He encontrado el camino para purificarme del pecado

10 Sep 2020

Por Weixiao, Corea del Sur

Salvar al hombre totalmente de la influencia de Satanás no sólo requirió que Jesús se convirtiera en la ofrenda por el pecado y cargara con los pecados del hombre, sino también que Dios realizara una obra incluso mayor para librar completamente al hombre de su carácter satánicamente corrompido. Y, así, ahora que el hombre ha sido perdonado de sus pecados, Dios ha vuelto a la carne para guiar al hombre a la nueva era, y comenzó la obra de castigo y juicio. Esta obra ha llevado al hombre a una esfera más elevada. Todos los que se someten bajo Su dominio disfrutarán una verdad más elevada y recibirán mayores bendiciones. Vivirán realmente en la luz, y obtendrán la verdad, el camino y la vida” (“Seguir al Cordero y cantar nuevos cánticos”). Las palabras de Dios Todopoderoso me resolvieron algunas antiguas confusiones. Por mi fe, oraba al Señor y me confesaba a menudo, pero no podía evitar mentir y pecar de nuevo. Si algo no salía como yo quería, perdía los estribos. No conseguía seguir las enseñanzas del Señor ni liberarme del pecado. Me causaba un gran dolor. Consulté con muchos pastores pero no encontré la solución. Pensaba: “El Señor es santo. ¿cómo podrá entrar en Su reino alguien como yo que vive en pecado?”. Al leer la palabra de Dios Todopoderoso, encontré el camino para quedar libre de pecado y purificada de corrupción.

Cuando era una nueva creyente, iba a una iglesia presbiteriana de Corea del Sur. Nuestro pastor siempre decía: “Somos pecadores, estamos repletos de pecado. Pero no temáis: el Señor Jesús fue crucificado para ser nuestra ofrenda por el pecado. Si oramos y nos confesamos ante el Señor, Él nos perdonará y, cuando regrese, nos llevará al cielo”. Me sentía muy agradecida, podía sentir la grandeza de Su amor por nosotros. Cada vez que mentía o pecaba, oraba, me confesaba y me arrepentía, y entonces sentía paz y alegría. No podía esperar a que el Señor llegase para llevarme a Su reino. Con el tiempo, me di cuenta de que pecar y confesarme se había vuelto algo rutinario. Era muy obcecada y montaba en cólera con facilidad. Si mi marido decía o hacía algo que no me gustaba, me enfrentaba a él y discutíamos. Después lamentaba no haber tenido más paciencia. Cada vez que leía las palabras del Señor Jesús “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:39), me sentía muy mal. No era capaz de tener paciencia con mi familia, mucho menos de amar a mi prójimo como a mí misma. Expresé mi frustración muchas veces ante el pastor y el exhortador buscando la forma de escapar del pecado, pero solo me decían que tenía que orar y confesarme más. Yo seguía confundida y me preguntaba si podía hacer la voluntad del Señor y entrar en el cielo si seguía cometiendo los mismos pecados después de orar y confesarme. Imposible. La Biblia dice: “Porque si continuamos pecando deliberadamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda sacrificio alguno por los pecados” (Hebreos 10:26). Eso me asustaba y me preocupaba, pero no sabía qué más hacer. Yo solo oraba y pedía al Señor que me diese fuerza para dejar de pecar. Aunque intentaba controlarme en el momento, seguía en las garras del pecado. Con el tiempo, me agotaba y me deprimía. Me despertaba a todas horas y oraba al Señor llorando, le pedía que me ayudase a encontrar un camino para huir del pecado.

Más tarde, una amiga me invitó a su iglesia. Después de algún tiempo, me di cuenta de que los sermones del pastor eran prácticamente iguales y no tenían luz. Y tampoco hablaba de escapar del pecado. Estaba muy decepcionada, sobre todo cuando vi que un anciano que llevaba cuarenta años sirviendo en la iglesia, que parecía devoto y era muy respetado, iba a predicar a lugares elegantes, sediento de los placeres de la carne. Fue muy duro para mí ver que no había cambiado en absoluto en su vida. Pensé en las palabras de Dios: “Seréis, pues, santos porque yo soy santo” (Levítico 11:45). Quienes viven en pecado son indignos de contemplar a Dios. ¿Podrán entrar en Su reino? Aquel anciano no había cambiado tras cuarenta años de fe, por lo que parecía mucho más difícil que yo lograse cambiar. El pastor y los ancianos nos consolaban diciendo: “El Señor Jesús fue crucificado y nos redimió de nuestros pecados, por lo que no debemos preocuparnos por pecar”. Pero en realidad no dejábamos de pecar y seguíamos llenos de inmundicia tras años en la fe. Si Dios es santo, ¿cómo unos pecadores como nosotros podríamos contemplar el rostro del Señor? Eran pensamientos muy dolorosos que hacían que me sintiese perdida. Me preguntaba cómo liberarme del pecado. Pensé en mi buena amiga, la hermana Zhixiu. Era una creyente devota y considerada. Decidí ir a hablar con ella. Entonces recordé que llevaba años creyendo en Dios Todopoderoso y nuestro pastor insistía en que no nos acercásemos a los creyentes en Dios Todopoderoso. Eso me hizo dudar, pero entonces pensé que vivía atrapada en el pecado y que el pastor no tenía respuestas. Además, ella había sido una buena amiga durante años y era de buen calibre. Pensé que quizá tendría alguna sugerencia. Decidí quedar con ella para verla.

