¿Es un principio de conducta devolver la amabilidad a alguien?
Por Li Chun, ChinaUn día de febrero de 2022, el líder de la iglesia me pidió que escribiera una evaluación de Wu Jun. Me sorprendí y pensé:...
¡Damos la bienvenida a todos los buscadores que anhelan la aparición de Dios!
De pequeño, a menudo veía a mi papá ayudando a otras familias con sus cosas. Sin importar quién acudiera a él con una necesidad, siempre aceptaba ayudar. A veces, incluso cuando estaba ocupado con asuntos familiares, le daba demasiada vergüenza negarse, así que era muy querido por todos. Pensé: “Echar una mano a los que tienen problemas genera admiración y aprobación. De grande quiero ser una buena persona como mi papá”. Ya de adulto, como me gustaba arreglar aparatos eléctricos, cada vez que se estropeaba una radio, un televisor o una luz en casa de algún vecino, venían a pedirme ayuda y yo no me negaba fácilmente. Pensaba que si los demás me pedían ayuda significaba que confiaban en mí y me tenían en alta estima, y que no debía decepcionarlos. Después de encontrar a Dios, empecé a realizar mi deber en la iglesia. Como sabía un poco de computadoras, podía resolver la mayoría de los problemas comunes. Dondequiera que iba, los hermanos y hermanas me pedían ayuda con sus problemas informáticos. Yo aceptaba todas las peticiones, pues sentía que, si los hermanos y hermanas acudían a mí, era porque me tenían confianza, así que tenía que hacer todo lo posible por ayudar y no decepcionarlos. Más tarde, me asignaron a hacer mis deberes en otro lugar. En ocasiones, cuando volvía a casa, mi esposa me decía que varios hermanos y hermanas querían que los ayudara a reparar sus computadoras, diciendo que como mis habilidades eran buenas, habían estado esperando a que yo volviera para que se las arreglara. Al oír esto, sentí aún más que los hermanos y hermanas confiaban en mí, e incluso si estaba ocupado con mis deberes, priorizaba ayudarlos con sus problemas informáticos.
En marzo de 2024, volví a mi ciudad natal para regar a los recién llegados. Pero como acababa de empezar a formarme, no sabía cómo resolver algunos de los problemas y dificultades que ellos enfrentaban, y necesitaba equiparme más con las verdades sobre las visiones. Los hermanos y hermanas sabían que había vuelto, así que cuando sus computadoras tenían problemas, todos seguían acudiendo a mí para que se los resolviera. Un día, mientras buscaba entender los problemas de los recién llegados y me equipaba con verdades, preparándome para compartir con ellos en la próxima reunión, un hermano se me acercó diciendo que su computadora tenía un problema y que necesitaba que lo ayudara a arreglarla. Me sentí un poco en un aprieto y pensé: “Los problemas de los recién llegados necesitan una solución urgente, y todavía tengo que equiparme con verdades sobre las visiones. El tiempo apremia, pero si me niego directamente, ¿no decepcionaré al hermano? ¿Pensará mal de mí y dirá que no tengo amor?”. Así que dejé de lado mis deberes y fui con el hermano a solucionar el problema de su computadora; no terminé de arreglarla hasta las once o doce de la noche. Al mediodía del día siguiente, volvió apurado, diciendo que su computadora volvía a tener problemas y me pidió que la revisara una vez más. En un principio yo quería decirle que no tenía tiempo y que buscara a otra persona para arreglarla, pero las palabras se me quedaron atoradas en la garganta. Pensé: “Él confía en mí para que le arregle la computadora. ¿Cómo puedo dejar que se vaya decepcionado?”. Así que, una vez más, dejé de lado mis deberes para reparar la computadora. Después de una revisión y reparación exhaustivas, la computadora pudo usarse con normalidad. El hermano dijo con alegría: “Contigo aquí, mi corazón está tranquilo”. Oír esto me hizo sentir muy complacido, y sentí que los hermanos y hermanas me tenían en alta estima y que yo era una persona de confianza en sus corazones. Pero, por haber ayudado al hermano a reparar la computadora, no me había equipado con las verdades sobre las visiones como debía, los problemas de los recién llegados no se resolvieron a tiempo y me sentí un poco culpable. Pensé: “Aunque satisfice las necesidades del hermano, retrasé mis propios deberes. ¿Lo que hice estaba de acuerdo con las intenciones de Dios?”