Una denuncia gratificante

10 Ene 2022

Por Ding Li, Estados Unidos

Fue hace un par de años. Zhou, una líder, eligió al hermano Li como diácono de riego, dijo que su enseñanza en las reuniones era esclarecedora. La noticia me sorprendió. Ya había trabajado con él en mi deber, lo conocía bastante. Él era buen orador y tenía mucho que decir en su enseñanza, pero la mayoría era doctrina y no podía resolver problemas. Era arrogante y tendía a hacer todo a su manera, decidía sobre el trabajo sin consultar a nadie. Causó problemas y eso dañó la obra de la casa de Dios. La persona a cargo le mencionó el problema, no lo aceptaba y no cambió. Yo también le señalé sus problemas. Nunca reflexionó sobre sí mismo, solo se justificaba. Después de un tiempo, pude ver que él era alguien que daba doctrina, pero no aceptaba la verdad. Un principio para elegir obreros es tener una comprensión pura de la verdad, aceptar la verdad, ser responsable y tener buen calibre. Un diácono de riego debería resolver cosas con la verdad y hacer obra práctica. Lo nombró diácono de riego porque tenía algo de calibre y era buen orador. No iba con los principios. Lo pensaba, y me incomodaba, quería compartir eso con la hermana Zhou. Pero dudé cuando estaba por hablar. Como sabes, yo solía ser diaconisa de riego, y me echaron de mi deber por no resolver problemas prácticos, Si planteaba dudas sobre la persona que la líder había elegido, ¿cómo me haría quedar? ¿Los demás dirían que, como perdí ese deber, estaba celosa y por eso lo criticaba? ¿Y si decían que yo alteraba la obra y me quitaban mi nuevo deber? Luego pensé olvidalo, es mejor dejarlo así a arriesgarme y tener problemas. Por eso, me tragué las palabras cuando iba a hablar. Después, supe que algunos hermanos y hermanas de otro grupo ya habían trabajado con Li y sentían que él no era responsable en el deber ni apto para ser diácono. Entonces estuve segura de que tenía razón sobre él y pensé que debería hablar con Zhou lo antes posible para que la obra de la iglesia no se retrasara. Como la hermana había nombrado al hermano Li, si le decía a ella, ¿no estaría criticándola en la cara? Ya había trabajado con ella, me parecía arrogante, santurrona y controladora. Hablé con ella sobre estos temas, se negó a aceptarlo, Y luego me increpó cuando yo estaba en un mal estado. Si mencionaba un problema en su trabajo, pensé que diría que le causaba problemas, y quería molestarla. ¿Qué haría si me dificultaba todo? Recordé años antes, cuando con una hermana señalamos a un líder, ese líder nos acusó de formar una camarilla para atacarlo. Y perdí mi deber. Ese líder luego fue expulsado como anticristo, pero yo no tuve un deber por un tiempo porque me reprimió. Temía que Zhou no aceptara lo que dijera, y encontrara algo para quitarme mi deber. La obra de Dios terminará pronto, es una época crucial para cumplir un deber. Si no podía cumplir un deber y preparar buenos actos, me preocupaba de perder mi salvación. ¿no perdería aún más? Al pensar eso, dejé la idea de hablar del problema.

Después, oí a personas decir que tras ser diácono, el hermano Li solo compartía doctrina y presumía, y nunca ayudaba a las personas con sus problemas. No asumía su responsabilidad, y varios de los recién llegados habían dejado de ir a las reuniones por los rumores. Él no les había ofrecido enseñanza, y algunos habían abandonado la fe. Al oír esto, me di cuenta de lo grave que era el problema. Si él continuaba como diácono de riego, podía perjudicar más la obra de la iglesia, y yo sabía que debía informarlo. Pero, en ese tiempo, temía ofender al líder, me sentía en conflicto. ¿Debería informarlo o no decirlo? Si lo hacía, temía sufrir yo, y si no lo hacía. Me sentiría muy culpable. Me preguntaba cómo decirlo sin problemas. Me acosaban estos pensamientos siempre. Me distraían e inquietaban.

