Aférrate a los principios para cumplir correctamente con un deber

31 Ene 2022

Por Xu Nuo, China

Sucedió en agosto de 2019. La hermana Lin, líder de una iglesia, redactó una carta de renuncia y mi líder dispuso que yo fuera a esa iglesia a investigar. Si realmente la hermana Lin no sabía hacer un trabajo práctico, sería destituida y habría una nueva elección. A mi llegada, los díaconos de allí me contaron la situación de la hermana Lin: “En los dos meses transcurridos desde que fue elegida la hermana Lin para liderar la iglesia, cuando algo incumbe a sus intereses familiares o a sus asuntos personales, hace de lado el trabajo de la iglesia y se lo deja todo a su compañero para que se ocupe. Su compañero se queda con una pesada carga de trabajo que hace imposible realizar las cosas bien. Sobre todo en los asuntos urgentes, ella no se ocupa de nada a tiempo. Su compañero está bajo mucha presión y se siente algo negativo. Los líderes superiores han ofrecido ayuda y apoyo a la hermana Lin muchas veces, pero no ha conseguido mejorar. Además, la hermana Lin no tiene esclarecimiento cuando enseña la palabra de Dios en las reuniones, así que a los hermanos y hermanas les falta provisión y algunos son reacios a venir a las reuniones. Como la hermana Lin no sabe resolver los problemas prácticos de los hermanos y hermanas, le da miedo verlos y tampoco quiere venir. Cuando los hermanos y hermanas tienen estados o dificultades, no sabe enseñar la verdad para ayudarlos, tan solo los alienta con palabras de doctrina o resuelve las cosas con sus propios métodos y su filosofía mundana. Si se hallan en un estado negativo por enfermedad, solamente les indica a qué médicos ir y qué productos medicinales tomar, pero no los guía para que se presenten ante Dios, busquen Su voluntad y aprendan lecciones. Asimismo, cuando algunos hablan de inversiones en las reuniones, la hermana Lin no solo carece de discernimiento para denunciarlos y pararlos, sino que, en realidad, interviene e invita a sus hermanos y hermanas a hacer lo mismo también. Algunos hermanos y hermanas le recordaron muchas veces que se centrara en buscar la verdad y cumplir con el deber, pero ella temía que los hermanos y hermanas dijeran que ansía el dinero, por lo que invirtió en secreto y perdió más de 400 000, lo que la distrajo aún más del deber”. Como la hermana Lin descuidaba el deber y no hacía un trabajo práctico, la vida de esa iglesia era ineficaz y los hermanos y hermanas se sentían negativos y débiles.

Tras oír su informe sobre la situación, pensé: “La hermana Lin no busca la verdad ni hace un trabajo práctico y sus opiniones sobre las cosas son como las de una incrédula. Así no puede recibir la obra del Espíritu Santo. ¿Cómo puede liderar una iglesia de ese modo? Incluso sin su carta de renuncia, sería destituida por su conducta de falsa líder”. Por tanto, busqué el principio para discernir si alguien tiene la obra del Espíritu Santo y hablé a partir de eso y de su conducta. Al terminar, varios diáconos asintieron con la cabeza y dijeron que la hermana Lin carecía de la obra del Espíritu Santo. Sin embargo, cuando hablé de destituir a la hermana Lin del deber, estos diáconos comentaron: “La hermana Lin tiene buena humanidad, ayuda a sus hermanos y hermanas en las dificultades que ella pueda y es amigable y modesta”. Afirmaron también que tenía buena aptitud, era lista y capaz de aceptar enseguida la palabra de Dios y que, fuera cual fuera el problema de sus hermanos y hermanas, sabía reconfortarlos. Si era destituida, la iglesia no encontraría otro líder adecuado. Un diácono añadió: “Es posible que la hermana Lin esté temporalmente en un mal estado. Hablemos con ella para tratar de ayudarla primero”. Los demás diáconos estuvieron más o menos de acuerdo. En resumen, estaban en contra de destituir a la hermana Lin. Si los líderes y obreros no reciben la obra del Espíritu Santo y no saben hacer un trabajo práctico durante un tiempo prolongado, hay que relevarlos. Si carecen de la obra del Espíritu Santo y los mantenemos, ¿no vamos en contra de lo que quiere Dios? Estos diáconos solo veían que la hermana Lin sabía ocuparse de la carne de la gente, que era cariñosa hasta cierto punto y que tenía inteligencia y aptitud, pero no si era o no alguien que buscaba la verdad ni si sabía hacer un trabajo práctico. No elegían a la gente según los criterios de la casa de Dios. Obviamente, la hermana Lin era una persona que no buscaba la verdad y tenía unas opiniones como las de los incrédulos. No enseñaba la verdad cuando sucedían las cosas ni sabía resolver en absoluto los problemas prácticos de entrada en la vida de sus hermanos y hermanas. Se reveló como una falsa líder. Si permanecía en el deber, únicamente estorbaría e interrumpiría la labor de la iglesia y obstaculizaría la entrada en la vida de sus hermanos y hermanas.