. En otra ocasión, una hermana vino a mi casa temprano por la mañana, diciendo que su computadora no se conectaba bien a internet y me pidió que la revisara. También dijo que, ahora que yo había vuelto, era mucho más conveniente pedirme a mí que arreglara su computadora. Me sentí un poco en un aprieto y pensé: “Los líderes han estado revisando el trabajo últimamente, y han descubierto que varios de los recién llegados que tengo la responsabilidad de regar tienen algunas nociones y problemas sin resolver. Me han insistido en que me equipe rápidamente con las verdades sobre las visiones, y los problemas de los recién llegados necesitan una solución urgente; ¿de dónde voy a sacar tiempo para arreglar la computadora de la hermana? Además, la computadora de la hermana no es algo que se necesite con urgencia, y este problema se puede pasar a los hermanos y hermanas que se especializan en reparación de computadoras”. Quise rechazar a la hermana, pero no fui capaz de decirlo. Pensé: “La hermana vino a buscarme feliz. Si me niego, ¿no la decepcionaré mucho? ¿Qué pensará de mí entonces?”. Así que fui a ayudarla a arreglar la computadora, y no terminé la reparación hasta pasadas las diez de la noche. Por haber estado ayudando a la hermana con su computadora, no tuve tiempo de reflexionar sobre los problemas de los recién llegados, así que la reunión no obtuvo muy buenos resultados. Y así, cada vez que los hermanos y hermanas venían a pedirme ayuda, siempre dejaba de lado mi trabajo principal para reparar sus computadoras. Aunque sabía que esto retrasaba gravemente mis propios deberes, cada vez que acudían a mí, siempre me daba demasiada vergüenza negarme.
Me abrí y compartí mi estado con mi esposa, y ella me hizo ver un video de testimonio vivencial. En él, leí un pasaje de las palabras de Dios: “‘Esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado’; esta es una forma esencial de conducta moral que a todos les inculca su familia o la sociedad. Si posees esta conducta moral, la gente dirá que eres noble, honorable y que tienes integridad, y serás estimado y muy considerado en la sociedad. Dado que la frase ‘Esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado’ proviene de la gente, de Satanás, es por tanto el objeto que deberíamos diseccionar y discernir, y más aún el objeto al que deberíamos renunciar. ¿Por qué deberíamos discernir y renunciar a esta frase? Examinemos primero si esta frase es correcta y si es acertado ser el tipo de persona que esta encarna. ¿Es verdaderamente noble ser una persona que puede estar a la altura de la frase ‘Esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado’ y poseer este tipo de calidad humana moral? ¿Posee tal persona la realidad-verdad? ¿Tiene la humanidad que los seres creados deberían tener, y los principios de conducta propia a los que deberían atenerse, según lo dicho por Dios? ¿Entendéis todos la frase ‘Esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado’? Primero explicad con vuestras propias palabras lo que significa esta frase. (Significa que cuando alguien te encomienda una tarea, no deberías escatimar esfuerzos para llevarla a cabo). Entonces, ¿es realmente así como deberías actuar? El significado de la frase ‘Esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado’ es que si alguien te encomienda una tarea, significa que te tiene en alta estima, cree en ti y piensa que eres digno de confianza, y por tanto, no importa lo que esa persona te pida que hagas, deberías aceptar y hacerlo bien y adecuadamente según sus requerimientos, y contentarla y satisfacerla; así eres una buena persona. Esto implica que el estándar para determinar si eres una buena persona es si quien te encomendó la tarea está satisfecho o no. ¿Puede explicarse así? (Sí). Entonces, ¿acaso no es fácil ser una buena persona a ojos de los demás y ser reconocido como tal por la sociedad? (Sí). ¿Qué significa eso de que es ‘fácil’? Que el criterio es mínimo y no tiene nada de noble” (La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Qué significa perseguir la verdad (14)). Al reflexionar sobre las palabras de Dios, pensé en cómo mi papá me había influenciado desde pequeño. Vi que, cuando la gente del pueblo acudía a mi papá en busca de ayuda, él prefería dejar de lado sus propios asuntos familiares para encargarse bien de los