¿Hace falta estatus para salvarse?

13 May 2022

Por Yixun, China

Durante años estuve lejos de casa ejerciendo de líder responsable de varias iglesias. Tengo una cardiopatía congénita, pero nunca había tenido problemas importantes de salud. Sin embargo, con la edad, este último par de años no soy para nada la misma, ni mental ni físicamente. Trasnochar un poco me deja agotada al día siguiente, toda débil, y no me siento bien del corazón. En agosto, la líder reflexionó sobre mi estado y, por temor a que mi cuerpo no aguantara más en un cargo de mucho estrés como el de líder, me mandó regresar para que cuidara de mi salud y cumpliera con el deber que pudiera. Me molestó que me dijera eso. Me parecía un momento crucial para acumular buenas acciones en un deber. Con el traslado, al ser una creyente normal en vez de líder, tendría menos ocasiones de practicar y aprendería la verdad y entraría en la realidad más despacio, por lo que se reduciría mi oportunidad de salvarme. No sería como ser líder, que siempre resuelves los problemas de los hermanos y hermanas, entras y aprendes verdades rápidamente y tienes más posibilidades de salvarte. Me preguntaba si, con esa situación, Dios iba a revelarme y descartarme. A medida que lo pensaba, más me disgustaba, y no pude reprimir el llanto. Una hermana habló conmigo tras descubrir cómo me sentía y me dijo que la benevolente voluntad de Dios estaba detrás de todo y que, cuando no entendamos Su voluntad, primero tenemos que someternos, orar y buscar más, pero nunca malinterpretarlo ni quejarnos. Su enseñanza me recordó que esto no sucedió al azar, sino que tenía que haber una verdad para que yo la buscara y entrara en ella y que debía someterme. Sin embargo, pese a que dije que me sometería, seguía muy enojada. Cuando me despertaba por la noche y eso me venía a la mente, daba vueltas, desvelada y pensando una y otra vez: “He creído todos estos años, y justo cuando la obra de Dios se halla en un momento crucial, he perdido la oportunidad de cumplir con un deber de líder. Solo soy una creyente normal. ¿Aún tengo esperanza de salvarme y ser perfeccionada?”. Cada vez me sentía más agitada y realmente no quería afrontar esto. Quería quedarme y continuar mi servicio como líder, pero temía que, si se agudizaba mi enfermedad, eso pudiera demorar el trabajo de la iglesia. No podía ser demasiado egoísta y pensar solamente en mí, y no en el trabajo de la iglesia.

En mis devociones leí un par de pasajes de las palabras de Dios sobre cómo afrontan los anticristos los cambios de deber, y entendí un poco mi naturaleza y mis objetivos. Dios Todopoderoso dice: “En circunstancias normales, una persona debería aceptar y someterse a los cambios en su deber. Sin embargo, debe reflexionar sobre sí misma, reconocer la esencia del problema y sus propios defectos. Esto es algo muy beneficioso, y es muy fácil de lograr para la gente. Los cambios en el deber no son un obstáculo insuperable; son lo suficientemente simples y cualquiera puede analizarlos con claridad y abordarlos correctamente. Cuando algo así le sucede a una persona normal, como mínimo, puede someterse, a la vez que beneficiarse a partir de hacer introspección, y lograr así una valoración más precisa acerca de si su cumplimiento del deber es adecuado. No obstante, esto no se cumple con los anticristos. Son diferentes a las personas normales, independientemente de lo que les ocurra. ¿En qué consiste tal diferencia? No obedecen, no cooperan de manera proactiva, ni buscan la verdad en lo más mínimo. Por el contrario, sienten repulsión hacia ello y se resisten, lo analizan, lo contemplan y se devanan los sesos especulando: ‘¿Por qué me trasladan a otro sitio? ¿Por qué no puedo seguir haciendo mi trabajo actual? ¿De verdad no encajo bien? ¿Me van a despedir o descartar?’