La doblez de una persona complaciente

10 Ene 2022

Por Chuncui, China

Como en 2020 no fui a clases debido a la pandemia, la hermana Liu y yo nos reuníamos para hablar de las palabras de Dios. Ella es la diaconisa de evangelización de la iglesia. Después de un par de meses, descubrí que ella era muy responsable en el deber y muy cariñosa. Si los hermanos tenían problemas o dificultades, buscaba palabras de Dios para ayudar, y siempre los sustentaba. Además, escribía muchos artículos de testimonios. Me parecía firme en la búsqueda. Además, yo no me encontraba en muy buen estado, pero la hermana Liu me ayudaba y era genial conmigo. Ella siempre me dio una buena impresión.

Tiempo después de haberla conocido, descubrí que en las reuniones siempre le gustaba hablar de sus éxitos de entrada positiva cuando algo le acontecía, pero siempre parecía pasar por alto sus actitudes corruptas, las consecuencias de eso, cómo reflexionaba y resolvía su corrupción con la ayuda de la lectura de las palabras de Dios. Parecía tener estatura, mucha dedicación y no tener corrupción ni defectos. Siempre tuve la impresión de que había algo raro. Esas enseñanzas no eran autoconocimiento, lo que no beneficia ni edifica. Sabiendo que era responsable de lugares de reunión, era consciente de que los hermanos sin discernimiento la admiraban. De seguir así, los atraería hacia ella sin duda alguna. Además, las reuniones son para leer las palabras de Dios y hablar de las vivencias, para ayudarnos en la entrada en la vida…, pero la hermana Liu hablaba durante buena parte de las reuniones, y eso repercutía en la vida de iglesia de los hermanos Pensé que debía comentárselo, que esta forma de enseñar debía tener límites. No obstante, pensé que Liu llevaba más tiempo que yo en la fe, y si la criticaba directo, ¿diría que no sabía cuál era mi sitio y que discrepaba de ella? ¿Tal vez ella sentiría vergüenza? ¿Qué opinaría después de mí? Por tanto, no le dije nada.

Un día, la hermana Liu celebró una reunión y leímos varios pasajes de las palabras de Dios de cómo Él nos abandonaría si no practicábamos la verdad o transformábamos el carácter corrupto. Esto nos llegó directo al corazón de todos. Después, la hermana Liu volvió a adentrarse en sus diversas experiencias y a contarnos muchas cosas, pero no comentó qué aspectos revelaba de su carácter corrupto ni cómo recapacitaba, o aprendía. Tenía muchas ganas de señalarle su problema, pero vi que, la hermana Li no decía nada, mientras la hermana Lin asentía, conforme. Me preocupaba que, si decía algo directo de la hermana Liu, a lo mejor ella creía que estaba tratando de dejarla en mal lugar. Si solo hubiéramos estado las dos, podría haberla amonestado, pero había otras dos hermanas con nosotras. “Si digo algo ahora”, pensé, “¿La humillaré con ello? ¿Estropeará nuestra buena relación? ¿Empezará a tratarme distinto, y si pasa algo? Pero, a Dios le agrada la gente honesta y justa, y si no hablo, ¡eso va contra la voluntad de Dios!”. Entonces, dudé mucho y esa reunión me resultó un poco insoportable. Pero vi un pasaje de las palabras de Dios Todopoderoso. “Cuando deis testimonio de Dios, principalmente debéis hablar más de cómo Él juzga y castiga a las personas, de las pruebas que utiliza para refinar a las personas y cambiar su carácter. También debéis hablar de cuánta corrupción se ha revelado en vuestra experiencia, de cuánto habéis soportado y cómo Dios os conquistó finalmente; debéis hablar de cuánto conocimiento real de la obra de Dios tenéis y de cómo debéis dar testimonio de Dios y retribuirle Su amor. Debéis poner sustancia en este tipo de lenguaje, al tiempo que lo expresáis de una manera sencilla. No habléis sobre teorías vacías. Hablad de una manera más práctica; hablad desde el corazón. Esta es la manera en la que debéis experimentar. No os equipéis con teorías vacías aparentemente profundas en un esfuerzo por alardear; hacerlo de esa manera hace que parezcáis arrogantes y absurdos. Debéis hablar más de cosas reales desde vuestra experiencia auténtica, que sean reales y que provengan del corazón; esto es lo más beneficioso para los demás y es lo más apropiado de ver” (‘Solo buscando la verdad puede uno lograr un cambio en el carácter’ en “Registro de las charlas de Cristo de los últimos días”). Según, las palabras de Dios, la experiencia y el testimonio implican conocer qué actitudes corruptas revelas según Sus palabras, tu entendimiento de la obra de Dios y en cuáles de Sus palabras hay una senda de práctica. Este pasaje se aplica a la hermana Liu. Por tanto, me encargué de resaltarlo muy bien en la computadora, esperando llamar así la atención de la hermana Liu, concienciarla de su desliz al enseñar su experiencia. De ese modo no tendría que criticarla directamente y podría evitar ofenderla. Sin embargo, la hermana Liu no se percató de nada. Quería planteárselo, pero me preocupaba que no lo admitiera, así que le dije: “Aún no podemos conocernos por medio de las palabras de Dios ni sabemos debatir en qué pasajes de ellas hallamos sendas de práctica…”. Ni siquiera entonces entendió lo que le insinuaba. Pensé: “Supongo que eso cuenta como que se lo señalé. Si, pese a ello, aún no ve su problema, yo no tengo nada que ver”.

