Lo que aprendí de la expulsión de una malhechora

31 Ene 2022

Por Songyi, Países Bajos

En marzo de este año asumí un deber de líder. Cuando conocí a la supervisora, descubrí que unos líderes del grupo de riego eran mandones con la gente y la apremiaban en el deber, mientras ellos estaban de brazos cruzados. No entendían los problemas reales del grupo, por lo que daban discursos vacíos y hacían cumplir las reglas sin compartir una senda práctica. Les enseñamos que liderar no era solo decirle a la gente lo que tenía que hacer, sino también proveer riego práctico a los nuevos fieles y trabajar en colaboración con los demás. No obstante, días después aún no habían tomado ninguna medida real. Lo investigué y descubrí que una líder de equipo, Gao, estaba sembrando el caos. No hacía un trabajo práctico e incitaba a los otros líderes de equipo diciéndoles que la supervisora y yo les hacíamos regar a los nuevos fieles, lo que no les dejaba tiempo para seguir el trabajo de sus equipos, lo que debía de significar que no necesitábamos que lo hicieran más. Entonces, ¿cuál era su responsabilidad? También decía que la supervisora era principiante, así que ¿cómo iba a saber hacer bien el trabajo? Básicamente alegaba que, como la supervisora no tenía experiencia de riego, no podía darles orientación práctica, así que no debían hacerle caso. Cuando la supervisora descubría problemas en el trabajo de ellos, hablaba con bastante dureza, cosa que Gao criticaba diciendo que había reñido con insolencia a la gente. Gao, además, difundía rumores, haciendo como que quería buscar, de que, al ser la supervisora principiante, sin duda el trabajo de ellos se resentiría, y de que la líder superior infringió los principios sobre nombramientos. Pero, en realidad, la líder superior, la hermana Liu, había ascendido a la supervisora según los principios. No tenía mucha experiencia de riego a nuevos fieles, pero sí aptitud y capacidad y soportaba una carga en el deber; podía ser promovida. Asimismo, sabía detectar problemas y guiar la labor del equipo y había progresado un poco en el riego a nuevos fieles. Sin embargo, Gao no dejaba de sostener que no era apta, de atacarla y de insistir en que no era adecuada para el puesto. También difundía rumores de que la líder superior nombraba sin principios a la gente, lo que causó prejuicios en otras personas contra la líder y la supervisora e hizo que aquellas se negaran a realizar el trabajo. Esto perturbó el deber de esos líderes y el trabajo de la casa de Dios. Gao, además, compartía en las reuniones algunas falsedades con las que sutilmente insultaba y atacaba a la líder superior y a la supervisora. Por ejemplo, dijo que se había dado cuenta de que ambas no habían organizado bien cierta tarea. Gao lo había sacado a colación, pero ninguna de las dos entendía el trabajo ni aceptó su sugerencia. Gao no quiso insistir y luego advirtió que realmente había un problema. Sin embargo, para nada sucedió eso en realidad. Habló de forma difusa adrede para que pareciera que las líderes no entendían su trabajo y estaban frenándola, negándose a aceptar sus consejos y sofocándola por defender los intereses de la casa de Dios, de modo que todos se compadecieran de ella y le dieran la razón. Gao siempre despreciaba y juzgaba a los líderes y supervisores, cosa que los demás habían hablado con ella muchas veces, pero no se había arrepentido para nada de ello. No se trata de exhibir algo de corrupción, sino de un problema de naturaleza.

