Así corregí mis engaños

20 Abr 2022

Por Li Xiang, Filipinas

Siempre me creí una persona honesta. Me creía cumplidor de palabra y obra y eso decían también de mí quienes me conocían. Me creía un hombre honesto y confiable. Una vez que recibí la fe, casi nunca mentía a los hermanos y hermanas ni a nadie. Por eso siempre creí que, aunque no fuera una persona absolutamente honesta, al menos no era alguien astuto y engañoso. Luego, con el juicio y castigo de las palabras de Dios, vi que tenía una naturaleza astuta y realmente descubrí mi auténtico rostro.

Recuerdo una vez que mi compañera, la hermana Li, me envió un mensaje para preguntarme por el progreso de cierto proyecto. Reparé en que no había hecho seguimiento de él, por lo que ignoraba los pormenores. En principio pensaba contárselo, pero después dudé. Estuve pensando que, como siempre había dado la impresión de ser confiable, si le decía directamente que había olvidado el seguimiento de algo, ¿le parecería un irresponsable en el deber? Le daría una impresión negativa y, a sus ojos, perdería credibilidad. Decidí no responderle directamente, sino preguntar por ese proyecto a la hermana que lo gestionaba y después responder a la hermana Li. Entonces, sin importar cómo fueran progresando las cosas, al menos eso demostraría que estaba al tanto. Así pues, hice como que no había visto el mensaje y respondí después de haber hecho seguimiento. La hermana Li no me dijo nada en ese momento, pero yo no dejaba de sentirme incómodo y nervioso. Luego leí esto en las palabras de Dios Todopoderoso: “Honestidad significa dar tu corazón a Dios; ser auténtico y abierto con Dios en todas las cosas, nunca esconder los hechos, no tratar de engañar a aquellos por encima y por debajo de ti, y no hacer cosas solo para ganaros el favor de Dios. En pocas palabras, ser honesto es ser puro en tus acciones y palabras, y no engañar ni a Dios ni al hombre” (‘Tres advertencias’ en “La Palabra manifestada en carne”). Me avergonzaron las palabras de Dios. No parecía que hubiera mentido, pero tanto mis pensamientos como los objetivos personales de mis actos estaban destinados a encubrir, a ocultar, mi negligencia en el deber por temor a que la hermana Li me descubriera. Hice como que no había visto su mensaje y corrí a informarme antes de responder para darle la impresión de que estaba al tanto de todo. Estaba creando una falsa impresión, engañando, lo que demostraba que era astuto. Vi lo enrevesado de mi pensamiento en un asunto tan pequeño y que albergaba unas motivaciones y empleaba tácticas para ocultar la verdad. ¿Qué tenía eso de honesto? No era confiable. Al darme cuenta, comprendí que no era tan franco como creía, que engañaba y mentía. Me dije que, realmente, la próxima vez tenía que decir toda la verdad, que no podía seguir ocultando cosas.

Sin embargo, un par de días después, la hermana Li me informó que, dos días más tarde, nuestra líder iba a ver cómo iba nuestro trabajo. Al oí esto, me palpitó el corazón. Pensaba que, normalmente, la líder no nos consultaba de repente, por lo que me preguntaba si pasaba algo, si había algún problema en nuestra labor. Estuve reflexionando que había estado ocupado con la labor de riego y no estaba haciendo seguimiento ni logrando mucho en la producción de video que dirigía. ¿Qué debía decir si la líder me preguntaba por ello? Empecé a hacer conjeturas sobre el tipo de preguntas que podría hacer ella y las cosas que no sabía yo, para así poder acertar rápidamente. Si me hacía una pregunta que no sabía responder, tal vez parecería que no trabajaba realmente. Estaba algo preocupado y nervioso. Tras pensarlo un poco, comprendí que era normal que un líder vigilara el trabajo; ¿por qué les daba tantas vueltas a las cosas? Estuve especulando sobre lo que quería la líder y devanándome los sesos sobre cómo tapar mis problemas por temor a que los descubriera y me dijera que realmente no trabajaba y que era un falso líder. Estaba tratando de disimular. En realidad, es normal que un líder pregunte por el trabajo. Debía ser honesto al respecto y hacer cambios en áreas que presentaran deficiencias. ¿Por qué les daba tantas vueltas a las cosas? Estaba siendo astuto. Recordé algo que manifestó Dios Todopoderoso: “Valoro en gran manera a aquellos que no sospechan de los demás y me gustan los que aceptan de buena gana la verdad; a estas dos clases de personas les muestro gran cuidado, porque ante Mis ojos, son personas honestas” (‘Cómo conocer al Dios en la tierra’ en “La Palabra manifestada en carne”). Y el Señor Jesús dijo: “Sea vuestro hablar: ‘Sí, sí’ o ‘No, no’; y lo que es más de esto, procede del mal” (Mateo 5:37). Las palabras de Dios son claras. Los honestos deben llamar a las cosas por su nombre, pero mi pensamiento era enrevesado. Por querer tapar mis problemas, discurría ideas retorcidas. Por ello, oré a Dios para pedirle que me guiara para practicar la verdad y ser honesto y absolutamente franco sin importar qué preguntara la líder.

