad; hice de la admiración de los demás el objetivo de mi búsqueda y el valor de mi vida. Sin importar el momento ni el lugar, solo pensaba en mi imagen y mi estatus. Cuando cumplí mi deber en el equipo de corrección de textos, al ver que las hermanas con las que colaboraba eran mejores que yo en todos los aspectos y que yo no tenía punto de comparación con ellas, me sentí reprimida y muy triste, y me hundí en el tormento. Estaba tan negativa que no tenía ánimos para cumplir mi deber. Tras regresar a la iglesia a realizar mi deber, no solo no reflexioné sobre mis problemas, sino que seguí persiguiendo la reputación y el estatus. Al ver que era mejor que los demás y que mi deseo de orgullo y estatus quedaba satisfecho, me puse contenta y disfruté mucho esa sensación. Con este ascenso, sabía muy bien que debía ser considerada con las intenciones de Dios, y aceptar y someterme. Sin embargo, por el miedo a perder mi imagen y mi estatus, me llené de resistencia y solo quería rechazar el deber. A pesar de que lo acepté a regañadientes, en cuanto pensaba en que sería la peor del equipo y que sería inferior a los demás, Sentía como si me estuvieran quitando la vida; me sentía abatida y desganada. Hasta me arrepentí de haber aceptado el deber y quería echarme atrás en el último minuto. De principio a fin, lo único que yo había perseguido era la reputación y el estatus; me encantaba que los demás me admiraran y me apoyaran. Iba por la senda de un anticristo. Dios es supremo y, sin embargo, es humilde y se oculta; nunca presume para que los demás lo admiren. Y yo, una persona profundamente corrompida por Satanás, llena de inmundicia y sin nada digno de elogio, seguía queriendo siempre que los demás me admiraran. ¡No tenía vergüenza! Para mí, la reputación y el estatus eran más importantes que la verdad, y más importantes que cumplir mi deber como ser creado. Para proteger mi imagen y mi estatus, hasta quise rechazar el deber; ¡realmente no tenía nada de humanidad! Pensé en cómo Pablo siempre persiguió la reputación y el estatus para que la gente lo admirara y venerara, pero no persiguió la verdad ni se conocía a sí mismo. Su carácter no cambió en absoluto, y tampoco tenía un verdadero temor a Dios ni sumisión a Él. Hasta llegó a testificar que para él, vivir era Cristo. Aunque tenía una gran reputación y se ganó la admiración y la adoración de la gente, lo que hizo ofendió el carácter de Dios. Era un anticristo empedernido, y al final Dios lo descartó y lo castigó. Si no me arrepentía, yo también terminaría siendo descartada y castigada como Pablo. Al darme cuenta de esto, le oré a Dios: “Oh, Dios, en mi corazón, rechacé mi deber por la reputación y el estatus, y no tengo una verdadera sumisión a Ti. De verdad que no soy digna de vivir ante Ti. Ya no quiero vivir más según los venenos de Satanás; estoy dispuesta a rebelarme contra mí misma y a practicar la verdad para complacerte. Por favor, guíame”.