En una reunión, un líder de grupo nos pidió opiniones sobre el ascenso de Li, de tener una, debíamos escribirle. Oír eso me entusiasmó mucho, y pensé que era mi oportunidad. Él estaría al frente, y resumiría las opiniones a todos, y no se sabría quién escribió qué. Si intentaban indagar, él nos protegería. Escribí los problemas que veía y se los di. A la mañana siguiente, para mi sorpresa, me dijo que le envió a la líder lo que había escrito. Cuando me enteré de que compartió mi opinión con la líder, me sentí ansiosa. Le dije: “¿Por qué enviaste mi mensaje a la hermana Zhou?”. Al ver lo fuerte de mi reacción, me dijo: “Pasé a la líder las opiniones de todo el grupo. Debemos ser sinceros con las opiniones. ¿De qué te preocupas?”. No supe qué responder a esa pregunta. Quedé sorprendida y avergonzada. No se me ocurrió que los demás ya habían aconsejado a la líder. Tuvieron el valor de hablar, ¿por qué yo tenía miedo de plantear el problema? Fui ante Dios a orar un rato, y reflexioné. Después, leí unas palabras de Dios: “Tanto la conciencia como la razón deben ser componentes de la humanidad de una persona. Ambas son las más fundamentales e importantes. ¿Qué clase de persona es la que carece de conciencia y no tiene la razón de la humanidad normal? Hablando en términos generales, es una persona que carece de humanidad, una persona de una humanidad extremadamente pobre. Analicemos esto en profundidad. ¿Qué manifestaciones de humanidad perdida exhibe esta persona para que los demás digan que no tiene humanidad? ¿Qué características tienen tales personas? ¿Qué manifestaciones específicas presentan? Tales personas son superficiales en sus acciones y se mantienen alejadas de las cosas que no les conciernen de manera personal. No consideran los intereses de la casa de Dios ni muestran consideración por la voluntad de Dios. No asumen ninguna carga de testificar por Dios o de desempeñar sus deberes y no poseen ningún sentido de responsabilidad. […] Incluso hay personas que, cuando ven un problema cuando cumplen con su deber, permanecen en silencio. Ven que otros están causando interrupciones y perturbaciones, pero no hacen nada para detenerlos. No consideran en absoluto los intereses de la casa de Dios ni piensan en su propio deber ni en las responsabilidades. Hablan, actúan, sobresalen, se esfuerzan, y gastan energía sólo para su propia vanidad, prestigio, posición, intereses y honor. Las acciones e intenciones de alguien así son claras para todos: Salen de repente siempre que hay una oportunidad para el honor o para disfrutar alguna bendición. Pero, cuando no hay una oportunidad para el honor, o tan pronto hay un tiempo de sufrimiento, desaparecen de la vista como una tortuga que esconde su cabeza. ¿Tiene esta clase de persona conciencia y razón? ¿Siente remordimiento una persona sin conciencia ni razón que se comporta de esta manera? La conciencia de esta clase de persona no sirve para nada y nunca ha sentido remordimiento. Así que, ¿pueden sentir el reproche o la disciplina del Espíritu Santo? No, no pueden” (‘Entrega tu verdadero corazón a Dios y podrás obtener la verdad’ en “Registro de las charlas de Cristo de los últimos días”). Estas palabras describían mi estado exacto. Sabía que la líder no iba con los principios, y el hermano Li no hacía la obra práctica como diácono de riego, dificultaba la entrada en la vida de otros Debí haber informado el problema para proteger a la iglesia. Es el deber obligatorio de el pueblo elegido de Dios. Pero, en cambio, no quise ofender a la líder y que me quitara mi deber, por lo que escondí mi cabeza en la arena e hice la vista gorda ante el problema. Compartí por escrito mi opinión con el líder de grupo, pero no quería que supieran que fui yo. Temía a los problemas. Me di cuenta de que solo pensaba en mis intereses, no sostenía los intereses de la iglesia. Carecía de conciencia y razón. Había disfrutado mucho sustento de las palabras de Dios, pero cuando la obra de la casa de Dios sufría, solo pensaba en protegerme a mi. No tenía lealtad hacia Dios. Mordía la mano que me daba de comer. No tenía humanidad. Mientras pensaba, peor me sentía, y me pregunté: ¿Por qué estaba tan asustada, tan ansiosa, cuando enfrentaba tal problema? Ser sincera me costaba mucho… ¿qué tipo de carácter me controlaba?