Cuando nos encontramos, había personas que yo no conocía. Parecían personas dignas y honestas, y además eran muy amables. Supuse que serían de la Iglesia de Dios Todopoderoso, así que me puse a la defensiva. Cuando empezaron a hablar de su fe, yo no asimilaba lo que decían y no quería hablar mucho. Entonces, una de las hermanas dijo: “Muchos creyentes piensan que el Señor Jesús cargó con nuestros pecados cuando fue crucificado, que Dios ya no ve nuestro pecado, por lo que ya no somos pecadores y que el Señor nos llevará a Su reino cuando regrese. ¿Es cierto eso? Aunque nuestros pecados son perdonados por nuestra fe en el Señor Jesús, aunque nuestros pecados no son tan evidentes y parecemos comportarnos bien, ¿quiere decir esto que estamos totalmente purificados de nuestro pecado?”. “No dejamos de mentir y pecar, somos celosos, odiamos. Estamos llenos de arrogancia y engaño, somos crueles con los demás. Seguimos las tendencias seculares, somos avaros y vanidosos, juzgamos y culpamos al Señor cuando sucede algo que no nos gusta. Esa es la prueba de que todavía no hemos escapado a las ataduras y las cadenas del pecado, ese es el estado en el que todos los creyentes viven”. “Como dijo Pablo en Romanos, 7: ‘Porque el querer está presente en mí, pero el hacer el bien, no. Pues no hago el bien que deseo, sino que el mal que no quiero, eso practico’ (Romanos 7:18-19). El apóstol Pablo vio sus pecados perdonados por el Señor Jesús, pero su gran frustración fue que seguía atado al pecado y no podía escapar de él. No conseguía dejar de pecar, por lo que lloraba, impotente: ‘¡Miserable de mí! ¿Quién me libertará de este cuerpo de muerte?’ (Romanos 7:24). ¿Acaso no compartimos su frustración?”. Sus palabras conmovieron mi corazón. En verdad esa era mi gran frustración. No pude evitar preguntar: “Lo que has dicho es verdad. No dejo de pecar y confesarme, vivo en el pecado, es doloroso para mí. Pero lo que no entiendo es esto: si el Señor Jesús ya nos ha redimido y ha perdonado nuestros pecados, ¿por qué seguimos pecando? ¿Por qué no podemos huir del pecado? Y así, ¿entraremos en Su reino cuando vuelva el Señor?”.