. No dejan de darle vueltas a lo sucedido en su mente, analizándolo y rumiándolo sin parar. Cuando no ha pasado nada están perfectamente bien, pero cuando sí sucede algo, eso comienza a removerse en su interior como aguas turbulentas, y la cabeza se les llena de preguntas. Por fuera, puede parecer que son mejores que los demás para analizar las cosas, pero en realidad los anticristos simplemente tienen más maldad que la gente normal. ¿Cómo se manifiesta esta maldad? Sus consideraciones son extremas, complejas y reservadas. Las cosas que no se le ocurrirían a una persona normal, una persona con conciencia y razón, son comunes para un anticristo. Cuando introduzcan una sencilla modificación en su deber, la gente debe responder con una actitud de obediencia, hacer lo que le diga la casa de Dios, lo que pueda y, sea lo que sea, lo mejor que sepa dentro de sus posibilidades, de todo corazón y con todas sus fuerzas. Lo que Dios ha hecho no es un error. Una verdad tan simple puede practicarse con un poco de conciencia y racionalidad, pero esto está más allá de las posibilidades de los anticristos. Cuando se trata del cambio de los deberes, los anticristos de inmediato oponen razonamientos, argucias y resistencia, y en el fondo se niegan a aceptarlo. ¿Y qué hay en su corazón? Sospecha y duda, así que sondean a los demás utilizando toda clase de métodos. Tantean el terreno con sus palabras y sus actos, e incluso coaccionan y tientan a las personas a través de medios inescrupulosos para que digan la verdad y sean sinceros. […] Nadie podría imaginar que los anticristos harían tanto lío, que causarían tantos problemas, y que recurrirían a todos los medios a su alcance para crear semejante alboroto por un cambio en sus deberes. ¿Por qué harían tan complicado algo simple? Existe una sola razón: los anticristos jamás obedecen lo que dispone la casa de Dios, y siempre vinculan estrechamente su deber, fama y estatus con su esperanza de bendiciones y destino futuro. Piensan: ‘Una vez perdidos mi deber, reputación y estatus, no habrá esperanza de recibir bendiciones, y eso sería como perder la vida, ¡así que no puedo ser descuidado! Por lo tanto, debo resguardarme de los líderes y obreros de la casa de Dios, no sea cosa que echen a perder mis bendiciones. Debo conservar mi deber, reputación y estatus, y solo así tendré la esperanza de recibirlas. Mis hermanos, hermanas y los líderes y obreros no son confiables. Solo puedo confiar en mí mismo para obtener bendiciones’. Un anticristo considera que ser bendecido es más grande que los propios cielos, más grande que la vida, más importante que el cambio de carácter o la salvación personal, y más relevante que ser un ser creado a la altura de la norma. Les parece que ser un ser creado a la altura de la norma, cumplir bien con su deber y lograr la salvación son cosas nimias que ni merece la pena mencionar, mientras que obtener bendiciones es la única cosa en toda su vida que no se ha de olvidar. Sea grande o pequeño aquello con lo que se encuentran, se muestran increíblemente precavidos y atentos, y siempre se aseguran una salida. Así pues, cuando su deber sufre alguna modificación, si es un ascenso el anticristo piensa que tiene la esperanza de ser bendecido. Si es un descenso, de líder de equipo a sublíder de equipo, o de sublíder de equipo a miembro regular, o si no tienen ningún deber, sienten que esto es un enorme problema y creen que su esperanza de recibir bendiciones es escasa. ¿Qué clase de perspectiva es esta? ¿Es adecuada? En absoluto. Es un punto de vista absurdo” (‘Quieren echarse atrás cuando no hay ninguna posición ni esperanza de recibir bendiciones’ en “Desenmascarar a los anticristos”). “Los anticristos equiparan lo alto o bajo de su estatus a lo grandes o pequeñas que sean sus bendiciones. Ya sea entre la casa de Dios o en cualquier otro grupo, para ellos, el estatus y la clase de la gente están estrictamente determinados, al igual que sus resultados finales; lo alta que sea la posición de alguien y cuánto poder ejerza en la casa de Dios en esta vida son equivalentes a las bendiciones, las recompensas y la corona que reciba en el otro mundo, guardan relación directa. Dios nunca ha dicho tal cosa ni ha prometido nada parecido, pero este es el tipo de pensamiento que se plantea un anticristo. […] ¿No os parece que las personas como los anticristos tienen un pequeño problema de salud mental? ¡Son, sencillamente, malvados en extremo! Diga lo que diga Dios, no hacen caso ni lo aceptan” (‘Quieren echarse atrás cuando no hay ninguna posición ni esperanza de recibir bendiciones’ en “Desenmascarar a los anticristos”).

