La competencia engendra sufrimiento

19 Ene 2023

Por Xinyi, China

En abril de 2021, la iglesia dispuso que Chen Xi y yo asumiéramos juntas el trabajo de riego. Me inquieté un poco al conocer la noticia. Chen Xi era capaz y enseñaba claramente la verdad. Temía que me superara con un poco de práctica. Había supervisado su trabajo anteriormente; entonces, ¿cómo podría dar la cara si ella lo hacía mejor que yo? Más tarde advertí que la líder le brindaba mucha ayuda y apoyo y que le mandaba practicar tareas importantes. Supuse que la líder quería cultivarla. Muy decepcionada, me oponía a ella en secreto con el deseo de esforzarme para que no me superara. Me lanzaba a hablar con los demás en las reuniones y me aseguraba de conocer y abordar los problemas en el trabajo de los hermanos y hermanas. Hablaba de buena gana en los debates de trabajo, y los demás estaban de acuerdo conmigo la mayor parte del tiempo. Con el tiempo, el trabajo de riego empezó a dar resultados. Muy satisfecha conmigo misma, me sentía realmente realizada. Como Chen Xi era nueva en ese tipo de trabajo, al principio no dominaba las cosas y le resultaba difícil. Sabía que debía ayudarla a familiarizarse rápido con el trabajo y a aprender los principios, pero temía que me dejara en evidencia, así que le daba un esquema breve y sencillo sin más detalles. Me alegraba en secreto cuando la veía en un mal estado por las dificultades de su deber y me creía aún más capaz que ella. Poco después, Chen Xi llegó a conocer el trabajo poco a poco y consiguió resultados en el deber. A menudo oía que enseñaba a los hermanos y hermanas a resolver sus problemas, y eso me parecía muy práctico y claro, lo que me ponía nerviosa. Resultó que sí tenía más aptitud que yo. De seguir así, lo haría cada vez mejor en el deber y, en algún momento, seguro que los demás la admirarían. Con ello, ¿no parecería mejor que yo? Me sentía cada vez más amenazada. Siempre que estábamos reunidas con otros, yo observaba cómo enseñaba. Cuando reparaba en que aportaba esclarecimiento, trataba de pensar en cómo enseñar mejor que ella. Una vez, una hermana no podía colaborar bien con los demás por su arrogancia, lo que afectaba a su trabajo. Me devané mucho los sesos sobre cuál era la raíz de su problema, qué pasaje de las palabras de Dios utilizar y cómo integrar mi experiencia en mis enseñanzas. No obstante, al tener la mentalidad incorrecta, no pude pensarlo con calma y, al final, enseñé forzadamente un poco de entendimiento superficial y su estado no se remedió. Pero Chen Xi combinó la enseñanza de las palabras de Dios con su experiencia. La hermana pudo identificarse con esto y se sintió preparada entonces para cambiar su estado. Esto me molestó. ¿Por qué le dio Dios esclarecimiento a ella, y no a mí? Si ella llegó a ser el centro de atención, ¿no creerían los demás que era mejor que yo? Al pensarlo, tomé una decisión. Tenía que montar un show la próxima vez que alguien tuviera una dificultad. para que todos vieran que sabía enseñar la verdad para resolver problemas. Más tarde, una hermana describió su forma de criticar a los demás tras ser tratada. Estuve reflexionando que, como yo tenía el mismo tipo de experiencia, en esa ocasión sabría enseñar bien. No obstante, antes de haber abierto la boca, Chen Xi empezó a enseñar y habló muy claro, vinculándolo a su experiencia real y quitándome las palabras de la boca. No tuve más remedio que explicar mi entendimiento de manera sencilla. Al observar que Chen Xi estaba de muy buen humor tras la reunión, me sentí aún más celosa y no quise reconocérselo. Esa noche me acosté y no pude dormir nada. Me deprimía mucho pensar en cuánto les gustó a los demás la enseñanza de Chen Xi. Parecía que yo jamás podría superarla. Por entonces sabía que no me hallaba en un buen estado. Oraba a Dios para pedirle esclarecimiento y que me guiara para conocerme a mí misma.