Después, los líderes de la iglesia pidieron a todos evaluaciones de los diáconos y me ordenaron a mi reunirlas todas. Quería redactar una evaluación honesta de la hermana Liu por lo que pasaba, pero vi que los hermanos solo decían cosas positivas de ella. Muy pocos decían algo negativo de ella. Hasta una hermana que acababa de conocer a la hermana Liu escribió exclusivamente sobre sus méritos. Yo pensé: “Si soy la única que la critica, ¿creerán los líderes que nosotras no nos estamos llevando bien, que la estoy atacando adrede? ¿Y si los líderes visitan a la hermana Liu para conocerla y se entera de lo que dije a sus espaldas? ¿Me odiará entonces? En ese caso, ¿no acabaríamos las dos en un apuro entonces?”. Después, escribí sobre las conductas de la hermana Liu, pero dije que tengo poca estatura espiritual y podía estar errada.

En una reunión me sinceré sobre mi experiencia durante esta época. Una hermana afirmó que yo era complaciente, y comentó: “¡La gente complaciente es maligna!”. Oírle decir la palabra “maligna” fue hiriente y doloroso, pero pensé que hace mucho conocía el problema de la hermana Liu, y me tardé en decir algo para no estar mal con ella. No ayudaba a mi hermana a conocer su corrupción y resolver su problema, y todos confundidos, carecían de discernimiento por lo que la admiraban. Hice algo que era perjudicial. ¿No era una persona maligna? Sentí arrepentimiento y luego leí este pasaje de las palabras de Dios: “Si te resulta evidente que hay cosas malas en él, pero no dices claramente cuáles para no dañar la paz entre los dos, entonces estás utilizando una filosofía de vida. Quien adopte otro planteamiento respecto a ese asunto dirá: ‘Mi estatura actual es pequeña y no entiendo a fondo tus problemas. Cuando los entienda, ya te contaré’. ¿Esto no es tratar de engañar a los demás? ¿De verdad no entiende nada de nada a fondo? ¿No piensa nada de nada acerca del problema? Piensa cosas; sencillamente, no las dice por miedo a ofender” (‘Solo con la búsqueda de la verdad se pueden corregir las nociones y los malentendidos propios acerca de Dios’ en “Registro de las charlas de Cristo de los últimos días”). Fue algo doloroso leer las palabras de Dios, sentí culpa. Hacía mucho que descubrí que la hermana Liu siempre se enaltecía y presumía en las reuniones, y esas enseñanzas no sirven de nada para la entrada en la vida de los demas. Y ocupaban mucho tiempo en las reuniones y ya habían afectado a la vida de iglesia. Pese a ello, había mantenido la boca cerrada para mantener la relación. Mientras hacia mi evaluación, quería exponer cómo se enaltecía, pero, al ver que todos decían cosas buenas de ella, seguí la corriente por miedo a ofender. Escribí sobre sus conductas, y comenté que yo tenía poca estatura y agudeza. Desde el primer momento vi lo que sucedía y tuve mis propias opiniones, pero, por miedo a ofender, dudé demasiado si, pronunciar una sola palabra justa. Las palabras de Dios exponían mi corrupción a cada paso y revelaban mis pensamientos exactos. Sentí culpa y vergüenza. Por temor a ofender a la hermana Liu si la señalaba, no me atrevía a decir nada. Me relacionaba desde el enfoque de una incrédula. ¿Qué clase de creyente era yo?