Las palabras de Dios enseñan que los anticristos solo tienen fe por las bendiciones y las recompensas. Clasifican los diversos deberes y vinculan estrechamente un estatus alto o bajo con más o menos bendiciones. Creen que, sin estatus, apenas tienen oportunidad de salvarse, así que malinterpretan a Dios, lo culpan o incluso lo combaten. Únicamente les importan sus intereses y bendiciones, pero nunca buscan la verdad ni aprenden lecciones. Realmente no tienen veneración ni sometimiento hacia Dios, sino que son malvados e inicuos por naturaleza. A tenor de mi conducta, yo era como un anticristo. Al vincular mi estatus con mis bendiciones, no sabía afrontar rectamente un cambio normal de deber. Tenía muchas preocupaciones y pensaba que, si no podía ser líder, sin estatus, mis oportunidades de salvación eran menores. No obstante, en realidad, la casa de Dios dispone el deber de cada cual de acuerdo con los principios y su situación real. Tenía problemas de salud. Los líderes tienen muchas ocupaciones, mucho estrés, y mi cuerpo no lo aguantaría. Se resentiría mi deber. Mandarme regresar y asumir lo que pudiera era bueno tanto para mí como para la iglesia. Sin embargo, yo lo malinterpreté y desconfié. Cuando la líder me dijo que era preciso que regresara, lo primero que pensé fue que tendría un bajo estatus si no era líder, con lo que no tenía esperanza de salvación ni de bendición. La idea de no recibir bendiciones me hizo sentir que me habían quitado mi única esperanza de fe. De repente perdí todo mi vigor. Vi que no contemplaba las cosas según los principios de la verdad, sino en función de mis intereses personales. Cuando no se cumplieron mis deseos, creí que, con esa situación, Dios iba a revelarme y descartarme. Descubrí que tenía una naturaleza malvada y astuta. Imaginaba que Dios era como la humanidad corrupta, carente de equidad o justicia, como si nos evaluara y decidiera nuestro resultado por nuestro estatus o nuestro deber. Pensaba que, si teníamos estatus, Dios nos salvaría; si no teníamos, no lo haría. ¿Eso no era negar la justicia de Dios y blasfemar contra Él? Después de todos esos años de fe, entendí que no comprendía ni obedecía a Dios en absoluto. Si Dios no me hubiera revelado con esa situación, no me habría dado cuenta de lo equivocado de mi búsqueda. De seguir así, terminaría descartada por Dios, como un anticristo.