En respuesta, leyó unos fragmentos de la palabra de Dios Todopoderoso. Dios Todopoderoso dice: “Por todo lo que el hombre pueda haber sido redimido y perdonado de sus pecados, sólo puede considerarse que Dios no recuerda sus transgresiones y no lo trata de acuerdo con estas. Sin embargo, cuando el hombre, que vive en un cuerpo de carne, no ha sido liberado del pecado, sólo puede continuar pecando, revelando, interminablemente, su carácter satánico corrupto. Esta es la vida que el hombre lleva, un ciclo sin fin de pecado y perdón. La mayor parte de la humanidad peca durante el día y se confiesa por la noche. Así, aunque la ofrenda por el pecado siempre sea efectiva para el hombre, no podrá salvarlo del pecado. Sólo se ha completado la mitad de la obra de salvación, porque el hombre sigue teniendo un carácter corrupto. […] No resulta fácil para el hombre ser consciente de sus pecados; no tiene forma de reconocer su propia naturaleza profundamente arraigada, y debe depender del juicio por la palabra para lograr este resultado. Sólo así puede el hombre ser transformado gradualmente a partir de ese momento” (‘El misterio de la encarnación (4)’ en “La Palabra manifestada en carne”). “Aunque Jesús hizo mucha obra entre los hombres, sólo completó la redención de toda la humanidad y se convirtió en la ofrenda por el pecado del hombre; no lo libró de la totalidad de su carácter corrupto. Salvar al hombre totalmente de la influencia de Satanás no sólo requirió que Jesús se convirtiera en la ofrenda por el pecado y cargara con los pecados del hombre, sino también que Dios realizara una obra incluso mayor para librar completamente al hombre de su carácter satánicamente corrompido. Y, así, ahora que el hombre ha sido perdonado de sus pecados, Dios ha vuelto a la carne para guiar al hombre a la nueva era, y comenzó la obra de castigo y juicio. Esta obra ha llevado al hombre a una esfera más elevada. Todos los que se someten bajo Su dominio disfrutarán una verdad más elevada y recibirán mayores bendiciones. Vivirán realmente en la luz, y obtendrán la verdad, el camino y la vida” (‘Prefacio’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Entonces, la hermana dijo: “En la Era de la Gracia, el Señor Jesús fue crucificado como ofrenda por el pecado. Siempre que lo aceptemos como nuestro Salvador, nos confesemos y nos arrepintamos, nuestros pecados quedarán perdonados y no seremos condenados ni encontraremos la muerte bajo la ley. Podemos orar directamente al Señor y disfrutar de Su gracia. Este es el verdadero sentido de la obra de redención del Señor Jesús”. “Sin embargo, mediante Su obra de redención solo perdonó los pecados del hombre. No nos absolvió de nuestro carácter satánico ni de nuestra naturaleza pecadora. Aunque nuestros pecados son perdonados por nuestra fe, nuestra naturaleza pecadora y nuestro carácter satánico siguen en nosotros. Incluyendo arrogancia, engaño, maldad, insensibilidad y odio a la verdad. Son mucho más pertinaces que el pecado y son la causa de que pequemos y nos resistamos a Dios”. “Si no curamos nuestra naturaleza pecadora, pecamos, nos confesamos y pecamos de nuevo, sin llegar a liberarnos de las cadenas del pecado, sin llegar a ser dignos del reino de Dios”. “Dios dijo: ‘Seréis, pues, santos porque yo soy santo’ (Levítico 11:45)”. “El Señor Jesús dijo: ‘En verdad, en verdad os digo que todo el que comete pecado es esclavo del pecado; y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí permanece para siempre’ (Juan 8:34-35)”. “El Señor es santo, y nadie que no sea santo puede contemplarlo. ¿Cómo podría alguien como nosotros, pecadores que se resisten al Señor, ser digno de contemplar Su rostro o entrar en Su reino? Entonces, ¿cómo puede resolverse el problema de nuestra naturaleza pecadora? El Señor Jesús profetizó: ‘Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis soportar. Pero cuando Él, el Espíritu de verdad, venga, os guiará a toda la verdad’ (Juan 16:12-13). Y 1 Pedro 4:17 dice: ‘Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios’”. “En los últimos días, Dios se hace carne de nuevo y expresa verdades para realizar la obra del juicio, empezando por la casa del Dios. Esto sirve para resolver la naturaleza pecadora de la humanidad, para liberarnos de todo pecado y purificarnos de nuestra corrupción. De ese modo Dios nos salva y podemos entrar en Su reino”. “La obra de Dios en la Era de la Gracia permitió que nuestros pecados fuesen perdonados, pero no nos libró totalmente del pecado ni nos purificó. La obra del juicio de Dios en los últimos días es el centro de Su obra de purificación y salvación. Es la fase crucial de Su obra para salvar a la humanidad”. “La obra del juicio en los últimos días puede darnos todas las verdades que necesitamos. Así conoceremos de verdad a Dios, veremos nuestro carácter vital transformado y obedeceremos y adoraremos a Dios cumpliendo Su voluntad. Eso completará el plan de gestión de Dios para salvar a la humanidad”.

Su enseñanza me hizo abrir los ojos. Me di cuenta de que no podía dejar de pecar y confesarme porque mi naturaleza pecadora no se había resuelto. Todavía no había experimentado la etapa más crucial de la obra de Dios en mi fe. Me moría por saber cómo Dios Todopoderoso lleva a cabo la obra del juicio en los últimos días para purificar a las personas. El pastor siempre condenaba a la Iglesia de Dios Todopoderoso, así que estaba a la defensiva. Pero al pensarlo bien, durante todos los años que él me había dicho que ya no éramos presa del pecado, yo seguía atrapada en el dolor del pecado. ¡Era una experiencia muy real! Sabía que ya no podía seguir escuchando ciegamente al pastor, tenía que leer con atención la palabra de Dios Todopoderoso y comprobar si Sus declaraciones eran realmente la voz de Dios. Como se estaba haciendo tarde, no pudimos continuar con la conversación.

