Reflexiones sobre la idea de “Esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado”
Por Cheng Zhi, ChinaDe pequeño, a menudo veía a mi papá ayudando a otras familias con sus cosas. Sin importar quién acudiera a él con una...
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Desde que era niño, en mi familia siempre mandaron los hombres y mi papá tenía la última palabra en todo. Él nunca hacía los quehaceres; cosas como cocinar, lavar la ropa y limpiar eran trabajo de mi mamá y de mi hermana. A menudo nos enseñaba a mis hermanos y a mí que “el hombre debe trabajar fuera de casa y la mujer ocuparse de las tareas domésticas”; que el campo y ganar dinero eran trabajo de hombres, mientras que cocinar y lavar la ropa eran quehaceres de mujeres. Por la influencia de las palabras y acciones de mi papá, mis hermanos mayores, después de casarse, se convirtieron todos en cabeza de familia y nunca hacían los quehaceres. Yo quería ser como ellos, porque sentía que solo así se tenía el porte y la dignidad propios de un hombre. Cuando me casé, mi esposa era una ama de casa muy virtuosa y capaz que asumió todas las tareas del hogar. A veces, a la hora de comer, incluso me servía la comida directamente. Esto me convenció aún más de que, como hombre, no debía hacer tareas como lavar, remendar o cuidar de los niños. Eso era todo trabajo de mujeres. Si lo hacía, sería humillante e indigno de mí. Más tarde, después de que mi esposa dio a luz, llegaba a casa del trabajo y la veía batallando para cocinar y hacer los quehaceres con el bebé en brazos. Quería ayudarla, pero luego pensaba en lo humillante que sería si la gente se enterara de que un hombre hecho y derecho como yo hacía ese tipo de trabajo. Así que, en lugar de ayudar a mi esposa con los quehaceres, me iba a jugar a las cartas. Después de aceptar la obra de Dios de los últimos días, me gustaba mucho leer las palabras de Dios. A través de Sus palabras, me di cuenta de que, para creer en Dios, tenía que practicar la verdad en todas las cosas y vivir una humanidad normal. No podía dejar que los demás me sirvieran; eso sería muy irracional. A partir de entonces, empecé a ayudar a mi esposa con algunos de los quehaceres, aprendiendo a cocinar, lavar las verduras y limpiar.
Un día de enero de 2023, el líder dijo que una casa de acogida enfrentaba algunos riesgos de seguridad y que las hermanas jóvenes que se alojaban allí debían ser trasladadas de inmediato. Me pidió que las acogiera temporalmente, y dijo que se mudarían después del Año Nuevo, una vez que se encontrara una casa de acogida adecuada. Pensé: “Soy un hermano. Pasar todo el día junto al horno… ¡qué degradante e incómodo sería! ¿Por qué el líder dispuso que hiciera el deber de acogida? ¿No está tratando solo de ponerme las cosas difíciles?”. Pero luego pensé: “He creído en Dios durante muchos años. Si rechazo este deber, ¿no dirá el líder que no soy alguien que persigue la verdad? Además, mi casa es bastante adecuada para acoger. Y aunque a mi esposa la echaron de la iglesia, me apoya en la realización de mi deber, y mis dos hijos tampoco se oponen. Sería perfecto que las hermanas jóvenes pasaran el Año Nuevo en mi casa. Es más, el líder solo me pidió que las acogiera temporalmente. Se mudarán tan pronto como se encuentre una casa de acogida adecuada”. Pensando en esto, acepté. Pero a la hora de acogerlas, esa mentalidad de “El hombre debe trabajar fuera de casa y la mujer ocuparse de las tareas domésticas” resurgió. Como mi esposa trabajaba en una tienda de desayunos, yo era quien cocinaba el desayuno y el almuerzo en casa todos los días. Mi esposa me recordó muchas veces: “Deberías ponerte un delantal y manguitos cuando cocines; si no, la ropa se te ensuciará y será difícil de lavar”. Yo le decía que sí, pero nunca lo hice. Pensé: “¿Quiere que me ponga manguitos y un delantal? ¿Cómo me vería? ¡Parecería una ama de casa vieja! Si las hermanas me vieran así, ¿no sería vergonzoso? Cocinar y lavar son quehaceres que se supone que hacen las hermanas, no los hermanos. Si los hermanos y hermanas se enteraran de que estoy realizando el deber de acogida, seguro que me menospreciarían. ¡No puedo creer que yo, un hermano que hace un trabajo relacionado con textos, ahora me haya convertido en un cocinero profesional!”