Reflexiones sobre mi rechazo al trato

19 Ene 2023

Por Xiaoguang, China

En 2021 me asignaron al riego de nuevos fieles con Li Xiao. Al principio, como no estaba familiarizado con el trabajo, Li Xiao me ayudaba pacientemente informándome de los principios y exigencias del deber. Con el tiempo, poco a poco aprendí, con lo que, cuando ella me recordaba ciertas cuestiones, me suponía que ya las sabía y no escuchaba. Después, esto provocó que surgieran errores en mi labor. Al enterarse Li Xiao, me los señaló directamente y me recordó que fuera diligente. Reconocí de entrada que realmente me faltaba diligencia y que su reprensión era una buena advertencia para mí, pero, a la larga, continué teniendo problemas evidentes en mi labor: no hacía tareas que se me asignaban, lo que influía en el progreso del trabajo. Como estos errores se producían reiteradamente, ella adoptó un tono más duro en sus críticas y hasta me amonestaba: “¿Por qué no te acordaste? ¿Por qué no hiciste tu trabajo?”. Yo sabía que solo quería que rectificara rápidamente mis problemas e incumplimientos y que lograra mejores resultados en el deber, pero ese tono más duro que empleaba me retraía un poco. Pensé: “Hace que parezca que soy muy negligente en mi trabajo y que no sé hacer nada bien ni siquiera después de tanto tiempo aquí. ¿Qué opinarían los demás si se enteraran de esto? Aunque haya problemas, ¿no podemos hablar con calma? No es que no esté dispuesto a mejorar. Olvídalo: a partir de ahora la evitaré; así no tendrá que reprenderme”. Luego de eso, la ignoraba, e incluso la miraba mal a veces como muestra de descontento hacia ella. En ocasiones tenía que hablar con ella de trabajo, pero me preocupaba que, si le consultaba y descubría algún problema en mi trabajo, podría reprenderme y tratar conmigo. ¿Eso no me haría quedar aún peor? Posteriormente, cuando tenía que debatir algo con ella, esperaba al último momento posible o dejaba que me consultara ella para hablar yo. Con el paso del tiempo, Li Xiao se vio limitada por mí. Una vez oí que decía que daba sugerencias a otros con confianza, pero que se sentía limitada cuando estaba conmigo. Algunas veces, cuando advertía ciertos problemas y errores en mi trabajo, no sabía qué decirme y temía que me enojara si en su tono había dureza. Me sentí un poco culpable, pero pensé: “Si tuvieras un tono más suave, yo no sería así. Eres demasiado arrogante”. Con esta idea, continué sin hacer introspección.

Más adelante se enteró mi supervisor, y me habló varias veces para advertirme que hiciera introspección antes de fijarme en los demás. Aparentemente era capaz de hablar de la introspección con el supervisor, pero dentro de mí me sentía agraviado y pensaba que el problema era de Li Xiao. Así, cada vez que hablaba de mi estado, recalcaba que Li Xiao adoptaba un tono duro conmigo para mostrar al supervisor que exhibía corrupción por la arrogancia de Li Xiao. Esperaba que el supervisor hablara con ella y lograra que rebajara la dureza de su tono. En esa época, otra supervisora vio que yo no había reconocido mis problemas y me habló de su propia experiencia. También me leyó este pasaje de las palabras de Dios: “Hay personas en la iglesia a las que se poda y se trata porque no han cumplido bien con su deber, y suele haber una nota de reprimenda e incluso de censura en lo que se les dice. Sin duda, el afectado no está contento con esto y quiere refutar lo que le han dicho. Dice: ‘Puede que estas palabras sobre mí sean correctas, pero algunas son demasiado duras; son humillantes y molestas. Llevo muchos años creyendo en Dios, y aunque no haya hecho una gran contribución, he trabajado duro. ¿Cómo es posible que me traten así? ¿Por qué no se trata con otro? No lo voy a aceptar. ¡De ninguna manera!’