Recordé las palabras de Dios acerca de denunciar a alguien así. Dios Todopoderoso dice: “En la vida de la iglesia, ¿qué personas, asuntos y cosas tienen relación con la cuestión de competir por el estatus? ¿Qué manifestaciones de la competencia por el estatus, en su naturaleza, tienen relación con ser obstructivas y perturbadoras de la obra de la casa de Dios? La más común es competir con los líderes de la iglesia por su estatus en esta con el fin de ganar el control de los escogidos, a menudo denigrando, lanzando calumnias y condenando a los líderes de la iglesia, y exponiendo deliberadamente los fallos y deficiencias en su humanidad o sus problemas de calibre, en particular cuando se trata de errores que han cometido en su trabajo o al tratar con la gente. Esta es la competencia por el estatus más habitual y descarada. ¿Qué otras manifestaciones existen? La competencia abierta por el estatus con los líderes de la iglesia: no obedecerles, independientemente de lo bien que hagan su trabajo, de si este se conforma o no a los principios, y de si aparecen o no problemas en su humanidad. ¿Por qué no les obedecen? Porque la persona que compite por estatus también quiere ser líder. Por tanto, da igual lo que haga un líder que ha sido elegido o designado, ellos lo desprestigian y lo condenan. No hacen uso de los principios que la casa de Dios requiere de los líderes y de los obreros para medir o ver si lo que hace tal líder está de acuerdo con los principios, si son personas correctas, si se trata de alguien que busca la verdad, si existe conciencia y sentido en su humanidad; no actúan de acuerdo con tales cosas. En su lugar, como corresponde a sus propias ambiciones, motivaciones y objetivos, se dedican constantemente a criticar, ponerse quisquillosos y apretarle las tuercas al líder o al obrero, difunden rumores a sus espaldas respecto a que violan la verdad, o sacan a relucir sus defectos. Pueden decir, por ejemplo, que ‘tal líder cometió una vez este error y fue tratado por lo Alto, cosa que ninguno sabéis; así de bien se le da aparentar’. Ignoran y pasan por alto si este líder u obrero está siendo entrenado por la casa de Dios, si está cualificado, sino que sencillamente le arrojan calumnias, chismes, y maquinan en su contra a sus espaldas. ¿Y con qué fin hacen tales cosas? Para competir por el estatus, ¿verdad? Todo lo que dicen y hacen tiene un objetivo. No es para el bien de la obra de la iglesia y no se basa en las palabras de Dios ni en la verdad, menos aún en los arreglos de trabajo de la casa de Dios o en los principios que Dios requiere del hombre, sino en sus propias ambiciones y objetivos. Replican a todo lo que dice el líder o el obrero con sus propias ‘percepciones’; rechazan cualquier cosa que dices con una opinión propia diferente. Se alegran especialmente cuando un líder o un obrero se abre y se expone, y habla de autoconocimiento; creen haber hallado su oportunidad. ¿Qué oportunidad? La de denigrar al líder o al obrero, hacer ver a todos que existe un problema con su calibre, que pueden ser débiles, que son corruptos, que a menudo se equivocan en las cosas que hacen, que no son mejores que los demás. Es su oportunidad para apretarles las tuercas, para animar a todo el mundo a subvertirse, a socavar y a criticar al líder o al obrero. Y la motivación de todos estos comportamientos y acciones no es otra que competir por el estatus”. “Clamar abiertamente contra un líder o un obrero y competir con ellos por el estatus no solo debe ser objeto de restricciones y limites; si la situación se torna grave, y cumple las condiciones para la eliminación y la expulsión, entonces debe ser tratada según el principio. Además, tratan de alienar y atacar a las personas que son más aptas para buscar la verdad en la iglesia, ya que las personas que buscan la verdad tienen un entendimiento puro, tienen experiencia de las palabras de Dios, perspectiva sobre ellas, un anhelo por ellas, y entre los hermanos y las hermanas, estas personas a menudo son capaces de resolver los problemas por medio de la comunicación de la verdad, y así edifican a los escogidos de Dios y ganan poco a poco prestigio en la iglesia. Aquel que ataca o trata de alienar a las personas que buscan la verdad está perturbando y alterando directamente la vida de iglesia. Puede que no apunten directamente a los líderes de la iglesia, pero tienen una antipatía particular hacia las personas en ella que tienen experiencias reales, que poseen la realidad de la verdad, que entienden y aman la verdad. Alienan, socavan y desprecian a esas personas, a menudo se