La realidad de ser complaciente

31 Ene 2022

Por Su Jie, China

En octubre, la iglesia me encargó supervisar el equipo de diseño gráfico junto con Wang Li, con quien ya había trabajado. A ella le preocupaba un poco su imagen y ocasionaba problemas a cualquiera que la ofendiera, pero nos llevábamos bastante bien, sin grandes conflictos. Siempre habíamos tenido buena relación. Ahora que estábamos de nuevo juntas en un deber, yo quería una colaboración sobre ruedas. Después, me estuvo informando sobre los miembros del equipo. Cuando llegó a la hermana Xin, dijo airadamente: “No tiene una buena humanidad y es sumamente arrogante. No solo se niega a aceptar sugerencias, sino que siempre habla de mis problemas. No desempeña un papel positivo en el equipo. He escrito a la líder al respecto y he recabado la evaluación de otras personas. Va a ser destituida”. Leí las evaluaciones y la mayoría decían que la hermana Xin tenía puntos fuertes en el deber y aptitud, pero que era algo arrogante y a veces se aferraba a su opinión. No obstante, era capaz de aceptar las cosas con la enseñanza adecuada. En general, valía la pena capacitarla. En mi opinión, la evaluación de Wang Li hacia ella no era objetiva ni justa y no había que destituirla a la ligera. ¿Le comentó la hermana Xin a Wang Li algo que le hiciera quedar mal, la pusiera en su contra y, por ello, quisiera retirarla del deber? Si fue así, Wang Li debería haber hecho introspección. Quise señalarle este problema, pero pensé: “A ella le importa mucho guardar las apariencias. ¿Le caería mal después? ¿Cómo nos llevaríamos si eso complicara las cosas?”. Por ello, le hablé con tacto: “La hermana Xin es nueva en la fe y algo cabezota, pero su problema no es tan grave como para destituirla. Hablemos con ella para ayudarla”. Le cambió totalmente la cara y, molesta, contestó: “No es que sea cabezota, sino que tiene un carácter malo. Opinaba lo mismo que tú, pero ahora tengo discernimiento. Según las palabras de Dios, habría que eliminarla. Ayúdala tú si quieres. Puedes encargarte de su trabajo”. La verdad, no sabía qué hacer. Acababa de incorporarme al equipo y no conocía las cosas, pero ella me imponía sus responsabilidades, lo que podría demorar el trabajo. Era algo demasiado irresponsable. Quería decirle más cosas que pensaba, pero, al ver su frialdad, temí que un conflicto perturbara nuestra relación, así que me callé.

Unos días más tarde, nos disponíamos a cambiar de lugar por necesidades del trabajo. De repente, Wang Li me dijo: “No vamos a llevar a la hermana Xin. Que se quede y reflexione”. Me pareció extraño. Dejarla ahí sola, ¿no era una manera de aislarla? ¿Qué diferencia había entre eso y echarla? La hermana Xin tenía un papel importante. Eso retrasaría nuestro trabajo y era injusto para ella. Yo estaba preocupada. Veía que Wang Li actuaba con corrupción y quería denunciarla por abuso de poder y por excluir a la hermana Xin. Sin embargo, los últimos días que habíamos hablado de ella, Wang Li fue muy reacia y tuvo mala actitud hacia mí, por lo que, si analizaba el problema de forma más directa, a lo mejor alegaba que yo consentía a la hermana Xin y era dura con ella, y se ponía en mi contra. Si eso abría una brecha entre nosotras y me guardaba rencor y me excluía, ¿cómo podríamos trabajar juntas? Dudé y me tragué lo que estaba a punto de decir. Pensé: “Olvídalo. La verdad duele, así que no debo ser tan directa. Debo pasarlo por alto”. Balbuceé: “La líder no ha confirmado ningún cambio en su deber. ¿Es acertado que la dejemos aquí? ¿No deberíamos esperar al visto bueno de la líder para destituirla? Que venga con nosotras. Además, eso nos ayudará a seguir el trabajo”. Wang Li no insistió después de eso. Yo sabía que no había abordado su problema con claridad y me preocupaba que siguiera atacando a la hermana Xin. Me sentí culpable por ello, pero luego pensé que, como éramos compañeras, estaría al tanto para impedirle cometer un gran error. Continuó excluyéndola adrede. En una ocasión, la iglesia necesitaba formar a alguien. Era evidente que la hermana Xin era buena estudiante, así que la mejor opción era enviarla a formarse y que volviera a enseñar a los demás, pero Wang Li se empeñó en mandar a la hermana Liu, que no conocía bien nuestra labor. Además, por otros hermanos y hermanas, supe que la hermana Xin había expresado opiniones contrarias a las de Wang Li varias veces y a todos les