Luego miré un vídeo de recitación de las palabras de Dios. Dios Todopoderoso dice: “La mayoría de las personas desean buscar y practicar la verdad, pero gran parte del tiempo simplemente tienen la determinación y el deseo de hacerlo; la verdad no se ha convertido en su vida. Como resultado, cuando se topan con las fuerzas del mal o se encuentran con personas malvadas y malas que cometen actos malvados o con falsos líderes y anticristos que hacen las cosas de una forma que viola los principios —y provocan que la obra de la casa de Dios sufra pérdidas y dañan a los escogidos de Dios— las personas pierden el coraje de plantarse y decir lo que piensan. ¿Qué significa cuando no tienes coraje? ¿Significa que sois tímidos o poco elocuentes? ¿O que no tenéis un entendimiento profundo y, por tanto, no tenéis la confianza necesaria para decir lo que pensáis? Nada de esto; lo que pasa es que estás siendo controlado por diversos tipos de actitudes corruptas. Una de estas actitudes es la astucia. Piensas primero en ti mismo y piensas: ‘Si digo lo que pienso, ¿cómo va a beneficiarme? Si digo lo que pienso y provoco que alguien se disguste, ¿cómo nos llevaremos bien en el futuro?’. Esta es una mentalidad astuta, ¿cierto? ¿No es esto resultado de un carácter astuto? Otra es una actitud egoísta y mezquina. Piensas: ‘¿Qué tiene que ver conmigo una pérdida para los intereses de la casa de Dios? ¿Por qué debería importarme? No tiene nada que ver conmigo. Aunque lo vea y oiga, no tengo que hacer nada. No es mi responsabilidad, no soy líder’. En tu interior se encuentran esas cosas, como si hubieran surgido de tu mente inconsciente y ocuparan posiciones permanentes en tu corazón; son las corruptas actitudes satánicas del hombre. Estas actitudes corruptas controlan tus pensamientos, te atan de pies y manos y controlan tu boca. Cuando quieres decir algo de corazón, las palabras llegan a tus labios, pero no las dices o, si hablas, lo haces con rodeos, con un margen de maniobra: no hablas claro en absoluto. Los demás no sienten nada cuando te oyen y lo que has dicho no ha resuelto el problema. Piensas para tus adentros: ‘Bueno, he hablado. Tengo la conciencia tranquila. He cumplido con mi responsabilidad’. En realidad, dentro de ti sabes que no has dicho todo lo que debías, que lo que has dicho no ha hecho efecto y que se mantiene el perjuicio a la obra de la casa de Dios. No has cumplido con tu responsabilidad, pero dices abiertamente que has cumplido con ella o que no tenías claro lo que estaba sucediendo. ¿No estás, entonces, completamente controlado por tus corruptas actitudes satánicas? Aunque lo que piensas en tu interior y las cosas que crees correctas son algo positivo y están de acuerdo con la verdad, no eres dueño de tu boca y lo que dices nunca coincide con lo que hay en tu interior. Siempre has de procesar tus palabras a través de tu mente y tus pensamientos antes de pronunciarlas en voz alta. Los demás no pueden adivinar el significado subyacente a ellas y tú te sientes muy satisfecho contigo mismo. No te importa realmente si el trabajo está hecho o no; esta es tu mentalidad” (‘Solo quienes practican la verdad temen a Dios’ en “Registro de las charlas de Cristo de los últimos días”). La palabra de Dios describía mi auténtico estado. Veía que la hermana Liu no hacía más que enaltecerse al hablar en las reuniones, perturbaba la vida de iglesia, y yo pude haber dicho algo, pero mi temor a ofender me tenía atada de pies y manos, obsesionada, y no me atreví a decir nada. Mi carácter corrupto me tenía totalmente controlada y le permitía que me sellara la boca, por lo que era incapaz de hacer una sola cosa correcta. Le había dado la vuelta a lo que realmente quería decir y lo había cambiado, suavizado, y cuando se lo dije a mi hermana, no ayudó en nada. Iba disfrazada con la imagen de una buena persona, pero pensaba en cómo preservar mi relación con todos para que me aceptaran. Estaba dispuesta a que se resintiera la vida de los otros con tal de proteger mi estatus e imagen. Comprobé que era egoísta, y carente de toda humanidad y razón.