Después de mis palabras, todos los diáconos hicieron silencio, pero veía que aún no estaban de acuerdo con su destitución. Pensé: “Si insisto en mi posición aquí y sigo enseñando la verdad y discerniendo a la hermana Lin, ¿dirán estos diáconos que soy demasiado arrogante y arbitraria y que no acepto las opiniones ajenas?”. También me preocupaba que el resto de mi labor fuera más difícil si estropeaba mi relación con estos diáconos nada más llegar. Cuando lo pensé, dejé de enseñarles a los diáconos los principios para discernir a los falsos líderes y denuncié la situación de la iglesia a los líderes que tenía por encima. Reflexioné: “Si mi líder acepta mi posición, destituiré a la hermana Lin y esos diáconos no tendrán mala opinión de mí”. Luego acudí a otras hermanas de esa iglesia para conocer su opinión sobre la hermana Lin, pero descubrí que también les faltaba a esas hermanas discernimiento acerca de ella. Todas hablaban maravillas: que era cariñosa, comprendía sus dificultades, era lista y tenía aptitud. Opinaban igual que los diáconos. Al comprobarlo, no me atreví a enseñar la verdad para discernir a la hermana Lin. Temí que dijeran que era arrogante y engreída y que ignoraba las opiniones ajenas, y se llevaran una mala impresión de mí. Por ello, simplemente esperé la carta de mi líder con la respuesta. Así no cargaría con el asunto de la destitución de la hermana Lin. Tenía claro que esos hermanos y hermanas carecían de la verdad y no sabían discernir, pero no tenía ganas de enseñarles. En aquellos días sentía mi espíritu en tinieblas y no percibía la presencia de Dios. Reconocí que mi estado estaba mal, por lo que me presenté ante Dios y oré para pedirle esclarecimiento y guía para conocer mi estado. Días después, mi líder me pidió verse conmigo. Leímos un artículo de las palabras de Dios, “La parte más importante de creer en Dios es poner la verdad en práctica”. “En la casa de Dios, debes captar el principio de cada deber que realices, sea cual sea. Ser capaz de practicar la verdad significa actuar según los principios. Si no tienes algo claro, si no estás seguro de qué es lo apropiado, utiliza la comunicación para lograr el consenso. Una vez que se haya determinado lo que es más beneficioso para la obra de la iglesia y para los hermanos y hermanas, hazlo. No te atengas a las normas, no te demores, no esperes, no seas un observador pasivo. Si eres siempre un observador pasivo que aporta su opinión una vez alguien toma una decisión, y simplemente da largas y espera cuando nadie se pronuncia, terminarás arruinando cualquier trabajo que hagas. Respecto a las cosas que tienes claras, si todo el mundo te dice que esa es la manera apropiada de hacerlo, que debes hacerlo así, y Dios te guía a hacerlo de ese modo, entonces es así como debes hacerlo; no tengas miedo de asumir la responsabilidad o de ofender a los demás, ni de cuáles puedan ser las consecuencias. Dios ve, Él vigila cuando la gente es astuta y deshonesta. Cualquier cosa que pienses, cuando no actúas de acuerdo con la verdad, cuando te falta compromiso, cuando aparece tu propia contaminación personal y albergas tus propios pensamientos e ideas, Dios vigila y lo sabe, y la próxima vez que hagas algo, Él no estará a tu