En la reunión, la líder preguntó primero por la labor de producción de videos, de la que yo era responsable directo, pero dedicaba la mayor parte de mi tiempo y energía al trabajo de riego. No me mantenía muy al día de los trabajos en video. Tras explicarle esto, ella me criticó por no hacer un trabajo práctico y me preguntó cuántos nuevos creyentes no asistían debidamente a las reuniones. Entré un poco en pánico con esa pregunta. No me mantenía al día de los pormenores de eso y preguntaba por ello a veces, pero no me lo tomaba en serio. Estaba pensando que acababa de decir que dedicaba mi energía mayormente a la labor de riego, por lo que, si ni siquiera era capaz de indicarle a la líder cuántos nuevos fieles no asistían a reuniones, ¿qué opinaría de mí? Igual me preguntaba qué hacía todo el día como para ni siquiera saber eso y si había trabajado realmente. Ya había encontrado muchos problemas en los trabajos en video, así que, si también los descubría en la labor de riego, ¿no me destituiría inmediatamente? Tan solo le di una cifra aproximada. Creía que no pasaba nada si estaba un poco mal. De todos modos, al no ser número exacto, no era realmente una mentira. Tras la reunión lo estudié detalladamente, y mi cálculo resultó estar bastante equivocado. Aquello me preocupó mucho. En esa ocasión, la verdad, no había sido sincero, sino que había mentido descaradamente. ¿Por qué no podía evitar mentir? En oración, era evidente que tenía la fe necesaria para ser sincero. ¿Por qué no podía controlarme al afrontar una situación? Me sentía fatal por eso. Durante un rato, la palabra “mentira” no dejó de venirme a la mente. Creía haber hecho realmente algo ignominioso.