de los demás, y al final se ganó la confianza de quienes lo rodeaban. Así que pensé que, para ser una persona buena y de confianza, había que comportarse según la idea de “Esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado”. Como me gustaba juguetear con aparatos eléctricos, cada vez que a alguien se le estropeaban las luces, la radio, el televisor u otros aparatos, si acudían a mí, siempre hacía todo lo posible por ayudar a repararlos. Creía que esa era la única manera de estar a la altura de la confianza que los demás depositaban en mí. Cada vez que arreglaba las cosas de los demás y oía sus elogios y agradecimientos, me sentía muy feliz, y sentía que, en sus corazones, yo era una persona buena y de confianza. Después de empezar a creer en Dios, seguí viviendo según este punto de vista. Estaba regando a los recién llegados y, como acababa de empezar a formarme, tenía muchas carencias y no podía compartir con claridad sobre algunas verdades, por lo que necesitaba equiparme más con la verdad sobre las visiones, pues solo así podría cumplir mi deber. Sin embargo, no me esforcé en mi trabajo principal. Cuando los hermanos y hermanas acudían a mí para que los ayudara con problemas informáticos, para no decepcionarlos y mantener la buena imagen que tenían de mí, dejaba inmediatamente mis deberes para ayudarlos con los inconvenientes de sus computadoras. Como resultado, no busqué ni me equipé con las verdades relevantes para los problemas de los recién llegados, y las reuniones no obtuvieron buenos resultados. Estaba controlado por el punto de vista de “Esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado”, siempre considerando lo que los hermanos y hermanas pensarían de mí y valorando más lo que la gente me confiaba que mi propio deber. Estaba fallando en cumplir mi propio deber. ¿Cómo podía llamarme a mí mismo una buena persona?
Más tarde, reflexioné: “¿Por qué prefiero obstaculizar mi deber en lugar de rechazar las peticiones de los demás? ¿Qué clase de problema es este?”. Entonces, leí las palabras de Dios: “Hay quienes dicen: ‘Entre los que se esmeran en manejar con lealtad aquello que les hayan confiado, también hay muchos que no buscan sacar provecho a expensas de otros. Simplemente pretenden esmerarse en manejar con lealtad aquello que otros les han confiado; estas personas tienen realmente esta conducta moral’. Esta afirmación es incorrecta. Aunque no aspiren a la riqueza, a las posesiones materiales ni a ningún tipo de beneficio, sí buscan fama. ¿Qué es la ‘fama’? Significa lo siguiente: ‘He aceptado la tarea que esa persona me confió. Esté ella presente o no, mientras lo haga bien y me ocupe fielmente de lo que me ha confiado, tendré buena reputación. Al menos habrá gente que sabrá que soy buena persona, una persona de calidad humana moral elevada y digna de imitación. Puedo ocupar un lugar entre la gente y ganar buena reputación entre un grupo. ¡Eso merece la pena!’. Otras personas dicen: ‘“Esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado” y, puesto que los demás nos han confiado algo, estén presentes o no, debemos encargarnos correctamente de ello y cumplirlo hasta el final. Aunque no podamos dejar un buen nombre para la posteridad, al menos la gente no nos criticará a nuestras espaldas afirmando que no tenemos credibilidad. No podemos dejar que las generaciones futuras sean discriminadas y padezcan esta injusticia’. ¿Qué buscan? Siguen buscando fama. Algunos dan gran importancia a la riqueza y las posesiones, mientras que otros valoran la fama y el provecho. ¿Qué quiere decir ‘fama’? ¿Cuáles son las descripciones concretas de la ‘fama’ entre las personas? Ser calificado de buena persona, alguien de calidad humana moral elevada, un dechado, una persona virtuosa o un santo. Incluso hay personas que, como lograron esmerarse en manejar con lealtad aquello que les habían confiado y tuvieron esta clase de calidad humana moral en una sola ocasión, son elogiadas a perpetuidad y sus descendientes se benefician de su gloria. Como ves, estos beneficios son mucho más numerosos que los pocos que pueden obtener actualmente. Por tanto, la motivación para cualquiera que se rija por el supuesto criterio moral de ‘esmerarse en manejar con lealtad aquello que le hayan confiado’ no es tan sencilla. No solo aspira a cumplir