. Pasado un tiempo, el líder arregló que otra hermana joven se mudara a mi casa, y parecía que las hermanas no tenían ninguna intención de irse. Pensé: “¿No dijeron que se mudarían después del Año Nuevo? ¿Por qué sigue llegando más gente a mi casa? Cocinar todos los días es muy degradante. ¿Cuándo va a terminar esto?”. Me sentía ahogado por la negatividad, dejé de poner mi corazón en la cocina y empecé a hacerlo de manera superficial. El arroz que cocinaba al vapor salía o muy duro o muy blando, y los platos que salteaba quedaban o muy salados o completamente sosos. Pero no reflexionaba sobre mí mismo en lo más mínimo; incluso sentía que con solo lograr poner la comida en la mesa ya era suficiente. Más tarde, ellas empezaron a darme su opinión, diciendo que los fideos que cocinaba estaban crudos y que los cristales de sal en los platos fríos no se habían disuelto. Escuchar eso me hizo sentir aún peor: “Ya es bastante degradante para un hombre hecho y derecho como yo estar cocinando para ustedes todo el día, ¿y ahora le encuentran faltas a todo? ¡Esto es insoportable!”. En mi corazón, solo deseaba que se mudaran cuanto antes. Más adelante, me di cuenta de que mi estado no era el correcto, así que oré a Dios para que me guiara a entender mis propios problemas.
En ese momento, escuché un himno de las palabras de Dios:
La humanidad original eran seres vivos con espíritu
1 En el principio creé a la humanidad, es decir, al ancestro de la humanidad, Adán. Se le dotó de forma e imagen, rebosaba de vitalidad, rebosaba de vigor y, aún más, estaba en compañía de Mi gloria. Ese fue el día glorioso en el cual creé al hombre. Después de eso, Eva fue creada del cuerpo de Adán, siendo ella también ancestro del hombre. Así, las personas que creé estaban llenas de Mi aliento y rebosantes de Mi gloria.
2 Adán “nació” originalmente de Mi mano y fue la representación de Mi imagen. Por consiguiente, el significado original de “Adán” era un ser creado por Mí, impregnado de Mi energía vital, impregnado de Mi gloria, con forma e imagen, espíritu y aliento. Él fue el único ser creado poseedor de espíritu, capaz de representarme y de portar Mi imagen, y quien recibió Mi aliento.
3 En el principio, Eva fue el segundo ser humano dotado de aliento, cuya creación Yo había ordenado, así que el significado original de “Eva” era un ser creado que daría continuidad a Mi gloria, estaría lleno de Mi vitalidad y, aún más, estaría dotado de Mi gloria. Eva provino de Adán, así que también portaba Mi imagen, ya que fue el segundo ser humano creado a Mi imagen. El significado original de “Eva” era un humano viviente, con espíritu, carne y huesos, Mi segundo testimonio, así como también Mi segunda imagen entre la humanidad. Ellos fueron los ancestros de la humanidad, los preciados y puros de la humanidad, y originalmente fueron seres vivientes dotados de espíritu.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Lo que significa ser una persona verdadera
Mientras reflexionaba sobre la letra, entendí que, al principio, cuando Dios creó a la humanidad, a Adán y Eva, nunca dijo que los hombres fueran más nobles que las mujeres o que las mujeres tuvieran un estatus inferior al de los hombres. A los ojos de Dios, hombres y mujeres son iguales. Lo mismo ocurre en la casa de Dios. No importa qué deber se realice, Dios nunca ha dicho que ciertos deberes deban ser hechos por hermanos y otros solo por hermanas. Pero yo, desde niño, había sido educado con las palabras y el ejemplo de mi padre, y vivía según ideas machistas. Siempre menosprecié a las mujeres y desdeñé tareas como cocinar y lavar, pensando que eran todos quehaceres de mujeres. Por eso era tan reacio a mi deber de acogida, e incluso cuando lo hacía, lo hacía de manera superficial. Todo lo que pensaba y hacía no estaba de acuerdo con las intenciones de Dios. Al darme cuenta de esto, estuve dispuesto a someterme y a cumplir con diligencia mi deber de acogida. Después de eso, cuando cocinaba fideos, los hervía un poco más, y marinaba los platos fríos con antelación. También empecé a pensar en variar los platos que hacía. Cuando vi que algunas de las jóvenes hermanas estaban enfermas y tosían, les preparé una bebida de pera con azúcar de roca. Justo cuando empezaba a cambiar, ellas se mudaron inesperadamente.