Oré a Dios por ello y leí unos pasajes de Sus palabras en mis meditaciones. “¿No es agotadora la vida para los astutos? Pasarse todo el tiempo mintiendo, diciendo más mentiras para encubrir sus mentiras y siendo unos mentirosos es sumamente agotador para los astutos; entonces, ¿por qué, aun así, habría de querer alguien ser astuto y no ser honesto? ¿Habéis pensado alguna vez en esta cuestión? Esta es la consecuencia de que a la gente la manipule su naturaleza satánica; esta le impide ser capaz de dejar atrás este tipo de vida, ser capaz de escapar a esta clase de carácter. La gente está encantada de aceptar esta clase de manipulación y de vivir en esto; no quiere practicar la verdad e ir por la senda de la luz. Para ti, vivir así es agotador e innecesario, pero ellos lo consideran muy necesario, creen que no hacerlo perjudicaría sus intereses, además de su imagen y reputación. Perderían demasiado, el perjuicio sería excesivo. Aprecian estas cosas, aprecian su imagen, reputación y estatus, lo cual es la realidad de la falta de amor de la gente por la verdad. En resumen, cuando la gente no desea ser honesta o no practica la verdad, es porque no ama la verdad; en el fondo nunca deja de valorar la reputación y el estatus, de afanarse tras las tendencias del mundo exterior ni de vivir bajo la influencia de Satanás, lo cual es un problema de su naturaleza. Hoy en día, hay gente que cree en Dios desde hace años, que ha oído muchos sermones y sabe de qué va la fe en Dios; entonces, ¿por qué todavía no practica la verdad, por qué no se ha producido ninguna transformación en ella? Porque no ama la verdad. Incluso cuando sí comprende un poco la verdad, sigue sin ser capaz de ponerla en práctica, por lo que no sirve de nada que lleve creyendo en Dios todos estos años” (‘La práctica verdaderamente fundamental de ser una persona honesta’ en “Discursos de Cristo de los últimos días”). “Algunas personas nunca le dicen la verdad a nadie. Todo lo deliberan y revisan mentalmente antes de decírselo a la gente; no puedes saber qué cosas de las que dicen son verdaderas y cuáles falsas. Dicen una cosa hoy y otra mañana, dicen una cosa a una persona y otra a otra; todo lo que dicen se contradice. ¿Cómo se puede creer a esa gente? Es muy difícil captar los hechos con precisión; no puedes sacarles nada exacto. ¿Qué carácter es este? Un carácter astuto. ¿Es fácil transformar un carácter astuto? Es el más difícil de transformar. Todo lo relacionado con los tipos de carácter atañe a la naturaleza de las personas y no hay nada más difícil de transformar que las cosas relacionadas con la naturaleza de las personas. Dice el refrán que quien nace lechón, muere cochino. Absolutamente cierto. Independientemente de lo que hablen o hagan, los astutos siempre albergan unos objetivos y motivaciones propios. Cuando no tienen objetivos ni motivaciones, no dicen nada. Si tratas de averiguar sus objetivos y motivaciones, callan; y si se les escapa algo verdadero sin querer, harán todo lo posible por pensar en la forma de tergiversarlo, de confundirte y evitar que sepas la verdad. En otras palabras, en todo lo que hacen, no dejan que nadie conozca el panorama real; sin importar desde cuándo los conozca la gente, nadie puede saber lo que realmente se les está pasando por la cabeza. Esa es la naturaleza de los astutos. Por mucho que digan ellos, nunca sabrás cuáles son sus motivaciones, ni qué objetivo intentan alcanzar ni qué piensan en realidad. Hasta a sus padres les cuesta saberlo; es sumamente difícil tratar de entender a alguien astuto. Así es la gente astuta: incluso sin haber hecho nada, ha revelado su astucia. Este es un tipo de carácter, ¿no? No importa si has dicho algo o no, o si has hecho algo o no; este carácter está dentro de ti, en todo momento y lugar te controla, te hace manipular y engañar, jugar con la gente, encubrir la verdad y poner buena cara. Esto es la astucia” (‘Hay que entender seis aspectos de un carácter corrupto para poder transformarlo’ en “Discursos de Cristo de los últimos días”).

Las palabras de Dios me enseñaron que no podía evitar mentir, engañar y tapar la verdad porque era astuto y valoraba mi reputación y mi estatus. Esas eran las cosas que protegía siempre. Pensaba y revisaba lo que decía y, por agotador que fuera eso, no quería ser directo. Recordé que oré a Dios pidiéndole ayuda para ser honesto, pero cuando la líder preguntó por el trabajo concreto del que no tenía ni idea, estuve pensando que, si le decía directamente que no sabía, ella creería que no hacía un trabajo práctico y que no era confiable y, a lo peor, podría destituirme. Para preservar mi estatus, no quería que la líder descubriera los problemas de mi deber, así que estuve pensando en la forma de tapar la verdad. Realmente no conocía los pormenores, pero me inventé astutamente una cifra aproximada para que ella pensara que entendía bien todos los aspectos de mi labor y que era capaz de trabajar de verdad. Comprobé que estaba dispuesto a mentir en algo tan simple solo por proteger mi reputación y mi estatus. ¡Cuánta maldad! Es muy normal fallar en algunas cosas en un deber, así que no hace falta ocultar nada ni ser deshonesto. Sin embargo, a fin de preservar la imagen que la líder tenía de mí, mentí y tapé mis problemas y sacrifiqué mi dignidad. ¡Qué necedad de mi parte! Esto hizo que me diera cuenta de que, pese a parecer realmente inocente, no era honesto de palabra ni puro de pensamiento. Lo que revelaba era un carácter satánico. Era astuto y deshonroso. Fue entonces cuando comprobé lo taimado, inmundo y corrupto que era. Si me repugnaba yo mismo, ¿cómo no iba a estar Dios asqueado conmigo? Siempre me había creído una persona sincera que casi nunca era astuta. Además, nunca había hecho abiertamente nada en contra de Dios, por lo que creía que Él me veía como un hombre bueno y honesto. Incluso pensaba que no me hacía falta esforzarme en practicar verdades para llegar a ser honesto, sino que podía seguir cumpliendo con el deber y siguiendo a Dios de ese modo y al final me salvaría. Era sumamente patético y ciego. De no haber sido porque la realidad me mostró los hechos y por el juicio de las palabras de Dios, no me habría comprendido a mí mismo en absoluto. Por fin descubrí que no tenía nada que ver con una persona honesta, que ni siquiera me acercaba.