lado. ¿Y por qué no? Porque siempre hay cosas en tu corazón que te separan de Dios. ¿Cuáles son? Tus propios pensamientos, orgullo e intereses, y tu propia estrechez de miras. Cuando en el corazón de las personas existen cosas que las separan de Dios, y se preocupan constantemente por ellas, eso supone un problema. Si tienes escaso calibre y poca experiencia, pero estás dispuesto a buscar la verdad, si tienes siempre un solo corazón con Dios, si te dedicas por completo a aquello que Dios te confía, sin caer en trucos mezquinos, entonces Dios lo verá. Si en tu corazón hay un muro contra Dios, si siempre albergas planes mezquinos, siempre vives para tus propios intereses y tu orgullo, siempre estás calculando tales cosas en tu corazón y estás poseído por ellas, entonces Dios no estará complacido contigo, y mucho de lo que hagas será un desastre. Esto se debe a que no eres fácil de usar. Te falta compromiso, no amas la verdad, siempre estás jugando con Dios, no eres sincero en tu gestión de los asuntos de la casa de Dios. Tu corazón no es honesto, no entregas todo tu corazón y tu alma, solo haces algún esfuerzo simbólico, sin dedicar todo tu corazón a ello. Eso no es suficiente. Dios vigila el corazón de las personas: si no te arrepientes, no entrarás en la vida ni esta crecerá nunca, y por tanto no recibirás la aprobación de Dios” (“Discursos de Cristo de los últimos días”). En la palabra de Dios aprendí que, en los deberes de Su casa, todo ha de basarse en los principios de la verdad. En materias que no veamos claras, podemos hablar, llegar a un consenso y hacer lo que más beneficie al trabajo de la iglesia. En materias que veamos claras, hemos de practicar la verdad y actuar según los principios para tener en consideración la voluntad de Dios. Sin embargo, si nos falta un corazón honesto, hacemos trampas delante de Dios, tratamos de proteger nuestros intereses, comprendemos la verdad sin practicarla y no mostramos lealtad ni consideración hacia Dios, entonces no recibiremos nunca la obra del Espíritu Santo ni la bendición de Dios en el deber. Al escuchar a los diáconos informar de la situación de la hermana Lin, supe que no era una persona que buscara la verdad, que no hacía ningún trabajo práctico y que era una falsa líder a la que había que relevar, pero cuando vi que los diáconos no estaban de acuerdo, temí que dijeran que era arrogante y engreída, así que no me atreví a defender los principios de la verdad ni quise enseñarles la verdad acerca de cómo discernir a los falsos líderes. Cuando redacté una carta para informar a mí líder, aparentemente me tomaba en serio mi deber, pero en realidad dudaba si dar la cara, ya que temía que mis hermanos y hermanas opinaran negativamente de mí. En el deber solo tenía en cuenta mi reputación y estatus, por los que toleré que una falsa líder interrumpiera la labor de la iglesia y estorbara la entrada en la vida de mis hermanos y hermanas. Descubrí que yo era realmente egoísta, despreciable y astuta. Dios examina el corazón y la mente de las personas y puede que mis pensamientos engañen a otros, pero no a Dios. En esa época, mi espíritu estaba en tinieblas y no percibía la presencia de Dios. ¡Ese era, a decir verdad, el justo castigo de Dios hacia mí!