. ¿Es esta una clase de carácter corrupto? (Sí). Este carácter corrupto solo se manifiesta en forma de queja, desafío y resistencia; aún no ha alcanzado su máximo ni su extremo, pero hay señales y el momento crítico está cerca. ¿Qué actitud adoptarán inmediatamente después? Serán incapaces de someterse y, al sentirse angustiados y desafiantes, empezarán a dar rienda suelta a su indignación. Lo racionalizarán y se justificarán: ‘Los líderes y los obreros no tienen necesariamente razón en todo cuando tratan con alguien. Puede que los demás lo aceptéis, pero yo no. Lo aceptáis porque sois tontos y cobardes. Yo no lo acepto. Discutámoslo si no me creéis; veremos quién tiene razón’. Los demás comunican con ellos, diciendo: ‘Sea quien sea el que tenga razón, primero tienes que someterte. ¿Puede el cumplimiento de tu deber estar totalmente libre de impurezas? ¿Todo lo que haces es correcto? E incluso si es así, te será de gran ayuda que traten contigo. Hemos comunicado contigo muchas veces acerca de los principios, y no nos has escuchado; te has limitado a actuar ciega y caprichosamente, con lo cual has perturbado el trabajo de la iglesia y has causado pérdidas graves. ¿Cómo no se te va a tratar y podar? Lo que se te dijo fue un poco estricto, un poco duro, pero ¿acaso no es normal? ¿Qué excusa podrías tener? ¿No permites que los demás traten contigo cuando haces algo malo?’. Tras escuchar esto, ¿lo acepta de buen grado el destinatario de esas palabras? No, sigue poniendo excusas y resistiéndose. ¿Cuál es, entonces, el carácter que revela? Es demoníaco, un carácter desalmado. ¿Y qué quiere decir? ‘Nadie se puede aprovechar de mí, soy intocable. Te enseñaré que no se puede jugar conmigo. Te lo pensarás dos veces antes de tratar conmigo en el futuro, y entonces habré ganado, ¿a que sí?’. Bueno, su carácter queda al descubierto, ¿verdad? Es un carácter desalmado. Las personas con un carácter desalmado no solo están hartas de la verdad, sino que la detestan. Enfrentados a ser podados y tratados, la evaden o la ignoran. Su odio a la verdad es muy profundo, sin duda más profundo de lo que sugerirían unas pocas palabras de razonamiento. No es así como se sienten en realidad. Son rebeldes y se resisten, y te desafiarán como una arpía, mientras piensan: ‘Me estás humillando, me estás poniendo deliberadamente en un aprieto. Ya veo lo que está pasando. No voy a contradecirte directamente, ¡pero encontraré la ocasión de vengarme! Estás tratando conmigo e intimidándome, ¿verdad? Haré que todo el mundo se ponga de mi lado y te dejaré aislado... ¡te demostraré lo que se siente cuando te atacan así!’ Estas son las palabras en su corazón, y su carácter desalmado se revela por fin. Para lograr su objetivo, para desahogar su indignación, hacen todo lo posible por ofrecer racionalizaciones y excusas, intentando poner a todo el mundo de su parte. Entonces, se sienten felices y recuperan el equilibrio. ¿No es eso malicia? Eso es tener un carácter desalmado” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. El auténtico autoconocimiento es el conocimiento de los seis tipos de actitudes corruptas). Las palabras de Dios exponían mi estado preciso. Era negligente y descuidado en el deber y no hice cosas que me había mandado Li Xiao varias veces, lo que demoró el trabajo. Este era mi error. Ella tenía razón al señalarme mi problema. Aunque su tono fuera un poco duro, lo hacía por mi bien y por el bien del trabajo de la iglesia. Sin embargo, yo no hice introspección en absoluto; hasta había pensado que ella no me respetaba y que me lo estaba haciendo pasar mal. La miraba mal porque creía que me había hecho quedar mal al señalar mis problemas. Yo había hecho que se sintiera limitada. Me di cuenta de que era irracional. Con la poda y el trato, no solo no hacía introspección, sino que le devolvía la pelota y la llamaba arrogante. Llegué a quejarme de ella con mi autoconocimiento, con la esperanza de que el supervisor tratara con ella. Tenía un carácter verdaderamente ruin. Al percatarme de todo esto sentí algo de vergüenza.