Luego leí un pasaje de las palabras de Dios Todopoderoso. “Cuando los anticristos son revelados, tratados y podados, lo primero que hacen es buscar diversos motivos en su defensa, buscar todo tipo de excusas para tratar de salir del atolladero y así lograr su objetivo de eludir sus responsabilidades y alcanzar su propósito de ser perdonados. Lo que más temen los anticristos es que los escogidos de Dios descubran su personalidad, sus debilidades y defectos, su aptitud y capacidad de trabajo reales, y por eso hacen todo lo posible por fingir y disimular sus fallos, problemas y actitudes corruptas. Cuando se descubre su maldad, lo primero que hacen es no admitir ni aceptar este hecho ni hacer todo lo posible por subsanar esos errores, sino que tratan de pensar en la manera de encubrirlos, de engañar y confundir a los que están al tanto de sus actos, de no dejar que los escogidos de Dios vean la realidad del asunto, de no dejar que sepan lo perjudiciales que han sido sus actos para la casa de Dios, lo mucho que han interrumpido y perturbado el trabajo de la iglesia. Por supuesto, lo que más temen es que se entere lo alto, porque en cuanto alguien los denuncie ante lo alto, se terminó todo para ellos. Por eso, cuando ocurre algo, lo primero que hacen los anticristos no es reflexionar acerca de en qué se han equivocado, en qué han vulnerado los principios, por qué han hecho lo que han hecho, qué carácter los gobernaba, cuáles eran sus motivaciones, en qué estado se encontraban en ese momento, si fue por terquedad o por motivaciones viciadas; en lugar de analizar o meditar estas cosas, y mucho menos reflexionar sobre ellas, se devanan los sesos buscando cualquier forma de encubrir los hechos reales, a la vez que hacen todo lo posible por racionalizar y excusarse ante los escogidos a fin de engañarlos, tratando de minimizar, de salir del paso con disimulo; todo ello para alcanzar sus ambiciones y objetivos descabellados de seguir perpetrando su maldad en la casa de Dios, para mantener el lugar que ocupan en el corazón de la gente, para seguir teniendo la posibilidad de manipularla y para hacer que los admire y haga lo que ellos digan” (‘No aceptan el trato y la poda ni tienen una actitud de arrepentimiento cuando cometen el mal, sino que difunden nociones y juzgan públicamente a Dios’ en “Desenmascarar a los anticristos”). Las palabras de Dios me resultaron muy alarmantes. Sobre todo al leer los términos “anticristos”, “encubrir los hechos reales”, “engañar” y “confundir”, sentí que Dios me juzgaba y revelaba en mi propia cara. Pensé en cuando la hermana Li me preguntó si había hecho seguimiento de aquel proyecto y yo no reconocí inmediatamente que no y ni siquiera hice introspección para plantearme el tipo de cambios que debía hacer. Fingí no ver su mensaje, corrí a buscar respuestas y contesté. De esa forma, la hermana Li no sabría que no estaba al día del proyecto ni que no era lo bastante responsable en el deber. Creería que era confiable y que no había motivo para preocuparse. Después, cuando la líder superior vino a chequear mi trabajo, descubrió problemas en mi deber y me podó y trató conmigo. No solo no acepté la verdad ni hice introspección, reconociendo que no trabajaba realmente y que era negligente en el deber, sino que mentí y tapé mis problemas. Llegué a decirme que tenía que esforzarme más para poder responder rápidamente cualquier pregunta de la líder en un futuro, de manera que no descubriera errores ni omisiones en mi trabajo, sino que me creyera detallista y responsable. Me devanaba los sesos para protegerme por temor a que me descubriera la gente y a perder la imagen, de persona responsable y confiable, que tenía de mí. Mi objetivo era ocupar un lugar especial en el corazón de los demás. Vi que, en verdad, revelaba el carácter de un anticristo. Cuando a un anticristo lo critican o revelan, no se somete y hace introspección, sino que hace lo imposible por justificarse, eludir su responsabilidad y ocultar sus problemas con total desvergüenza. Los anticristos no muestran el menor deseo de aceptar la verdad, sino solo sus maquinaciones para hablar y actuar de una forma que preserve su estatus. ¿No actuaba yo así? No trabajaba realmente ni me dedicaba al deber, por lo que debería haberme sentido culpable. Sin embargo, era un insensato que intentaba que se le ocurriera de todo para encubrirse a sí mismo. Vi que era escurridizo, astuto y malvado por naturaleza. Sentía que me habían puesto totalmente al descubierto, expuesto a la luz del día, que Dios juzgaba y condenaba mis actos. También percibí que la justicia de Dios no tolera ofensa y tuve mucho miedo. Supe que tenía que arrepentime y transformarme ya.