Precisamente en aquel momento supe que en una iglesia habían descubierto que un anticristo hacía el mal, pero nadie lo denunció ni delató. Incluso cuando este anticristo fue expulsado, los miembros lo encubrieron y protegieron. Esto ofendió el carácter de Dios y toda la iglesia fue confinada para que recapacitara. Cuando me enteré del resultado, temblé de miedo por dentro. Me pregunté una y otra vez por qué no pude destituir a la falsa líder cuando la descubrí, sobre todo teniendo en cuenta que la palabra de Dios dice: “Cuando la verdad se convierte en tu vida, si alguien blasfema contra Dios, si no tiene reverencia hacia Él, si es descuidado en el deber, provoca interrupciones o perturba la obra de la iglesia, y cuando ves que esto ocurre, entonces puedes discernirlo y exponerlo cuando sea necesario y abordarlo de acuerdo con el principio de la verdad. Si la verdad no se ha convertido en tu vida y todavía vives inmerso en tu carácter satánico, cuando te encuentres con inicuos y demonios que interrumpan y perturben el trabajo de la casa de Dios, harás la vista gorda y oídos sordos; los apartarás sin que te lo reproche tu conciencia. Llegarás a creer que quien perturba el trabajo de la casa de Dios no tiene nada que ver contigo. Por mucha que sea la pérdida para la obra de Dios y los intereses de Su casa, no sentirás ningún reproche de tu conciencia, lo que significa que serás una persona que vive de acuerdo con su carácter satánico. Satanás te controla y hace que vivas como algo que no es ni completamente humano ni completamente demoníaco. Comes de lo que es de Dios, bebes de lo que es de Dios y gozas de todo cuanto proviene de Él; ahora bien, cuando la obra de la casa de Dios sufre alguna pérdida, crees que no tiene nada que ver contigo y, cuando ocurre, incluso ayudas utilizando a tu propia gente y tú no tomas partido por Dios ni defiendes Su obra ni los intereses de Su casa. Esto quiere decir que Satanás tiene poder sobre ti, ¿no? Las personas que son así, ¿viven como seres humanos? Es evidente que son demonios, ¡no seres humanos!” (‘Solo quienes practican la verdad temen a Dios’ en “Discursos de Cristo de los últimos días”). Cada renglón de la palabra de Dios me traspasó el corazón y estaba aterrada. Era como si Dios se enfureciera conmigo. Vi nítidamente que una falsa líder de la iglesia interrumpía el trabajo, lo que estorbaba la entrada en la vida de mis hermanos y hermanas, pero, por preservar mi relación con ellos y con los diáconos, no delaté ni me ocupé de la falsa líder, ni enseñé la verdad para ayudarlos a discernirla. Me había convertido en escudo de la falsa líder, en cómplice de Satanás. Lo que hacía era malvado. Imaginad, Dios vino encarnado y expresó muchísima verdad para regarnos y proveernos, y yo recibí de Él todo cuanto tengo, pero cuando se vio perjudicado el trabajo de Su casa, decidí tolerar que una falsa líder perturbara su labor. Vi lo ingrata que fui en aquel momento. Carecía de toda conciencia y razón y no tenía ni pizca de humanidad. Era decepcionante para Dios.