En una reunión posterior leí que Dios dice: “Aferrarse a la fama y al beneficio es el comportamiento distintivo de los humanos, que tienen la naturaleza malvada de Satanás. Nadie es una excepción. Toda la humanidad corrupta vive por la fama y el estatus, y todos los humanos pagarían cualquier precio en su lucha por la fama y el estatus. Así es con todos los que viven bajo el poder de Satanás. Por lo tanto, aquel que no acepta o entiende la verdad, que no puede actuar de acuerdo con los principios, es aquel que vive en medio de un carácter satánico. Un carácter satánico domina tus pensamientos y controla tu comportamiento; Satanás te tiene completamente bajo su control y esclavitud, y si no aceptas la verdad y renuncias a Satanás, no podrás escapar. […] No pienses siempre en sobrepasar a los demás, en hacerlo todo mejor que el resto y destacar entre la multitud en todas las cosas. ¿Qué clase de carácter es ese? (Un carácter arrogante). La gente siempre tiene un carácter arrogante, e incluso si quiere luchar por la verdad y satisfacer a Dios, se queda corta. Les controla un carácter arrogante que les desvía con facilidad. […] Cuando tienes tal carácter, siempre estás tratando de reprimir a los demás, de superarlos, siempre compites, siempre intentas aprovecharte de los demás. Eres muy envidioso, no obedeces a nadie y siempre estás tratando de destacar. Eso es un problema; así es como actúa Satanás. Si deseas realmente ser una criatura de Dios aceptable, entonces no persigas tus propios sueños. Tratar de ser superior y más capaz de lo que eres con el fin de conseguir tus objetivos es malo; deberías obedecer las orquestaciones y arreglos de Dios, y no aspirar a más de lo que mereces, solo eso demuestra razón” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Los principios que deben guiar el comportamiento de una persona). Las palabras de Dios revelaban mi verdadero estado. Como siempre quería luchar por el primer puesto entre los demás y no estar por debajo de nadie, competía constantemente, con deseos de estar por encima de otros. Dado que había supervisado anteriormente la labor de Chen Xi, cuando me hicieron compañera suya no quería ser peor que ella en cuanto a capacidad de trabajo o enseñanza de la verdad. Me alegré de que no pudiera superarme al principio, pero cuando vi que progresaba rápido, resolvía problemas y hasta recibía el visto bueno de los hermanos y hermanas, estaba disgustada y celosa y siempre competía con ella. Incluso quería lucirme al enseñar la verdad y resolver los problemas para que los otros me admiraran, pero mi intención no era correcta. Solo me centraba en la reputación y la ganancia, no en meditar en serio las palabras de Dios, por lo que solamente sabía enseñar algo de doctrina estéril que no edificaba a los demás en absoluto. No hacía introspección a la luz de esto, sino que culpaba a Dios por no darme esclarecimiento, y era reacia. Fue entonces cuando me di cuenta de lo arrogante e irracional que era. La iglesia había dispuesto que Chen Xi y yo asumiéramos la labor de riego, con lo que deberíamos haber trabajado para complementarnos, haber aprovechado nuestros puntos fuertes individuales, y haber cumplido bien con el deber juntas. Era obvio que no estaba a su altura, sino que me faltaba autoconciencia de esto. Siempre trataba de ser mejor que ella y de ser el centro de atención, mientras, en secreto, contaba mis pérdidas y ganancias de estatus sin pensar para nada en mi deber ni en el trabajo de la iglesia. Era muy arrogante e irracional y exhibía un carácter satánico, cosa de la que Dios abominaba.