Más tarde leí un pasaje de las palabras de Dios Todopoderoso. “Solo si la gente procura ser honesta puede saber lo hondamente corrompida que está y si tiene o no semejanza humana; solo al practicar la honestidad puede darse cuenta de cuántas mentiras dice y de lo profundamente ocultas que están su falsedad y su deshonestidad. Solo al experimentar la práctica de la honestidad puede llegar a conocer poco a poco la verdad de su propia corrupción y reconocer su naturaleza y esencia, momento en que se puede purificar constantemente su carácter corrupto. Solo durante la purificación constante de su carácter corrupto será cuando podrá recibir la gente la verdad. Tomaos vuestro tiempo para experimentar estas palabras. Dios no hace perfectos a quienes son deshonestos. Si tu corazón no es honesto, si no eres una persona honesta, entonces no serás ganado por Dios. Asimismo, tampoco obtendrás la verdad y serás incapaz de ganar a Dios. ¿Qué significa no ganar a Dios? Si no ganas a Dios y no has comprendido la verdad, entonces no conocerás a Dios, y entonces no habrá manera de que puedas ser compatible con Dios, en cuyo caso eres Su enemigo. Si eres incompatible con Dios, Él no es tu Dios; y si Él no es tu Dios, no puedes ser salvado. Si no intentas alcanzar la salvación, ¿por qué crees en Dios? Si no puedes alcanzar la salvación, serás, por siempre, un enemigo acérrimo de Dios y tu resultado estará determinado. Por lo tanto, si la gente desea salvarse, debe empezar por ser honesta. Hay una señal que marca a aquellos a quienes Dios ganará al final. ¿Sabéis cuál es? Está escrito en el Apocalipsis, en la Biblia: ‘En su boca no fue hallado engaño; están sin mancha’ (Apocalipsis 14:5). ¿De quiénes se trata? Son los salvados, perfeccionados y ganados por Dios. ¿Cómo los describe Dios? ¿Cuáles son las características y manifestaciones de sus actos? Están sin mancha. No mienten. Probablemente todos podáis comprender y captar qué significa no mentir: significa ser honesto. ‘Sin mancha’: ¿a qué se refiere esto? Significa no hacer el mal. ¿Y en qué fundamento se basa no hacer el mal? Sin duda, se basa en el fundamento del temor a Dios. No estar manchado, por lo tanto, significa temer a Dios y apartarse del mal. ¿Cómo define Dios a alguien sin mancha? A los ojos de Dios, solo aquellos que le temen y se apartan del mal son perfectos; así, las personas que no están manchadas son aquellas que temen a Dios y se apartan del mal, y solo las que son perfectas no están manchadas. Esto es totalmente correcto” (‘Seis indicadores de crecimiento vital’ en “Discursos de Cristo de los últimos días”). Las palabras de Dios son muy ciertas. Sin la práctica de la honestidad, nunca comprendería cuánto mentía y engañaba ni la gravedad de mi carácter astuto. Dios dice: “Dios no hace perfectos a quienes son deshonestos. Si tu corazón no es honesto, si no eres una persona honesta, entonces no serás ganado por Dios. Asimismo, tampoco obtendrás la verdad y serás incapaz de ganar a Dios” (‘Seis indicadores de crecimiento vital’ en “Discursos de Cristo de los últimos días”). Los astutos rebosan mentiras. Viven un carácter totalmente satánico y son enemigos de Dios. Pertenecen a Satanás y Dios no los puede salvar. Vi lo peligrosos y vergonzosos que eran todos mis engaños. Supe que no podía seguir así, sino que tenía que admitir mis errores y practicar la verdad para ser honesto.