Luego recordé otro pasaje de la palabra de Dios: “Todos vosotros decís que tenéis consideración por la carga de Dios y defenderéis el testimonio de la Iglesia, pero ¿quién de vosotros ha considerado realmente la carga de Dios? Hazte esta pregunta: ¿Eres alguien que ha mostrado consideración por Su carga? ¿Puedes tú practicar la justicia por Él? ¿Puedes levantarte y hablar por Mí? ¿Puedes poner firmemente en práctica la verdad? ¿Eres lo bastante valiente para luchar contra todos los hechos de Satanás? ¿Serías capaz de dejar de lado tus emociones y dejar a Satanás al descubierto por causa de Mi verdad? ¿Puedes permitir que Mis intenciones se cumplan en ti? ¿Has ofrecido tu corazón en el momento más crucial? ¿Eres alguien que hace Mi voluntad? Hazte estas preguntas y piensa a menudo en ellas” (‘Capítulo 13’ de Declaraciones de Cristo en el principio en “La Palabra manifestada en carne”). Con cada renglón de la palabra de Dios comprendí Su voluntad. Surgió una falsa líder en esta iglesia y Dios esperaba que estuviéramos de Su parte, tuviéramos en consideración Su voluntad y protegiéramos los intereses de Su casa. La iglesia me había dispuesto este deber para que destituyera enseguida a falsos líderes si era preciso, eligiera a la persona adecuada según los principios y les diera una buena vida de iglesia a mis hermanos y hermanas. Si siempre pensaba y hacía planes en beneficio propio y no era capaz de levantarme a defender los intereses de la casa de Dios, seguro que Él me rechazaría. Me di cuenta de que la hermana Lin no buscaba la verdad y de que no había cambiado de opinión sobre las cosas; entonces, ¿cómo podía regar a los hermanos y hermanas? Si se permitía la permanencia de alguien así, seguiría interrumpiendo el trabajo de la casa de Dios y estorbando la entrada en la vida de la gente. Una vez comprendido esto, ya no me preocupó que me llamaran arrogante y engreída por destituir a la hermana Lin, pues tenía claro que con ello defendía los principios, practicaba la verdad y protegía el trabajo de la casa de Dios, y que no era arrogancia ni engreimiento. Solo aquellos que actúan sin basarse en la palabra de Dios ni en la verdad hacen lo que les place, se aferran a sus nociones e ideas, son arrogantes y engreídos y van contra la verdad.

Por tanto, después empleé la palabra de Dios para enseñarles las consecuencias de no destituir a la hermana Lin y hablé de que los líderes y obreros deben hacer un trabajo práctico y de lo que son la buena humanidad, la buena aptitud y un corazón amante. Tras mi enseñanza, los hermanos y hermanas sabían discernir a la hermana Lin. También descubrieron que hay unos principios para los traslados y destituciones en la casa de Dios. La casa de Dios no se fija en los dones ni en la aptitud de una persona, sino en si es capaz de buscar la verdad, de practicarla y de hacer un trabajo práctico. La hermana Lin era una falsa líder y había que destituirla. Luego fui a hablar con la hermana Lin, pero descubrí que, básicamente, estaba adormecida. No se sentía culpable ni se culpaba en absoluto. La destituí en aquella conversación. A continuación les enseñé los principios de elección a los hermanos y hermanas y seleccionamos a un nuevo líder de la iglesia.

Después del trabajo de elección, recordé que los hermanos y hermanas habían denunciado algunas conductas del hermano Xiao Lei. Según ellos, nunca buscaba la verdad, llevaba años creyendo en Dios sin cambiar de ideas, ansiaba las cosas mundanas y el dinero, y solo le preocupaba enriquecerse y tener una vida extraordinaria. Cada vez que le asignaban un deber, se ocupaba de hacer negocios para ganar dinero, cumplía a disgusto con el deber y, encima, vendía sistemas de inversión y rentabilidad a la gente de la iglesia. Su conducta ya estaba perturbando e interrumpiendo la vida de iglesia. Pensé: “Mejor voy a hablar con él para advertirle”. El día de la reunión, no vino a casa y se saltó la reunión adrede. Tuve que esperar hasta la noche a que volviera. Le pregunté: “¿Qué opinas de las interrupciones que has provocado en la vida de iglesia? ¿Has recapacitado y tratado de comprenderte a ti mismo?”