burlan de ellas y las rebajan, incluso tendiéndoles trampas, maquinando contra ellas y demás. Aunque estos problemas son menos serios que competir con los líderes y obreros por el estatus, todavía perturban y alteran la vida de iglesia. Y, por ser obstructivas y perturbadoras, estas personas deben ser restringidas y mantenidas bajo control. Y si un gran número de hermanos y hermanas en la iglesia se ven afectados, si a menudo se ven reducidos a la negatividad y la debilidad, entonces no solo se ha de mantener bajo control a tales personas, sino que se ha de purgarlas o separarlas del resto para que reflexionen sobre sí mismas. Si son de naturaleza obstructiva y perturbadora, entonces, todas las cuestiones de esta clase son del tipo habitual. Si dos personas se pelean de vez en cuando por una cosa concreta, si son díscolos y quejumbrosos el uno con el otro debido a diferencias en su personalidad, en la forma de ver las cosas o en la forma de expresarse, entonces actuar ocasionalmente de esta manera no está asociado con ser de naturaleza obstructiva y perturbadora. De lo que hablamos es de que la naturaleza de esto ha llegado al punto de ser obstructiva y perturbadora: son personas que actúan habitualmente de esta manera, que tratan de socavar, alienar, burlarse y conspirar contra cualquiera que tenga experiencias reales y que las comparta. Actúan a menudo de esta manera, no soportan a las personas que son buenas: estas desencadenan algo en ellas, les enfurecen, y apuntan hacia cualquiera que sea bueno para intentar perjudicarles y hacerles sufrir. Tales personas ya han causado una grave obstrucción y perturbación de la vida normal y el orden de la iglesia, y los líderes y los obreros deben unirse a los hermanos y a las hermanas para frenar, limitar y exponer a tales individuos. Si no es posible mantenerlos bajo control, si la comunicación con ellos no los hace arrepentirse o refrenarse, entonces, una vez que los hermanos y las hermanas hayan comunicado y llegado a un consenso, estas personas deben ser purgadas de la iglesia. No se les debe dar más margen de maniobra; no se debe tolerar más su perturbación de la vida de iglesia. Si toleras su maldad, no estás cumpliendo con tus responsabilidades hacia los hermanos y las hermanas” (‘Cómo identificar a los falsos líderes (14)’ en “Discursos de Cristo de los últimos días”). En las palabras de Dios aprendí que no fijarse en si los líderes son adecuados para el trabajo, si están en consonancia con los principios de la casa de Dios para la promoción de personas, criticarlos, tratar de apretarles las tuercas, juzgarlos a sus espaldas e intentar incitar a los demás a que se opongan a ellos y los tumben, eso es perturbar el trabajo de la casa de Dios. Hay que denunciar y refrenar a estas personas y, en casos graves, purgarlas de la iglesia. En comparación, Gao no se fijaba en si la supervisora conseguía resultados en el deber o no, en si su trabajo beneficiaba a la casa de Dios ni en si valía la pena formarla. Gao solo veía que no tenía su experiencia y decía que era una principiante que trataba de llevar la batuta. Tergiversaba los hechos, sembraba la discordia e hizo que los demás empezaran a tener prejuicios contra la supervisora y se negaran a seguir instrucciones. Esto dificultó el progreso de nuestra labor evangelizadora. No era que Gao exhibiera una corrupción momentánea; siempre ha sido así. Ya había perturbado gravemente la vida de iglesia y no era apta para ningún deber. Debería haberla destituido de inmediato según los principios. Luego, si no se arrepentía, sería expulsada de la iglesia. Sin embargo, dudé pensando que hacía un tiempo que ella era líder de equipo y hacía un buen papel. Los hermanos y hermanas no tenían mucho discernimiento y algunos la admiraban. Creían que tenía sentido de la justicia, una carga y amor en el deber. Si la destituía nada más incorporarme a la iglesia, ¿pensarían los hermanos y hermanas que era despiadada y cruel, que era dura? ¿Darían su visto bueno a mi liderazgo después de eso? No obstante, Gao era realmente malvada, se le daba bien echar leña al fuego y sembrar la discordia por detrás. Si la ofendía y ella me culpaba y juzgaba en medio de los demás, lo que encresparía mi relación con ellos, se me pondría mucho más difícil hacer mi trabajo. Supuse que no debía precipitarme a destituirla, sino que antes debía podarla, tratar con ella y exponer y analizar la esencia y las consecuencias de sus actos. Si lo admitía y cambiaba, aún tendría una oportunidad. Si no lo hacía y seguía juzgando a los líderes y obreros, podría ser expulsada.