Luego leí un par de pasajes de las palabras de Dios que me ayudaron a entender mi perspectiva errónea. Las palabras de Dios dicen: “Algunos no tienen claro lo que significa salvarse. Algunas personas creen que, cuantos más años lleven creyendo en Dios, más probabilidades tienen de salvarse. Hay quienes piensan que, cuantas más doctrinas espirituales comprendan, más probabilidades tendrán de salvarse, y los hay que creen que, desde luego, los líderes y obreros de la iglesia se salvarán. Todas estas son nociones y fantasías humanas. La clave de esto es que debéis entender lo que significa la salvación. Salvarse significa, principalmente, librarse de la influencia de Satanás, librarse del pecado y volverse a Dios y obedecerlo sinceramente. ¿Qué debéis tener para ser libres de pecado y de la influencia de Satanás? La verdad. Si la gente espera recibir la verdad, debe dotarse de muchas palabras de Dios, ser capaz de experimentarlas y practicarlas, para que pueda comprender la verdad. Será entonces cuando podrá salvarse. No tiene nada que ver que uno pueda salvarse o no con cuántos años lleve creyendo en Dios, con cuánto conocimiento tenga, con cuánto sufra ni con qué dones o puntos fuertes tenga. Lo único que guarda relación directa con la salvación es si una persona es capaz o no de recibir la verdad. ¿Cuánta verdad has comprendido realmente y cuántas palabras de Dios se han convertido en tu vida? De todas las exigencias de Dios, ¿en cuáles has logrado entrar? En tus años de fe en Dios, ¿cuánto has logrado entrar en la realidad de Su palabra? Si no lo sabes o no has logrado entrar en ninguna realidad de la palabra de Dios, francamente, no tienes esperanza de salvación. Es imposible que te salves. Da igual que tengas un alto grado de conocimiento o que lleves mucho tiempo creyendo en Dios, tengas buena presencia, hables bien o lleves varios años de líder u obrero. Si no buscas la verdad ni practicas y experimentas adecuadamente las palabras de Dios, y además careces de una experiencia y un testimonio reales, no hay esperanza de que te salves” (“Discursos de Cristo de los últimos días”). “Yo decido el destino de cada persona, no en base a su edad, antigüedad, cantidad de sufrimiento ni, mucho menos, según el grado de compasión que provoca, sino en base a si posee la verdad. No hay otra opción que esta. Debéis daros cuenta de que todos aquellos que no hacen la voluntad de Dios serán también castigados. Este es un hecho inmutable. Por lo tanto, todos aquellos quienes son castigados, reciben castigo por la justicia de Dios y como retribución por sus numerosas acciones malvadas” (‘Prepara suficientes buenas obras para tu destino’ en “La Palabra manifestada en carne”). Me conmovieron mucho estos pasajes. Vi que la salvación no tiene nada que ver con ser líder ni con tener estatus. La salvación se trata de despojarse de las actitudes corruptas de Satanás y de llegar a someterse a Dios. Los únicos que realmente pueden salvarse son aquellos que practican la verdad, cuya corrupción se purifica, que se someten a Dios y viven según Sus palabras. Sea cual sea nuestro deber, siempre que seamos capaces de aceptar la verdad, nos centremos en la introspección cuando traten con nosotros, conozcamos nuestra corrupción y nuestras faltas por medio de las palabras de Dios, nos arrepintamos y nos transformemos, mediante la búsqueda podremos alcanzar la verdad y salvarnos. Por muy alto que sea el estatus de alguien o por más que sufra, si no busca la verdad, será descartado. Igual que Pablo. Tenía gran estatus y prestigio y logró mucho, pero jamás buscó la verdad ni la transformación de su carácter. Al final no se comprendió ni a sí mismo ni a Dios. Todos sus esfuerzos los hizo por recibir bendiciones y recompensas y siempre daba testimonio de sí mismo, de cuánto había sufrido por el Señor. Se jactaba de no estar por debajo del más grande de los apóstoles y se vanaglorió impúdicamente de que “me está reservada la corona de justicia”. Que fuera capaz de proferir semejante herejía, que era un Cristo viviente, ofendió el carácter de Dios, que lo castigó. Sin embargo, Pedro era distinto. A Pedro jamás le importó el estatus en su fe. Solo aspiraba a conocer a Dios y a someterse a Él. Aspiraba a practicar y experimentar las palabras de Dios, a conocer su corrupción, y al final lo crucificaron por causa de Dios. Se sometió hasta morir, amó a Dios al máximo y Dios lo perfeccionó. Esto nos demuestra que ni ser líder ni tener estatus son criterios para recibir la salvación. Alguien con estatus que no busque la verdad, sino que se resista a Dios, no tiene un testimonio real de vivir Sus palabras y es susceptible de ser descartado. Si alguien no tiene estatus, pero está en la senda correcta y busca la verdad, aún puede alcanzarla y ser salvado por Dios. Me sentí mucho mejor cuando lo comprendí. Estaba dispuesta a someterme a la soberanía y las disposiciones de Dios, a aceptar tranquila el cambio.