Después, leí las palabras de Dios que me aclararon todo. Dios Todopoderoso dice: “La mayoría de las personas desean buscar y practicar la verdad, pero gran parte del tiempo simplemente tienen la determinación y el deseo de hacerlo; la verdad no se ha convertido en su vida. Como resultado, cuando se topan con las fuerzas del mal o se encuentran con personas malvadas y malas que cometen actos malvados o con falsos líderes y anticristos que hacen las cosas de una forma que viola los principios —y provocan que la obra de la casa de Dios sufra pérdidas y dañan a los escogidos de Dios— las personas pierden el coraje de plantarse y decir lo que piensan. ¿Qué significa cuando no tienes coraje? ¿Significa que sois tímidos o poco elocuentes? ¿O que no tenéis un entendimiento profundo y, por tanto, no tenéis la confianza necesaria para decir lo que pensáis? Nada de esto; lo que pasa es que estás siendo controlado por diversos tipos de actitudes corruptas. Una de estas actitudes es la astucia. Piensas primero en ti mismo y piensas: ‘Si digo lo que pienso, ¿cómo va a beneficiarme? Si digo lo que pienso y provoco que alguien se disguste, ¿cómo nos llevaremos bien en el futuro?’. Esta es una mentalidad astuta, ¿cierto? ¿No es esto resultado de un carácter astuto? Otra es una actitud egoísta y mezquina. Piensas: ‘¿Qué tiene que ver conmigo una pérdida para los intereses de la casa de Dios? ¿Por qué debería importarme? No tiene nada que ver conmigo. Aunque lo vea y oiga, no tengo que hacer nada. No es mi responsabilidad, no soy líder’. En tu interior se encuentran esas cosas, como si hubieran surgido de tu mente inconsciente y ocuparan posiciones permanentes en tu corazón; son las corruptas actitudes satánicas del hombre. Estas actitudes corruptas controlan tus pensamientos, te atan de pies y manos y controlan tu boca. Cuando quieres decir algo de corazón, las palabras llegan a tus labios, pero no las dices o, si hablas, lo haces con rodeos, con un margen de maniobra: no hablas claro en absoluto. Los demás no sienten nada cuando te oyen y lo que has dicho no ha resuelto el problema. Piensas para tus adentros: ‘Bueno, he hablado. Tengo la conciencia tranquila. He cumplido con mi responsabilidad’. En realidad, dentro de ti sabes que no has dicho todo lo que debías, que lo que has dicho no ha hecho efecto y que se mantiene el perjuicio a la obra de la casa de Dios. No has cumplido con tu responsabilidad, pero dices abiertamente que has cumplido con ella o que no tenías claro lo que estaba sucediendo. ¿No estás, entonces, completamente controlado por tus corruptas actitudes satánicas? Aunque lo que piensas en tu interior y las cosas que crees correctas son algo positivo y están de acuerdo con la verdad, no eres dueño de tu boca y lo que dices nunca coincide con lo que hay en tu interior. Siempre has de procesar tus palabras a través de tu mente y tus pensamientos antes de pronunciarlas en voz alta. Los demás no pueden adivinar el significado subyacente a ellas y tú te sientes muy satisfecho contigo mismo. No te importa realmente si el trabajo está hecho o no; esta es tu mentalidad” (‘Solo quienes practican la verdad temen a Dios’ en “Registro de las charlas de Cristo de los últimos días”). Al leer las palabras de Dios, pude ver que no practicaba la verdad ni protegía la casa de Dios, era maliciosa, egoísta y despreciable por naturaleza. Sabía que la Zhou no seguía los principios al nombrar al hermano Li, y luego dañaba la obra de la iglesia porque no hacía obra práctica. Veía todo esto con claridad, y sabía que debía señalarlo, que sería útil para la iglesia, pero nunca junté el coraje de decir algo. Cuando tamaron la iniciativa, al fin puse mis opiniones por escrito, pero cuando supe que se las enviaron directo a la líder, me quejaba a de mi líder de grupo. En todos mis pensamientos, daba vueltas insistentemente para saber cómo protegerme y que no tuviera nada que perder. aunque sabía que afectaba la vida de los hermanos y la obra de la iglesia, no ponía en práctica la verdad ni compartía los problemas que veía. Me guiaba por “Cada quien para sí, y sálvese quien pueda”, “Deja las cosas si no te afectan”, “Guarda silencio para protegerte” y “Todas las miradas van al más notable”. Estas cosas controlaban mi mente y me mantenían bajo su hechizo, me hacían taimada. Tenía fe y leía Sus palabras, pero no había lugar para Dios en mi corazón. No podía echar luz o decir algo sincero sobre algo. Era como lacayo del Diablo, y era cobarde. Era egoísta y despreciable, de verdad repugnaba a Dios. Entonces, sentí un remordimiento y oré a Dios en silencio: “Oh, Dios, soy tan egoísta y astuta. Era irresponsable al ver un problema, y no practicaba la verdad ni protegía la obra de la casa de Dios. Dios, ya no quiero vivir de esta manera. Por favor, sálvame. Quiero practicar la verdad y agradarte”. Después de orar sentí más confianza y dejé de preocuparme por la reacción de la hermana Zhou.