Luego descubrí este pasaje de las palabras de Dios: “Cuando la mayoría de las personas son podadas y tratadas, se puede deber a que expusieron actitudes corruptas. También puede ser que hayan hecho algo malo por desconocimiento y hayan traicionado los intereses de la casa de Dios. O quizá sea porque sus intentos de entorpecer su deber causaron daño a la obra de la casa de Dios. La razón más flagrante es cuando la gente hace descaradamente lo que quiere sin restricciones, viola los principios y perturba y altera la obra de la casa de Dios. Estas son las razones principales por las que la gente es podada y tratada. Independientemente de las circunstancias que causan que alguien sea tratado o podado, ¿qué actitud es fundamental tener al respecto? En primer lugar, debes aceptarlo, no importa quién te trate, por qué razón, si es duro o cuál es el tono y la formulación, debes aceptarlo. Luego, debes reconocer qué has hecho mal, qué carácter corrupto has expuesto, y si has actuado de acuerdo con los principios de la verdad. Cuando se te poda y trata, antes que nada, esta es la actitud que debes tener” (La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 9 (VIII)). Con las palabras de Dios he aprendido que tratan con nosotros por un motivo: en muchos casos, porque no buscamos los principios en el deber y nos guiamos por nuestro carácter corrupto. Tratan con nosotros porque perjudicamos el trabajo de la iglesia. Este trato se hace con sentido de la responsabilidad hacia el trabajo y para proteger los intereses de la iglesia, es algo positivo. Después del trato, sepamos o no sepamos reconocer nuestro problema, debemos admitirlo, hacer introspección y buscar principios de actuación. Esto demuestra que se acepta la verdad: es la actitud que se ha de tener cuando traten con uno. Al recordar mi época con Li Xiao, cuando yo desconocía el trabajo, me enseñó pacientemente, paso a paso, pero yo normalmente iba tirando: no era meticuloso y no hacía el trabajo asignado. Por eso nuestros progresos se frenaban continuamente. Era entonces cuando trataba conmigo y me reprendía. Intentaba hacerme reflexionar y corregir mis actos, no estallaba conmigo sin principios. Pero yo no aceptaba la verdad ni recapacitaba cuando me reprendía y daba sugerencias, sino que me fijaba en ella y en sus actos. Creía que resaltaba mis fallos cuando adoptaba un tono ligeramente duro conmigo y que me avergonzaba y me complicaba las cosas. Yo era reacio y no lo admitía. Por ello, perdí muchas ocasiones de aprender, mi entrada en la vida se vio perjudicada y se demoraba el trabajo de la iglesia. ¡Qué irracional! Reflexioné entonces sobre por qué, pese a que era obvio que sus críticas eran útiles para mí y para el trabajo de la iglesia, yo no las había aceptado como debía y hasta tenía prejuicios hacia ella. Al buscar hallé estas palabras de Dios: “En lo referente al asunto de ser tratados y podados, los anticristos son incapaces de aceptarlo. Y existen razones para que esto sea así, siendo la primera que cuando se les trata y poda, sienten que pierden su imagen, que pierden estatus y dignidad, que se les ha quitado la capacidad de ir con la cabeza alta en el grupo. Estas cosas tienen un efecto en su corazón; detestan aceptar ser podados y tratados, y sienten que quienquiera que los pode y trate les tiene manía y es su enemigo. Esa es la actitud de los anticristos cuando se les poda y trata. Puedes estar seguro de ello. De hecho, es en la poda y el trato donde más se demuestra si alguien puede aceptar la verdad y es realmente obediente. Que los anticristos se resistan tanto a la poda y el trato basta para demostrar que están hartos de la verdad y no la aceptan en lo más mínimo. Ese es entonces el quid de la cuestión, y no su orgullo; el hecho de que no acepten la verdad es la esencia del problema. Cuando se les poda y trata, los anticristos exigen que sea con un buen tono y actitud. Si el tono del que lo hace es serio y su actitud severa, el anticristo se resiste y se pone desafiante y furioso. Les trae sin cuidado que lo que se exponga de ellos sea correcto o un hecho, tampoco reflexionan sobre en qué han errado o en si deberían aceptar la verdad. Solo piensan en el golpe que haya podido sufrir su vanidad y orgullo. Los