con sus obligaciones y responsabilidades individuales, sino que se atiene a ese criterio para obtener beneficios personales o fama, sea en esta vida o en la siguiente. Desde luego, también están aquellos que desean evitar que se los critique a sus espaldas y evitar la infamia. En resumen, la motivación de la gente al hacer este tipo de cosas no es sencilla; no es verdaderamente una acción que se origine desde la perspectiva de la humanidad ni desde la responsabilidad social de la humanidad” (La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Qué significa perseguir la verdad (14)). “En cualquier comunidad o grupo social, las personas quieren que los demás digan que ellas poseen una calidad humana moral elevada, que son buenas, fiables, dignas de confianza y que merecen que se les confíen tareas. Todo el mundo quiere crear una imagen así para que los demás los tengan en alta estima y hacerles creer que son individuos dignos y personas de carne y hueso, con sentimientos y lealtad, no despiadados ni extraños. Si quieres integrarte en la sociedad y que te acepten y reconozcan, primero debes hacer que admitan que eres una persona de calidad humana moral elevada, alguien con integridad y credibilidad. Por ello, te pidan lo que te pidan, haces todo lo posible por lograr que estén satisfechos y felices; luego, recibes elogios de su parte por ser una persona digna de confianza con calidad humana moral elevada, y todo el mundo está dispuesto a relacionarse contigo. De este modo, tienes un sentido de autoestima en tu vida. Si consigues el reconocimiento de la sociedad, de la multitud y de tus compañeros y amigos cercanos, tendrás una vida especialmente dichosa y satisfactoria” (La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Qué significa perseguir la verdad (14)). Las palabras de Dios expusieron la raíz del problema. Cuando la gente es capaz de ser fiel en el manejo de los asuntos de los demás, no es porque quiera cumplir con sus responsabilidades, sino porque quiere ganarse una buena reputación. Al reflexionar sobre mí mismo, vi que mi papá me había influenciado desde pequeño. Cada vez que a alguien se le estropeaba un electrodoméstico y me pedía ayuda, yo siempre aceptaba. Hacía todo esto para tener una buena reputación en el pueblo y para que los demás me elogiaran. Después de empezar a hacer mi deber, cada vez que los hermanos y hermanas acudían a mí con problemas informáticos, no sentía que pudiera negarme, por muy ocupado que estuviera con mi deber. En particular, cuando los hermanos y hermanas decían que mis habilidades para reparar eran buenas, me sentía muy satisfecho, y pensaba que eso era señal de que confiaban en mí. Para mantener una buena imagen en los corazones de los hermanos y hermanas, aunque era muy consciente de que los problemas de los recién llegados seguían sin resolverse y de que necesitaba equiparme más, ya que la verdad sobre las visiones todavía no estaba clara para mí, cuando los hermanos y hermanas acudían a mí para que los ayudara con sus computadoras, aunque quería negarme, simplemente no era capaz de decir las palabras, pues temía decepcionarlos, hacerles pensar que era insensible y darles una mala impresión de mí. En realidad, si necesitaban sus computadoras con urgencia, estaría bien que de vez en cuando los ayudara a resolver sus problemas, pero algunos no las necesitaban con urgencia y podrían haberlas entregado a los hermanos y hermanas que realizan el deber de reparación de computadoras. Pero como no quería decepcionarlos, siempre aceptaba, sin importar si afectaba mi deber y, como resultado, mis deberes se veían obstaculizados. Valoraba mucho mi propia fama y provecho, y prefería retrasar mi deber solo para mantener una buena imagen en los corazones de los demás y hacer que pensaran que yo era una persona buena, confiable y amorosa. ¡Era verdaderamente egoísta y despreciable! El deber es una comisión que Dios le da a la gente. Es la responsabilidad que un ser creado debe llevar a cabo por encima de todo, pero yo consideraba más importantes las cosas que la gente me confiaba que mi propio deber. Sin importar lo difíciles o laboriosas que fueran las tareas que otros me confiaban, intentaba hacerlas lo mejor posible, sin pensar en cómo hacer mi propio deber de una manera que satisficiera a Dios. Mantuve