Ella no reflexionó por violar los principios al nombrarlo diácono y no cambió de deber al hermano Li. Además, no lidiaba con la lentitud e ineficiencia de los proyectos. Yo pensaba que no lo aceptaría ni haría obra real, ella parecía lo que los principios describían como falsos líderes. Quería informar esto a algún superior, pero, otro vez, dudé. Si la denunciaba y lo descubría, ¿qué pensaría de mí? Si no la echaban y seguía como líder, ¿buscaría excusas para reprimirme? Mejor olvidarlo. No cambiar ni obrar bien era su problema, yo solo debía cumplir bien mi deber. Lo dejé atrás y dejé que las cosas siguieran su camino. Después pasó algo que me afectó mucho y hallé el valor para denunciar a Zhou.

En otra iglesia, hubo un líder que fue expulsado porque fue expuesto como anticristo. Hizo muchas cosas malvadas como líder, y todos lo veían por lo que era, pero nadie lo decía. Ninguna persona de toda la iglesia denunció, e incluso después de que fuera expuesto y expulsado, no mencionaban las maldades que había hecho. Evitaban los hechos y aducían ignorancia. Defendían a ese anticristo, lo que ofendía a Dios. Todos tuvieron que dejar su deber para reflexionar. Esto fue algo que me impresionó mucho y me recordo este pasaje: “Si no hay nadie en una iglesia que esté dispuesto a practicar la verdad y nadie que pueda dar testimonio de Dios, entonces esa iglesia debe ser completamente aislada y se deben cortar sus conexiones con otras iglesias. A esto se le llama ‘muerte por sepultura’; eso es lo que significa expulsar a Satanás. Si en una iglesia hay varios bravucones y son seguidos por ‘pequeñas moscas’ que carecen completamente de discernimiento, y si los congregantes, incluso después de haber visto la verdad, siguen siendo incapaces de rechazar las ataduras y la manipulación de estos bravucones, entonces todos estos tontos serán eliminados al final. Tal vez estas pequeñas moscas no hayan hecho nada terrible, pero son aún más astutas, aún más resbaladizas y evasivas y todos los que son como ellas serán eliminados. ¡No quedará ni uno! Aquellos que pertenecen a Satanás serán devueltos a Satanás, mientras que aquellos que pertenecen a Dios seguramente irán en busca de la verdad; esto está determinado por su naturaleza. ¡Que todos los que siguen a Satanás perezcan! No habrá piedad para estas personas. Que los que buscan la verdad sean provistos y que se complazcan en la palabra de Dios hasta que se sientan saciados. Dios es justo; Él no muestra favoritismo hacia nadie. Si eres un diablo, entonces eres incapaz de practicar la verdad; si eres alguien que busca la verdad, entonces es seguro que no serás llevado cautivo por Satanás. Esto está más allá de toda duda” (‘Una advertencia a los que no practican la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”). De las palabras de Dios, sentí Su carácter justo y majestuoso que no tolera ofensa y Su ira hacia los que no practican la verdad. Aunque parezca que no hacen cosas malvadas ven que los anticristos hacen el mal y no hacen nada con eso. Permiten que arruinen la obra de la casa de Dios, y no levantan un dedo. Protegen a anticristos y a los ayudantes de Satanás. Esto es formar parte de su maldad, y ofende el carácter de Dios. Si vemos mi comportamiento, ¿yo no hacía lo mismo? Había leído Sus palabras y sabía de eso. Veía que ella no seguía los principios, no aceptaba la verdad y no hacía obra práctica. Ya había obstaculizado la obra de Dios, era una falsa líder. Pero temía ofenderla y que me dañara, lo dejé pasar, para no arriesgarme. Sentía que si ella cambiaba o no era su asunto. Disfrutaba del sustento de Dios, pero lo traicionaba y seguía a Satanás. Veía que la casa de Dios sufría, pero era indiferente. ¿No era como Satanás? Aún cumplía mi deber, pero Dios vigilaba cada pequeña cosa que hacía. Tenía que arrepentirme o incitaría la ira de Dios y me eliminaría. Este pensamiento me aterró demasiado. Oré y me arrepentí ante Dios: “Dios, vi las acciones de Zhou, pero no practiqué la verdad, solo me protegí a mí misma. He trabajado para Satanás. Soy muy rebelde y desagradable. Dios, quiero arrepentirme ante Ti, y te pido que me ayudes para poner en práctica la verdad”.