Después de que se fueron, a menudo me ponía a pensar: “¿Por qué revelé tanta resistencia durante el tiempo que estuve acogiéndolas?”. Más tarde, leí las palabras de Dios que desenmascaraban el problema del machismo, y logré entenderme un poco a mí mismo. Dios Todopoderoso dice: “Muchos hombres piensan: ‘Las tareas del hogar, como lavar y remendar la ropa, son todas cosas que las mujeres deberían hacer. Cada vez que hago estas tareas, me molesto y siento que soy menos hombre’. […] Algunos hombres tienen estos pensamientos machistas; desprecian las tareas del hogar como cuidar de los niños, lavar la ropa, cocinar y limpiar, y no están dispuestos a hacer estas cosas. Incluso si las hacen, lo hacen con cierta desgana, temiendo que los demás los menosprecien. Piensan: ‘Si siempre estoy haciendo estas tareas, ¿en qué me diferencio de una mujer?’. ¿No hay un problema con su pensamiento? (Sí). […] La gente de ciertas regiones es particularmente machista; esto es innegablemente el resultado del condicionamiento y la influencia de sus familias. Entonces, ¿este condicionamiento te ha perjudicado o te ha beneficiado? (Me ha perjudicado). Ha sido muy perjudicial para la gente” (La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (14)). “Por ejemplo, supongamos que eres un hermano y se te pide que prepares las comidas y laves los platos para los demás hermanos y hermanas todos los días. ¿Serías capaz de someterte? (Creo que sí). Quizás serías capaz a corto plazo, pero ¿serías capaz de someterte si se te pidiera que hicieras este deber a largo plazo? (Podría someterme si solo tuviera que hacer este deber de vez en cuando. Si fuera por un tiempo más largo, puede que no fuera capaz). Esto demuestra que no tienes sumisión. ¿Qué causa que las personas no tengan sumisión? (Lo causa el hecho de que las personas albergan nociones tradicionales en su corazón. Piensan que los hombres deberían trabajar fuera de casa y las mujeres deberían encargarse del trabajo doméstico, que cocinar es trabajo de mujeres y que un hermano queda mal al cocinar. Por eso no sería fácil someterse). Así es. La gente cae en la discriminación de género cuando se trata de dividir el trabajo. Los hombres piensan: ‘Nosotros, los hombres, deberíamos estar ahí fuera ganándonos la vida. Tareas como cocinar y limpiar deberían hacerlas las mujeres. No se nos debería obligar a hacerlo’. Pero ahora son circunstancias especiales, y se te está pidiendo que lo hagas, así que ¿qué haces? ¿Qué dificultades debes resolver para poder someterte? Este es el quid de la cuestión. Debes superar tu discriminación de género. No hay trabajos que deban ser hechos por hombres, ni ninguno que deba ser hecho por mujeres. Para empezar, no dividas el trabajo de esta manera. El deber que alguien hace no debería determinarse según su género” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Practicar la verdad es la única manera de obtener la entrada en la vida). Las palabras de Dios desenmascararon mi estado con precisión. Pensé en cómo, influenciado por las palabras y el ejemplo de mi padre y la crianza de mi familia desde la infancia, siempre había creído que “los hombres son superiores a las mujeres” y que “el hombre debe trabajar fuera de casa y la mujer ocuparse de las tareas domésticas”. Pensaba que los quehaceres como lavar la ropa, cocinar y limpiar eran cosas que hacían las mujeres, mientras que los hombres solo necesitaban trabajar la tierra o en un empleo para ganar dinero. Creía que el estatus de un hombre era superior al de una mujer, por lo que era natural que sus esposas los sirvieran, y que si un hombre hacía los quehaceres, era degradante y lo mirarían con desprecio. Por lo tanto, antes de creer en Dios, nunca hice ningún quehacer. Cuando veía a mi esposa de un lado para otro, haciendo los quehaceres con nuestro hijo en brazos, me sentía mal y quería ayudar, pero luego recordaba que un hombre hecho y derecho como yo debía mantener cierto porte y la dignidad de un verdadero hombre. Pensaba en la vergüenza que pasaría si otros me veían haciendo trabajo de mujeres, así que me iba a jugar a las cartas y a divertirme en lugar de ayudarla con los quehaceres. Todos esos años, mi esposa había estado sufriendo en silencio, viviendo una vida agotadora y amarga. Lo más importante es que, al estar