Más tarde, leí más palabras de Dios y aprendí cómo debía practicar para estar en sintonía con Sus intenciones. Dios dice: “Ninguno de vosotros está haciendo su deber en la casa de Dios ahora mismo por accidente; no importa de qué trasfondo provenga cada uno de vosotros para hacer su deber, no fue por casualidad. Ninguna de las personas que realizan deberes en la casa de Dios fue seleccionada al azar por alguien; no importa qué deber realice una persona, fue preordinado por Dios antes de los tiempos. […] tu altura, tu apariencia, cómo son tus ojos, tu figura, tu estado de salud, cuáles son tus experiencias de vida y de qué deberes eres capaz de asumir a cierta edad, y qué clase de calibre y habilidad posees; todo ello te lo predestinó Dios hace mucho, y desde luego no es algo que se esté disponiendo ahora. Dios lo predestinó para ti hace mucho, es decir, si Él tiene intención de utilizarte, ya te habrá preparado antes de confiarte esta comisión y esta misión. Entonces, ¿es aceptable que huyas de ellas? ¿Es aceptable que las hagas a medias? Ambas cosas son inaceptables; ¡eso sería defraudar a Dios! Renunciar a tu deber es la peor clase de rebeldía. Es un acto atroz. Dios lo ha pensado con gran detenimiento, preordinando desde tiempos inmemoriales que llegaras hasta hoy y recibieras esta misión. ¿No es esta misión entonces tu responsabilidad? ¿No es lo que da valor a tu vida? […] Solo cuando has desempeñado bien tu deber, has completado la comisión de Dios, vives toda tu vida para tu misión y la comisión que Dios te ha asignado, tienes un hermoso testimonio, y vives una vida con valor, ¡solo entonces eres una persona de verdad! ¿Y por qué digo que eres una persona de verdad? Porque Dios te ha escogido y te ha hecho realizar tu deber como ser creado dentro de Su gestión. Este es el mayor valor y significado en tu vida(La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte). “Para todos los que hacen un deber, da igual lo profundo o superficial que sea su entendimiento de la verdad, la práctica más sencilla para entrar en la realidad-verdad es pensar en los intereses de la casa de Dios en todo momento, desprendiéndose de sus propios deseos egoístas, de las intenciones, motivos, orgullo y estatus personales, así como poniendo los intereses de la casa de Dios en primer lugar; esto es lo mínimo que deben hacer. Si una persona que lleva a cabo un deber ni siquiera puede hacer esto, entonces ¿cómo se puede decir que está llevando a cabo su deber? Esto no es llevar a cabo el propio deber. Primero debes pensar en los intereses de la casa de Dios, ser considerado con las intenciones de Dios y tener en cuenta la obra de la iglesia. Antepón estas cosas a todo; solo después de eso puedes pensar en la estabilidad de tu estatus o en cómo te consideran los demás. Divididlo en dos pasos, haciendo una pequeña concesión. ¿No sentís que esto facilita un poco las cosas? Si practicas así durante un tiempo, llegarás a sentir que satisfacer a Dios no es algo difícil. Además, si puedes cumplir con tus responsabilidades, tus obligaciones y tu deber; dejar a un lado tus deseos egoístas, intenciones y motivos; tener en consideración las intenciones de Dios; y poner en primer lugar los intereses de la casa de Dios, el trabajo de la iglesia y el deber que se supone que debes realizar, entonces, después de experimentar así durante un tiempo, sentirás que comportarse de esta manera es bueno, que la gente debería vivir de manera honesta y franca, y que no deberían llevar una existencia pusilánime, sórdida y vulgar, sino que deberían ser íntegros y rectos. Sentirás que esta es la imagen que una persona debería vivir. Poco a poco, disminuirá tu deseo de satisfacer tus propios intereses(La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. La libertad y la liberación solo se obtienen desechando las actitudes corruptas). Leer las palabras de Dios me reconfortó el corazón; me sentí animada y sentí que tenía una senda a seguir. Cuál es mi calibre, qué experiencias tengo y qué deberes cumplo en determinado momento… todo esto ha sido predestinado por Dios hace mucho tiempo. Hoy me han ascendido para que cumpla mi deber colaborando con hermanos y hermanas que tienen mejor calibre que yo. No fue el arreglo de ninguna persona, ni nadie me estaba complicando las cosas a propósito para que quedara en ridículo. Todo se debía a la soberanía y los arreglos de Dios. Como ser creado, tenía que someterme incondicionalmente, dejar a un lado mi imagen y mi estatus, y poner los intereses de la iglesia en primer lugar. Solo así se puede vivir de forma abierta y honesta. Al entender las intenciones y exigencias de Dios, mi corazón se sintió en paz. Recordé que en los últimos años había estado haciendo un deber relacionado con textos y que había captado algunos principios. Ahora, el supervisor me había asignado este deber de acuerdo con los principios. Tenía que dejar a un lado mi orgullo y mis intereses, aceptar el deber y esforzarme al máximo en el trabajo. Si, a pesar de mis esfuerzos, seguía siendo la peor del equipo, o si después de un tiempo me destituían de nuevo por no dar la talla en el deber, también lo aceptaría y me sometería; ya no quería seguir atada y limitada por el orgullo.