Me sentí muy culpable al recordar todas mis conductas complacientes que tenía en esa época. Nunca imaginé que haría de la verdad algo secundario para proteger mis intereses y que no la practicaría. Recordé este pasaje: “¿Puedes tú practicar la justicia por Dios? ¿Puedes levantarte y hablar por Mí? ¿Puedes poner firmemente en práctica la verdad?” (‘Capítulo 13’ de Declaraciones de Cristo en el principio en “La Palabra manifestada en carne”). Y luego leí este otro pasaje: “Los jóvenes no deberían carecer de la verdad ni albergar hipocresía e injusticia, sino mantenerse firmes en la postura apropiada. No deberían simplemente dejarse llevar, sino tener el espíritu de atreverse a hacer sacrificios y luchar por la justicia y la verdad. Las personas jóvenes deberían tener la valentía de no sucumbir ante la opresión de las fuerzas de la oscuridad y de transformar el sentido de su existencia. Las personas jóvenes no deberían resignarse a la adversidad, sino ser abiertos y francos, con un espíritu de perdón hacia sus hermanos y hermanas. Por supuesto, estas son Mis exigencias para todos y Mi consejo para todos. Más aún, son Mis palabras tranquilizadoras para todas las personas jóvenes. Deberíais practicar conforme a Mis palabras. Las personas jóvenes, en particular, no deberían carecer de la determinación para ejercer el discernimiento en los asuntos ni para buscar la justicia y la verdad. Deberíais ir tras todas las cosas bellas y buenas, y obtener la realidad de todas las cosas positivas. Deberíais ser responsables de vuestra vida y no tomárosla a la ligera” (‘Palabras para los jóvenes y los viejos’ en “La Palabra manifestada en carne”). Dios quiere que distingamos el bien y el mal, que tomemos la postura adecuada sin seguir multitudes y que defendamos la justicia y los principios. Yo descubrí el problema que tenía la hermana Liu, pero no fui honesta para decirlo con toda franqueza ni tampoco traté de ayudarla con amor. Por el contrario, fui complaciente, así que al final no la ayudaba a conocer su problema. ¿No la estaba perjudicando? Aumentó mi remordimiento. No podía ser complaciente. Era preciso que practicara la verdad.

En una reunión con la hermana Liu, le comenté el problema que ella tenía entonces al limitarse a mencionar sus facetas positivas al hablar, sin analizar la revelación de su corrupción, lo que hacía probable que los demás la admiraran y siguieran, y era oponerse a Dios. Le dije que la verdad y el testimonio de Dios debían enseñarse en función de nuestra corrupción y combinarse con Su palabra, para analizarnos y ver cómo nos transformaba. Así ayudamos a la gente a conocer y distinguir estas actitudes satánicas y a comprobar que las palabras de Dios la transformarán. Así se enaltece a Dios y se da testimonio. Cuando terminé, la hermana admitió que tenía estos problemas, me detalló cómo expresaba su deseo de estatus, analizó sus pensamientos e ideas corruptos, me dijo que era de ayuda que yo se lo hubiera señalado y me pidió que se lo recordara a menudo. Sentí vergüenza al oírle decir eso. Era evidente que le ayudó que yo se lo señalara, pero me había preocupado por ofenderla si le hablaba con franqueza y por si pensaba mal de mí. Resultó no ser incapaz de aceptar la verdad como yo había creído. El problema es que yo fui muy cobarde, astuta y mentirosa. Hasta que no hice esto no entendí que practicar la verdad no solo es de ayuda para los demás, sino que calma mi corazón.