. No tenía entendimiento ni sentía ningún pesar por sus actos y tenía muchos malentendidos y quejas. Afirmó haber creído en Dios durante años sin conseguir nada. Su hijo lo desobedecía, su esposa lo malinterpretaba… Culpaba exclusivamente a los demás y no decía nada de sus propios problemas. A medida que hablaba con él, lo guiaba para que recapacitara y lograra conocerse, pero era muy reacio. También dijo: “¿De qué sirve practicar la verdad?”. Recordé que, una vez, una hermana había utilizado las palabras de Dios para señalar sus conductas de incrédulo, pero no lo entendió ni se arrepintió en modo alguno. Xiao Li nunca buscaba la verdad y se comportaba como un incrédulo en muchos aspectos. Según los principios, quien no busque la verdad, no cumpla con el deber e interrumpa la vida de iglesia ha de estar incomunicado. No se le puede dejar que interrumpa la vida de iglesia. A alguien como Xiao Lei se le debería haber incomunicado; si no, influiría y perturbaría a la gente de poca estatura, que carece de discernimiento. Así pues, hablé y aporté discernimiento a los líderes y diáconos de la iglesia. Todos estuvieron de acuerdo en que había que incomunicar a Xiao Lei y darle tiempo para reflexionar. Sin embargo, días más tarde, una hermana me envió una carta diciendo que Xiao Lei quería practicar la verdad, pero que lo controlaban sus actitudes corruptas y no podía, por lo que no merecía estar incomunicado. A la vista de la carta, dudé. Si Xiao Lei quería arrepentirse y cambiar, ¿se volvería más negativo si yo disponía su incomunicación para dejar que reflexionara? Si Xiao Lei y los demás se enteraban de que lo había sugerido, ¿dirían que no le doy a la gente tiempo de que se arrepienta? Acababa de llegar poco antes a esa iglesia, pero estaba destituyendo a falsos líderes y ocupándome de los incrédulos. ¿Dirían los hermanos y hermanas que estaba tratando de asustarlos y siendo demasiado despiadada? También tuve en cuenta que Xiao Lei era elocuente y sabía ganarse a la gente. Cuando iba a hablar con él y a denunciarlo, si no estaba de acuerdo, se oponía a mí o perdía los estribos conmigo, ¿qué haría yo? Al pensar en estas cosas me volví a encontrar en apuros, así que me presenté ante Dios y oré para pedirle que me guiara hasta comprender Su voluntad, de modo que supiera actuar según los principios de la verdad.

Después leí un pasaje de la palabra de Dios. “La iglesia está en construcción y Satanás está haciendo todo lo posible por demolerla. Quiere demoler Mi construcción por cualquier medio posible; por este motivo, la iglesia debe ser purificada rápidamente. No debe quedar ningún resto de la escoria de la maldad; la iglesia debe ser purificada para que se vuelva impecable y siga siendo tan pura como en el pasado. Debéis estar despiertos y esperando en todo momento, y debéis orar más delante de Mí. Debéis reconocer las diversas tramas y argucias engañosas de Satanás, reconocer los espíritus, conocer a la gente y ser capaces de discernir todo tipo de personas, sucesos y cosas; debéis también comer y beber más de Mis palabras y, lo que es más importante, debéis ser capaces de comerlas y beberlas por vosotros mismos. Equipaos con toda la verdad y venid delante de Mí para que Yo pueda abrir vuestros ojos espirituales y permitiros ver todos los misterios que se encuentran dentro del espíritu… Cuando la iglesia entra en su fase de construcción, los santos marchan a la batalla. Los muchos horribles rasgos de Satanás son colocados delante de vosotros; ¿os detenéis y retrocedéis, u os levantáis y confiando en Mí seguís hacia delante? ¡Expón a fondo los rasgos corruptos y desagradables de Satanás, no escatimes sentimientos, y no muestres misericordia! ¡Lucha contra Satanás hasta la muerte! ¡Yo soy tu respaldo y tú debes tener el espíritu del hijo varón! Satanás está arremetiendo en su agonía de muerte final, pero aun así será incapaz de escapar de Mi juicio. Satanás está bajo Mis pies y también está pisoteado debajo de vuestros pies, ¡es verdad!” (‘Capítulo 17’ de Declaraciones de Cristo en el principio en “La Palabra manifestada en carne”). En la palabra de Dios aprendí que, mientras Dios