Más adelante, la líder superior, la hermana Liu, y yo hablamos con Gao y otros implicados y les enseñamos los principios de selección de la casa de Dios, así como los antecedentes del ascenso de la supervisora. Además, expliqué que la conducta reciente de Gao y de algunos otros líderes de equipo suponía, en esencia, formar un bando, atacar a los líderes y obreros y ningunearlos, lo que perturba el trabajo de la casa de Dios. Si no cambiaban y continuaban haciendo todo esto, serían destituidos. Algunos líderes de equipo admitieron sus errores y dijeron que querían cooperar con la supervisora y hacer juntos el trabajo. Gao fue la única en no pronunciarse claramente. Días después, Gao se puso a rumorearle a otra hermana que la supervisora no estaba cualificada, que la líder había elegido mal. Esa hermana no se dejó engañar, sino que le habló de algunos principios. Como la hermana no le seguía el juego, Gao se detuvo ahí. Días más tarde, Gao envió un mensaje a otros líderes de equipo para engañarlos diciendo: “Me puse a la defensiva tras la comunión del otro día por miedo a ser destituida. ¿Sienten ustedes lo mismo? Ya no me atrevo a decir ni una palabra. Es como que ni siquiera podemos sugerir nada, no podemos opinar distinto, y si decimos lo que pensamos, nos destituirán y echarán de la iglesia. ¿Quién se atrevería a dar sugerencias?”. Luego afirmaba que el poco progreso de la iglesia se debía a los líderes, que no nombraban a la gente según los principios. Además, acudió a un hermano del equipo de evangelización con el pretexto de buscar esos principios y hablando pestes de la supervisora. Ese hermano sabía bastante del ascenso de la supervisora y le enseñó a Gao los principios de selección de personas de la casa de Dios. Más tarde le preguntó si lo había entendido. Respondió que sí y que ya no tenía prejuicios contra la supervisora. Él le preguntó si podría apoyar y trabajar en armonía con la supervisora, y ella juró que sí. Sin embargo, después habló en secreto con una hermana fingiendo que buscaba en comunión, pero no hizo más que quejarse tergiversando la verdad: “Nuestra líder, la hermana Liu, organizó las cosas de antemano con los demás hermanos y hermanas. Están confabulados. Liu es bastante poderosa y todos la temen. Me preocupa que, si sigo denunciando los problemas de la supervisora, esta empiece a tratarme como a un anticristo”. Lo que realmente significa eso es que la iglesia entera está a los pies de la hermana Liu, que ella para las denuncias de problemas. Vi lo escurridiza y astuta que era Gao, que solo fingía sometimiento. Muchísima gente le había enseñado los principios, pero se negaba a aceptarlos. No se arrepentía de juzgar a los líderes y obreros, sino que cada vez era más mentirosa y los atacaba desenfrenadamente. Instigaba la falta de armonía entre otras personas y los líderes y perturbaba constantemente la labor de la iglesia. Era un demonio, una esbirra de Satanás. En ese momento lamenté no haberla destituido; todos esos días que dudé le di más oportunidades de engañar a la gente. Sabía que Gao siempre despreciaba y juzgaba a las líderes y que perturbaba su trabajo, así que debí haberla destituido. Sin embargo, tenía miedo a lo que los demás opinaran de mí, por lo que quería ir despacio, enseñarle la verdad y reprenderla primero, y luego destituirla y expulsarla si seguía sin arrepentirse. De ese modo les resultaría convincente a los hermanos y hermanas y no pensarían mal de mí. Por preservar mi reputación y estatus, no mantuve a raya a Gao. Le di carta blanca para que perturbara la labor de la casa de Dios. ¿Acaso no participé en su maldad? Me resultó durísimo recapacitar acerca de lo que había hecho. Sentía que no había cumplido con mi deber de líder ni protegido los intereses de la casa de Dios. Dios aborrecía aquello. Así pues, oré para pedirle a Dios que me guiara para recapacitar y conocerme a mí misma.