En ese momento, me preguntaba: ¿por qué me asustaba informar de los problemas de un líder? ¿De qué tenía miedo? Durante mi búsqueda, leí unas palabras de Dios con ellas entendí mejor el problema. “¿Cuál es la actitud que las personas deben tener en términos de cómo tratar a un líder o a un obrero? Si lo que él hace está bien, puedes obedecerlo; si lo que hace está mal, puedes exponerlo e, incluso, oponerte a él y plantear una opinión distinta. Si es incapaz de llevar a cabo obra práctica y se revela que es un falso líder, un falso obrero o un anticristo, entonces puedes negarte a aceptar su liderazgo y también puedes denunciarlo y exponerlo. Sin embargo, algunos de los escogidos de Dios no comprenden la verdad y son particularmente cobardes y, así, no se atreven a hacer nada. Dicen: ‘Si el líder me saca a patadas, estoy terminado; si hace que todos me expongan o me abandonen, ya no podré creer en Dios. Si dejo la iglesia, Dios no me querrá y no me salvará. ¡La iglesia representa a Dios!’. ¿Acaso estas formas de pensar no afectan la actitud de dicha persona hacia esas cosas? ¿Podría en verdad ser cierto que si el líder te expulsa ya no puedes ser salvo? ¿Acaso el asunto de tu salvación depende de la actitud de tu líder hacia ti? ¿Por qué tantas personas tienen tal grado de miedo?” (‘Tratan de ganarse a la gente’ en “Desenmascarar a los anticristos”). “Todas las palabras o la obra de Dios relacionadas con el destino de la humanidad tratarán adecuadamente con las personas, según la esencia de cada una; no se cometerá el menor error y no habrá ni una sola falla. Solo cuando las personas llevan a cabo una obra, la emoción o el significado humanos entran en juego. La obra que Dios hace es la más adecuada; Él definitivamente no presenta reclamos falsos contra ninguna criatura” (‘Dios y el hombre entrarán juntos en el reposo’ en “La Palabra manifestada en carne”). Después de leer esto, noté que no me atrevía a informar sobre la líder porque mi perspectiva estaba equivocada. Pensé que un líder podía decidir mi futuro, por eso, si lo ofendía y me reprimía y no me dejaba cumplir un deber, yo perdería la salvación. Creía que los líderes eran superiores a Dios. Era una incrédula. El destino está en manos de Dios. Mi resultado, si puedo ser salvada, depende de Dios. No lo puede decidir un ser humano. Aunque antes me habían tratado mal por un líder, los hermanos se dieron cuenta de que él era un anticristo y lo expulsaron. Yo no perdí mi oportunidad de salvación por sufrir el trato injusto, gané discernimiento sobre los anticristos y aprendí lecciones. Hay hermanos y hermanas que informan sobre falsos líderes para proteger la obra de la casa de Dios, y luego, los falsos líderes y los anticristos los atacan. Incluso los echen de la iglesia, pero si tienen fe y siguen compartiendo el evangelio, aún tendrán la obra del Espíritu