obra para salvar a la gente, Satanás también hace lo posible por interrumpir Su obra. Dios permite que surjan en la iglesia falsos líderes, anticristos, malhechores e incrédulos para que podamos dotarnos de la verdad, discernir a las personas, materias y cosas de nuestro entorno por medio de los principios de la verdad, entender qué cosas vienen de Dios y cuáles de Satanás, estar de parte de Dios, discernir y rechazar toda cosa negativa de Satanás y no tener más piedad con él. Pensé de nuevo en Xiao Lei, en que nunca buscaba ni practicaba la verdad, en que llevaba años creyendo en Dios, pero aún tenía opiniones propias de un anticristo y en que, cuando sus hermanos y hermanas hablaban con él, siempre tenía preparadas falacias para refutarlos. En la vida de iglesia, siempre hablaba de cosas desvinculadas de la verdad, no desempeñaba un papel positivo ni tenía la menor comprensión ni arrepentimiento respecto a sus actos. Allá donde hubiera alguien como Xiao Lei, si nadie se ocupaba de él ni lo incomunicaba inmediatamente, estorbaría todavía más la entrada en la vida de sus hermanos y hermanas y confundiría a aquellos de poca estatura. Comprendí que la casa de Dios tiene este principio para ocuparse de los incrédulos porque estos y los hermanos y hermanas que sinceramente creen y aman la verdad son tipos totalmente distintos de personas. La incomunicación de aquellos que no desempeñan un papel positivo en la iglesia supone limitar sus malas acciones, garantizar que no puedan perturbar la vida de iglesia y permitir que los demás busquen mejor la verdad y se salven. Mi deber era el de líder, por lo que tenía que ocuparme de los incrédulos según los principios. Si me acobardaba e ignoraba mi deber por proteger mis intereses y no ofender, ¿no iba a encubrir a Satanás y a tolerar que los incrédulos perturbaran a mis hermanos y hermanas en la iglesia? Luego descubrí otro pasaje de la palabra de Dios y supe por qué no era capaz de practicar la verdad ni de defender los principios. Las palabras de Dios dicen: “La mayoría de las personas desean buscar y practicar la verdad, pero gran parte del tiempo simplemente tienen la determinación y el deseo de hacerlo; la verdad no se ha convertido en su vida. Como resultado, cuando se topan con las fuerzas del mal o se encuentran con personas malvadas y malas que cometen actos malvados o con falsos líderes y anticristos que hacen las cosas de una forma que viola los principios —y provocando que la obra de la casa de Dios sufra pérdidas y dañando a los escogidos de Dios— las personas pierden el coraje de plantarse y decir lo que piensan. ¿Qué significa cuando no tienes coraje? ¿Significa que sois tímidos o poco elocuentes? ¿O que no tenéis un entendimiento profundo y, por tanto, no tenéis la confianza necesaria para decir lo que pensáis? Nada de esto; lo que pasa es que estás siendo controlado por diversos tipos de actitudes corruptas. Una de estas actitudes es la astucia. Piensas primero en ti mismo y piensas: ‘Si digo lo que pienso, ¿cómo va a beneficiarme? Si digo lo que pienso y provoco que alguien se disguste, ¿cómo nos llevaremos bien en el futuro?’. Esta es una mentalidad astuta, ¿cierto? ¿No es esto resultado de un carácter astuto? Otra es una actitud egoísta y mezquina. Piensas: ‘¿Qué tiene que ver conmigo una pérdida para los intereses de la casa de Dios? ¿Por qué debería importarme? No tiene nada que ver conmigo. Aunque lo vea y oiga, no tengo que hacer nada. No es mi responsabilidad, no soy líder’. En tu interior se encuentran esas cosas, como si hubieran surgido de tu mente inconsciente y ocuparan posiciones permanentes en tu corazón; son las corruptas actitudes satánicas del hombre. […] Nunca dices lo que realmente piensas. Todo ha de ser editado previamente por tu cerebro, en tu mente. Todo lo que dices es mentira, se contradice con los hechos, es todo para tu espuria defensa, para tu propia ventaja. Alguna gente se lo traga, y a ti te basta: tus palabras y acciones han logrado tus objetivos. Esto es lo que hay en tu corazón, son tus actitudes. Estás totalmente controlado por tus propias actitudes satánicas. No tienes poder sobre