Al reflexionar sobre mí misma, me di cuenta de que tenía un punto de vista equivocado. Siempre pensaba que, como tenía un calibre escaso, sin duda no podría cumplir bien mi deber, lo cual no concuerda con la verdad. Leí las palabras de Dios: “Debéis considerar lo siguiente: ¿están la comprensión y la obtención de la verdad relacionadas con el aspecto de las personas, su calibre, su nivel de educación, el contexto de su nacimiento, su edad, su entorno familiar, sus puntos fuertes o las habilidades profesionales que dominan? Se podría decir que básicamente no tienen nada que ver. Algunas personas son de cierto escaso calibre, pero tienen los pies en la tierra. Utilizan toda la energía de la que disponen, no son escurridizas ni engañosas, son concienzudas y asumen su responsabilidad. Si cometen errores, son capaces de aceptar la verdad y practicar según los principios; cuando tienen dificultades, son capaces de buscar la verdad. Los resultados de la realización de su deber no paran de mejorar, y aunque la gente dotada las desprecia, a Dios le gustan ese tipo de personas. Cuando Dios concede gracia a las personas y les permite comprender la verdad, no se fija en su apariencia, su nivel de educación, la calidad de su calibre o su elocuencia; Dios no se fija en nada de eso(La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Al entregar el corazón a Dios, se puede obtener la verdad). “¿Qué es lo más importante en lo que debemos centrarnos a la hora de creer en Dios? Que la aptitud de alguien sea o no mediocre, que tenga comprensión espiritual o que afronte un tipo u otro de poda no es importante. ¿Qué es lo más importante hoy en día? Cómo entráis en las realidades-verdad. Para hacerlo, ¿qué es lo mínimo que alguien debe tener? Debe poseer un corazón sincero. ¿Qué quiere decir ser sincero? Significa no ser escurridizo cuando te suceda algo, obviar los intereses propios, no conspirar contra los demás y no jugar al engaño con Dios. Si eres capaz de engañar a Dios y no eres sincero con Él, entonces estás completamente acabado y Dios no te salvará. Así pues, ¿qué sentido tiene comprender la verdad? […] No importa lo buena que parezca tu aptitud, lo inteligente, elocuente o capaz que seas, o lo bien que se te dé gestionar un problema, todo eso no sirve de nada y no es la cuestión clave. Entonces, ¿cuál es la cuestión clave? Que el corazón de esa persona ame la verdad. No se trata de escuchar cómo habla, sino de observar cómo actúa. Dios no se fija en lo que dices o prometes ante Él, sino en si lo que haces tiene realidad-verdad. Dios no se fija en lo elevadas, profundas o grandes que sean tus palabras. Aun cuando hagas algo pequeño, si percibe tu sinceridad en cada uno de tus actos, dirá: ‘Esta persona cree sinceramente en Mí. Nunca ha hecho afirmaciones grandilocuentes. Se mantiene en la posición que le corresponde. Aunque no haya hecho una gran contribución a la casa de Dios y tenga poca aptitud, en todo lo que hace es muy centrada y sincera’. ¿Qué abarca esa ‘sinceridad’? Contiene temor y sumisión a Dios, así como fe y amor verdaderos; dentro de ella está todo lo que Dios quiere ver(La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte). Por las palabras de Dios, vi que el calibre no es el factor más decisivo para poder realizar bien tu deber. En el pasado, me relacioné con varios hermanos y hermanas que tenían muy buen calibre. Al leer los principios, no solo lograban entender los puntos principales, sino también hacer inferencias, y muchos los envidiaban y admiraban. Pero tenían un carácter especialmente arrogante, y no aceptaban la verdad en lo más mínimo. Cuando los podaban, se volvían negativos, se resistían e, incluso, se daban aires de grandeza y abandonaban su deber. Al final, fueron destituidos y descartados. Otros tenían dones, eran elocuentes y muy eficientes en su trabajo, pero se empeñaban en perseguir la reputación y el estatus; reprimían y excluían a quienes no estaban de acuerdo con ellos, y hacían toda clase de maldades. Al final, los expulsaron. Por otro lado, aunque el calibre de algunos hermanos y hermanas era normal, cumplían su deber de todo corazón, y eran capaces de hacer sacrificios y esforzarse Hacían todo a conciencia y lograban identificar sus desviaciones y corregirlas rápidamente, así que cada vez cumplían mejor su deber. Pensándolo bien, mi destitución anterior no se debió únicamente a que mi calibre no estuviera a la