tan influenciado por ideas machistas, no podía someterme a las orquestaciones y los arreglos de Dios. Cuando el líder arregló que acogiera temporalmente a las hermanas, consideré que los quehaceres eran trabajo de mujeres y sentí que era humillante e indigno de mí, como hermano, realizar un deber de acogida. Para proteger mi imagen masculina, ni siquiera me atrevía a ponerme un delantal o manguitos cuando cocinaba, por miedo a que las hermanas me menospreciaran. Debido a mi resistencia interna, hacía mi deber de manera superficial; ni siquiera podía cocinar bien los fideos y la sal de los platos fríos no se disolvía. Cuando las hermanas me hacían sugerencias, yo pensaba que eran demasiado exigentes y solo deseaba que se mudaran lo antes posible. Vi que al vivir según estas ideas culturales tradicionales, para proteger mi supuesta dignidad y estatus masculinos, me había vuelto increíblemente egoísta y frío, desprovisto de toda humanidad normal. No tenía la más mínima sumisión ni devoción hacia mi deber. Al darme cuenta de esto, oré, pidiéndole a Dios que me guiara para entender la verdad y liberarme de las ataduras y limitaciones de mis ideas machistas.
Después, leí un pasaje de las palabras de Dios y encontré una senda de práctica. Dios Todopoderoso dice: “¿Deben diferenciarse las responsabilidades sociales de hombres y mujeres? ¿Deben tener hombres y mujeres el mismo estatus social? ¿Es justo engrandecer en exceso el estatus de los hombres y restar importancia a las mujeres? (No, es injusto). Entonces, ¿cómo debe tratarse exactamente el estatus social de hombres y mujeres de forma equitativa y razonable? ¿Cuál es el principio para ello? (Que hombres y mujeres son iguales y deben recibir un trato justo). El trato justo es el fundamento teórico, pero ¿cómo debe llevarse a la práctica de forma que refleje equidad y razonabilidad? ¿No involucra esto problemas reales? En primer lugar, debemos determinar que el estatus de hombres y mujeres es igual, esto es indiscutible. Por tanto, la división social del trabajo entre hombres y mujeres también debe ser igualitaria, y debe contemplarse y organizarse en función de su aptitud y capacidad de trabajo. Debe haber igualdad, sobre todo en lo que se refiere a los derechos humanos, por cuanto las mujeres también deben disfrutar de aquello de lo que pueden disfrutar los hombres; solo de esta manera se puede garantizar la igualdad de estatus entre hombres y mujeres en la sociedad. Quien sepa hacer el trabajo, o quien sea competente para ser líder, debe poder hacerlo sea hombre o mujer. ¿Qué te parece este principio? (Bien). Refleja la igualdad entre hombres y mujeres. Por ejemplo, supongamos que estás reclutando bomberos y los solicitantes incluyen tanto hombres como mujeres. ¿A quién deberías contratar? El trato justo es la base teórica y el principio, pero ¿cómo deberías proceder específicamente? Acabo de decir que se debería seleccionar a quienquiera que sea competente para desempeñar el trabajo basándose en su calibre y capacidad; deberías elegir a quién contratar según este principio. Mira cuáles de los solicitantes tienen buen calibre, son mentalmente ágiles y espabilados, y pueden actuar con rapidez en una emergencia. Luego, al averiguar los diversos atributos de cada persona, como su capacidad de trabajo, experiencia y nivel de competencia en términos de trabajo de extinción de incendios, puedes llegar finalmente a un veredicto apropiado. Puede ser que los solicitantes que selecciones incluyan no solo hombres sino también mujeres, y que los hombres sean grandes, altos y fuertes, tengan experiencia en extinción de incendios y hayan participado en varias operaciones de extinción y rescate, y que las mujeres sean ágiles, hayan recibido un entrenamiento riguroso, estén bien versadas en los conocimientos básicos de extinción de incendios y en los procedimientos de trabajo, y hayan tenido un desempeño sobresaliente en su trabajo anterior. Si es así, entonces los solicitantes elegidos son todos bastante adecuados. Esto se llama elegir a los mejores de entre los mejores, sin ser parcial en favor de ningún lado. […] Ante todo, al abordar un asunto no tienes prejuicios ni hacia hombres ni hacia mujeres. Crees que hay también muchas mujeres sobresalientes y con talento y conoces a bastantes. Por