En mis devociones del día siguiente vi un pasaje de las palabras de Dios sobre los anticristos que me ayudó a comprenderme mejor. Las palabras de Dios dicen: “Los anticristos consideran muy seriamente la manera de tratar los principios de la verdad, las comisiones de Dios y la obra de la casa de Dios, o cómo ocuparse de algo a lo que se enfrentan. No les importa cómo cumplir la voluntad de Dios, cómo evitar dañar los intereses de Su casa, cómo satisfacerlo o cómo beneficiar a los hermanos y a las hermanas; no son esas las cosas que les interesan. Lo que sí les importa a los anticristos es si su propio estatus y su reputación van a verse o no afectados, y si su prestigio podría disminuir. Si hacer algo de acuerdo con los principios de la verdad resultara en un beneficio para la obra de la iglesia y para los hermanos y las hermanas, pero provocara que su propia reputación se viera afectada y que mucha gente se diera cuenta de su verdadera estatura y supiera qué tipo de naturaleza y esencia tienen, entonces no cabe duda de que no van a actuar de acuerdo con los principios de la verdad. Si hacer algo de cierta manera les permite ganar un mayor prestigio dentro de la casa de Dios, de tal modo que más personas piensen bien de ellos, los respeten y los admiren; permite que sus palabras tengan autoridad y causen que más personas se sometan a ellos, entonces elegirán hacerlo así. De lo contrario, no se tomarán con seriedad alguna los intereses de la casa de Dios o de los hermanos y las hermanas, y entonces preferirán priorizar sus propios intereses. Esta es la naturaleza y la esencia de los anticristos. ¿Acaso no es egoísta y vil?” (‘Cumplen con su deber solo para distinguirse a sí mismos y satisfacer sus propios intereses y ambiciones; nunca consideran los intereses de la casa de Dios, e incluso los venden a cambio de su propia gloria (III)’ en “Desenmascarar a los anticristos”). Dios revela que los anticristos valoran mucho la reputación y el estatus y que todo lo hacen por eso. Solo hacen cosas que benefician a su estatus, pero si están en juego sus intereses, hacen oídos sordos a los problemas. Prefieren el perjuicio a los intereses de la casa de Dios antes que no defender los suyos. Mi conducta era justo la señalada por Dios sobre los anticristos. Bien sabía yo que limpiar por dentro la iglesia era lo que necesitaba la casa de Dios y Él ha dicho muchas veces que cuando alguien malvado perturbe la iglesia, los líderes y obreros deben despacharlo: denunciarlo, ponerle límites o purgarlo. La conducta de Gao ya era perturbadora para la labor de la iglesia, por lo que debería haber tratado con ella. Sin embargo, me preocupaba que los demás pensaran mal de mí y no me apoyaran como líder. Por preservar mi reputación y estatus, tan solo hablé un poco con ella y sabía que no lo había admitido, pero no le puse límites ni la destituí, así que tuvo ocasión de seguir sembrando la discordia y perturbando la labor de la iglesia. Estaba dispuesta a sacrificar los intereses de la casa de Dios por protegerme a mí misma. ¡Qué astuta, egoísta y despreciable! No había destituido a Gao según los principios ni guiado al resto para que comprendiera la verdad y cultivara el discernimiento. Por ello, muchos se dejaron engañar por Gao y se pusieron de su parte, lo que demoró la labor de la iglesia. Me sentí muy culpable y me embargaba el pesar. No creía merecer en absoluto ser líder. Oré: “Oh, Dios mío, en la iglesia surgió una malhechora perturbadora. Protegí mi reputación y estatus en vez de los intereses de la iglesia. Soy muy egoísta. No quiero continuar viviendo de forma tan vil. Quiero arrepentirme sinceramente ante Ti”.