Santo. Cuando se exponga y expulse al anticristo, volverán a la iglesia Mostró que Dios es justo y gobierna sobre todo, y que la verdad reina en Su casa. Pensé en esa iglesia que no exponía a los anticristos y no decían nada de sus acciones malvadas, ignoraban lo que no los afectaba, y le daban al anticristo vía libre. No estaban oprimidos y seguían cumpliendo su deber, pero protegían a un anticristo, se oponían a Dios. Dios los despreciaba. Al pensar me di cuenta de que no denunciar a un falso líder es un gran problema. Vi el carácter justo de Dios que no tolera ofensa y sentí algo de miedo, y me desprecié tanto. Me motivó a practicar la verdad. Y pensé en este pasaje: “No siempre hagas las cosas para tu propio beneficio y no consideres constantemente tus propios intereses; no consideres tu propio estatus, prestigio o reputación. Tampoco tengas en cuenta los intereses humanos. Primero debes tener en cuenta los intereses de la casa de Dios y hacer de ellos tu principal prioridad. Debes ser considerado con la voluntad de Dios y empezar por contemplar si has sido impuro o no en el cumplimiento de tu deber, si has hecho todo lo posible para ser leal, por completar tus responsabilidades y lo has dado todo, y si has pensado de todo corazón en tu deber y en la obra de la casa de Dios. Debes meditar sobre estas cosas” (‘Entrega tu verdadero corazón a Dios y podrás obtener la verdad’ en “Registro de las charlas de Cristo de los últimos días”). Las palabras de Dios me mostraron un camino. Debía anteponer la casa de Dios, priorizar sus intereses y abandonar mis motivos equivocados. Y dejar de anteponer mis intereses. Escribí los problemas que vi para informar a un líder.

Justo entonces, la hermana Liu y algunas otras me dijeron que notaron que Zhou no hacía obra práctica y no echaba a personas de poco calibre que siempre descuidaban en su deber, con la excusa de que no había buenos candidatos. Eso dañó la obra de la casa de Dios. Ella no resolvía los problemas de larga data, elegía gente en base a sus caprichos Según los principios, la hermana Zhou era una falsa líder. Escribimos una carta informando sobre ella. Cuando los líderes superiores investigaron. confirmaron que ella no hacía obra práctica y era dictatorial e iba contra los arreglos establecidos usaba su estatus para controlar a otros. La sacaron de su puesto por falsa lider. También dijeron que Li no era adecuado como diácono de riego y lo cambiaron. Cuando me enteré, tuve todo tipo de sentimientos. Pude ver que dominan Cristo y la verdad, en la casa de Dios y sentí más confianza y fuerza para practicar la verdad. Me sentí llena de gratitud. ¡Estoy agradecida por el juicio y la guía de Dios que me liberaron de las filosofías satánicas y me dio el coraje para practicar la verdad y vivir con dignidad!

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