parecían mejores las ideas de la hermana Xin, pero Wang Li se negaba a aceptarlas e instaba a la hermana Xin a que la escuchara. Cuando la hermana Xin planteaba sus problemas en una reunión, Wang Li se enfadaba y la ignoraba. Cuando la hermana Xin tenía problemas en el deber, Wang Li no la ayudaba, con lo que la dejaba atascada en el trabajo y le dificultaba las cosas. Me sentí muy incómoda cuando me enteré de todo esto. Wang Li siempre había estado en contra y excluido a la hermana Xin. Aquello se estaba poniendo muy grave. Era perturbador y perjudicaba el trabajo de la iglesia. Sabía que tenía que hablar con Wang Li. Ajá. Aquel día, me armé de cierto valor y le dije: “Sigues en contra de la hermana Xin, ¿verdad? A la hermana Xin se le da bien aprender cosas nuevas. Si no has dejado que vaya, es que estás en su contra”. En cuanto dije esto, se le ensombreció la mirada y, airada, me contestó: “Ya dejé de estar en su contra, pero ahora estoy contra ti. El equipo de la hermana Xin no consigue nada en el trabajo y eso es problema de ella. Hace mucho que te dije que debíamos destituirla, pero tú discrepaste”. No tenía conciencia de sí misma. Como líder de equipo, no reflexionaba cuando al equipo no le iba bien, sino que se evadía. Yo también estaba enfadada y quería ser franca respecto a la naturaleza de sus actos, pero, en vista de su renuencia, me frené. Pensé que le acababa de soltar algunas verdades y se lo había tomado fatal. Si realmente le exponía todos sus problemas, seguro que se subía por las paredes. Sin duda, eso dañaría nuestra relación. Mejor no decía nada más; aparte, ya le había reprendido un poco. Como no lo aceptaría, decidí dejarlo. Luego se produjeron cambios y me quedé, principalmente, a cargo de otra labor. Por sorpresa, un mes después, se estancó el trabajo de la hermana Li y los del equipo se sentían débiles y deprimidos. Según ellos, cuando ella veía que no lo hacían bien en el deber, se limitaba a tratarlos, pero no los orientaba. Todos se sentían cohibidos por ella y tan negativos que apenas podían cumplir con el deber. También decían que Wang Li llevaba meses sin guiar a la hermana Xin en el trabajo. Todos tenían lágrimas en los ojos. Yo ya no podía guardar la calma. Había detectado los problemas de Wang Li mucho tiempo atrás, pero no le señalé la naturaleza de estos asuntos. Ella no comprendía su carácter corrupto, sino que no dejaba de excluir a la gente por prejuicios hasta el punto de quedarse casi estancado el trabajo del equipo. Me sentía muy culpable. Al llegar a casa, leí un pasaje de las palabras de Dios sobre los anticristos: “Según las apariencias, las palabras del anticristo parecen especialmente amables, cultas y distinguidas. Aquel que viola los principios, que es entrometido y molesto, no es tratado, podado o expuesto, da igual quién sea. El anticristo hace la vista gorda, deja que la gente piense que es magnánimo en todos los asuntos. Cada corrupción y acto odioso de la gente es recibido con caridad y tolerancia, el anticristo no es propenso a la ira, no haría daño a nadie movido por la rabia o la furia, ni porque la persona cometiera un error. Quieren demostrar que son tolerantes y pacientes, que no harían daño ni amenazarían a nadie. Pero su motivación oculta es la de congraciarse, hacer que la gente sienta admiración y aprobación hacia sus actos, hacia su comportamiento, hacia su personalidad” (‘Cumplen con su deber solo para distinguirse a sí mismos y satisfacer sus propios intereses y ambiciones; nunca consideran los intereses de la casa de Dios, e incluso los venden a cambio de su propia gloria (X)’ en “Desenmascarar a los anticristos”). Esto me resultó muy desgarrador. Los anticristos no intervienen cuando alguien perturba el trabajo de la casa de Dios para poder preservar su buena imagen; son verdaderamente egoístas y despreciables. Comprendí que actuaba igual que un anticristo. La casa de Dios dispuso que trabajara con Wang Li para que nos compensáramos las respectivas debilidades, nos vigiláramos la una a la otra y defendiéramos juntas la labor de la casa de Dios. Sin embargo, para preservar mi “armoniosa” relación con ella, para que conservara una imagen de mí como “buena persona”, no me atrevía a denunciar su trato excluyente y opresor hacia la hermana Xin. Veía que su trato al prójimo estaba controlado por su corrupción y afectaba al trabajo, pero no me atuve a los principios de la