anticristos son enteramente incapaces de reconocer que la poda y el trato son útiles para las personas, que se trata de algo amoroso, salvador, beneficioso para la gente. No pueden ver siquiera eso. ¿Acaso no es un poco carente de discernimiento e irracional por su parte? Entonces, al enfrentarse a la poda y el trato, ¿qué carácter supura un anticristo? Sin duda alguna, un carácter de hartazgo hacia la verdad, además de arrogancia e intransigencia. Esto revela que la naturaleza y esencia de los anticristos consiste en estar hartos de la verdad y detestarla” (La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 9 (VIII)). Con las palabras de Dios aprendí que, por naturaleza, los anticristos desprecian la verdad y codician el estatus. Cuando se les poda y trata, saben que las críticas son certeras, pero, como los hacen quedar mal y exponen su auténtica naturaleza, se resisten a admitirlas. Incluso rechazan como enemiga a la persona que trata con ellos. Yo tenía el mismo carácter que un anticristo. Cuando Li Xiao me había señalado mis problemas, yo sabía que era cierto lo que decía, pero no había buscado la verdad ni hecho introspección. No aceptaba sus consejos porque revelaba directamente mis imperfecciones y me hacía quedar mal. Creía que trataba de complicarme las cosas. Para preservar mi reputación, no solo la había mirado mal, con lo que se sentía limitada, sino que hasta me había quejado de ella ante mi supervisor para que este tratara con ella y le impidiera increparme. Me percaté de que tenía un carácter de desprecio por la verdad, como los anticristos. A alguien capaz de aceptar la verdad le parece útil tener un compañero que le señale sus defectos; así puede evitar cumplir con el deber de acuerdo con su carácter corrupto y no interrumpe el trabajo de la iglesia. Esto beneficia a ambos y a la labor de la iglesia. Por ello, es capaz de aceptar la poda y las críticas de otras personas. Sin embargo, era obvio que yo rebosaba corrupción e imperfecciones y que mi trabajo presentaba problemas, pero no quería que me los señalaran. Cuando sí me los señalaban, exigía que lo hicieran con tacto para no quedar mal. Cuando lo que decían amenazaba mi estatus y mi reputación, los consideraba enemigos y buscaba el modo de excluirlos sin pensar en el trabajo de la iglesia ni en sus sentimientos, y ni mucho menos con veneración alguna hacia Dios. Iba por la senda de un anticristo y, si no me arrepentía, Dios abominaría de mí y me descartaría.

Después descubrí un pasaje de las palabras de Dios: “¿Cómo se expresa el discurso constructivo? Principalmente, se trata de animar, orientar, guiar, exhortar, comprender y reconfortar. Además, a veces, es necesario señalar y criticar directamente los defectos, las deficiencias y las faltas de los demás. Esto supone un gran beneficio para las personas. Es una verdadera ayuda para ellas y es muy constructivo, ¿verdad? Digamos, por ejemplo, que eres especialmente obstinado y arrogante. Nunca has sido consciente de ello, pero alguien que te conoce bien viene directamente y te dice el problema. Piensas: ‘¿Soy obstinado? ¿Soy arrogante? Nadie más se ha atrevido a decírmelo, pero ellos me entienden. El hecho de que puedan decir tal cosa sugiere que es realmente cierto. Debo dedicar algún tiempo a reflexionar sobre esto’. Después le dices a la persona: ‘Los demás solo me dicen cosas bonitas, me alaban, nadie nunca es sincero conmigo, nadie ha señalado nunca estos defectos y problemas en mí. Solo tú has sido capaz de decírmelo, de hablarme de forma personal. Ha sido genial, una gran ayuda para mí’. Era un diálogo abierto, de corazón, ¿verdad? Poco a poco, la otra persona te comunicó lo que tenía en mente, sus pensamientos sobre ti, y sus experiencias respecto a sus nociones, imaginaciones, negatividad y debilidad sobre este asunto, y fue capaz de escapar de ello buscando la verdad. Esto es tener un diálogo abierto, es una comunión de almas” (La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Qué es buscar la verdad (3)). Con las palabras de Dios aprendí que, aparte del discurso de aliento y consuelo para la gente, el discurso que encara sus problemas y señala sus deficiencias también es verdaderamente útil. A veces estamos al dictado de nuestro