Después, oré a Dios para pedirle que me guiara para corregir mi actitud y colaborar bien con Chen Xi. Luego, cuando ella enseñaba la verdad con más claridad que yo y yo era competitiva, me aseguraba de orar y renunciar a mí misma. Al practicar así, mi estado fue mejorando. Sin embargo, como no tenía auténtico entendimiento de mi naturaleza y esencia, poco después resurgió el mismo problema. En las reuniones que Chen Xi y yo celebrábamos para algunos hermanos y hermanas, ella enseñaba la mayor parte del tiempo, mientras que yo solo añadía algo por aquí y por allá. Una o dos veces, bien; pero, conforme avanzaban las cosas, me sentía invisible y me iba de las reuniones decepcionada. ¿Mi papel iba a ser siempre secundario? Descontenta por ello, era competitiva en secreto. Ya que no enseñaba la verdad ni resolvía problemas mejor que Chen Xi, me esforzaba por supervisar y hacer seguimiento de las tareas para que el trabajo de riego fuera más eficaz. Esto demostraría mi capacidad. Así, cuando algo requería seguimiento, iba yo sola, sin hablar con Chen Xi. Luego empecé a ser ligeramente mejor que ella en este sentido y me volví arrogante de nuevo. Resultaba que, después de todo, ¡no era peor que ella! Desde entonces quise hallar el modo de superarla también en enseñanza y resolución de problemas. Una vez, en una reunión, como quería tomar las riendas y no tenerla a ella siempre por delante, me puse a abordar activamente los problemas de una hermana. No obstante, mi intención no era correcta y me apresuré a enseñar sin haber entendido el problema. En consecuencia, enseñé mucho sin solucionar nada. Los demás vieron que me hallaba en un estado incorrecto y hablaron conmigo para que no compitiera con mi compañera por la reputación y el estatus, pues eso afectaría a nuestra eficacia. Me resultó realmente vergonzoso y preocupante que me señalaran esto. Y, como yo había consumido tanto tiempo, no pudimos abordar nuestros problemas de trabajo y tuvimos que concluir la reunión precipitadamente. De camino a casa recordé cómo me había comportado en la reunión. Fue un mal trago. Solo me importó lucirme para demostrar que era mejor que Chen Xi y perdí mucho tiempo, con lo que se quedaron si resolver los problemas de nuestro trabajo y la reunión no fue fructífera. Estaba interrumpiendo el trabajo y la vida de la iglesia. Cuanto más lo pensaba, más me disgustaba, y me sentía muy angustiada. No sabía cómo corregir mi carácter corrupto. Durante un tiempo, estancada en un estado de lucha por la reputación y la ganancia, no quería brindar ayuda a Chen Xi cuando tenía dificultades con su trabajo y su estado y solía señalar, directa e indirectamente, que no lo intentaba, con lo que se volvía más negativa. La distancia entre nosotras aumentó y nuestro desempeño en el trabajo se resintió. Cuando la líder se enteró de mi estado, trató conmigo por luchar por la reputación y la ganancia y excluir a mi compañera, diciendo que eso demostraba mala humanidad. Eso me afectó profundamente, por lo que oré para pedirle a Dios esclarecimiento para conocerme de verdad y para que se resolvieran mis problemas.