una buena imagen en los corazones de la gente, pero a los ojos de Dios me había convertido en una persona que se tomaba su deber a la ligera, que lo hacía sin lealtad ni confianza. ¡Realmente estaba confundiendo mis prioridades y poniendo el carro delante de los bueyes! Dios me concedió la gracia de la oportunidad de regar a los recién llegados, con la esperanza de que buscara la verdad para resolver sus diversas nociones y problemas, permitiéndoles llegar a conocer la obra de Dios y echar raíces en el camino verdadero cuanto antes. Debería haber sido considerado con las intenciones de Dios y haber cumplido mis deberes sin importar las circunstancias.
Más tarde, volví a reflexionar: “¿Cómo debo tratar las cosas que otros me confían?”. En mi búsqueda, leí las palabras de Dios: “Si las tareas que se te confían no te consumen demasiado tiempo y energía y se encuentran dentro de los límites de tus aptitudes, o si tienes el entorno y las condiciones adecuados, entonces, de acuerdo con la conciencia y la razón humanas, puedes hacer algunas cosas por los demás y tratar de cumplir ciertas exigencias razonables y oportunas de su parte, dentro del ámbito de lo que puedas manejar. Ahora bien, si las tareas que se te confían te consumen mucho tiempo y energía y te quitan gran cantidad de tu tiempo, hasta el punto de que te hagan sacrificar tu vida, y tus responsabilidades y tus obligaciones en esta vida —así como los deberes que deberías hacer como ser creado— se ven reducidos a la nada y reemplazados, ¿qué deberías hacer? Deberías negarte, porque esa no es tu responsabilidad ni tu obligación. En cuanto a las responsabilidades y obligaciones de la vida de una persona, aparte de cuidar de los padres, criar a los hijos y cumplir con las responsabilidades sociales dentro de la sociedad y la ley, lo más importante es que la energía y el tiempo de una persona, así como su vida, los dedique a realizar el deber de un ser creado, y no que su tiempo y energía sean absorbidos por una tarea que le fue encomendada por alguna persona. Esto se debe a que Dios crea a una persona, le concede la vida y la trae a este mundo no para que haga cosas ni cumpla responsabilidades por el bien de ningún otro ser humano. Lo que debe aceptar la gente, por encima de todo, es la comisión de Dios. Solo la comisión de Dios es una comisión auténtica; aceptar una tarea que te ha sido encomendada por otro ser humano implica descuidar los deberes que te corresponden. Nadie está cualificado para pedirte que dediques tu lealtad, tu energía, tu tiempo, incluso tu juventud y tu vida entera, a las tareas que te encargue. Dios es el único con derecho a pedirles a las personas que hagan su deber de seres creados. ¿Por qué? Si una tarea que te confíe cualquier persona requiere de ti un tiempo y una energía notables, te impedirá realizar tu deber de ser creado, e incluso podría impedirte seguir la senda correcta en la vida y alterar el rumbo y los objetivos de tu vida. Esto no es bueno, es una calamidad” (La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Qué significa perseguir la verdad (14)). Las palabras de Dios me indicaron una senda de práctica. En esta vida, lo que más debemos aceptar es la comisión de Dios, que debemos completar con todo nuestro corazón y mente. En cuanto a los asuntos que nos confían otros, debemos considerar si nos quitarán demasiado tiempo y si obstaculizarán nuestro deber principal. Si no nos quitan demasiado tiempo y no estamos muy ocupados con nuestro deber, entonces, por conciencia y razón humanas, podemos ayudar a resolverlos. Sin embargo, si ayudar a otros afecta nuestro deber principal, entonces debemos negarnos y no dejarnos atar por la idea cultural tradicional de “Esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado”. Sin embargo, en el pasado, no tenía ningún principio sobre cómo trataba lo que otros me confiaban. Sin importar quién me pidiera ayuda, nunca los rechazaba y, como resultado, obstaculizaba mi propio deber. Aunque no hay nada de malo en ayudar a mis hermanos y hermanas a reparar computadoras, si me quita mucho tiempo y retrasa mi deber, entonces debería negarme y explicarles la situación; ellos lo entenderán. No debería pensar siempre en cómo me ven los demás, sino practicar de acuerdo con las palabras de Dios y los principios.