carácter corrupto, no vemos nuestros problemas, y las palabras que los abordan y exponen pueden ser todavía más útiles. Puede que quedemos un poco mal en el momento, pero estas críticas y este sustento pueden impulsarnos a presentarnos ante Dios para buscar la verdad y hacer introspección. Esto es realmente útil para nuestra entrada en la vida. Yo no daba importancia a la entrada en la vida y no hacía introspección activamente. Como Li Xiao mantenía un estrecho contacto conmigo, tenía una idea muy clara de los problemas existentes en mi trabajo. Tenía sentido de la justicia, trabajaba con responsabilidad y sabía señalar directamente mis problemas y errores. Puede que no tuviera tacto y que incluso fuera algo dura, pero trataba de ayudarme sinceramente. Ni siquiera me lo reprochó cuando se sintió limitada por mi carácter corrupto y continuó colaborando igual conmigo. Hasta que Li Xiao no trató conmigo y me reveló, no me afligí y no supe presentarme ante Dios a recapacitar sobre mi problema. Poco a poco empecé a corregir mi actitud en el deber. Todas estas mejoras fueron resultado de la reprensión y el trato de Li Xiao hacia mí, pero yo no sabía qué me convenía: creía que, cuando ella adoptaba un tono duro, estaba en mi contra y criticaba mis fallos. Por eso seguía evitándola, resistiéndome, negándome a admitirlos, y no me centraba en hacer introspección. Al final no cambiaba en absoluto, y perdí oportunidades de alcanzar la verdad. ¡Qué necio! Si me hubieran emparejado con alguien complaciente que no señalara mis problemas, aparentemente, esto habría evitado que quedara mal, pero en realidad no me habría ayudado de veras y no habría servido de nada para mi entrada en la vida ni para la labor de la iglesia. Al darme cuenta de esto, tuve una senda de práctica. Supe que, cuando se me podara y tratara en un futuro, no debía preferir únicamente comentarios favorables y agradables ni pensar nada más que en mi reputación y estatus. Debía aceptar que trataran conmigo, buscar la verdad con respecto a las críticas de la gente, hacer introspección, arrepentirme y rectificar mis actos enseguida. Solo si colaboraba así con otros podría cumplir bien con mi deber y mi responsabilidad.

Después compartí abiertamente lo aprendido con Li Xiao en comunión. Luego, ambos nos sentimos profundamente liberados y por fin pude colaborar con ella con normalidad otra vez. Una vez, un nuevo fiel estaba pasando por ciertos problemas, así que le hablé de mi entendimiento, pero cuando supo Li Xiao lo que había dicho, me señaló con brusquedad que mi enseñanza solamente había brindado un poco de aliento al nuevo fiel, pero no resolvería su problema. Me sentí un poco avergonzado por sus palabras. Aparentemente admití sus críticas, pero por dentro estaba algo descontento con ella. No obstante, me di cuenta de que mi estado era incorrecto, por lo que me apresuré a orar a Dios y renuncié a mí mismo. Recordé unas palabras de Dios: “A la hora de cumplir con vuestros deberes actuales, lo más importante es que aprendáis a someteros, tanto a la verdad como a aquello que viene de Dios. De esta manera, podéis aprender una lección al seguir a Dios, además de entrar poco a poco en la realidad de la verdad” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Para ganar la verdad, uno debe aprender de las personas, los asuntos y las cosas cercanas). Efectivamente, ante los problemas, debemos aprender a admitir palabras acordes con la verdad que nos ayuden en el deber. Eso exige Dios y es lo que debemos hacer. Como Li Xiao había señalado mi problema, debía admitir sus críticas, buscar y reflexionar. Por medio de la oración y la meditación, descubrí que realmente no había captado el problema del nuevo ni le había enseñado el meollo de la cuestión. Al leer las palabras de Dios, logré reconocer un poco mis errores y deficiencias y me hice una mejor idea de este aspecto de la verdad. En verdad entendí que tener a mi lado a una compañera así era sumamente beneficioso para mi entrada en la vida y para mi deber. También percibí las ventajas que tiene admitir las críticas ajenas. A partir de ahora, admitiré las críticas de mis hermanos y hermanas y cumpliré bien con el deber.

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