Leí entonces unas palabras de Dios. “Cada uno de vosotros ha subido a la cumbre de las multitudes; habéis ascendido a ser los antepasados de las masas. Sois extremadamente arbitrarios, y corréis frenéticamente entre todos los gusanos en busca de un lugar tranquilo y tratáis de devorar a los gusanos más pequeños que vosotros. Sois maliciosos y siniestros en vuestro corazón, e incluso superáis a los fantasmas que se han hundido en el fondo del mar. Vivís en lo hondo del estiércol, molestáis a los gusanos de arriba abajo hasta que no tienen paz, y estos luchan entre sí durante un tiempo y después se calman. No conocéis vuestro propio estatus, y aun así peleáis entre vosotros en el estiércol. ¿Qué podéis conseguir de esa lucha? Si de verdad tuvierais reverencia hacia Mí en vuestro corazón, ¿cómo podríais pelear unos con otros a Mis espaldas? Independientemente de lo elevado que sea tu estatus, ¿acaso no sigues siendo un apestoso gusanito en el estiércol? ¿Serás capaz de hacer que te crezcan alas y convertirte en una paloma en el cielo?” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Cuando las hojas caídas regresen a sus raíces, lamentarás todo el mal que has hecho). Al compararme con las palabras de Dios, vi que así era yo. Yo siempre me había dado demasiada importancia porque creía que debía ser mejor que Chen Xi en todos los sentidos por haberla supervisado anteriormente. Luchaba por superarla abiertamente y en secreto. No debatía con ella el seguimiento del trabajo de riego, sino que actuaba por mi cuenta, y quería aprovechar a resolver problemas en las reuniones para demostrar que era mejor que ella sin pensar si yo sabía resolver los problemas reales de la gente ni si eso afectaría a la eficacia de la reunión. Cuando observaba que ella tenía dificultades en el trabajo y no se hallaba en un buen estado, no solo no la ayudaba, sino que me alegraba de su desdicha, la ninguneaba adrede y me deleitaba en su sufrimiento. Eso hizo que estuviera cada vez más negativa. Vi que yo carecía totalmente de humanidad. También descubrí que Dios revela a esos gusanos que no conocen su propio valor, pero que siempre quieren volar como palomas en el cielo. Estaba avergonzadísima. Me sentí igual de monstruosa y desvergonzada. Era obvio que no tenía mucha realidad de la verdad y que no sabía resolver los problemas prácticos de otros, pese a lo cual quería lucirme y superarlos. Eso no solo hirió a mi hermana, sino que afectó al trabajo de la iglesia. Cuanto más lo pensaba, más culpable y en deuda me sentía. También leí unas palabras de Dios sobre los anticristos. Dios Todopoderoso dice: “¿Cuál es el lema de los anticristos en cualquier grupo en que estén? ‘¡Debo competir! ¡Competir! ¡Competir! ¡Debo competir por ser el más grande y poderoso!’. Este es el carácter de los anticristos; allá donde van, compiten y tratan de lograr sus objetivos. Son lacayos de Satanás y perturban la labor de la iglesia. Así es el carácter de los anticristos: lo primero que hacen es permanecer atentos en la iglesia para averiguar quién lleva creyendo muchos años en Dios y tiene capital, quién tiene algunos dones o habilidades especiales, quién ha sido de utilidad para los hermanos y hermanas en su entrada en la vida, quién tiene buena reputación, antigüedad, alguien del que hablen bien los hermanos y hermanas, que tenga más cosas positivas. Esas personas van a ser su competencia. En resumen, cada vez que los anticristos se encuentran en un grupo de personas, esto es lo que hacen siempre: compiten por el estatus, compiten por tener buena reputación, compiten por tener la última palabra sobre los asuntos y el poder absoluto para tomar decisiones en el grupo, lo que, una vez alcanzado, los hace felices. […] Así de arrogante, odioso e irracional es el carácter de los anticristos. No tienen ni conciencia ni razón, ni siquiera una pizca de la verdad. Uno puede ver en las acciones y los actos de un anticristo que lo que hacen no tiene nada de la razón de una persona normal, y aunque se les pueda comunicar la verdad, no la aceptan. Por muy correcto que sea lo que digas, para ellos no tiene sentido. Lo único que les gusta buscar es la reputación y el estatus, que es lo que veneran. Mientras puedan disfrutar de los beneficios del estatus, están contentos. Este, creen ellos, es el valor de su existencia. En cualquier grupo de gente en que se encuentren, tienen que mostrar la ‘luz’ y ‘calidez’ que aportan, sus peculiares talentos, su singularidad. Y como se creen especiales, piensan, naturalmente, que hay que tratarlos mejor que al resto, que deben recibir el respaldo y la admiración de la gente, que esta ha de respetarlos e idolatrarlos; se creen que todo esto es lo que les corresponde. ¿Acaso no es gente descarada y sinvergüenza?” (La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 9 (III)). Dios revela que los anticristos no saben trabajar con nadie. Siempre quieren ser el centro de atención y que los admiren e idolatren. Esa clase de persona es de carácter desalmado y Dios la aborrece. Al reflexionar, vi que yo también exhibía el carácter de un anticristo. La iglesia había dispuesto que Chen Xi y yo colaboráramos, pero yo quería ser una estrella y la única que brillara. Al ver que Chen Xi enseñaba con claridad y recibía el visto bueno de los demás, me puse celosa de ella y creí que yo nunca tendría un día de gloria mientras estuviera ella en la iglesia. La consideraba rival. Veía que tenía dificultades en el trabajo, pero no la ayudaba y hasta dejaba que hiciera sola las cosas, con lo que se sentía negativa. Como la marginaba una vez detrás de otra, su estado empeoró, pero no me sentía culpable ni incómoda, sino que creía que ahora yo podría acaparar la atención y jugar un papel destacado. Decía adrede cosas denigratorias con la mira en su estusiasmo en el deber, a fin de que no pusiera en prática sus puntos fuertes. Eso le resultaba muy hiriente. Vivía de acuerdo con venenos satánicos como “no puede haber más que un macho alfa” y “yo soy mi propio señor en todo el cielo y la tierra”. Quería ser la única que destacara. No reparaba en nada con tal de excluirla y le hacía daño para poder sobresalir del resto. No tenía ni la más mínima conciencia. Me acordé de algunos anticristos de la iglesia. Solo les importa su estatus entre los demás y recibir su admiración. No soportan que los superen y, en cuanto se ve amenazado su estatus, emplean tácticas miserables para oprimir y castigar a la otra persona. Terminan revelados y descartados por Dios por todo el mal que hacen. Yo siempre quería la admiración y aprobación ajenas. Quería tener humillada a mi compañera, no dejar que destacara. Iba por la senda de un anticristo. Si no me echaba atrás y seguía luchando por la reputación y la ganancia y perturbando la labor de la iglesia, acabaría como los anticristos: ¡castigada y maldecida por Dios! Esta idea me resultaba aterradora, así que me apresuré a orar y arrepentirme.