altura, sino a que no me ocupaba de mis asuntos y solo perseguía la reputación y el estatus. Me destituyeron solo porque, cuando me podaron, no lo acepté ni cambié de actitud. En realidad, aunque mi calibre es promedio, Dios no me ha tratado injustamente. Cuando corregía mis intenciones, ponía el corazón en mi deber y pagaba un precio, también podía sentir la guía de Dios y entender algunos principios; así que no es que no diera la talla en absoluto. Tener de nuevo la oportunidad de ser ascendida para realizar mi deber en este equipo era la gracia de Dios, y debía esforzarme por cumplir bien mi deber para devolverle a Dios Su amor. Pensé en más palabras de Dios: “Las funciones no son las mismas. Solo hay un cuerpo. Cada uno de vosotros debéis hacer vuestro deber, cada uno en vuestro lugar y haciendo vuestro mejor esfuerzo —por cada chispa debería haber un destello de luz— y debéis buscar la madurez en la vida. Así estaré satisfecho(La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Declaraciones de Cristo al principio, Capítulo 21). Las palabras de Dios me alegraron aún más el corazón El calibre y las fortalezas que Dios da a cada persona son diferentes, y todos tienen puntos fuertes y defectos. Si eres capaz de encontrar tu propio lugar y desempeñar bien tu función mientras persigues la verdad y te centras en la entrada en la vida, entonces Dios estará satisfecho. Aunque mi calibre es medio, estoy dispuesta a colaborar en armonía con los hermanos y hermanas, suplir mis deficiencias con sus puntos fuertes y hacer todo lo que pueda; centrarme en reflexionar sobre mí misma y perseguir la verdad en mi deber; y someterme de buena gana a las orquestaciones y arreglos de Dios, usando mis experiencias reales para dar testimonio de Dios. Al pensar así, mi corazón se sintió muy tranquilo y pude afrontar mi deber con serenidad.

Tras unirme al equipo, vi que la líder del equipo, Xiao Ran, tenía una mente ágil, reaccionaba rápido y también era muy eficiente en su trabajo; otra hermana, Wang Li, tenía mala salud, pero un buen calibre y una gran capacidad de trabajo. A pesar de su enfermedad, hacía más trabajo que la líder del equipo y yo juntas. Sentí que nunca podría igualarla, y me dio muchísima envidia. Cuando el supervisor compartía sobre los principios y nos hablaba del trabajo, yo sentía claramente que mis reacciones eran más lentas que las de las demás. Al revisar los artículos juntas, Xiao Ran solía detectar los problemas antes que yo; siempre sentía que estaba un escalón por debajo de las demás. Xiao Ran no solo terminaba su trabajo con facilidad todos los días, sino que hasta me ayudaba a procesar cartas que eran parte de mi responsabilidad. Yo, en cambio, siempre estaba agobiada y ni siquiera podía terminar el trabajo ni encargarme de las cartas que me correspondían. El supervisor me animó y me consoló, diciendo que al principio era normal sentirse abrumada y no saber por dónde empezar, y que todo mejoraría cuando me acostumbrara. Pero pensé: “Las dos hermanas con las que colaboro tienen buen calibre y son muy eficientes, y yo simplemente no puedo seguirles el ritmo. Por mucho que me esfuerce, no voy a poder superarlas. Está claro: seguro voy a volver a ser la peor del equipo”. Al pensar en que de ahí en adelante tendría que vivir todos los días con la etiqueta de ser la peor, mi corazón se angustió un poco, y me sentí oprimida e irritable. En ese momento, me di cuenta de que estaba viviendo de nuevo según el orgullo y el estatus. Entonces le oré a Dios: “Oh, Dios, mi corrupción es demasiado profunda, y estoy demasiado atado a la reputación y al estatus Necesito Tu salvación. Por favor, guíame para rebelarme contra mí misma y practicar la verdad”. Después de orar, leí las palabras de Dios: “Debes tener la mentalidad de someterte a Dios y perseguir la verdad, y tener la disposición de someterte a Dios de manera proactiva, y no debes oponerte a Él. Incluso si Dios bendice a otros pero no te bendice a ti, o si Dios obviamente esclarece y guía a otros pero no te esclarece ni te guía a ti, o si Él promueve a otros pero no te promueve a ti, no deberías enfadarte ni sentir celos. ¿Por qué es esto? Que Dios actúe de esta manera tiene su propósito y significado, y Él tiene la libertad de actuar como desee. Nunca debes olvidar que eres un ser creado, y no puedes hacerle exigencias irrazonables a Dios. Si Dios usa a otros y no te usa a ti, y no te permite