verdad e intervine, ni lo denuncié ante ningún líder. Temía caerle mal y que eso abriera una brecha entre nosotras. Cuando me armé de valor para hablar, me frené igualmente, y no le señalé de forma clara y directa la naturaleza de su conducta. Siempre le daba una salida. Veía exactamente lo que les hacía a los hermanos y hermanas, lo cual dificultaba gravemente la labor de la casa de Dios y la entrada en la vida de aquellos. Al final, entendí realmente que comportarse como una buena persona, sin ofender a nadie, proviene, precisamente, de unas motivaciones huidizas y astutas. Todo cuanto hacía era para protegerme, para conservar mi reputación y mi estatus, para ganarme corazones y mentes, para enredar a los demás con una apariencia amable. ¡Revelaba el carácter malvado de un anticristo! Al recapacitar sobre mis actos, me sentí muy culpable y me odié por ser tan evasiva y astuta. Dios me había encumbrado a ese deber tan importante, pero era irresponsable y no me atenía a los principios cuando detectaba problemas. Ocasionaba perjuicios al trabajo de la casa de Dios y dificultaba la vida a otras personas. Mordía la mano que me daba de comer. Había fallado en la comisión de Dios para mí. ¡Era inconcebible! Me presenté ante Dios a orar y arrepentirme para dejar de ser rebelde y de herir a Dios. Practicaría la verdad y protegería la labor de la casa de Dios.

Al día siguiente, en cuanto planteé la situación en el equipo de la hermana Xin, a Wang Li se le cambió la cara y se puso a quejarse de que la hermana Xin dejaba a los demás por los suelos. Vi que no tenía conciencia de sí misma y no admitía críticas. Las cosas estaban un poco incómodas. Pensé que yo apenas había comenzado y ella ya se había enfadado. Si planteaba todos sus problemas, sin duda se molestaría conmigo. ¿Debía hacerlo? Dudé y me sentí algo cohibida, así que oré en silencio y pensé en que Dios nos exige honestidad y que defendamos los intereses de Su casa. Esto me dio cierta valentía. Opinara lo que opinara ella, yo sabía que tenía que compartir mi opinión sincera. Por tanto, expuse con rigor y justicia su opresión hacia la hermana Xin y hablé de la naturaleza y las consecuencias de aquello. Sin embargo, ella no quería saber nada. Siguió discutiendo los pormenores. Se negaba a aceptar la verdad y a conocerse a sí misma. Entendí la gravedad de su problema y que ella no podía permanecer en ese deber, así que se lo notifiqué a la líder. Me contó que había hablado de esto con Wang Li muchas veces antes, pero que aún no había cambiado. Su conducta demostraba que no era adecuada para el trabajo. No tenía una buena humanidad ni aceptaba la verdad, así que había que destituirla. Quería que lo hiciera yo. Se me agitó el corazón y pensé que su actitud hacia mí era otra desde que expuse sus problemas. Si iba a echarla yo en persona, se ofendería gravemente. ¿Me odiaría después? Si creía que la había denunciado ante la líder, ¿pensaría que la estaba atacando? Estaba confundida y no sabía cómo enfrentarme a ella. Preocupada por esto, leí las siguientes palabras de Dios: “La mayoría de las personas desean buscar y practicar la verdad, pero gran parte del tiempo simplemente tienen la determinación y el deseo de hacerlo; la verdad no se ha convertido en su vida. Como resultado, cuando se topan con las fuerzas del mal o se encuentran con personas malvadas y malas que cometen actos malvados o con falsos líderes y anticristos que hacen las cosas de una forma que viola los principios —y provocando que la obra de la casa de Dios sufra pérdidas y dañando a los escogidos de Dios— las personas pierden el coraje de plantarse y decir lo que piensan. ¿Qué significa cuando no tienes coraje? ¿Significa que sois tímidos o poco elocuentes? ¿O que no tenéis un entendimiento profundo y, por tanto, no tenéis la confianza necesaria para decir lo que pensáis? Nada de esto; lo que pasa es que estás siendo controlado por diversos tipos de actitudes corruptas. Una de estas actitudes es la astucia. Piensas primero en ti mismo y piensas: ‘Si digo lo que pienso, ¿cómo va a beneficiarme? Si digo lo que pienso y provoco que alguien se disguste, ¿cómo nos llevaremos bien en el futuro?’