ello, tu conocimiento te convence de que la capacidad de trabajo de las mujeres no es inferior a la de los hombres y de que el valor que las mujeres aportan a la sociedad no es inferior al de los hombres. Ya con este conocimiento y esta comprensión, juzgarás y decidirás acertadamente en función de este hecho en toda actuación futura. En otras palabras, si no muestras favoritismo por ningún lado ni tienes prejuicios sexistas, tu humanidad será relativamente normal en este aspecto y sabrás actuar con justicia. Se disiparán en ti las limitaciones de la cultura tradicional en el sentido de que los hombres son considerados superiores a las mujeres; tu pensamiento dejará de estar encorsetado y ya no te verás influido por este aspecto de la cultura tradicional” (La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Qué significa perseguir la verdad (11)). Después de leer las palabras de Dios, sentí una gran claridad y entendí que, para liberarme de las ataduras de ideas culturales tradicionales como “los hombres son superiores a las mujeres” y “el hombre debe trabajar fuera de casa y la mujer ocuparse de las tareas domésticas”, primero tenía que aceptar el hecho de que hombres y mujeres son iguales. Los hombres no deben tener prejuicios contra las mujeres, y mucho menos menospreciarlas u oprimirlas. Eso es inmoral y carece de humanidad. Los hombres deben tratar a las mujeres con justicia y no ver los quehaceres como algo que las mujeres deben hacer por naturaleza, mientras consideran que los trabajos de alto perfil que dan estatus son trabajo para hombres. Tal punto de vista es una de las herejías y falacias de Satanás, y va completamente en contra de la verdad. La casa de Dios no tiene ninguna regla que establezca qué deberes deben ser hechos por hermanos y cuáles por hermanas. En la casa de Dios, los deberes nunca se arreglan en función del género, sino que se arreglan de manera razonable según el calibre, las fortalezas, la capacidad de trabajo de cada persona y las necesidades de la obra de la iglesia. Por ejemplo, el líder dispuso que yo hiciera el deber de acogida porque la casa donde se alojaban las hermanas enfrentaba riesgos de seguridad y no se podía encontrar una casa segura de inmediato. Mi casa, en cambio, era adecuada, y mi esposa y mis hijos me apoyaban en la realización de mi deber. Por un lado, el arreglo del líder mantenía a las hermanas a salvo, y por otro, les permitía realizar sus deberes con normalidad, asegurando que la obra de la iglesia no se viera afectada. Al acogerlas, también estaba defendiendo la obra de la iglesia y realizando mi deber. Debería haber aceptado el arreglo y haberme sometido, haber dejado atrás las ideas y puntos de vista falaces de “Los hombres son superiores a las mujeres” y “El hombre debe trabajar fuera de casa y la mujer ocuparse de las tareas domésticas”, y haber realizado mi deber de acogida de acuerdo con las palabras de Dios.
Después, leí más de las palabras de Dios y aprendí cómo abordar mi deber adecuadamente. Dios Todopoderoso dice: “Sea cual sea tu deber, no discrimines entre lo superior y lo inferior. Supongamos que dices: ‘Aunque esta tarea es una comisión proveniente de Dios y la obra de Su casa, si la hago, la gente podría menospreciarme. Otros llevan a cabo una obra que les permite destacar. Se me ha asignado esta tarea que no me permite destacar, sino que me hace trabajar entre bastidores, ¡es injusto! No haré este deber. Mi deber tiene que hacerme destacar ante los demás y permitirme forjarme un nombre y, aunque no me forje un nombre ni me haga destacar, tengo que recibir algún beneficio de él y sentirme cómodo físicamente’. ¿Es aceptable esta actitud? Ser quisquilloso es no aceptar cosas de parte de Dios; es tomar decisiones de acuerdo con tus propias preferencias. Esto no es aceptar tu deber; es rechazarlo, es una manifestación de tu rebeldía contra Dios. Tal quisquillosidad está adulterada con tus propias preferencias y deseos. Cuando consideras tu orgullo y tu estatus, tus propios intereses y otras cosas similares, tu actitud hacia tu deber no es de sumisión. ¿Qué actitud debes tener ante tu deber? Primero, no debes analizar quién te lo asignó, sino que debes aceptarlo de parte de Dios: es una comisión de Dios, es tu deber y has de someterte a las instrumentaciones y los