Me dispuse a enviar un mensaje a la líder para contarle lo que pasaba realmente, pero dudaba un poco. Me preocupaba lo que opinara de mí la líder si me sinceraba sobre mi deshonestidad. ¿Le parecería excesivamente astuto, que estuve dándole muchas vueltas a una cuestión tan simple y llegué a mentir al respecto, que no era confiable? No quise sincerarme sobre aquel caso, sino que pensé que la próxima vez sería claro, honesto, y que eso se consideraría arrepentimiento. No dejaba de consolarme pensando que no volvería a mentir nunca más, pero tenía remordimiento de conciencia y me sentía culpable. Descubrí entonces un pasaje de las palabras de Dios. “Surgirán muchos problemas prácticos a medida que la gente experimente la honestidad. A veces abrirá la boca sin pensar y, orientada por una idea equivocada, por una motivación o un objetivo determinado, o por la vanidad, mentirá, con la consecuencia de que luego tendrá que seguir mintiendo cada vez más para encubrirlo, lo que al final le provocará confusión mental; pero no puede retractarse, le falta valor para corregir el error, para admitir que mintió, y, así, sus errores no tienen fin. Después, siempre es como si tuviera una gran roca que le oprimiera el corazón; quiere buscar una oportunidad de sincerarse, admitir su error y arrepentirse, pero nunca pone esto en práctica; a la larga, lo piensa y se dice: ‘Lo subsanaré cuando cumpla con el deber en un futuro’. Siempre dice que lo subsanará, pero nunca lo hace. No es tan sencillo como pedir disculpas tras mentir. ¿Puedes subsanar el perjuicio y las consecuencias de mentir y de ser un mentiroso? Si, en medio de un gran odio hacia ti mismo, eres capaz de practicar el arrepentimiento y nunca más vuelves a hacer ese tipo de cosas, entonces puede excusarse lo que hiciste y puede que recibas la tolerancia y misericordia de Dios. Si pintas un panorama agradable y dices que lo subsanarás en un futuro, pero no te arrepientes verdaderamente y luego continúas mintiendo y siendo un mentiroso, si te niegas obstinadamente a arrepentirte, entonces seguro que serás eliminado. Esto lo debería reconocer la gente que tiene conciencia y sentido. Después de mentir y ser un mentiroso, no basta con pensar en enmendarse; lo más importante es que debes arrepentirte de verdad. Si deseas ser honesto, debes decir la verdad y hacer las cosas de verdad. Debes abordar el problema de la mentira y de tu condición de mentiroso; a veces puedes quedar mal, ser tratado y hasta recriminado, pero tu corazón estará firme y en paz y te dirás a ti mismo: ‘Independientemente de que traten conmigo o me releven, me siento firme de corazón; soy honesto y nada de lo que digo es falso; puesto que no he cumplido con el deber correctamente, debo ser tratado y responsabilizarme de ello’. Este es un estado mental positivo. Sin embargo, ¿cuál es la consecuencia de que hayas sido un mentiroso? Tras haber sido un mentiroso, ¿cómo te sientes en el fondo? (Incómodo). Incómodo; siempre sientes culpa y corrupción en el corazón, siempre te sientes acusado: ‘¿Cómo he podido ser un mentiroso? ¿Cómo he podido ser un mentiroso otra vez? ¿Por qué soy así?’. Sientes que no puedes levantar la frente, que no puedes enfrentarte a Dios. En concreto, cuando la gente es bendecida por Dios, cuando recibe la bondad, la compasión y la tolerancia de Dios, considera vergonzoso mentirle; en su interior alberga una mayor sensación de reproche y, además, no halla paz ni gozo. ¿Qué problema evidencia esto? Ser mentiroso es rebelarse, oponerse a Dios, la manifestación de un carácter corrupto, y por eso te acarreará dolor” (‘Solo si se es honesto se puede vivir con auténtica semejanza humana’ en “Discursos de Cristo de los últimos días”). Esto describía totalmente mi estado. Sentí que Dios me decía todo eso directamente a mí y comprendí que ser astuto y ser honesto son sendas diametralmente opuestas. Ser astuto no es la senda correcta ni pertenece a una humanidad adecuada. Puede que alguien alcance su objetivo con trampas, pero perderá su integridad y dignidad, eso no le traerá más que culpa y malestar y vivirá en tiniebas como el hazmerreír de Satanás. Al mentir y engañar era como un pequeño mamarracho, absolutamente vergonzoso, y, con dolor, era un juguete de Satanás. Mi deshonestidad satisfacía mi vanagloria de momento, pero incitaba la desaprobación de Dios. ¿Acaso no era un idiota? En cada momento crucial en que era preciso que dijera la verdad, me adaptaba y decía: “A la próxima, a la próxima”. Era muy indulgente conmigo mismo y no practicaba la verdad que comprendía, con lo que nunca vivía la realidad de ser una persona honesta. Me decía que no podía continuar haciendo eso, que daba igual cómo me viera la gente y que tenía que vivir ante Dios, aceptar Su escrutinio y satisfacerlo. Esa es la clave. Incluso si alguien me apreciaba con nitidez y yo quedaba un poco mal, practicar la verdad y ser honesto supondría recibir la aprobación de Dios, eso es lo que más importa, ¡y es muy valioso y tiene mucho sentido! Además, siempre encubría mis problemas personales, y aunque los demás no se enteraran ni me criticaran, yo permanecía en la ignorancia de mi corrupción y mis faltas, así que no podía transformar mi carácter corrupto ni mejorar en el deber. Esas cosas permanecían sepultadas en mi interior, como un tumor que no dejaba de crecer, y a la larga acabarían conmigo. Sin embargo, los hermanos y hermanas abiertos y sencillos ponían abiertamente sobre la mesa todos sus errores o preguntas acerca de su deber, y a veces se les llamaba la atención o incluso eran destituidos, pero eso realmente les llegaba al corazón. Eran capaces de ver antes sus problemas y de buscar la verdad para resolverlos, lo que les aportaba grandes progresos en la vida. Era incómodo, pero recibían la aprobación de Dios por practicar la verdad. Eso es ser inteligentes. Yo me creía rebosante de ideas, listo, y que era inteligente dar gato por liebre a los demás, pero era un necio total y absoluto, ¡tonto de remate! Descuidaba lo importante. Era totalmente absurdo. Luego dejó de importarme lo que opinaran de mí y solo quería practicar la verdad y humillar a Satanás, en lugar de decepcionar nuevamente a Dios. Así pues, me armé de valor para contarle a la líder la verdad, incluido el motivo de mis mentiras. Sentí paz y una sensación de liberación tras enviar ese mensaje. Pronto me envió la líder un mensaje de respuesta: “Es estupendo esforzarse por ser honesto de este modo. Yo también tengo un carácter astuto y me hace falta experimentar el juicio de Dios”. Eso me emocionó mucho y también me avergonzó de veras. Este esfuerzo por ser honesto me demostró realmente que esa es la única forma correcta de ser un ser humano.