. Esta es una mentalidad astuta, ¿cierto? ¿No es esto resultado de un carácter astuto? Otra es una actitud egoísta y mezquina. Piensas: ‘¿Qué tiene que ver conmigo una pérdida para los intereses de la casa de Dios? ¿Por qué debería importarme? No tiene nada que ver conmigo. Aunque lo vea y oiga, no tengo que hacer nada. No es mi responsabilidad, no soy líder’. En tu interior se encuentran esas cosas, como si hubieran surgido de tu mente inconsciente y ocuparan posiciones permanentes en tu corazón; son las corruptas actitudes satánicas del hombre. […] Nunca dices lo que realmente piensas. Todo ha de ser editado previamente por tu cerebro, en tu mente. Todo lo que dices es mentira, se contradice con los hechos, es todo para tu espuria defensa, para tu propia ventaja. Alguna gente se lo traga, y a ti te basta: tus palabras y acciones han logrado tus objetivos. Esto es lo que hay en tu corazón, son tus actitudes. Estás totalmente controlado por tus propias actitudes satánicas. No tienes poder sobre lo que dices o haces. Aunque quisieras, no podrías decir la verdad o lo que piensas realmente; aunque quisieras, no podrías practicar la verdad; aunque quisieras, no podrías cumplir con tus responsabilidades. Todo lo que haces, dices y practicas es una mentira, y eres descuidado y superficial. Resulta evidente que estás completamente encadenado y controlado por tu carácter corrupto. Puede que quieras aceptar y luchar por la verdad, pero no depende de ti. No eres más que una marioneta de carne corrupta, te has convertido en una herramienta de Satanás, dices y haces todo lo que te ordena tu carácter satánico. […] Nunca la buscas, y ni mucho menos la practicas. Solo continúas orando, fortaleciendo tu determinación, tomas decisiones y haces juramentos. Y ¿qué resultado ha dado todo esto? Sigues siendo una persona complaciente, no provocas ni ofendes a nadie. Si algo no es de tu incumbencia, te mantienes alejado de ese asunto, y piensas: ‘No diré nada sobre las cosas que no tienen que ver conmigo, y no haré excepciones. Si algo puede perjudicar mis propios intereses, mi orgullo o mi autoestima, no le prestaré atención y lo enfrentaré todo con precaución; no debo actuar precipitadamente. El clavo que sobresale es el primero en ser golpeado ¡y no soy tan estúpido!’. Estás totalmente bajo el control de tus actitudes corruptas de maldad, astucia, dureza y rechazo hacia la verdad. Te controlan férreamente y se han vuelto más difíciles de soportar para ti que el aro dorado que llevaba puesto el rey Mono. ¡Vivir bajo el control de un carácter corrupto es sumamente agotador e insoportable!” (‘Solo quienes practican la verdad temen a Dios’ en “Discursos de Cristo de los últimos días”). Cada palabra de Dios iba directa al corazón. Con Wang Li, siempre temía ofenderla y no me atrevía a practicar la verdad y revelar los hechos. Me controlaban las actitudes satánicas de la maldad, la astucia y el odio por la verdad. “La armonía es un tesoro y la paciencia, una virtud”, “nunca des golpes bajos”, “cuando sepas que algo está mal, más te vale callar” y “la franqueza incomoda”. Estas filosofías satánicas mundanas se habían convertido en mis leyes de vida. No hablaba claro de los problemas que veía ni me atenía a los principios para proteger la labor de la casa de Dios. Era cobarde. Cuando la líder quiso que destituyera a Wang Li, me quedó muy claro que tenía que hacerlo ya para que el trabajo de la casa de Dios no se retrasara, pero no pude abrir la boca por temor a ofenderla. Yo parecía agradable y que no quería hacer daño a nadie, pero en realidad traicionaba los intereses de la casa de Dios a cambio de una imagen positiva ante los demás. Consentía a Wang Li a cada paso, pues dejaba que perturbara la labor de la casa de Dios. Hacía de escudo del descontrol de Satanás en la casa de Dios. ¡Era una persona hipócrita y astuta! ¡Esas filosofías satánicas son meras falacias que engañan y perjudican a la gente! Esta sociedad es tan oscura y malvada porque la gente vive según las filosofías satánicas. Se vuelve cobarde y detesta la luz. Nadie se atreve a levantarse, a defender la justicia y a exponer la verdad, pero los lisonjeros que siempre miran por dónde sopla el viento son favorecidos y acceden al poder. No hay equidad ni justicia. Todos engañan a todos sin la menor sinceridad. Ese es el fruto de la corrupción satánica. Por fin entendí que estas filosofías satánicas concuerdan con las nociones humanas, pero en realidad son mentiras con las que Satanás engaña y corrompe a la gente. Al vivir de acuerdo con ellas, cada vez somos más egoístas, malvados y astutos. Es una forma vil e inhumana de vivir.