Leí varios pasajes. Dios Todopoderoso dice: “Renunciar a la reputación y el estatus no es fácil; depende de que la gente busque la verdad. Solo entendiendo la verdad puede alguien llegar a conocerse a sí mismo, ver con claridad el vacío de buscar la reputación y el estatus, y reconocer la verdad de la corrupción de la humanidad. Solo entonces puede uno abandonar de verdad el estatus y la reputación. No es fácil deshacerse de un carácter corrupto. Tal vez hayas reconocido que careces de la verdad, que estás lleno de defectos y revelas demasiada corrupción, sin embargo no dedicas ningún esfuerzo a buscar la verdad, y te disfrazas hipócritamente, llevando a la gente a creer que puedes hacer cualquier cosa. Eso es ponerte en peligro, lo pagarás tarde o temprano. Debes admitir que careces de la verdad, y ser lo bastante valiente para afrontar la realidad. Eres débil, revelas corrupción, y estás lleno de toda clase de deficiencias. Es lo normal, ya que eres una persona corriente, no eres sobrehumano ni omnipotente, y eso es algo que has de reconocer” (La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 9 (III)). “¿Cuáles son vuestros principios para comportaros? Debéis comportaros conforme a vuestro puesto, buscar el puesto adecuado para vosotros y cumplir el deber que os corresponde; solo alguien así posee razón. A modo de ejemplo, hay personas que son buenas en una profesión y captan los principios de esta, y son ellas las que deberían asumir esa responsabilidad y hacer las revisiones finales sobre ese tema; hay personas que pueden brindar ideas y percepciones, permitiendo que todos los demás tomen estas ideas como punto de partida y cumplan mejor con su deber, y, luego, deberían ser ellas las que brindasen ideas. Si podéis encontrar el puesto indicado para vosotros y trabajar en armonía con vuestros hermanos y hermanas, estaréis cumpliendo con vuestro deber y os estaréis comportando acorde a vuestro puesto” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Los principios que deben guiar el comportamiento de una persona). “Como no es fácil para nadie lograr las cosas por sí mismo, sea cual sea el campo en el que se involucre o lo que esté haciendo, siempre es bueno tener a alguien ahí para indicar las cosas y ofrecer ayuda; es mucho más fácil que hacerlo por tu cuenta. Además, hay límites en cuanto a lo que el calibre de las personas puede hacer o lo que ellas pueden experimentar. Nadie puede ser experto en todos los ámbitos; es imposible que alguien pueda saberlo todo, aprenderlo todo, hacerlo todo; eso es imposible, y todo el mundo debería poseer tal razón. Y, así, hagas lo que hagas, ya sea importante o no, siempre debe haber alguien ahí para ayudarte, para señalarte el camino, para darte consejo o cooperar contigo para hacer cosas. Es la única manera de asegurarse de que las harás del modo más correcto, de que cometerás menos errores, y será menos probable que te desvíes; se trata de algo bueno” (La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 8 (I)). Hallé una senda de práctica en las palabras de Dios. Tenía que renunciar al deseo de reputación y estatus, ser capaz de afrontar correctamente mis defectos y fallos, permanecer en mi sitio, pensar en los intereses de la iglesia y en la entrada en la vida de otros cuando surgieran las cosas, colaborar bien con mi compañera para poder defender juntas la labor de la iglesia y cumplir bien nuestro deber. Anteriormente había sido responsable del trabajo de Chen Xi y tenía experiencia laboral, pero para enseñar la verdad y resolver problemas aún me quedaba muy corta. No tenía experiencia práctica y no sabía descubrir ni solucionar muchos asuntos. Estos eran mis defectos. Debía reconocerlos y afrontarlos. Y la enseñanza de Chen Xi iluminaba y ayudaba a los hermanos y hermanas a entrar en la vida. Debía respaldarla y dejar que se concentrara en lo que mejor hacía. De ese modo, yo también podría aprender de sus puntos fuertes para compensar los míos débiles, cosa que favorecería mi entrada en la vida y el trabajo de la iglesia.

Luego, al colaborar con Chen Xi para enseñar en las reuniones, me aseguraba de tener la intención correcta y de hablar solamente de lo que entendiera. Dejaba que Chen Xi hablara de lo que ella tenía comprensión, y yo lo complementaba. A veces sentía ganas de competir cuando otros daban el visto bueno a sus enseñanzas, pero enseguida veía que no me hallaba en el estado correcto, oraba, renunciaba a mí misma y me disponía a priorizar el trabajo de la iglesia y a cooperar con Chen Xi. Entonces, mis celos ya no eran tan fuertes y dejaba de pensar en cómo competir con ella. Pensaba, en cambio, en cómo colaborar con ella para resolver los problemas de otros. Ya no me frenaba mi carácter corrupto y era capaz de hacer mi parte. Colaboraba conscientemente con Chen Xi en el trabajo y le brindaba ayuda cuando se topaba con dificultades. Con el tiempo mejoró nuestra labor de riego, y ambas pudimos progresar. Me sentía muy en paz.

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