ser líder, entonces simplemente deberías ser un seguidor; lo correcto es que simplemente te sometas a Dios. Puede ser que seas incapaz de asumir el trabajo de la iglesia porque tu calibre no está a la altura, o puede ser que simplemente no poseas esa estatura. Si se te pidiera que asumieras el trabajo, y Dios te diera más esclarecimiento que a los demás, es probable que esto alimentara tu carácter arrogante. Por tanto, el hecho de que Dios no te haya esclarecido ni te haya permitido ser líder es una forma de protegerte; debes entender las intenciones meticulosas de Dios. Dios en absoluto alberga motivos ocultos hacia ti; en cambio, tiene intenciones meticulosas. Debes tener sumisión a Dios; incluso si no lo entiendes, deberías someterte, y deberías someterte hasta el final. […] Dios actúa con libertad, pero algunas personas no poseen razón y siempre le hacen exigencias a Dios. Dicen: ‘Dios no es justo. ¿Por qué deja que esa persona destaque y que la vean? ¿Por qué la usa a ella y no a mí?’. Si se te usara, ¿podrías hacer bien el trabajo? Siempre quieres destacar, ser visto y lucirte; si se te usara, solo serviría para fortalecer tus actitudes corruptas. La elección de la casa de Dios de usar o no a alguien se basa en los principios-verdad. Cuando te encuentres en esta situación, debes someterte y buscar la verdad. Si, a través de buscar la verdad, reflexionar sobre ti mismo y diseccionarte, ves que tu deseo y ambición de estatus y prestigio siguen siendo muy fuertes, entonces deberías darte cuenta de que es completamente razonable que Dios use a otros y no te use a ti, y que también es una forma de protegerte. Con independencia de si concuerda con tus nociones y de si puedes aceptarlo, en resumen, deberías adoptar la perspectiva y el lugar de un ser creado y mantener una actitud de sumisión, o al menos la disposición a someterte(La Palabra, Vol. VII. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (32)). Las palabras de Dios me alegraron el corazón de inmediato, y también comprendí las meticulosas intenciones de Dios. Como mi deseo de reputación y estatus era demasiado fuerte, disfrutaba mucho esa sensación de ser admirada por los demás cuando los hermanos y hermanas acudían a mí con dudas sobre la evaluación de artículos en la iglesia. Esto hizo que mi carácter arrogante se inflara cada vez más; me volví autocomplaciente y no me esforzaba por avanzar. Ahora, al estar frente a personas que son mejores que yo, por fin puedo ver con claridad mi verdadera estatura y reconocer mis deficiencias. Esto puede impulsarme a equiparme más con los principios-verdad y a progresar en el cumplimiento de mi deber. Esta también es una buena oportunidad para buscar la verdad y para que mi vida crezca. Si no hubiera pasado por este ascenso, seguiría elogiándome a mí misma y disfrutando descaradamente de la admiración de los demás. Lo que Dios ha hecho es muy beneficioso para mí y me está protegiendo; estoy dispuesta a someterme a las orquestaciones y arreglos de Dios, centrarme en perseguir la verdad, esforzarme más en los principios, aprovechar los puntos fuertes de los demás para suplir mis deficiencias y asumir mi deber lo antes posible.

Más adelante, Xiao Ran logró señalar algunas desviaciones en todos los artículos que yo entregaba y, siempre que le preguntaba por las dificultades con las que me topaba, ella respondía con facilidad. Cuando pasaban estas cosas, yo seguía sintiendo que era muy incompetente, y hasta extrañaba los días en que cumplía mi deber en la iglesia y los demás me envidiaban y admiraban. Sin embargo, oraba conscientemente para rebelarme contra la carne y no dejarme limitar por la vanidad, sabiendo que todo lo que Dios dispone es lo mejor. Mi capacidad de comprensión es mala, y poder entender los principios y ganar algunas cosas a través de la plática de los demás es la gracia de Dios. Aunque el hecho de que me pasaran estas cosas reveló muchas de mis deficiencias y defectos, aprendí a orarle más a Dios cuando me ocurren cosas, a dejar a un lado mi orgullo y a pedirles más consejo a los hermanos y hermanas. Gracias a la ayuda de todos, logré una comprensión más clara de los principios-verdad en varios aspectos, y he progresado un poco en comparación con el pasado, tanto en el cumplimiento de mi deber como en mi entrada en la vida. ¡Le agradezco a Dios desde el fondo de mi corazón!

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