arreglos de Dios y aceptar tu deber. Segundo, no discrimines entre lo superior y lo inferior, y no te preocupes por cuál es la naturaleza del deber, si te permite destacar o no, si se realiza delante de la gente o entre bastidores. No tomes en consideración estas cosas. Existe además otro aspecto en esta actitud: la sumisión y la cooperación activa” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. ¿Cuál es la realización del propio deber acorde al estándar?). “Por ejemplo, digamos que es tu responsabilidad cocinar para los hermanos y hermanas, que ese es tu deber. ¿Cómo has de tratar esta tarea? (Debemos buscar los principios-verdad). ¿Cómo haces tal cosa? Esto atañe a la realidad y a la verdad. Debes pensar en cómo poner la verdad en práctica y cómo hacer bien este deber. ¿Qué aspectos de la verdad implica esto? Antes que nada, el primer paso es saber esto: ‘No estoy cocinando para mí. Este es mi deber’. Esto atañe al aspecto de la visión. ¿Qué hay del paso dos? (Debemos pensar en cómo cocinar bien la comida). ¿Cuál es el estándar para cocinar bien? (Debemos buscar los requerimientos de Dios). Eso es. Solo los requerimientos de Dios son la verdad, el estándar y el principio. Hacer cosas de acuerdo con los requerimientos de Dios; este es un aspecto de la verdad. Primero que nada, debes pensar en este aspecto de la verdad y luego contemplar esto otro: ‘Dios me ha encargado este deber para que lo haga. ¿Qué estándar requiere Dios?’. Antes que nada, debes poseer este fundamento. Entonces, ¿cómo has de actuar para cumplir con el estándar de Dios? La comida que prepares ha de ser saludable, sabrosa, higiénica y no resultar dañina para el cuerpo; tales son los detalles relevantes. Mientras actúes de acuerdo con este principio, la comida que cocines se preparará de acuerdo con los requerimientos de Dios. ¿Por qué digo esto? Dado que buscabas los principios de este deber y tus acciones no han excedido el ámbito que ha delimitado Dios. Actuaste de la manera correcta. Realizaste bien tu deber y de manera acorde al estándar” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Solo si se buscan los principios-verdad es posible hacer bien el deber). En la casa de Dios, ningún deber se arregla basándose en el género de una persona, y no hay deberes nobles o humildes. La actitud adecuada hacia tu deber es aceptarlo de parte de Dios y someterte. Sin importar quién lo arregle o si estás en el centro de atención, debes buscar los principios-verdad para cumplir tu deber. Esta es la manera correcta de practicar y está de acuerdo con las intenciones de Dios. Cuando el líder me arregló el deber de acogida, no debería haberme preocupado por ser menospreciado, sino que debería haber buscado los principios-verdad y haber hecho mi mejor esfuerzo por cumplir mi deber. Primero, tenía que hacer todo lo posible para mantener un entorno seguro para las hermanas. Además, tenía que mantener la casa limpia y, al cocinar, tenía que considerar cómo hacer comidas nutritivas y saludables. Realizar mi deber de acogida, por un lado, corrigió mi punto de vista falaz y machista, de modo que ya no veía a las mujeres a través del lente tradicional de “Los hombres son superiores a las mujeres”. Por otro lado, también mejoró mis habilidades para la vida. Ahora soy mucho más hábil para lavar y cortar verduras, y en casa, básicamente, soy yo quien cocina y limpia. Recuerdo que una vez, durante el almuerzo, mi esposa dijo con una sonrisa: “Yo solía cocinar para ti, pero nunca pensé que ahora sería al revés”. Mis hijos también dijeron que había cambiado. A veces, algunas hermanas vienen a mi casa a discutir sus sermones, y la mayoría de las veces, soy yo quien cocina. Ya no siento que sea degradante o humillante en absoluto. Las hermanas incluso dicen que el pescado que cocino es delicioso. Ser capaz de liberarme de estas ideas machistas tradicionales y vivir un poco de humanidad normal es un resultado logrado completamente a través de las palabras de Dios. ¡Gracias a Dios!
Ahora ya han aparecido varios desastres inusuales, y según las profecías de la Biblia, habrá desastres aún mayores en el futuro. Entonces, ¿cómo obtener la protección de Dios en medio de los grandes desastres? Contáctanos, y te mostraremos el camino.
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