Consulté con otros que conocían la situación para saber más sobre la conducta de Gao. Al investigarla, descubrí que algunos de ellos no la discernían a ella y creían que protegía rectamente la casa de Dios. Algunos conocían lo errado de su conducta, pero pensaban que simplemente no entendía los principios de la verdad. Les enseñé lo que son la rectitud y la arrogancia y la diferencia entre una transgresión momentánea y la naturaleza de alguien. Esto los ayudó a adquirir más discernimiento y estaban dispuestos a luchar y denunciarla. Pero, para mi sorpresa, cuando se la menté al hermano Wang, este respondió: “¿Por qué quieren saber de ella? Solo dio una pequeña sugerencia. ¿Por qué la atacan? ¿Por qué ustedes, los líderes, reprimen a quien tenga una idea y se lo hacen pasar mal? ¿Quién se atrevería a dar sugerencias? Su investigación hace que me dé miedo tener una opinión propia alguna vez. Ustedes se parecen mucho a los anticristos, que no permiten voces dispares”. Me asustó todo esto que oí. Jamás había imaginado que reaccionaría tan enérgicamente y diría que éramos injustos con ella. Me puse a hablarle pacientemente. No escuchaba, y seguía creyendo a Gao y que el problema radicaba en nosotros. Me dieron muchas ganas de rendirme. Sentía que mi entendimiento de la verdad era superficial y que me faltaba experiencia. Si continuaba ocupándome de esto, tal vez los demás me despreciaran. Luego me percaté de que de nuevo estaba empezando a pensar en mis intereses, así que oré en silencio a Dios y le pedí fe y fortaleza. Me acordé de este pasaje: “No siempre hagas las cosas para tu propio beneficio y no consideres constantemente tus propios intereses; no consideres tu propio estatus, prestigio o reputación. Tampoco tengas en cuenta los intereses humanos. Primero debes tener en cuenta los intereses de la casa de Dios y hacer de ellos tu principal prioridad. Debes ser considerado con la voluntad de Dios y empezar por contemplar si has sido impuro o no en el cumplimiento de tu deber, si has hecho todo lo posible para ser leal, por completar tus responsabilidades, y lo has dado todo, y si has pensado de todo corazón en tu deber y en la obra de la casa de Dios. Debes meditar sobre estas cosas. Piensa en ellas con frecuencia y te será más fácil cumplir bien con el deber. Si tu calibre es bajo, cuando tu experiencia es superficial o cuando no eres experto en tu ocupación profesional, puede haber algunos errores o deficiencias en tu obra y los resultados pueden no ser muy buenos, pero habrás hecho todo lo posible. Cuando no estás pensando en tus propios deseos egoístas o considerando tus propios intereses en las cosas que haces, y en su lugar le estás dedicando una consideración constante a la obra de la casa de Dios, pensando en sus intereses, y llevando a cabo bien tu deber, entonces estarás acumulando buenas obras delante de Dios. La gente que hace estas buenas obras es la que posee la realidad de la verdad y, por tanto, ha dado testimonio. Si siempre vives por la carne, si constantemente satisfaces tus deseos egoístas, entonces tal persona no posee la realidad de la verdad. Esta es la marca de alguien que deshonra a Dios” (‘Entrega tu verdadero corazón a Dios y podrás obtener la verdad’ en “Discursos de Cristo de los últimos días”). En las palabras de Dios entendí que no podemos pensar en la ganancia personal en el deber. Debemos priorizar los intereses de la casa de Dios, aceptar Su escrutinio y consagrarnos de todo corazón. Ese es el único modo de que nuestro deber reciba la aprobación de Dios. Si no, cometemos el mal y nos oponemos a Dios. No puedo dejar de practicar la verdad por miedo a ofender a los demás o a sus prejuicios. No me había ocupado nunca de un asunto semejante, pero, como mínimo, debía mantenerme fiel al deber y esmerarme en enseñar a los demás. Sabía que Gao había engañado y confundido al