Durante mis devocionales, vi dos recitaciones de las palabras de Dios. Dios Todopoderoso dice: “Durante la búsqueda de sus propios intereses, las personas dañan la obra de la casa de Dios, interrumpen la entrada normal de los hermanos y hermanas e incluso impiden que tengan una vida de iglesia y espiritual normales. Lo más grave es que, esta búsqueda de su propia fama, fortuna y estatus por parte de las personas es un comportamiento que se puede caracterizar como una cooperación con Satanás para dañar y obstruir, en la mayor medida posible, el progreso adecuado de la obra de Dios, e impedir que Su voluntad se lleve a cabo con normalidad entre la gente. La búsqueda del propio interés posee esta naturaleza. […] Cuando alguien que busca la verdad tiene en cuenta la voluntad de Dios y es consciente de Su carga, todo lo relacionado con el cumplimiento de su deber sostiene la obra de la casa de Dios, es capaz de exaltarlo y de dar testimonio de Él, genera beneficio en los hermanos y hermanas, Dios obtiene gloria y testimonio de él, y Satanás queda avergonzado. Como resultado de su búsqueda, Dios gana a una criatura que es realmente capaz de temerlo, de rechazar el mal y adorarlo. Además, el camino hacia la voluntad de Dios también se despeja, y Su obra logra progresar. A ojos de Dios, tal búsqueda es positiva, proactiva, y causa un gran beneficio a Su casa y a las iglesias” (‘Cumplen con su deber solo para distinguirse a sí mismos y satisfacer sus propios intereses y ambiciones; nunca consideran los intereses de la casa de Dios, e incluso los venden a cambio de su propia gloria (I)’ en “Desenmascarar a los anticristos”). “Si eres incapaz de hacer lo que pide Dios, de obedecer lo que Él dispone o exige de ti, entonces no sigues a Dios, sigues a Satanás. ¿Y dónde está Satanás? En el corazón de las personas. A menudo debéis miraros al espejo y analizar vuestros propios pensamientos. Debéis saber qué cosas dentro de vosotros son filosofías para vivir, dichos populares y cultura tradicional, y cuáles han surgido del conocimiento intelectual. Debéis ser conscientes de qué cosas creéis siempre correctas y concuerdan con la verdad, cuáles acatas como si fueran la verdad y cuáles permites que ocupen el lugar de esta. Esas son las cosas que debéis analizar. En concreto, tratas lo que consideras correcto y precioso como la verdad. Tales cosas no son fáciles de identificar, pero una vez lo consigas, habrás superado un gran obstáculo. Son cosas que impiden a la gente practicar la verdad, comprender las palabras de Dios y obedecerle. Si te pasas el día desconcertado y sin rumbo, si no les das ninguna importancia a estas cosas y no les prestas ninguna atención, entonces siempre existirá una enfermedad irreversible en tu corazón, y así serás incapaz de seguir realmente a Dios y de practicar la verdad” (‘La creencia en la religión nunca llevará a la salvación’ en “Registro de las charlas de Cristo de los últimos días”). Cuando meditaba las palabras de Dios, comprendí que me había vuelto complaciente porque ideas como “cada cual para sí, y sálvese quien pueda”, “callarse los errores hace la amistad buena”, “di palabras de bien, pues la franqueza incomoda”, estas palabras se apoderaron de mí. Al vivir con esto, me había vuelto sumamente egoísta y astuta. En lo que decía y hacía, solo pensaba en mí. Vi el problema de la hermana Liu y quise señalárselo, quería hacer lo que exige Dios y andar con justicia, pero, por guardar las apariencias y por temor a estropear la relación, observé cómo se resentía la vida de la iglesia porque me faltaba valor para señalarle sus defectos. Aunque por dentro luchaba, sintiéndome culpable, me sujetaban estas filosofías de vida y no adopté ninguna postura. Entendí, que si vivía de acuerdo con esto, no podría practicar la verdad por mi planteamiento equivocado. La voluntad de Dios es que seamos gente honesta, que ayudemos a nuestros hermanos y nos señalemos los defectos, que busquemos la verdad y transformar y purificar nuestro carácter de vida. Pero, yo vivía según estas perspectivas satánicas y creí que “callarse los errores de los demás hace la amistad buena” y “di palabras de bien, pues la franqueza incomoda”, eran ideas correctas y las defendía como si fueran la verdad. Creía que me llevaría bien con los demás si no señalaba sus problemas cuando los viera, que era buena. Era absolutamente absurda. Si hubiera buscado la verdad, siendo honesta según la palabra de Dios y señalado antes su problema a mi hermana, podría haberse percatado de él antes y haberlo transformado, lo que habría sido de ayuda en su vida y beneficioso para la vida de iglesia. ¿Y por qué protegí mis intereses, y no practiqué la verdad? Con ello, ¿no fui cómplice de Satanás, de su sabotaje a la vida de iglesia? ¡Protegí mis intereses por pura iniquidad! Vi las consecuencias de ser complaciente: se perturba el trabajo de la iglesia. La búsqueda de la verdad y la práctica de la honestidad son la única búsqueda positiva, permiten que los hermanos se relacionen bien y hagan la voluntad de Dios.

Doy gracias por la guía de Dios, me ayudó a entender que la gente complaciente no es buena y comprender mis actitudes satánicas de egoísmo y astucia. Experimenté que la práctica de la verdad y de la honestidad es la forma de estar en paz. Me centraré en practicar la verdad y ser una persona honesta. ¡Gracias a Dios!

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