Cuando la hermana me invitó a visitar la iglesia, yo no la rechacé y acepté un libro de la palabra de Dios que me dio. Empecé a buscar y a investigar, y leí la palabra de Dios Todopoderoso. Pude ver que Él revela muchos misterios, como los misterios de las encarnaciones de Dios, Sus nombres, la historia interna de la Biblia y mucho más. Todo era nuevo, había muchas verdades y misterios que nunca había oído antes. Entonces pensé: “Dios Todopoderoso ha revelado estos misterios celestiales y puede expresar la voluntad de Dios para salvar a la humanidad. Ningún ser humano podría hacer algo así. Las palabras de Dios Todopoderoso son probablemente las palabras del Espíritu Santo a las iglesias, la voz de Dios. Tengo que seguir aprendiendo”.

Además, hablé con estos hermanos y hermanas sobre mi problema con la mentira y el pecado, cómo perdía los estribos con los demás, me faltaba paciencia y no seguía las enseñanzas del Señor. Les dije que mi vida de pecado me causaba dolor. Pregunté a una hermana, “¿Cómo hace Dios la obra del juicio en los últimos días para purificar a las personas? Durante mis años en la fe, siempre he pensado cuánto me gustaría vivir libre de pecado, vivir una vida que no estuviese llena de sufrimiento”.

Me dijo que leyese unos fragmentos de la palabra de Dios Todopoderoso. “La obra de Dios en la encarnación actual consiste en expresar Su carácter, principalmente, por medio del castigo y el juicio. Con base en esto, trae más verdad al hombre y le señala más formas de práctica, y, de este modo, logra Su objetivo de conquistar al hombre y salvarlo de su propio carácter corrupto. Esto es lo que yace detrás de la obra de Dios en la Era del Reino” (‘Prefacio’ en “La Palabra manifestada en carne”). “En los últimos días, Cristo usa una variedad de verdades para enseñar al hombre, para exponer la sustancia del hombre y para analizar minuciosamente sus palabras y acciones. Estas palabras comprenden verdades diversas tales como el deber del hombre, cómo el hombre debe obedecer a Dios, cómo debe ser leal a Dios, cómo debe vivir una humanidad normal, así como la sabiduría y el carácter de Dios, etc. Todas estas palabras están dirigidas a la sustancia del hombre y a su carácter corrupto. En particular, las palabras que exponen cómo el hombre desdeña a Dios se refieren a que el hombre es una personificación de Satanás y una fuerza enemiga contra Dios. Al emprender Su obra del juicio, Dios no aclara simplemente la naturaleza del hombre con unas pocas palabras; la expone, la trata y la poda a largo plazo. Estos métodos de exposición, de trato y poda no pueden ser sustituidos con palabras corrientes, sino con la verdad de la que el hombre carece por completo. Solo los métodos de este tipo pueden llamarse juicio; solo a través de este tipo de juicio puede el hombre ser doblegado y completamente convencido de la sumisión a Dios y, además, obtener un conocimiento verdadero de Dios. Lo que la obra de juicio propicia es el entendimiento del hombre sobre el verdadero rostro de Dios y la verdad sobre su propia rebeldía. La obra de juicio le permite al hombre obtener mucho entendimiento de la voluntad de Dios, del propósito de la obra de Dios y de los misterios que le son incomprensibles. También le permite al hombre reconocer y conocer su esencia corrupta y las raíces de su corrupción, así como descubrir su fealdad. Estos efectos son todos propiciados por la obra del juicio, porque la esencia de esta obra es, en realidad, la obra de abrir la verdad, el camino y la vida de Dios a todos aquellos que tengan fe en Él. Esta obra es la obra del juicio realizada por Dios” (‘Cristo hace la obra del juicio con la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”). “Por medio de esta obra de juicio y castigo, el hombre llegará a conocer plenamente la esencia inmunda y corrupta de su interior, y podrá cambiar completamente y ser purificado. Solo de esta forma puede ser el hombre digno de regresar delante del trono de Dios. Toda la obra realizada este día es con el fin de que el hombre pueda ser purificado y cambiado; por medio del juicio y el castigo por la palabra, así como del refinamiento, el hombre puede desechar su corrupción y ser purificado. En lugar de considerar que esta etapa de la obra es la de la salvación, sería más apropiado decir que es la obra de purificación” (‘El misterio de la encarnación (4)’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Después de leer esto, la hermana continuó con su enseñanza: “En la obra del juicio de los últimos días, Dios Todopoderoso expresa todas las verdades que purifican y salvan a la humanidad, revela los misterios del plan de gestión de 6000 años de Dios, revela la finalidad de las tres etapas de la obra de Dios para salvar a la humanidad, la historia interna de cada una de las etapas y lo que se consigue en ellas. Nos muestra el camino para cambiar nuestro carácter y purificar nuestra fe. Dios Todopoderoso también revela la naturaleza y la esencia de la corrupción de la humanidad por parte de Satán y la raíz de nuestra naturaleza pecadora. Esto nos permite reflexionar sobre nosotros mismos y conocer nuestra naturaleza y nuestro carácter satánico que se rebelan contra Dios y se oponen a Él. Entendemos la profundidad de la corrupción de Satán y cómo carecemos de humanidad. Entonces empezamos a odiarnos y ya no queremos seguir viviendo en nuestra corrupción. También vemos que el carácter de Dios es justo, santo e imposible de ofender y no podemos evitar sentir reverencia por Él. Ya no somos arbitrarios, ya no hacemos y decimos lo que queremos. En lugar de eso, empezamos a abandonar la carne y practicar la verdad. Poco a poco abandonamos las ataduras de nuestro carácter satánico, lo que resuelve de raíz el problema de nuestro pecado y nuestra oposición a Dios. Eso es algo que nunca pueden conseguir quienes creen en el Señor pero no aceptan el juicio y la purificación de Dios de los últimos días”.