Leí un pasaje de ellas en “Solo quienes practican la verdad temen a Dios”. “Si no te guardas nada, si no te pones una careta, una impostura, una fachada, si te expones ante los hermanos y hermanas, si no ocultas tus pensamientos y reflexiones más íntimas, sino que permites que los demás vean tu actitud sincera, entonces la verdad echará raíces poco a poco en ti, florecerá y dará frutos, dará gradualmente resultados. Si tu corazón es cada vez más honesto y está cada vez más orientado hacia Dios, y si sabes proteger los intereses de la casa de Dios cuando cumples con tu deber, y tu conciencia se turba cuando no proteges estos intereses, entonces esto es una prueba de que la verdad ha tenido efecto en ti y se ha convertido en tu vida. Cuando la verdad se convierte en tu vida, si alguien blasfema contra Dios, si no tiene reverencia hacia Él, si es descuidado en el deber, provoca interrupciones o perturba la obra de la iglesia, y cuando ves que esto ocurre, entonces puedes discernirlo y exponerlo cuando sea necesario y abordarlo de acuerdo con el principio de la verdad. […] Cuando la verdad impera en tu corazón y se ha convertido en tu vida, cuando ves aparecer algo pasivo, negativo o malvado, la reacción de tu corazón es totalmente distinta. Primero sientes un reproche y cierto sentido de intranquilidad, seguidos inmediatamente por este sentimiento: ‘No puedo quedarme parado y hacer la vista gorda. Debo levantarme y hablar, levantarme y asumir la responsabilidad’. Entonces puedes levantarte y poner fin a estas malas acciones delatándolas, esforzándote por salvaguardar los intereses de la casa de Dios y por evitar que perturben Su obra. No solo tendrás este valor y esta determinación y serás capaz de comprender el asunto del todo, sino que también cumplirás con la responsabilidad que te corresponde en la obra de Dios y en los intereses de Su casa, con lo que cumplirás con tu deber” (“Discursos de Cristo de los últimos días”). Esta lectura me hizo sentir tan culpable como motivada. Tras todos esos años de fe, gozando de la verdad con el sustento de Dios, aún no defendía los principios ni los intereses de Su casa. Era inconcebible. Tenía que quitarme la máscara de persona complaciente. No podía vivir en función de mi carácter corrupto, malvado y astuto, sino practicar la verdad y defender los intereses de la iglesia. Después fui a hablar con Wang Li para destituirla. También me sinceré en comunión, enumerando una por una sus manifestaciones de rechazo a la verdad, de opresión a la gente y de perjuicios al trabajo de la iglesia. Dejé de intercalar cosas agradables fáciles de asumir. Realmente quería ayudarla, exponer sus problemas, para que entendiera su carácter corrupto y se arrepintiera sinceramente. Se alteró tanto que lloró cuando terminé y dijo que estaba lista para aceptar lo que dispusiera la casa de Dios, recapacitar de verdad y aprender una lección. Poco a poco, los hermanos y hermanas se recuperaron después y el trabajo del equipo empezó a lograr resultados paulatinamente. Sentía verdaderamente la paz y el sosiego de practicar la verdad. Ese es el único modo de vivir en la luz.