hermano Wang, por lo que él hablaba en nombre de ella. Ella hacía pasar mentiras por verdades y alegaba que los líderes la criticaban porque no permitían sugerencias ni voces dispares. Estas falsedades aparentemente ciertas pueden ser muy engañosas. Según Gao, los líderes seleccionaban sin principios a la gente, pero se equivocaba. Le habían informado sobre los principios de selección de personas, pero se negaba a admitirlos o a hacer introspección. No dejaba de tergiversar las cosas diciendo que los líderes la reprimían a ella y toda opinión dispar. ¿Eso no es trastocar la realidad e incriminar a otros? Preguntaba: Si eso implicaba su expulsión de la iglesia, ¿quién se atrevería a expresar opiniones distintas? Esas palabras parecían dichas de corazón, honestas, pero esa presunta honestidad ocultaba sus siniestras intenciones y los trucos de Satanás. Quería atraer a otros a su bando, que hablaran a su favor y se opusieran a los líderes. Esto es mentir y perturbar el trabajo de la casa de Dios. El hermano Wang no tenía discernimiento y se dejó engañar por las palabras de Gao. Necesitaba que le enseñaran con amor. Con las enseñanzas adquirió discernimiento de ella después. Comprendió que no había buscado la verdad y que le faltaba discernimiento, razón por la que había protegido a Gao y se había puesto de parte del mal. También descubrió lo lamentable que era que no comprendiera la verdad y lo susceptible que era a la maldad. Me alegré mucho de este vuelco. Más adelante, unos colaboradores y yo enseñamos a los demás a discernir a los malvados y analizamos toda la conducta de Gao. Todos adquirieron discernimiento de ella y votamos su expulsión de la iglesia casi por unanimidad. Durante la votación anotaron cosas que habían aprendido, cosas como: “Gao se inventaba mentiras y difundía sus prejuicios por todos lados, mientras hacía como que protegía la casa de Dios. Esto convirtió el trabajo de la iglesia en un tremendo desastre. Sin importar cómo la denunciaran y trataran con ella los líderes, no lo lamentaba ni se arrepentía en absoluto. Tiene una esencia malvada”. Para otros, “Gao parecía muy dulce, pero sus palabras eran engañosas, siniestras y malvadas. De no haber sido por esta enseñanza y este análisis, todavía me faltaría discernimiento. He visto la importancia de comprender la verdad y tener discernimiento”. Algunos afirmaron que los había engañado anteriormente y que creían que protegía el trabajo de la casa de Dios, sin saber que hacía tanto mal en secreto, por lo que estaban de su parte y decían cosas que no coincidían con la verdad. Necesitaban reflexionar y arrepentirse. También descubrieron el carácter justo de Dios, que no tolera ofensa. Cuando los malhechores perturban el trabajo de la casa de Dios, se les elimina tarde o temprano. Eso me recuerda unas palabras de Dios: “Los hombres malvados siempre serán malvados y nunca escaparán el día del castigo. Los hombres buenos siempre serán buenos y se revelarán cuando la obra de Dios llegue a su fin. Ni uno de los malvados será considerado justo, y ninguno de los justos será considerado malvado” (‘Los que obedecen a Dios con un corazón sincero, con seguridad serán ganados por Él’ en “La Palabra manifestada en carne”). Esta experiencia me enseñó que, como líder, cuando alguien malvado en la iglesia perturbe la labor de la casa de Dios, si no me ocupo de ello según los principios y la verdad, sino que protejo mis intereses personales, eso es, básicamente, dejar que Satanás sabotee la labor de la casa de Dios, actúar como esbirra suya, hacer el mal y oponerme a Dios. Debo barrer inmediatamente a los malhechores de la iglesia y guiar a los hermanos y hermanas a que aprendan la verdad y adquieran discernimiento. Eso es proteger la casa de Dios y hacer lo que debe hacer un líder. ¡Demos gracias a Dios!

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