Posteriormente, comencé a tratar de practicar adrede la honestidad de palabra y obra en la vida diaria, lo cual me enseñó que no era certero ni objetivo en muchos aspectos. Unas veces hablaba según mis nociones y sin atenerme a los hechos, y otras veces exageraba. En ocasiones falseaba mi imagen y era astuto a propósito. Cada vez era más evidente que era un auténtico mentiroso. Recuerdo que, una vez, un líder me preguntó qué tal estaba progresando un proyecto y yo estuve pensando que no había tenido tiempo de ver cómo iba. Por ello, si decía que no sabía, pero que tenía que ir a preguntar, ¿no opinaría que yo no era pragmático y que no trabajaba realmente? Estuve pensando eludir la pregunta y contestarle después de indagar; entonces, aunque no estuviera terminado, el líder no tendría nada malo que decir de mí y eso demostraría que al menos yo hacía seguimiento de las cosas. A punto de hacer eso, me di cuenta de que iba a mentir de nuevo por preservar mi reputación. Así pues, oré a Dios diciendo: “Dios mío, quiero renunciar a mis motivaciones astutas y practicar la verdad como una persona honesta. Te pido que me guíes y ayudes”. Luego me vinieron a la memoria estas palabras de Dios Todopoderoso: “Al mentir traicionas tu integridad y dignidad. Estas mentiras hacen que pierdas la dignidad y no tengas integridad ante Dios. Dios no se deleita en esto y lo aborrece” (‘Solo si se es honesto se puede vivir con auténtica semejanza humana’ en “Discursos de Cristo de los últimos días”). Los términos “integridad” y “dignidad” me animaron mucho a decir la verdad, a dejar de vivir como un demonio. Por ello, envié una respuesta directa: “No tengo muy claros los pormenores, antes he de indagar”. Tuve una gran sensación de paz interior después de enviarlo. Tenía cada vez más la impresión de que ser honesto es el aspecto más fundamental de la humanidad, del hecho de tomar la senda correcta.

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