Leí después otro pasaje que me ayudó a entender mejor la voluntad de Dios. Las palabras de Dios dicen: “Quienes son promovidos y sustentados no están muy por encima de los demás. Todos ellos están empezando a experimentar las palabras de Dios. Aquellos que no han sido promovidos ni sustentados también deben buscar la verdad mientras cumplen con el deber. Nadie puede privar a nadie del derecho a buscar la verdad. Algunos son más entusiastas en su búsqueda de la verdad y tienen cierta aptitud, por lo que son promovidos y sustentados. Esto obedece a los requisitos del trabajo de la casa de Dios. A raíz de las diferencias de aptitud y humanidad de los distintos tipos de personas, las sendas de fe en Dios que eligen también son distintas. Algunas pueden salvarse, mientras que otras no. Por tanto, la casa de Dios sustenta y utiliza a las personas en función de si buscan o no la verdad y de su personalidad. ¿Hay alguna distinción en la jerarquía de los diferentes tipos de personas? No hay jerarquía en materia de estatus, puesto, valía o cargo. Al menos mientras Dios perfecciona y guía a la gente, y a lo largo del trabajo, no hay diferencias de rango, puesto, valía o estatus de las personas. Lo único distinto es la división del trabajo y las funciones desempeñadas en el deber. Por supuesto, durante este tiempo, algunas personas, de forma excepcional, son promovidas y sustentadas y realizan tareas especiales, mientras que otras no reciben dichas oportunidades a causa de diversos problemas, como su aptitud o su entorno familiar. ¿Pero acaso Dios no quiere a quienes no han recibido dichas oportunidades? ¿Son su valía y su puesto inferiores a los de los demás? No. Todos son iguales ante la verdad, todos tienen la oportunidad de buscar y recibir la verdad, y Dios trata a todos de forma justa y razonable” (Cómo identificar a los falsos líderes (5)). Las palabras de Dios me enseñaron que en Su casa no hay estatus alto ni bajo por causa de los deberes. Todos asumen deberes distintos de acuerdo con las necesidades de trabajo, pero todos son iguales ante la verdad, Allá donde cumplamos con el deber, tengamos o no estatus, las palabras de Dios nos sustentan a todos y cada uno. Él no tiene prejuicios hacia nadie por su estatus. Dios dispone todo tipo de situaciones, hechos y personas para todos según sus necesidades, a fin de que experimenten Su obra y entren en la realidad de la verdad. Nunca despoja absolutamente a nadie de la oportunidad de practicar y entrar en la verdad. Dios es equitativo y justo con todos. Que alcancemos la verdad o Dios nos salve no viene determinado por nuestro deber, sino únicamente por nuestra búsqueda. Ser líder no implica que Dios te dé gracia y esclarecimiento a ti en concreto mientras ningunea a los creyentes normales. Dios da esclarecimiento y sustento a la gente en función de su búsqueda y su actitud hacia la verdad. En esto podemos apreciar Su justicia. Cada cual tiene un deber y afronta cosas distintas, pero todo el mundo revela las mismas actitudes corruptas arrogantes y astutas. Mientras estén dispuestos a buscar y practicar la verdad y a despojarse de corrupción, podrán alcanzar la verdad y ser salvados por Dios. Por otro lado, si alguien no va en pos de la verdad y no la busca ni practica frente a los problemas, sea cual sea su deber o cómo llegue a formarse, jamás alcanzará la verdad y Dios no lo podrá salvar. Igual que yo: tras aquellos años como líder con todas mis oportunidades, ¿cuánta verdad había alcanzado realmente? Ese cambio de deber me dejó deprimida, malinterpretando y quejándome. No era en absoluto obediente a Dios ni tenía ninguna realidad de la verdad. Era un ejemplo perfecto. Pese a ello, seguía creyendo como una necia que era necesario tener estatus para salvarse. El estatus se me había subido totalmente a la cabeza. Algunos hermanos y hermanas nunca son líderes, pero no dejan de buscar la verdad, tienen una carga en el deber, buscan la verdad cuando se presentan las cosas y practican las verdades que conocen. La corrupción que exhiben disminuye gradualmente y cada vez se someten más a Dios. Tienen un auténtico testimonio de vida de Sus palabras. Eso recibe el visto bueno y el gozo de Dios. Eso me recordó algo que dijo Dios: “Si buscas de una forma genuina, entonces estoy dispuesto a darte la totalidad del camino de la vida, a que seas como un pez que regresa al agua. Si tu búsqueda no es genuina, lo retiraré todo. ¡No estoy dispuesto a entregar las palabras de Mi boca a aquellos que están ávidos de comodidad, que son como los perros y los cerdos!” (‘¿Por qué no estás dispuesto a ser un contraste?’ en “La Palabra manifestada en carne”). También dijo una vez el Señor Jesús: “Porque a todo el que tiene, más se le dará, y tendrá en abundancia; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará” (Mateo 25:29). Dios es equitativo y justo con nosotros y la verdad no tiene prejuicios. Los creyentes normales y los líderes tienen las mismas oportunidades de alcanzar la verdad. La clave es si alguien tiene la determinación de buscar la verdad, si es capaz de practicarla. Me aportó gran esclarecimiento entender esto. Antes, siempre me preocupaba no tener tantas ocasiones de practicar si no era líder; tendría entonces menos esperanzas de salvación. Llegué a creer que Dios quería descartarme, que ya no me salvaría. Esas eran mis nociones y fantasías sobre Dios y eran blasfemia. No entendía los sinceros propósitos de Dios. Al pensarlo seriamente, en todos aquellos años de fe me impulsó mi búsqueda equivocada, solo cumplía con el deber por las bendiciones y creía buscar muy bien. Me dejaba engañar por mi falsa imagen y no hacía introspección ni me conocía en absoluto. Este cambio de deber reveló mi perspectiva errónea de fe y por fin me presenté ante Dios a recapacitar y conocerme. Logré comprender un poco mi corrupción y los problemas de mi perspectiva y contemplé la justicia de Dios. También me enteré de a quiénes salva y descarta Dios. Adquirí cierto sometimiento a Él. Esta situación fue, precisamente, la protección y salvación de Dios para conmigo.

Luego leí otro pasaje de las palabras de Dios que me ayudó a descubrir mi senda de entrada. Las palabras de Dios dicen: “Como criatura de Dios, el hombre debe procurar cumplir con el deber de una criatura de Dios y buscar amar a Dios sin hacer otras elecciones, porque Dios es digno del amor del hombre. Quienes buscan amar a Dios no deben buscar ningún beneficio personal ni aquello que anhelan personalmente; esta es la forma más correcta de búsqueda. Si lo que buscas es la verdad, si lo que pones en práctica es la verdad y si lo que obtienes es un cambio en tu carácter, entonces, la senda que transitas es la correcta. […] Que seas perfeccionado o eliminado depende de tu propia búsqueda, lo que equivale a decir que el éxito o el fracaso dependen de la senda que el hombre camine” (‘El éxito o el fracaso dependen de la senda que el hombre camine’ en “La Palabra manifestada en carne”). Hallé una senda de práctica en las palabras de Dios. Soy un ser creado, por lo que, sin importar qué disponga Dios, he de someterme a Su soberanía y Sus disposiciones. No puedo tener fe y cumplir con un deber solo por las bendiciones y recompensas. Pueda salvarme o no, reciba bendiciones o no, mientras viva, debo buscar la verdad y el conocimiento de Dios. Aunque Dios me rechace y descarte al final, eso será por Su justicia. Tras comprender la voluntad de Dios, no me afectaba tanto qué deber cumpliera. Era capaz de aceptar las disposiciones de la iglesia.

Gracias a lo que sacó a la luz esta situación, conocí mis perspectivas equivocadas de búsqueda en la fe. Además, aprendí que el hecho de que alguien pueda salvarse o no no depende de su estatus ni de cuánto haya trabajado. La clave es si ha alcanzado la verdad, si es alguien que se somete sinceramente a Dios. Lo realmente crucial es si alguien puede alcanzar la verdad y la transformación de su carácter vital en su fe. A partir de entonces solamente quise ser práctica y cumplir con el deber para satisfacer a Dios. ¡Demos gracias a Dios!

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