Una noche, dos hermanos vinieron a mi casa diciendo que había una computadora nueva que no encendía y que necesitaban que la revisara. Me sentí en un aprieto y pensé: “Todavía tengo trabajo urgente sin terminar, y si acepto ayudar a arreglar la computadora, seguramente me retrasaré bastante. Pero si me niego directamente, ¿qué pensarán de mí? Han venido contentos, pero se irán decepcionados. ¿No les dejaría una mala impresión?”. Me di cuenta de que otra vez estaba considerando mi estatus e imagen en los corazones de los demás, así que oré en silencio a Dios en mi corazón, pidiéndole que me guiara para practicar según los principios y priorizar mi deber. Recordé un pasaje de las palabras de Dios que había leído: “Si las tareas que se te confían no te consumen demasiado tiempo y energía y se encuentran dentro de los límites de tus aptitudes, o si tienes el entorno y las condiciones adecuados, entonces, de acuerdo con la conciencia y la razón humanas, puedes hacer algunas cosas por los demás y tratar de cumplir ciertas exigencias razonables y oportunas de su parte, dentro del ámbito de lo que puedas manejar. Ahora bien, si las tareas que se te confían te consumen mucho tiempo y energía y te quitan gran cantidad de tu tiempo, hasta el punto de que te hagan sacrificar tu vida, y tus responsabilidades y tus obligaciones en esta vida —así como los deberes que deberías hacer como ser creado— se ven reducidos a la nada y reemplazados, ¿qué deberías hacer? Deberías negarte, porque esa no es tu responsabilidad ni tu obligación” (La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Qué significa perseguir la verdad (14)). Con la guía de las palabras de Dios, encontré una senda de práctica. Primero necesitaba ver cuál era el problema de la computadora. Si no me llevaba mucho tiempo y era un asunto sencillo, entonces ayudaría a resolverlo. Pero si era un problema grave que llevaría mucho tiempo arreglar, entonces les diría que acudieran a los hermanos y hermanas que reparaban computadoras. Así que encendí la computadora para revisar el inconveniente y descubrí que era un problema del sistema. No era algo que se pudiera arreglar rápidamente, así que les dije a los hermanos que estaba ocupado con mi deber, que no tenía tiempo para arreglarla, y les pedí que acudieran a otros hermanos y hermanas para que los ayudaran. Ellos estuvieron de acuerdo después de oírme. Cuando practiqué de acuerdo con las palabras de Dios, los hermanos no se formaron ninguna opinión negativa de mí como yo había imaginado, y me sentí muy avergonzado.
A través de esta experiencia, gané discernimiento sobre la idea cultural tradicional de “Esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado”, y también entendí que el simple hecho de hacer bien lo que la gente te confía no te convierte en una persona verdaderamente buena. Solo cumpliendo el deber con todo el corazón y todas las fuerzas para satisfacer a Dios es que uno es una persona verdaderamente buena. Ya no retraso mi deber por no poder evitar salvar las apariencias y, por tanto, sentirme obligado a decir siempre que sí a los demás. Este cambio y entendimiento se produjeron como resultado de la guía de las palabras de Dios. ¡Gracias a Dios!
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