Luego hubo traslados, así que me puse a regar a los nuevos fieles con algunas hermanas más. Veía que la hermana Yan no tenía una carga en el deber, sino que era negligente e irresponsable, lo que afectaba a nuestra labor. Eso me preocupaba y quería señalárselo para que pudiera cambiar, pero como nos acabábamos de conocer y nos llevábamos tan bien, si era directa acerca de su irresponsabilidad en el deber, ¿se molestaría conmigo? Me di cuenta de que pensaba de forma complaciente otra vez, por lo que me apresuré a orar. Luego vi un vídeo de lectura de las palabras de Dios. Dios Todopoderoso dice: “‘Y Jehová Dios le ordenó y le dijo: De cada árbol del jardín puedes comer libremente, pero no debes comer del árbol del conocimiento del bien y el mal porque el día que comas de él, definitivamente morirás’.* […] En estas breves palabras que pronunció Dios, ¿puedes ver algo del carácter de Dios? ¿Son ciertas estas palabras de Dios? ¿Hay algún engaño? ¿Hay alguna falsedad? ¿Hay intimidación? (No). Dios le dijo al hombre con honestidad, veracidad y sinceridad lo que podía comer y lo que no, Dios habló clara y directamente. ¿Existe algún significado oculto en estas palabras? ¿Acaso no son directas? ¿Hay alguna necesidad de conjeturas? (No). No hay necesidad de adivinanzas. Su sentido es obvio a primera vista. Al leerlas, uno tiene totalmente claro su significado. Es decir, lo que Dios quiere decir y expresar sale de Su corazón. Las cosas que Dios expresa son limpias, directas y claras. No hay motivos encubiertos ni significados ocultos. Él le habla al hombre directamente, le dice qué puede comer y qué no. Es decir, por medio de estas palabras de Dios, el hombre puede ver que Su corazón es transparente y verdadero. No hay aquí rastro de falsedad; no es que te diga que no puedas comer lo que es comestible ni te proponga ‘Hazlo a ver qué ocurre’ con cosas que no puedes comer. No es esto lo que Él quiere decir. Lo que Dios piensa en Su corazón, eso es lo que Él dice” (‘Dios mismo, el único IV’ en “La Palabra manifestada en carne”). Estaba muy claro lo que Dios les dijo a Adán y Eva. Él es sincero y no oculta nada. La esencia de Dios es muy santa. En los últimos días, Dios expresa la verdad para juzgar y castigar al hombre. Sus palabras exponen y analizan directamente la naturaleza de nuestra corrupción satánica y revelan nuestra fealdad e iniquidad internas. Son claras y no ocultan nada. Su palabras pueden ser duras, pero son todo amor y pretenden purificarnos y transformarnos para que nos conozcamos, rechacemos a Satanás y vivamos con auténtica semejanza humana. Satanás es justo lo contrario. Es vago, oscuro y malvado, y nunca dice directamente qué desea. Se puso a decir cosas agradables y falsas, que parecían plausibles, para engañar a Adán y Eva de forma que pecaran y traicionaran a Dios. Yo vivía de acuerdo con las filosofías satánicas y, al igual que Satanás, exhibía un carácter malvado y astuto. Para preservar mi relación con los demás y su opinión sobre mí, pensaba una cosa y hablaba otra, torcida como una serpiente, titubeante. Nadie entendía lo que estaba tratando de decir. Era muy evasiva. ¡Tenía más de Satanás que de ser humano! Sentí asco de mí misma cuando me di cuenta y no quería seguir siendo complaciente y astuta. Quería practicar la verdad y ser una persona honesta que defendiera la labor de la casa de Dios. En la reunión del día siguiente, me sinceré sobre los problemas detectados en la hermana Yan y después los hablamos las dos. Fue capaz de reconocer sus problemas. Vi que su estado comenzó a cambiar lentamente tras aquello y me sentí mucho más libre.

Esta experiencia me ha enseñado que no debemos vivir de acuerdo con las filosofías satánicas y engañarnos unos a otros, sino ser sinceros y honestos. Este es el único amor verdadero y beneficia a absolutamente todos. Experimenté personalmente que solo siendo honestos según las palabras de Dios y siguiendo los principios se tiene humanidad, y así somos bendecidos y tenemos paz y gozo. Eso es ser buena persona. ¡Gracias a Dios!

Las citas bíblicas marcadas (*) han sido traducidas de AKJV.

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