Los hermanos y las hermanas compartieron su testimonio sobre la experiencia del juicio por la palabra de Dios. Una hermana nos dijo que cuando empezó a ejercer como líder en la iglesia solo se preocupaba por su nombre y su categoría. Le gustaba dominar a los demás, que la escucharan y, cuando alguien tenía una opinión diferente, los obligaba a aceptar su punto de vista. Siempre presumía y predicaba doctrina. Pero al ser juzgada y expuesta por la palabra de Dios Todopoderoso, se dio cuenta de que lo único que hacía era presumir y obligar a la gente a idolatrarla. Era solo mentira y engaño. En realidad, estaba disputándole a Dios Su posición, como el arcángel. Se estaba oponiendo a Dios. Al darse cuenta sintió remordimientos y odio por su propia arrogancia y desvergüenza. Había ofendido el carácter de Dios. Si no se arrepentía, sabía que Dios la eliminaría y la castigaría. También comprendió que el carácter de Dios es justo, santo e imposible de ofender y llegó a temer a Dios. Tras ser juzgada y castigada así varias veces, comprendió la arrogancia de su propia naturaleza y acabó por detestarse. Ya no era tan arrogante ni presuntuosa en su trabajo y fue capaz de hablar de su propia corrupción. También aprendió a escuchar las opiniones de los demás, a aprender de ellas y a colaborar. Fue capaz de vivir una semejanza humana.

Oír su enseñanza fue muy constructivo para mí. Aprendí que la única forma de liberarme del pecado y de purificar mi corrupción era aceptar la obra de los últimos días de Dios Todopoderoso y experimentar el juicio y la purificación de la palabra de Dios. En años de fe nunca había sentido un testimonio tan vivencial. Había hablado con muchos clérigos, había ido a muchas iglesias, pero nunca había oído un testimonio como ese. La experiencia de aquellos hermanos y hermanas me mostró el camino para purificarme, salvarme y entrar en el reino de Dios. Estaba entusiasmada y sabía en mi corazón que Dios Todopoderoso es el Señor Jesús retornado. Solo Dios se preocupa tanto por nosotros. Dios conoce nuestro dolor por vivir en el pecado, por lo que se ha hecho carne y ha expresado verdades para salvar a la humanidad. Su amor por nosotros es muy real.

Después de eso, asistía con entusiasmo a las reuniones, leía la palabra de Dios Todopoderoso y reflexionaba sobre mi corrupción a la luz de Su palabra. Cuando mi marido vio que después de aceptar la obra de los últimos días de Dios Todopoderoso ya no era tan condescendiente y había cambiado, empezó a leer la palabra de Dios Todopoderoso y él también aceptó Su obra. ¡Maravilloso! ¡Gracias a Dios!

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