lo que dices o haces. Aunque quisieras, no podrías decir la verdad o lo que piensas realmente; aunque quisieras, no podrías practicar la verdad; aunque quisieras, no podrías cumplir con tus responsabilidades. Todo lo que haces, dices y practicas es una mentira, y eres descuidado y superficial. Resulta evidente que estás completamente encadenado y controlado por tu carácter corrupto. Puede que quieras aceptar y luchar por la verdad, pero no depende de ti. No eres más que una marioneta de carne corrupta, te has convertido en una herramienta de Satanás, dices y haces todo lo que te ordena tu carácter satánico” (‘Solo quienes practican la verdad temen a Dios’ en “Discursos de Cristo de los últimos días”). Recordé mi conducta. Cada vez que era necesario que practicara la verdad, solo me preocupaban mi reputación y mi estatus. Era muy egoísta y astuta. Filosofías satánicas como “cada hombre para sí mismo, y sálvese quien pueda” y “el que tiene capa, escapa” ya habían arraigado en mi mente. Al vivir según estas cosas, no me atrevía a defender los principios de la verdad. En cuanto a la destitución de la hermana Lin, temía que mis colaboradores dijeran que era arrogante y engreída, así que no me atrevía a defender los principios. Protegí mi imagen a costa del trabajo de la casa de Dios y no supe destituir a la hermana Lin a tiempo. Encima, la conducta de Xiao Lei ya había interrumpido la vida de iglesia, por lo que, según los principios, había que incomunicarlo para que los demás tuvieran una vida adecuada de iglesia y él no los confundiera ni perturbara. Sería útil tanto para Xiao Lei como para la entrada en la vida del resto de la iglesia. Pero, una vez más, temía que mis hermanos y hermanas dijeran que no le daba a la gente la oportunidad de arrepentirse ni tenía en cuenta sus debilidades, lo que, en su pensamiento, podría afectar a mi imagen y estatus, por lo que estaba dispuesta a dejar que perjudicara la vida de iglesia y no era capaz de defender los principios ni de practicar la verdad. Lo único que me importaba era cómo proteger mi imagen y estatus, y no cómo perjudicara la labor de la iglesia ni los intereses de la casa de Dios. ¿Cómo podía calificarme de sincera creyente en Dios? Fue entonces cuando me di cuenta de que las filosofías satánicas me habían envenenado en profundidad. Era egoísta y ruin y no tenía ninguna semejanza humana. A Dios lo agradan los que se atreven a defender los principios de la verdad y tienen sentido de la justicia, los que tienen el valor de defender todas las cosas positivas y de rechazar todas las negativas. Esto es lo que nos exige Dios. El asunto de Xiao Lei era una prueba de Dios para mí. Estaba comprobando si era capaz de proteger los intereses de la casa de Dios. Pensé: “He de ser una persona con sentido de la justicia. Sin importar lo que opinen de mí los demás, he de defender los principios de la verdad”. Luego, por medio de la enseñanza, los demás aprendieron a discernir la conducta, propia de un incrédulo, de Xiao Lei, y el 80 % de los hermanos y hermanas acordó incomunicarlo y observarlo. A continuación, fui a hablar con Xiao Lei y empleé su conducta continuada para exponerle sus problemas, pero antes de que tuviera ocasión de terminar, se puso a defenderse y a refutarme alegando que los hermanos y hermanas invertían libremente, que él no tenía nada que ver… Con esa conducta demostró que era un incrédulo. Por tanto, dispuse que fuera incomunicado y observado durante un tiempo, y si seguía sin demostrar conocimiento ni arrepentimiento, se le expulsaría de la iglesia. Tras practicar según los principios de la verdad, tuve una sensación indescriptible de paz y gozo interiores.

Después de mi experiencia, empecé a entender mis actitudes corruptas, fui capaz de renunciar a mis intereses, de practicar la verdad y de vivir con algo de semejanza humana. Todo eso fue la salvación de Dios. También entiendo que la casa de Dios es distinta del mundo. La verdad reina en la casa de Dios. Al practicar la verdad y actuar con principios, recibimos la bendición y guía de Dios. ¡Gracias a Dios!

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